POR TIERRA, MAR...Y AGUA
“El mantenimiento de la seguridad alimentaria debe concebirse como una cuestión de estrategia nacional, y en este sentido el mantenimiento de la agricultura y por ende, del regadío, juega un papel fundamental, además de ser una alternativa clave o única para la actividad económica de determinadas comarcas”
Esto es lo que afirma el informe de sostenibilidad ambiental de la Estrategia Nacional para la Modernización Sostenible de los Regadíos, Horizonte 2015, que el Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino está elaborando y que pretende dar continuidad al esfuerzo realizado para mejorar la gestión del agua y promover la sostenibilidad del regadío, iniciado ya con el Plan de Choque de Modernización de Regadíos 2006-08. La frase del encabezamiento revela que para cualquier estado moderno la agricultura debe ser considerado un sector estratégico en reserva, algo así como lo es el carbón respecto a la energía: es fácil de extraer y lo tenemos en casa por lo que se ha de mantener una reserva a la que echar mano en caso de necesidad. La agricultura nacional no puede competir con los productos de importación pero por otro lado, y sin mencionar importantes consideraciones culturales, ningún estado moderno puede permitirse el abandono progresivo de esta actividad por la sencilla razón de que tenemos que comer todos los días, y además procurarnos alimentos de calidad.
Desde la fusión del los antiguos ministerios de Medio Ambiente y Agricultura en uno se pretende hacer un esfuerzo integrado (no podría ser de otra manera) y enmarcar toda cuestión agrícola, ganadera o pesquera en un marco medioambiental como exigen los tiempos. La modernización de los regadíos era piedra angular de esta política porque dejaba de lado la pregunta ¿regadíos sí, regadíos no? para focalizarla en la eficiencia, el ahorro y el respeto por los sistemas hídricos y las cuencas fluviales. En la modernización del campo en suma. Incluso los que han basado su identidad en la reclamación del agua para regadíos admiten con voz baja que se acabó ese momento; ahora toca modernizar y ahorrar.
En Monegros, claro ejemplo de esto último, la transformación es evidente. Cualquier agricultor pone en marcha, esté donde esté, un sistema de riego para 20Ha de guisante con un simple teléfono móvil. Aún así siguen empecinados en la necesidad de nuevos embalses que la hostil opinión pública y los embates de la crisis van haciendo cada vez más pequeñitos. Contradicciones no faltan.
Mientras tanto la organización ecologista WWF denuncia que lleva más de cuatro años esperando información ambiental sobre el agua que se ha ahorrado gracias al Plan de modernización de regadíos financiado con dinero público. A pesar de que el Defensor del Pueblo acaba de ratificar por cuarta vez que la organización tiene derecho a conocer esta información ambiental, el MARM sigue sin hacer públicos los datos.
¿Qué veremos en nuestros campos dentro de unas décadas? Tres escenarios, uno, el que ya se reclama desde los sectores más liberales: reemplazar completamente nuestra producción agrícola e importarlo todo. Dos, el mantenimiento estratégico de la agricultura en que tierras y personal pasarían a la reserva a la espera de ser llamados a filas (si la falta de relevo generacional no acaba antes con la tropa). Tres, modernizar la producción y dar valor añadido a la materia prima de manera que se revalorice el producto y tenga salida comercial, trabajando los campos y manteniéndolos como reserva estratégica….eso si los intermediarios y la inercia del mercado no lo impiden como podréis ver en el reportaje que emitimos el próximo viernes 19, “lo que vale un pimiento”.



