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Marruecos: visita guiada para dar con el único primate al norte del Sáhara

    miércoles 25.mar.2015    por Dunia Ramiro    0 Comentarios

La Semana Santa está a la vuelta de la esquina y por eso proponemos a los amigos del Escarabajo Verde un viaje que os pondrá en pocas horas ante los únicos primates, a parte del ser humano, al norte del Sáhara. Un corto vuelo a Fez, Marruecos, sitúa a las puertas del Parque Nacional de Ifrane donde reside una de las últimas poblaciones del macaco de Berbería. Después de pasar unos días en la histórica ciudad y aclimatarse al ritmo marroquí, ponemos rumbo al Atlas Medio donde la organización Moroccan Primate Conservation (MPC) dispone del programa de ecoturismo MonkeyWatch para observar a la especie en libertad. Al llegar al parque, nos recibe Liz Campbell, investigadora de la Universidad de Lincoln, Canadá, que lleva más de un año en el país estudiando a los macacos.

Aunque el parque acoge a la población salvaje más numerosa del mundo, suponemos que para verlos tendremos que andar horas a través de boques de cedros. Pero para nuestra sorpresa, damos con el primer grupo en un santiamén, al salir del coche y a pocos metros de la carretera principal. “Están allí a lo lejos, vamos a andar lentamente y sin hablar para interferir lo menos posible en su quehacer diario y no modificar su conducta”, aconseja Liz. Mientras nos situamos a una distancia prudencial, mis ojos no pueden evitar detectar la incontable cantidad de basura en el suelo: pañuelos de papel, botellas de vidrio rotas, bolsas de patatas….y una decena de macacos justo al lado. Liz señala a un simpático mono con un grueso pelaje rojo que observa constantemente los movimientos de sus congéneres: “Este es el grupo de Gandalf”.

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El macho alfa Gandalf. Fotografía: Moroccan Primate Conservation
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Los macacos de Berbería pasan horas en las ramas de los árboles del parque. Fotografía: Moroccan Primate Conservation.
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Los macacos se acercan a la carretera en busca de restos de comida entre la basura ocasionada por los turistas.Fotografía: Dunia Ramiro.

Hace frío pero observarlos en libertad cuidando a las crías o comiendo es una experiencia magnífica a la par que poco común porque, desafortunadamente, la especie ya solo se encuentra en algunos lugares de Marruecos, Argelia y Gibraltar. La UICN considera que está en grave peligro y la presión humana les ha desplazado a zonas montañosas donde luchan por sobrevivir. “El año pasado nevó durante tres semanas y las carreteras estuvieron cortadas de forma que no pudimos seguir a los grupos. Al acabar el temporal, descubrimos que una buena parte había perecido de inanición”.

Desde que la especie se encuentra en la cuerda floja, se trabaja para salvarla. Una clara apuesta del gobierno marroquí es la creación del Parque Nacional de Ifrane en 2004 para proteger su hábitat. “Aunque todavía queda mucho por hacer –apunta Liz. Por ejemplo, prohibir la venta ambulante de comida para macacos como atracción turística”. Nos acercamos hasta uno de esos puestos de cacahuetes instalado en el arcén de la carretera principal que atraviesa el parque, en una curva con poca visibilidad donde los vehículos pasan a toda prisa. “Los macacos saben que los turistas les darán de comer y cruzan arriesgando su vida. Sólo en un año en este punto han muerto 6 atropellados”, lamenta Liz. Por eso, la MPC ha colocado un panel informativo justo antes de la curva con el que esperan reducir la mortalidad.

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Un macaco y su cría espera a que algún turista se detenga a darles comida. Fotografía: Dunia Ramiro.
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Los vendedores ambulantes de comida para macacos modifican el comportamiento de los primates. Fotografía: Dunia Ramiro.
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Un macaco pide comida a una turista marroquí en los puestos ambulantes. Fotografía: Dunia Ramiro.
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Este reclamo de compra de cacahuetes atrae a numerosos macacos a un punto negro de la vía. Fotografía: Dunia Ramiro.
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De izquierda a derecha, Dunia Ramiro del Escarabajo verde, y Liz Campbell, de la Moroccan Primate Conservation, ante la señalización que pretende mitigar los atropellos de primates. Fotografía: Cédric Geluk.

Puesto que la venta de cacahuetes es una de las únicas fuentes de ingreso para la comunidad local, el dilema es cómo erradicarla sin afectar al sustento de tantas familias. “Lo mejor es que dejen una actividad que perjudica a los macacos por otra que les beneficie tanto a ellos como a los animales. Por eso, algunos han dejado los puestos por trabajar de guías en nuestras investigaciones de campo dado que conocen el parque como la palma de su mano y ayudan a dar con los macacos rápidamente en actividades de ecoturismo como esta”, explica Liz, señalando al guía marroquí que hoy nos acompaña. “Si no implicas a la comunidad para que haga suyo el proyecto, los primates tienen los días contados por mucho que nosotros intentemos lo contrario”, añade.

El proyecto de conservación también involucra a las mujeres de los guías locales y así lo comprobamos a la  hora de comer puesto que la visita incluye un delicioso cuscús vegetal en un humilde alojamiento rural gestionado por la esposa de uno de los guías.

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La especie puede vivir hasta 22 años y vive en grupos de 7 a 59 individuos. Fotogragía: Moroccan Primate Conservation.

Para digerir, nada mejor que pasear entre majestuosos árboles de copas inalcanzables. El parque también es el bastión del cedro del Atlas, una especie que se encuentra en un 85% en las montañas del Atlas.  “Los macacos necesitan de estos árboles para sobrevivir pero cada día talan más y más cedros”, lamenta Liz. ¿Cómo es posible que talen árboles centenarios en un parque nacional?, pregunto sorprendida a lo que rápidamente indica:“Esto es Marruecos y las cosas avanzan muy poco a poco. Mientras tanto, cada vez que compras un mueble deberías preguntar al vendedor el origen de la madera porque estos cedros endémicos tan importantes para los macacos van a parar al mercado europeo”.

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Los cedros del Atlas son el hábitat de los macacos y representan una especie arbórea endémica que alcanza los 50 metros de altura. Fotografía: Moroccan Primate Conservation.
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Espacio que deja un cedro acabado de talar en el Parque Nacional de Ifrane. Fotografía: Dunia Ramiro.

El sol y la temperatura caen minuto a minuto. Antes de irnos, topamos con otro grupo de macacos con varías crías jugando alrededor de sus padres. Saltan y corren ignorando que quizás sean víctimas de un cazador furtivo en los próximos meses. “Tanto en Navidades como en verano, hay cazadores que roban las crías, las meten en mochilas y las pasan por el Estrecho de Gibraltar a Europa”, cuenta. Cierto es que cada verano el paso del estrecho cuenta con diferentes ong’s que organizan campañas de sensibilización entorno a este comercio ilegal. Pero, ¿por qué tener un macaco de Berbería?, cuestiono. “Hay gente que encuentra gracioso tener un mono en casa que le haga monerías. Pero sabemos que la gran mayoría acaba abandonada al alcanzar la edad adulta si no muere antes. Separar a las crías de su familia es un crimen pero lo es todavía más cuando estas pequeñas son la esperanza de una especie de la que cada día quedan menos individuos”, finaliza Liz. 

Categorías: Ciencia , Viajes

Dunia Ramiro   25.mar.2015 10:53    

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