4 posts de noviembre 2009

La prometedora mayoría de edad de NAMIBIA

La capital de Namibia es... Y se hace el silencio.

Haced la prueba y comprobaréis que muy poca gente ha escuchado hablar de Windhoek. Es la pregunta ideal para ganar al Trivial, un lapsus general que tiene “atenuantes”: Namibia es una democracia muy joven, pues estuvo ocupada por la Sudáfrica del apartheid bajo el nombre de África del Sudoeste hasta 1990. Por otro lado, es el segundo país del mundo con menor densidad de población: sólo dos millones de personas en un territorio 1,5 veces mayor que España.


El carácter pacífico de los namibios ha convertido al país en un ejemplo de convivencia y estabilidad, hay buenos servicios e infraestructuras, ausencia de enfermedades (a excepción del sida, endémico en algunas zonas), etc. En definitiva, Samuel nos contó que entre la comunidad de expatriados se habla de Namibia como un “África para principiantes”, pues combina la belleza y la potencia del África en estado puro con muchas de las ventajas del bienestar occidental.

Aterrizamos en Windhoek y lo comprobamos enseguida. La capital de Namibia es una ciudad con 250.000 habitantes en la que sorprende su limpieza, su orden, su iglesia luterana... La influencia colonial alemana es altísima en todo el país.

Pero también hay otra Windhoek: Katutura, el barrio donde desplazaron a la población negra durante el apartheid, el Soweto namibio. Una zona a varios kilómetros del centro de la ciudad donde vive el 60% de la población de Windhoek. En lengua herero, Katutura significa “el sitio donde nadie quiere ir”, el recuerdo de una época superada.

Este contraste entre las dos Áfricas lo sentimos a lo largo de todo el viaje. Ninguna es más real que la otra, aunque los blancos representen sólo el 6% de la población de Namibia. Como suele decirse en estos casos, todavía tienen que pasar varias generaciones...

Me impresionó conocer el desierto del Namib, el más antiguo del mundo, con dunas tan altas como rascielos de arena roja y amaneceres de postal.

Un inmenso cinturón de arena que dió el nombre al país y que se extiende en paralelo al mar. Y es que la costa es el auténtico motor económico de Namibia, con el área de diamantes y uranio hacia el sur y la pesca como una de sus actividades principales.

¿Y qué ocurre cuando hay pesca?

Que hay gallegos. Walvis Bay es uno de tantos sitios del mundo donde puedes escuchar la gaita y comer empanada. Ahora el 90% de la tripulación de los barcos tiene que ser namibia, pero en tiempos llegó a faenar en este caladero una colonia de más de 4.000 gallegos. Me sentí como en casa.

Guardo muchos recuerdos de este viaje. Sobrevolar el desierto en avioneta cual protagonista de “El Paciente Inglés”; las risas nocturnas y el oryx carbonizado con Susana y Gary; el safari con Jose Luis, uno de los gallegos más carismáticos de la diáspora; surfear en la duna 7 con Manuel y conocer a su gente; los nervios de Pilar y la pachorra de Suso (el sur y el norte nunca se entendieron tan bien); visitar Katatura con Samuel (un beso para Felipe, el pisha namibio); el concierto que improvisó Jesús, el violinista en el tejado; la “encerrona” del cazador cazado que me hicieron en la radio; subir a un barco merlucero y conocer al capitán y a sus marineros; penetrar en el “mundo toopnar” con Ricardo y Maica...

Un abrazo muy fuerte para todos. Jesús y yo todavía nos estamos recuperando del maratón. Y seguro que vosotros también.

Mereció la pena.


PRISIONERO EN EL PARAÍSO

En 1585 un marinero portugués naufragó y apareció en una playa virgen y salvaje de una isla desconocida. Se dice que existe una carta que el marinero en cuestión envió meses después a su familia. Cuando leáis el contenido de esa carta entenderéis lo que es Bali.

Entre 1990 y 2005, ocho españoles hicieron las maletas, dejaron a sus familias y se marcharon en busca de esa misma playa. Esta vez la isla ya no era tan desconocida. Y en vez de enviar una carta ellos se conectan cada noche a internet. Pero tienen el mismo espíritu que el náufrago portugués. Cuando veáis el programa entenderéis por qué lo hicieron.

Desde que empecé a trabajar en este programa no he dejado de escuchar frases como: “qué bien vives”, “qué suerte de trabajo”, “llévame en tu maleta” o la más frecuente de todas: “¡¡qué cabrón!!”. Cuando regresé de Bali entendí de verdad el sentido de estos halagos.

Entre el viaje del náufrago y el de los españoles hay casi 500 años de diferencia, pero todos encontraron algo parecido. Yo también en mi viaje.

Bali es uno de los lugares con más etiquetas propagandísticas del mundo. Se le conoce como la Isla de los Dioses, la Isla Eterna o el Último Paraíso. Un Primer Ministro indio aún quiso hacer más florituras poéticas y la calificó como “el amanecer del mundo”. En definitiva: un lugar puro.


