3 posts de agosto 2009

¿ES PARÍS LA CIUDAD DEL AMOR?


A Amelie le gusta mirar hacia atrás en el cine y ver la cara de los espectadores.
A Amelia le gusta partir con la cuchara el caramelo de la crema catalana.
A Amelie le gusta adivinar cuántas parejas están teniendo un orgasmo en París en ese mismo momento
.

Cuando vi esta película me hice dos preguntas. La primera: ¿quién en su sano juicio podría no enamorarse de Amelie? Todavía no he obtenido respuesta. Y la segunda: ¿El París que ella nos muestra en su fábula se asemejaría en algo a la realidad? Quería saber si París sería tan romántico y tan canalla a la vez. 4 años después a esta pregunta sí le he encontrado respuesta.

Hace un mes me tocó en suerte el viaje a París y tengo que reconocer que me entró vértigo. La ciudad más turística del mundo y para muchos, la más hermosa. La capital mundial de la cocina. Moda, arte, historia... la oferta de París es casi imposible de abarcar.

La ciudad de la luz y del amor. Uff... eso es mucho decir. Lo de “la luz” me suena más bien a etiqueta propagandística, a cebo para turistas. Más que nada porque siempre está nublado. Pero lo de “la ciudad del amor”... umm... tengo que reconocer que me picaba la curiosidad. Hay ciudades con canales o con muchas motos, con tiendas de diseño o llenas de ejecutivos, con teatros o con casinos, pero... ¿con mucho amor? ¿y eso cómo se mide? Existen muchos símbolos que refuerzan esa imagen de un París idílico y romántico, todos los conocemos, pero… ¿son ciertos?

Tras una semana allí, yo ya tengo algunas conclusiones sobre la supuesta/presunta ciudad del amor.

Actualmente duermo en una habitación presidida por el inigualable beso de Robert Doisneau. Una instantánea inmortal y casi mística. Una pareja anónima se besa delante del Ayuntamiento de París. Dicen que es la imagen del amor. Aquí la tenéis, juzgad vosotros mismos...

Antes la contemplaba y creía que esa imagen sólo se podía captar en París. Esa intensidad. Ese estatismo de ellos contrapuesto al dinamismo de quienes caminan a su alrededor. El mundo moviéndose mientras ellos siguen parados, ajenos. “Que se pare el mundo, que nosotros nos bajamos”, debía pensar la pareja.

Pues no. No es así. Siento deciros que es una farsa.

Al segundo día de estar grabando en París, un bouquinista que vendía libros junto al Sena nos contó la verdadera historia de la fotografía cuando pregunté su precio. A quienes no la conozcáis, enseguida os la cuento.

Aunque para besos, el de Rodin. Auguste Rodin, nacido (como no) en París, nos dejó esta escultura que cuando la ves en directo se te saltan las lágrimas. Y no es una forma de hablar. Un beso así, pensaba yo, sólo puede encerrar una bonita historia de amor.

Pues no. Tampoco. En París descubrí que es una tragedia para cortarse las venas. Ya lo veréis, creedme.

Algunos de los iconos de la llamada “ciudad del amor” se me estaban desmoronando en una semana.

Y aún faltaba la historia de Édith Piaf, todo un emblema de la ciudad de París. No sé vosotros, pero yo no he escuchado a mucha gente cantar canciones de amor con la carga dramática que lo hacía esta mujer, esta señora.

Antes de llegar a la capital francesa yo conocía su música pero no tanto su vida. Pensaba que para cantar así, como un gorrión (que es lo que significa Piaf), ese gorrión tenía que ser feliz y estar enamorado hasta las alas.

Pues nada, el drama de Édith aún deja pequeño al del beso de Rodin. La historia de su vida es escalofriante. Entonces entendí esa mirada que tenía.

