4 posts de octubre 2009

LOS HOMBRES QUE AMAN A LAS MUJERES

Mediados de Agosto. Un domingo por la tarde. Llevo horas intentando desesperadamente montar un sofá de Ikea modelo Ektrom. 399 euros. Una ganga. Mi chica mientras tanto devora las páginas de la primera entrega de Millenium ("Los hombres que no amaban a las mujeres"). 1 millón de ejemplares vendidos en España. Un best seller. Y de fondo, en la tele, un locutor “canta” un golazo del barcelonista Zlatan Ibrahimovic. 45 millones de euros su fichaje. Un crack.

Por un instante me fijo en la estampa que protagonizamos e imagino en cuántos hogares españoles se estará reproduciendo una igual o parecida. En realidad es una estampa que esconde un mensaje detrás. Aunque yo en ese momento aún no reparo en él.

Una semana después me encuentro en un garito de Malasaña a mi amigo Nano. Todo un personaje. Él es en la música lo que Ibrahimovic es en el fútbol: un crack. Me cuenta que, aunque es músico de jazz y un amante del hardcore, lleva varias semanas enfundándose unas mallas fucsias para tocar las canciones de Abba por toda España en una especie de tributo al grupo sueco. Sólo alcanzo a decirle: mamma mia!

Tiempo después descubriría que tras la pintoresca estampa que protagoniza Nano también está el mismo mensaje latente.

2 de Septiembre. Jesús y yo aterrizamos en Estocolmo con nuestra mochila, la cámara y un sobrepeso de tópicos que llevábamos toda la vida escuchando sobre los suecos… y las suecas. ¿Serían ciertos? Desde luego, hay uno de esos tópicos que yo ya puedo desmentir: es rotundamente falso que a los españoles nos gusten las rubias. Mentira. Cuando acabéis de leer esto me daréis la razón. Pero sigamos.

Una vez en la capital sueca me voy topando continuamente con pistas que me ayudan a descifrar ese mensaje del que os he hablado. Son estas:

- Primer día: descubro que uno de los mejores restaurantes de Estocolmo tiene nombre catalán (Bon Lloc) porque el chef Mathias Dahlgren es un enamorado de cataluña.
- Segundo día: un taxista sueco que pasa sus vacaciones en Ibiza me cuenta que un millón de suecos visitan España cada año.
- Tercer día: visitamos la Universidad de Estocolmo y averiguo que más de 700 erasmus españoles estudian cada año en Suecia. Imaginaos la cantidad de fiestas que pueden montar 700 erasmus españoles. Seguro que algunos no lo tenéis que imaginar…
- Cuarto día: hacemos el tour Millenium (en el que te llevan por los escenarios de la novela del sueco Stieg Larsson) y la guía me confiesa que España es el tercer país del mundo donde más se ha vendido la novela. Vamos, que tenemos más “fiebre Millenium” que gripe A.
- Quinto día: una guía nos muestra el Ayuntamiento, otra el Globen (el edificio esférico más grande del mundo). Otro guía nos abre las puertas de un bunker de la guerra fría reconvertido en sede de una empresa de informática y otro más nos da un paseo que tienen montado por los tejados de Estocolmo. Los cuatro guías son suecos y lo sorprendente es que los cuatro hablan perfecto español. Impecable. Descubro así que la segunda lengua más estudiada por los suecos, después del inglés, es el español.
- Sexto y último día: Jesús y yo nos vamos de copas. Sí, además de trabajar también nos tomamos alguna cerveza. Alguna. Nos sentamos en la terraza de Mosebacke (un lugar muy recomendable) y analizamos todo esto que os he ido contando. Yo además recuerdo esa tarde de Agosto en la que montaba un mueble sueco mientras mi chica leía una novela sueca y un futbolista sueco marcaba para el Barça. Y sobre todo, imagino a mi amigo Nano, todo un músico underground, tocando Waterloo, Dancing queen, Chiquitita o cualquier hit del grupo sueco más famoso de la historia.

La conclusión es evidente: suecos y españoles estamos completamente hermanados. Diría más: enamorados. Y lo mejor de todo es que, por una vez, es un amor correspondido. A ellos les apasiona tanto lo español como a nosotros lo sueco. Como diría mi amigo Zafra, somos fans los unos de los otros. Basta con visitar Estocolmo unos días para comprobarlo. Están a 2.600 kilómetros, son más altos y más rubios, y en invierno hace bastante más frío que en Soria o en Teruel pero aún así os sentiréis como en casa. Haced la prueba.


