Agua, S.A.
Hay cosas que las tenemos tan asimiladas que cuando fallan nos parecen intolerables, por ejemplo los servicios domésticos de agua, gas o electricidad. Qué frustración sentiríamos si al abrir el grifo del agua no saliera una gota. No hace muchos años esto ocurría, pero con la modernización que ha traído la democracia el abastecimiento es algo tan natural como la misma agua.
Ahora tenemos agua, pero no siempre la podemos beber tranquilamente como hacemos con la embotellada. Es fantástico llegar a un restaurante y que directamente nos sirvan agua del grifo. Eso pasa en contadas ocasiones, porque muchas veces prefieren vendernos agua embotellada que es negocio redondo. En el extranjero es habitual que te sirvan agua del grifo, como ocurre en Francia por ejemplo. Aquí nos han acostumbrado tanto al agua embotellada que raramente la pedimos en jarra. La ciudad de Madrid es un ejemplo, tiene un agua excelente, pero muy poca gente la pide, por la costumbre de beber de la botella precintada que nos han vendido que es mejor.
El ejemplo de Madrid es paradigmático, la comunidad consume un agua históricamente buena. La empresa que la gestiona, el Canal de Isabel II, se fundó hace 161 años. Su presencia en la capital es enorme, tanto por sus propias infraestructuras de distribución del agua como por los servicios paralelos que ha generado: teatros, polideportivos y salas de arte.
Y este prestigio no es casual. En el siglo XIX el canal cambió la vida de Madrid con la llegada del agua a todos los domicilios. Por eso no es casual que en Madrid se haya creado una Plataforma contra la privatización de la gestión del Canal de Isabel II que ha anunciado la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre.
Los madrileños sienten el Canal de Isabel II como suyo, porque hablar del Canal es hablar de Madrid.




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