Algunos la conoceréis ya, pero yo descubrí su drama paseando por el barrio de Belleville. Me lo contó Lucio, uno de los españoles a los que entrevistamos. Por cierto, aprovecho para decir que Lucio es una de las personas que más me han impresionado en mi vida. Y ya he conocido a unas cuantas. Pero para resumir su vida necesitaría una novela más gruesa que las de Millenium. A quien el programa le despierte curiosidad por conocerle más, le diré que existe un documental que narra su historia completa. Se llama “Lucio” (Urtubia). Buenísimo.

El caso es que cuando pasamos por el número 72 de la calle Belleville, Lucio me dijo:
-Aquí, en plena calle, nació Édith Giovanna Gassion... Édith Piaf.
-¿Cómo? ¿En 1915 no había hospitales o qué?
-Sí, pero su madre, que era cantante de cafés, estaba borracha y drogada cuando sintió los dolores del parto. Salió a la calle y sus vecinos la encontraron tirada y balbuceante.
-¿Y cómo fue su vida?
- Pues con 16 años se quedó embarazada y tuvo a una niña que murió a los 2 años de meningitis. También se enamoró de un boxeador que murió en un accidente de aviación. Ella, Edith, murió a los 51 años, arruinada y alcohólica.

Pues sí, ésta es la historia de la mujer que cantaba las canciones más románticas de París. Y la del beso de Rodin no tiene nada que envidiarle. Me la contó un guía del Louvre con el que coincidimos tomando un café en un Bistrot. Esa escultura símbolo del amor iba a ser llamada en principio Francesca da Rimini, que es el nombre de uno de los personajes de El Infierno de Dante. La tal Francesca se enamoró del hermano de su marido, Paolo, también casado. Mientras se besaban fueron descubiertos por el marido de Francesca, que los asesinó a los dos.

En fin, la “ciudad del amor” se tambaleaba. Pero me quedaba el beso de Doisneau. Hasta que me crucé con el vendedor de libros del Sena.
-Es una instantánea preciosa. Incluso parece que se aman de verdad - me dijo.
-¿Qué quiere decir?
-Pues que es todo mentira. No es una pareja anónima, como se pensó durante años. Son actores a los que contrató Doisneau. No es un momento mágico, sólo es una interpretación magistral. Nada más. No se quieren, actúan.
-Qué decepción...
-De hecho, hace poco la actriz Françoise Bornet, la de la foto, confesó su secreto y subastó la foto original por 200 mil dólares.

Y así se me desmontaron tres de los grandes mitos del París romántico. Y así cogí el avión de vuelta. Podría haber pensado que lo de la “ciudad del amor” es pura ingeniería de marketing. Pero durante el vuelo repasé algunos momentos y sensaciones del viaje. Recordé lo que se siente al contemplar la esbelta figura de la Torre Efiffel desde Trocadero. O lo que te provoca ver la impresionante pirámide del Louvre iluminada. Recordé la elegancia del Sena. El corazón de Montmatre. Las pulsaciones del Barrio Latino. El canalleo de Pigalle. Recordé que hasta Sabina aprendió a besar en la Gare d’Austerlitz, la estación de metro del distrito 13 de París. Recordé que, como nos demostró Amelie, todo París es una fábula. Por eso llegué a la conclusión de que esta ciudad está por encima de sus iconos románticos. París no es sólo marketing. Tiene alma.

Pero sobre todo me vino a la mente una frase que leí de Alphonse Karr en “Diablo en París” y que me hizo gracia: “al verdadero parisino no le gusta París, pero no puede vivir en otro sitio”. Y digo yo: ¿a cuántas parejas les pasa lo mismo?

Sí, definitivamente, creo que París es la ciudad del amor.

Por eso (y por muchas cosas más) si tenéis la oportunidad de tomar un vuelo a la capital francesa, hacedlo. Porque si no, siempre recordaréis la mítica frase que Humphrey Bogart le dijo a Ingrid Bergman en Casablanca:
-Si ese avión deja el suelo y tú no estás en él, te arrepentirás. Quizá no hoy, quizá no mañana, pero pronto y por el resto de tu vida.

Buen viaje.

No sólo toallas...