Y creo además que es una relación que ha ido madurando con los años. Me explico: yo soy del 79, es decir, de la generación que este año ha pasado por la guillotina de los 30. No incidiremos más en este tema. El caso es que a nosotros no nos salpicaron demasiado las películas en las que Alfredo Landa, enfundado en su bañador turbo de leopardo, perseguía suecas por la costa del sol. Casi no nos llegaron esas perlas que dejó el landismo como “Aunque la hormona se vista de seda”, “París bien vale una moza”, “Manolo la nuit” o “Un curita cañón”. Más bien nosotros crecimos con otra sueca, Pipi Calzaslargas, y ahora admiramos a una hacker bisexual, tatuada y perforada con piercings que se llama Lisbesth Salander. Para quienes aún no la conozcáis es la protagonista de la trilogía Millenium.

A nosotros ni siquiera nos afectó demasiado la fiebre Abba. Por suerte o por desgracia no hemos sido de flequillo, hombreras ni mallas. Sus canciones las hemos bailado pero ya en los karaokes de última hora. Ahora Suecia nos ofrece grupos geniales como The Cardigans, The Hives o Mando Diao, que confirman la exquisita tradición musical de ese país.

Tampoco ellos identifican ya a España con la paella, la sangría y el “dale a tu cuerpo alegría Macarena”. Cada vez aprecian más cosas de nuestra cultura. De hecho ya no (sólo) conocen a Alfedo Landa o a Fernando Esteso, sino a Javier Bardem o a Alejandro Amenábar, que ya dirige películas de 50 millones de euros.

En definitiva: nuestra pasión por lo escandinavo tiene otros orígenes diferentes a los de generaciones anteriores, pero el caso es que la pasión no ha cesado. Al contrario, creo que con los años es cada vez mayor. Aquí lo sueco está de moda. Y en Suecia es lo español lo que se lleva.

Si os fijáis primero perseguimos a las rubias por la costa del sol. Después nos enamoramos de una pelirroja entrañable llamada Pipi Calzaslargas. Y ahora estamos enganchados a una morena que responde al nombre de Lisbeth Salander. Os lo decía antes: a los españoles no nos gustan las rubias. No. Nos gustan todas. Stieg Larsson se equivocó con nosotros. Nosotros somos los hombres que aman a las mujeres.

QUE TRES MIL AÑOS NO ES NADA...