La vida se me pasó por delante una y otra vez durante las 11 horas que duró mi viaje en tren a Coimbra, Portugal. Tenía 21 años y me iba de Erasmus. Me sentía fatal, primero porque todos se iba en avión a su destino y yo por tierra y segundo, porque me daba la sensación de que mi gran experiencia en el extranjero sería en un lugar casi igual que Badajoz pero al otro lado de la frontera. Atención, pacenses: No es que me parezca un mal sitio vuestra tierra, es que yo me imaginaba en un sitio lejano y exótico pero hice un examen de alemán nefasto y sólo quedaba libre Lisboa... Estaba enfadadísima.

Por fin llegué. La casa en la que había conseguido habitación tenía 12 cuartos y se llamaba “La Quimera”. Decían que era una república, un lugar en el que te cobran menos por el alquiler a cambio de que contribuyas, como inquilino, a la promoción de la vida cultural conimbricense. Bastaba con hacer una fiesta de vez en cuando, un paellón a lo grande, o un visionado masivo de pelis invitando a gente. Sonaba bien.

La realidad es que la casa era más barata porque tenía 3000 años y porque tenía una cantidad de suciedad endémica que pa qué... Me fui sin conseguir entender demasiado bien a mis compis de piso. Hablaban aquello que antes de partir para allá, yo pensaba que era facilísimo y que se entendía a la perfección, PORTUGUÉS.

Una semana después de llegar tenía claras ya algunas cosas:

1.El portugués no es como el español pero en lugar de terminar las palabras en “ón” en “âo”.
2.Portugal no tiene nada que ver con España salvo porque comparten espacio en la Península Ibérica y algo de historia común.
3.Ninguna de las escasas referencias con las que contaba antes de ir para allá se correspondía con la realidad.
4.No volvería a vivir en una República.


Y 6 años después (casi 7, no me voy a quitar edad), sigo pensando lo mismo. Es un error creer que el país vecino es similar al nuestro sólo porque esté cerca. Su clima es diferente, su gente es diferente, su sentir es diferente y su historia tampoco es la misma.

Para empezar, llueve muchísimo (yo soy de Madrid, un lugar en el que cuando llueve todo el mundo saca el coche para guarecerse, se forman atascos, se rompen los túneles, nos ponemos de mal humor... vamos, que no estamos acostumbrados) y a ellos no les afecta tanto.

La gente, y esto es generalizar, por supuesto, no tiene nada que ver con los españoles. Tienen una melancolía que no he visto en ningún punto de España. Como saben, son los inventores de la saudade, la palabra esa que no tiene traducción (quizá la morriña gallega se asemeja) porque sólo ellos saben qué es y cómo se sufre... El fado es cosa suya, una expresión musical de tal sentimiento.

Entre esa gente hay muchísimos negros, gran parte de ellos, universitarios. Y esto si que me sorprendió, considerando que en mi facultad (CC. De la Información de la Complutense, que debía tener 10.000 alumnos) debíamos ser unos 10 en total. El portugués es muy consciente de su pasado en África , Asia y América porque África(especialmente), Asia y América están muy presentes en Portugal. Muchos hablan del desarrollo portugués, más tardío, dicen, que el de aquí, sin embargo, aquello lleva siendo cosmopolita (como bien dice Salva, uno de los entrevistados), mucho tiempo antes que esto (aquí aún hacemos reportajes sobre barrios multiculturales como el Raval o Lavapiés porque aún nos parece raro).

Por aquí tenemos costumbre de decir que Portugal es como España hace 50 años. No, Portugal es Portugal. Hace 50 años, también era Portugal y dentro de medio siglo será Portugal con medio siglo más, no España. Las líneas de desarrollo son diferentes, cada cual avanza por su camino y hacia un destino diferente.

Dice Mª Ángeles, una de las entrevistadas, la cordobesa (con la que coincidí de Erasmus en Coimbra ...) que Portugal no es un lugar para comprar toallas. Completamente de acuerdo. Lisboa, es una capital de contrastes, con casitas blancas antiguas o forradas de azulejos, con mujeres que llevan cestas sobre la cabeza y grandes festivales de música electrónica, con calzadas puestas a mano y puentes ultra modernos... Lisboa es mañana y ayer, el hoy lo pueden poner Uds en cualquier momento...

Tras este viaje, con más años y menos prejuicios (y hospedándome en un hotel, en lugar de una república), me he reconciliado con Portugal. Está a una hora en avión (no hace falta que vayan en tren) y es otro mundo. Además, se come de escándalo.

Se lo recomiendo.

PRIVIET, SAN PETERSBURG



¡Menudo sustazooooo!!!!!!


He perdido la cuenta de los vuelos que habré cogido en los últimos años y no recuerdo haber pasado miedo en ninguno de ellos, algunas turbulencias juguetonas, algún despegue movidito pero como este aterrizaje ninguno. Todo iba bien hasta que nos acercamos a San Petersburgo, tormentón en la pista, muy oscuro y con muy mala pinta… Sacan el tren de aterrizaje, Raúl (mi compi) y yo estábamos hablando de no sé qué y, de pronto, se hizo el silencio. A muy poquita distancia del suelo, el piloto aborta la aproximación e intenta remontar el vuelo. Yo no tengo mucha idea de pilotar pero, por lo que vivimos, ésa debe ser una maniobra muy difícil… Fueron unos segundos angustiosos. Al final y después de casi media hora en el aire conseguimos llegar a pista vivitos y contentos pero, eso sí, con el miedo metidito en nuestros huesos… ¡Menudo susto! Nos hicimos una foto para celebrarlo, teníais que haber visto la cara de Raúl en el momento crítico. Claro, que habría que preguntarle a él cómo era la mía…


Bueno, pues ya estamos en San Petersburgo, la ciudad de los zares y los canales, la de los edificios colosales, antigua Leningrado y moderna Peter, mi primera experiencia en Rusia. Y ya tenía ganas, la verdad. Nos esperan para desayunar Inma y Judith, dos terremotos con energía para dar y regalar. Nos reciben en su casa de Cuéntame al estilo ruso, el papel pintado de las paredes es igualito al de los Alcántara. La casera les ha dejado recuerdos de la época soviética. Pero eso sí, con conexión a internet de alta velocidad.
El desayuno, típico ruso, está buenísimo y nos da energía para lo que nos espera, que no es poco. Nos pateamos la ciudad descubriendo las curiosidades rusas. No podría calcular cuántas limusinas vimos, cuántas parejas se casaron ese día, y eso que era martes, cuántos candados colgaban de los puentes pidiendo amor eterno, cuánto caminamos y cuánto nos reímos. Estas chicas no paran.

Y en nuestra primera noche descubrimos esa preciosa luz de atardecer que no acaba de apagarse. Las famosas “noches blancas”. Ya sólo por esto ha merecido la pena el susto aeronáutico. Pero aquí no acaba el día, todavía nos queda el concierto de Manu Chao y un bar, el único en el mundo, que celebra la nochevieja todos los días del año. De hecho, está apuntito de entrar en el Guinnes de los Records. Y ahí las dejamos, con sus orejas de conejo bailando “La Macarena”. El primer día ha sido movidito y muy completo. Estoy molida. En una sola jornada hemos acumulado suficiente infirmación en nuestras retinas como para llenar muchas tarjetas de memoria." ¿Sabes cuánto hemos grabado?". "Ya, pero es que la ciudad lo merece."


San Petersburgo fue construida con un esfuerzo increíble en una zona pantanosa azotada por los vientos del polo y las inundaciones. Fue fundada en 1703 por el empeño de un solo hombre, en ese lugar imposible, Pedro I El Grande quiso construir la moderna capital que necesitaba Rusia, la ventana a Europa. Una estatua rinde homenaje a su fundador. Y dicen los rusos que si tocas sus manos, serás feliz para el resto de tu vida. La voz se ha corrido y ya es visita obligada para los más de tres millones de turistas que pasan cada año por la ciudad.