Nuestro primer contacto con Atenas fue con uno de sus simpáticos taxistas. No paró de hablar, de reír y de fumar en todo el trayecto, encantado de llevar detrás a sus amigos españoles. Que si Aznar, que si Berlusconi, que si los inmigrantes, que si su primo de Nueva York mientras adelantaba a tres coches por la derecha en línea continua. Llegamos al hotel y nos clavó 20 euros más de lo que cuesta la carrera. Dado que los taxistas atenienses son un must de la literatura de viajes, nos tomamos el timo como un tipismo más griego que el queso feta. Pelillos a la mar.
Salimos a cenar y al doblar una esquina nos encontramos con una de las imágenes más potentes que guardo en mi memoria: la Acrópolis iluminada, en lo alto, vigilando la ciudad. Un monumento asociado a una de las etapas más brillantes de la historia de la Humanidad. Porque Atenas no es sólo lo que ves, como nos dijo Roberto: hay que sentir todo lo que ha pasado aquí. De eso se encargó Pedro, uno de los helenistas extranjeros más prestigiosos de Grecia. Con él supimos que la Acrópolis se conservó casi intacta hasta que los venecianos la bombardearon en el siglo XVII.
O la historia del famoso expolio que protagonizó un oficial inglés en el siglo XIX y que aún mantiene viva la polémica con el Museo Británico. Me impresionó subir a la colina de Pnyx, el lugar donde se reunía la primera democracia del mundo, o pasear por el ágora donde Sócrates y Platón filosofaban. Pero además de la Atenas clásica, hay una Atenas bizantina y una Atenas turca. La herencia bizantina es un orgullo para los griegos y la religión ortodoxa un símbolo de su identidad. Todo lo contrario de lo que ocurre con la huella otomana.
Aunque está muy presente, cuatro siglos de dura ocupación explican su proverbial mala relación con los turcos. Cálidos, espontáneos, insumisos, enamoradizos, impulsivos, apasionados, hospitalarios, chillones... Los adjetivos para definir a los griegos se repiten. Muchos dicen que nos parecemos, aunque Antonia y Xavi creen que su carácter es más balcánico que latino. Sí coinciden todos en señalar la importancia de la mamma y en general de la familia. Y es que la cultura mediterránea es el otro ingrediente fundamental de la sociedad griega.
En este sentido, no podíamos irnos de Grecia sin visitar una de sus islas. Con Cristina y Miilto cogimos un barco en el mítico puerto de El Pireo para llegar a Hydra, cuna de acaudalados armadores y refugio de artistas en los años 60. Recuerdo mi cara de asombro cuando Adam, el hijo de Leonard Cohen, nos abrió la casa donde su padre pasa los inviernos. Aquí nos olvidamos del famoso caos griego, otro de los tópicos del país, una característica que a los españoles, en el fondo, tampoco nos pilla tan de sorpresa... A los griegos también les encanta hablar de política y de fútbol.
Con Amelia callejeamos por el combativo barrio de Exarhia, muy vinculado a la lucha contra la dictadura de los coroneles en los años 70 y hoy un punto de referencia del anarquismo internacional. También es el barrio más cultural de Atenas, lleno de casas editoriales, de cafeterías-librerías, de imprentas
En cuanto al fútbol, un simple paseo por la ciudad con Óscar, jugador del Olympiakos, bastó para comprobar la pasión que levanta este deporte. Él nos lo explicó con sensatez: allí es como si fuese un jugador del Madrid o del Barça. De hecho, la liga griega está llena de futbolistas españoles: un buen sueldo, reconocimiento público y un buen país para vivir. Me encantó pasear por el mercado municipal y ver a los vendedores ofreciendo su género a voz en grito. O por el rastro de los domingos de Monastiraki, ese lugar con aroma a bazar donde se puede encontrar de todo. Pasamos por delante de un cafenion, donde los hombres mueven el komboloi, toman café y juegan al tavli. Este es un país de machos, bromeó con Antonia uno de ellos. Los atenienses adoran la música y el baile.Aquí no existe el sentido de la vergüenza que tenemos en España y el baile conserva un papel muy importante en la vida cotidiana.
Xavi nos llevó a una boda en la que todo el mundo bailaba antes de empezar a comer. Y Pedro a un local de rembétiko donde los pasos consistían en improvisar los movimientos de un borracho. El rembétiko es esa música que trajeron los emigrantes griegos expulsados de Turquía en los años 20, asociada a la vida portuaria, a fumaderos de hachís, a delincuencia, a desarraigo.... El tango griego. Asistir a la boda fue la guinda de este viaje.
Hablando por teléfono con Xavi sobre qué cosas podríamos hacer, me dice tan tranquilo: yo puedo cualquier día menos el sábado, que tengo una boda. “¿¿¿Cómo???, grité al otro lado del auricular. Al pobre casi le rompo el tímpano, y así fue como nos colamos en una auténtica boda griega. Me encantó presenciar un rito ortodoxo (el intercambio de diademas, las tres vueltas al altar...) y en el banquete bailamos en corro sin parar. Y eso que ahora ya no se rompen platos, prohibido por ley para evitar accidentes con las astillas. Gracias por invitarnos, amigos.
En definitiva, Atenas es VIDA. Larga vida a Atenas. PD.
Por cierto, al llegar a Madrid cogí un taxi en Barajas y el conductor me pareció un serio lord inglés.

MONTREAL... HASTA EL INFINITO

Nunca había visto una sonrisa tan sincera, quizá, debiera decir, una carcajada... A mi no se me ve la cara porque tengo mucho pelo, pero también me reía. Nos partimos con Sergio, el ex - guardia civil que dejó la Benemérita por una policía montada canadiense. Creo que nunca me he reído tanto durante una entrevista, a Manu, incluso le temblaba la cámara.


Sergio habla y automáticamente esbozas una sonrisa. Se ríe, y te mondas... En serio... estoy deseando que vean el reportaje, sólo para que le oigan. Es increible. Es increible y estoico. No le gusta Montreal, se aburre como una ostra, pero quiere a su familia de allí, a su mujer y a su niño, muchísimo y por eso aguanta el frío y la nieve riéndose y haciendo que el resto, también se ría...

Pero... he dicho frío? A Montreal llegué en verano y eso, amigos míos, es otro cantar...

En Chicago me equivoqué. Llámenme rara, pero... me imaginé que en verano sería verano y, por tanto haría tiempo de verano. Lamentablemente, no fue así. Pasé un frío atroz y tuve que comprarme ropa.

“No volverá a ocurrir”, pensé, mientras llenaba mi maleta de ropa de abrigo.

Llegamos con 5 horas de retraso a la ciudad, de noche, hacía bueno.

Al día siguiente me desperté en Dubai, o bueno, quizá no Dubai, porque en Montreal el clima es mucho más húmedo, eso sí, la sensación térmica era altísima, propia de un sitio cálido...