Y, claro, de tanto roce, de tanta felicidad deseada, sus manos brillan como el oro. Lo curioso de la estatua es que esculpieron primero el cuerpo y, como todo en Rusia, es de proporciones colosales, y luego hicieron un molde real de la cabeza del zar. Por lo que dicen, Pedro I era un tío listo pero no gigante. Resulta un poco cómico ver el resultado pero, oye, si da la felicidad quién soy yo para juzgar al escultor…
Porque aquí cada pedazo de bronce, cada bloque de mármol tallado y cada hierro forjado ocupa su capítulo escrito en los libros de historia. La ciudad ha sido uno de los escenarios políticos más importantes del siglo XX. En la IGM, abdicaba el zar, Lenin llegaba para encabezar la nueva revolución y el 25 de octubre de 1917 el acorazado "Aurora", atracado hoy a orillas del Neva, disparaba contra el palacio de Invierno, sede del gobierno provisional, los revolucionarios asaltaban el palacio y establecían en Rusia el poder soviético. Y cada minuto conserva hoy su reflejo. Esta ciudad es un museo al aire libre. Caminar por sus calles es imaginar el pasado.

Hoy San Petersburgo sigue siendo la capital cultural de Rusia, sede de museos, teatros, exposiciones y festivales. Aquí los músicos callejeros visten con pajarita. Y ¿habéis estado alguna vez en Hermitage?????


Sabía que era grande y que me iba a impactar pero… ¡¿tanto?! Antigua residencia de los zares y hoy, uno de los mayores museos del mundo. Se codea con el Louvre y el Prado y encierra cerca de 3 millones de obras de arte. Como decía Marina, si quisieras estar cinco minutos delante de cada obra de arte, necesitarías unos 10 años ininterrumpidos. Y eso que sólo se expone una pequeña parte de toda la colección. Ah, y tiene dos salas enteritas reservadas a nuestro Pablo Picasso.

Belleza en los museos y también en las calles. De verdad que nos quedamos asombrados. Aquí hay diez mujeres por cada cuatro hombres. Y lo sorprendente es que casi todas ellas parecen modelos, del estilo “rompecuellos”, que dice mi amigo Jorge. No sé si “será el agua”, como decía Pepe, o si el frío moldea las formas, el caso es que, según nos dicen, es el paraíso para la visión del visitante masculino y para el traumatólogo de guardia... Y para quien piense que en San Petersburgo hace frío todo el año, sólo tiene que darse un paseo por la fortaleza de Pedro en los meses de verano, ni Benidorm en hora punta.

En fin, que San Petersburgo es un remolino de sensaciones, de experiencias y de influencias artísticas.Es "la ciudad de las musas", la ciudad de los poetas y los músicos, los pintores y los artistas. Aquí vivieron Chaikovski, Pushkin y Dostoievski. Esta ciudad tiene una belleza estremecedora y, en esta época del año, a partir de las doce de la noche, la luz de atardecer se refleja en el agua y la piedra con tonos muy románticos, yo diría que casi sensuales… Así escribió Alexandr Pushkin sobre esa temporada mágica de las noches blancas:


El transparente oscurecer
y el resplandor lunar sin luna.
Puedo yo sin luz leer
y escribir, pues sobra ésta.
Y ver con toda nitidez
inmensas calles somnolientas,
la aguja del Almirantazgo
como lanzada a las esferas.
Y el despuntar de la Aurora
que apura el anochecer
cediendo apenas media hora
a las tinieblas en la tierra,
más sin dejar palidecer
dorados cielos sobre ella.


Rusia es un país que engancha, que enamora, que te vicia, que se mete en tu sangre y no te suelta. Como decía Judith “o la odias y no vuelves, o bien te enamoras y no quieres marcharte, y lo peor de todo es que no sabes por qué”. Yo tengo claro que volveré. Espero poder decir pronto: “Priviet, San Petersburgo”.

Españoles en el Mundo


Laura, Luis, Belén, Tirma y Lucía son los reporteros de 'Españoles en el mundo', el programa de TVE que busca a nuestros compatriotas allá donde estén.
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