Así que estaba en “Dubai” a 200ºC, con manga larga y chaquetita en el bolso, no fuera a ser que refrescara.

El día del desfile del Orgullo Gay, entrevistamos primero a Miguel Escobar, el arquitecto y luego quedamos con Román, Mireia y Dani. Anduvimos muchísimo bajo un sol de justicia y cuando llegamos al final, al festival de globos, para mi también fue el final, me dio una lipotimia (la primera en mi vida!), que “pa qué”. Me tiré al suelo, mientras que una procesión de gente amable se interesaba por mi supuesto estado de embriaguez en varios idiomas (es lo que tiene la provincia de Quebec... que todo el mundo habla mil lenguas). Me moría de la vergüenza, pero tampoco podía articular palabra... Ahí estaba, con el botón del pantalón desabrochado, la mano sobre los ojos y tumbada sobre el cesped, en otro país, padeciendo mi primera lipotimia, a más de 40 minutos de coche del hotel y rodeada de canadienses que lamentaban que me hubiera sentado tan mal el alcohol.

El viaje de vuelta me lo pasé encima del hombro de Dani... uno de los entrevistados. Le comenté que este episodio saldría en el blog (la que avisa no es traidora, es, avisadora). El recorrido duró más de 40 minutos porque el taxista desconocía el camino, me dio tiempo a espabilarme, a que me diera otra pájara y a recuperarme de nuevo...


Montreal es una interesantísima ciudad francesa al otro lado del Atlántico, pertenece a la francófona provincia canadiense de Quebec. Su oferta cultural parece ilimitada, al igual que la deportiva. En Invierno pueden llegar a los –35ºC, en verano... HASTA EL INFINITO.

¿ SABÍAIS QUE ALBA, EN GAÉLICO, SIGNIFICA ESCOCIA?

Próximo destino, Edimburgo. Viajamos durante el Festival Internacional, el acontecimiento del año. Llevaba tiempo queriendo visitar la capital de Escocia, muchos amigos han pasado por allí.Lo de aprender inglés se hace más suave si te tratan bien y los escoceses son de lo mejorcito. Eso nos decían y así lo pudimos comprobar. “Jaimito”, como decía su chica gaditana Ilio, es la bomba, una de esas personas que te quieres llevar en el bolsillo. Pero vamos por partes…



Mi compañero es Jesús Sanjurjo. Nunca he grabado con él pero me dicen que es muy majo. Hemos quedado en la T4. Con esos ojillos no puede ser mala gente. Si se ríe no ve, jaja, tiene la mirada achinada, como mi hermano, buen rollito... Es un vuelo corto. Y yo me quedo dormida. Buscamos una zona para fumadores. Y a nuestro lado pasa un huracán con melena rubia y mucha tensión acumulada. Nunca había visto a ninguna mujer con tantos decibelios. Y en italiano. Así me enteré de que Jesús habla un perfecto italiano. Graciosa la traducción simultánea que no me atrevería a reproducir en este momento. Ni yo, ni el policía que salió escandalizado y les pidio “please, no more”.

Bueno, taxi, carretera, verde, mucho verde y el hotel. ¿Ya? Me da que estamos un pelín alejados del centro. ¿Un pelín? Por la mañana, con luz, nos damos cuenta de que estamos al lado del zoológico municipal. Y ya se sabe que, en ciudad, los leones duermen lejos. Vaya, nos vamos a dejar una pasta en taxis…

Empezamos ruta. Nos bajamos en el centro. Ahí vive Jazmín. Ni llueve ni deja pero no hace frío. Jazmín es genial. Siempre riendo. Nos presenta a Patricia y empezamos nuestro paseíllo por la ciudad. Lo primero que vemos, un kilt, una falda escocesa. Y a su dueño, claro. La verdad es que les sientan muy bien. Los escoceses tienen arte para los cuadros. Como Jordi, de Tarragona. Pinta y vende sus obras en la calle. Condensados en muchos trazos, descubrimos lo más destacado de la capital escocesa. Jesús se lleva una lámina de la catedral, para su casa nueva.

Hasta luego, chicas, nos vemos mañana. Hemos quedado en Alba Flamenca. ¿Sabíais que “Alba” en gaélico significa “Escocia”? Yo tampoco. Nos lo contó María Isabel, una granaína con mucho arte. Como todos los del Alba. Aquí se respira buen rollo, está todo el mundo encantado. Y hay mucho acento español. Hay tapeo (Lola es la mejor cocinando), vinito, música y espectáculo flamenco. Danielo le pone el duende. Dice que no espera ganarse la vida con su voz pero sí con su gracia y la verdad es que tiene para regalar… Si pasáis por Edimburgo, no dejéis de visitarles, son un grupo genial.

En Edimburgo, nuestros españoles están pluriempleados, no son muchas horas, como ellos dicen trabajan para vivir y no al revés. Y les funciona. Si no fuera por el clima…

En el camino, conocemos a Juan Zorrilla. Es pintor y muy bueno. Ha creado un estudio-galería junto a otros artistas. Merece la pena otra visita. Están al lado del Alba. Espero que algún día nos cuente por qué canceló nuestra cita del jueves… Y mucha suerte, Juan.

Madrugón para ir al Sunday Market, un mercadillo-chollo-ganga donde puedes encontrar casi cualquier cosa por 2 libras, poco más de 2 euros. Es el vicio de Jazmín. Y con razón, este mercado es como un gran cofre del tesoro. Y vámonos, que aquí hay peligro…

Conocemos a Melany. Todo el mundo aquí conoce a Melany. Su historia es preciosa. Su madre es española y su padre británico. Era sólo una niña cuando se dio cuenta del trato inferior que recibía su madre en territorio inglés. Ahora, ella ayuda de forma altruista a otros españoles con los trámites burocráticos para el alquiler de la casa, la prestación por desempleo, maternidad… Lo lleva haciendo 11 años y ya ha perdido la cuenta de los españoles a los que habrá ayudado. Ah, y además es inteligentísima, una máquina participando en concursos de televisión.

Amanece soleado. Por lo que nos cuentan, una suerte y un privilegio. Al lado de la Royal Mile, nos esperan Leticia y Nelisa (con una sóla “s”). Leticia se ha convertido en la mejor Relaciones Públicas de la cultura española. Y la verdad es que la revista en la que trabaja, Babylon magazine, lo merece. Las fotos de Nelisa son espectaculares, como ella dice, “femista, lo justo”. Y es que esta ciudad despierta la creatividad, hay mucha inquietud, mucho interés y mucho movimiento. Igual que Cinema Attic. Todo empezó por el empeño personal de Carlos y Sandra, amantes del buen cine. ¿Cómo es posible que en el Festival Internacional de artes escénicas más importante del mundo no haya un ciclo de cine español? Bueno, pues ya lo hay. Mucho esfuerzo y mucho trabajo ahora recompensado. La Filmhouse y la National Gallery les ha dado su apoyo. Hasta el 11 de octubre, ahora mismo, se está desarrollando la retrospectiva Bardem-Cruz. Y los nuevos y consagrados valores del cine español tienen ya un hueco en Edimburgo. Ésta es la primera muestra pero, viendo el éxito que están teniendo, vendrán muchas más. ¡Suerte, chicos!

“Jaimito”, así llamaba Ilio a su chico escocés, un hombre encantador y enamoradísimo de esta simpática gaditana. Llegó para un verano y ya lleva 12 años. Ellos nos descubrieron que lo del “no hay nada debajo” cuando se habla de faldas escocesas es más que una leyenda.

Y gracias, Pepo, nos lo pasamos genial en el “Last Drop” y en tu local pub. Espero que volvamos a vernos… Marc nos metió el miedo en el cuerpo, claro que, en mi caso, no es difícil… En la oscuridad, mi valentía brilla por su ausencia. Y esta noche, no hay luna y cada sonido parece llegar de ultratumba… ¿Sabíais que Edimburgo acumula el mayor número de historias de fantasmas de Europa? Con el miedo metidito en el cuerpo, volvemos al hotel. Lo de estar al lado del zoo tiene sus ventajas. El taxista sabe dónde está. Además, me encantan los leones…¿Y ya ha pasado una semana? El tiempo vuela con buena compañía... Jesús, pero ¡qué bonito eres y qué paciencia tienes!

Sólo una cosa más, sentimos mucho no haber podido grabar con Rubén Palazuelos y con Pepe Cantador. Lo de Rubén fue la mala suerte de un resultado de fútbol poco favorable y un entrenador muy exigente. Y con Pepe, una agenda demasiado apretada. Mucho lo que nos gustaría grabar y poco el tiempo del que disponemos… Volveremos a Escocia para hacer la segunda parte.Gracias a todos, nos llevamos vuestro recuerdo bien guardado en la memoria…

Españoles en el Mundo


Laura, Luis, Belén, Tirma y Lucía son los reporteros de 'Españoles en el mundo', el programa de TVE que busca a nuestros compatriotas allá donde estén.
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