Por otro lado, es uno de los principales destinos turísticos del planeta. Más de 2 millones de turistas visitan Bali cada año. Más de 10 mil parejas hacen el teatrillo de casarse por el rito balinés. Y hay cerca de 400 mil plazas hoteleras. Por más que la crisis económica haya afectado a todos los países, el turismo en Bali sigue creciendo. Este año un 20%. Dólares, euros y divisas de todo el mundo circulan por la isla.



Mi duda antes de aterrizar allí era: ¿se puede mantener la pureza y la autenticidad de su cultura con estas cifras? ¿el misticismo y la espiritualidad de Bali pueden sobrevivir a pesar de esta invasión? Ya os adelanto que la conclusión a la que he llegado tras estar allí es que sí. Falta por saber cómo.

Cuando llegamos, una de las primeras cosas que me llamó la atención fue la cantidad de estatuas, esculturas y demás símbolos religiosos que presiden la isla. Están por todas partes: en la carretera, en un cruce, en la puerta de las casas. Casi hay más esculturas que personas y más templos que casas. Es impresionante. Y lo más curioso es que todas, absolutamente todas, estaban cubiertas con una tela a cuadros blancos y negros. Una especie de pañuelo con el que lo envuelven todo.



Al tercer día de estar allí ya no pude reprimir la curiosidad y le pregunté a Made, un guía balinés que nos acompañaba ese día de grabación. Made tiene 45 años aunque aparenta mucho menos. Y también es mucho más culto de lo que aparenta. Él escucha más que habla. Es un erudito que domina las doctrinas de todas las religiones que conviven allí. Pero sobre todo es un hombre discreto que lejos de apabullarte con sus conocimientos espera a que seas tú quien te intereses en saber. Sólo te informa si preguntas. Para él es una forma de elegir con quien compartir su riqueza intelectual.

-Made ¿lo de vestir a todas las esculturas con una tela blanca y negra es sólo por capricho? ¿es decorativo?
-No, no son maniquís, no los vestimos como en un escaparate - Me contestó trazando media sonrisa irónica. Pero de buen rollo.
-¿Y cuál es el significado?
-Sekala-niskala
-Ya… muy bien… ¿y podrías ser un poco más explícito?

Fue entonces cuando Made me explicó el término Sekala-Niskala. Os daré una versión reducida: significa visible-invisible. Quiere decir que el mundo terrenal está penetrado por un mundo espiritual. Vamos que hay dioses y demonios entre nosotros. La verdad es que yo sí conozco algún demonio, pero bueno, ése sería otro tema. Sigamos…

El caso es que lo balineses creen que los seres humanos pueden mantener el equilibrio entre los espíritus buenos y los malos con sus ofrendas. Y esta oposición entre el bien y el mal se simboliza en las telas negras y blancas (que por cierto se llaman poleng) con las que envuelven a las estatuas dotadas de poderes. El negro es el mal y el blanco el bien. En resumen: esas telas representan el equilibrio. EL EQUILIBRIO. Ésa es la clave para ellos.

Los balineses entienden mejor que nadie lo importante que es el equilibrio, la tolerancia y la convivencia. De ahí que el lema de Indonesia, un país con 300 grupos étnicos diferentes, 700 lenguas y 6 religiones, sea bhinneka tunggal ika. Es decir: unidad en la diversidad.


Y al igual que con los espíritus, los habitantes de Bali han conseguido mantener un equilibrio entre sus raíces y el turismo. Hay hueco para todos. El turista que quiere conocer y descubrir llega hasta rincones tan bellos como Ubud y sus arrozales. Y el que no, se queda en su hotel de 5 estrellas y ahí, en su jaula de oro, disfruta del Bloody Mary, de la Caipirinha y del hidromasaje. Y mientras, el balinés sigue cumpliendo escrupulosamente con sus ofrendas diarias.

Creo que, en esencia, Bali sigue siendo puro. Por eso me sentí afortunado de viajar allí y entiendo mejor que nunca a los que me dicen: “¡qué cabrón! ¡vaya trabajo tienes!”. Entiendo también a lo españoles que entrevistamos y que renunciaron a su vida en España para empezar allí una nueva etapa.



Pero sobre todo, entiendo al naufrago portugués cuando escribió esto en su carta: “Madre, me han hecho prisionero en el paraíso. Lo lamento mucho. Saluda a María y a los niños. Hasta siempre, Manoel”.

JORDANIA, INSHALLAH...


La primera vez que vi a María, me impactó su mirada sonriente. Nos saludamos como si nos conociéramos de toda la vida. Sus ojos verdes brillaban con una felicidad contagiosa. Hablamos durante cinco horas. Me contó su cambio de vida. En apenas año y medio, se había enamorado de Atela, un beduino que nació, como el resto de sus nueve hermanos, en una cueva en el corazón de Petra; se habían casado y ahora estaba embarazada. Será una niña. Me habló de las tradiciones jordanas, de cómo fue su boda, del contrato prematrimonial, se casaron por un dinar, de sus proyectos de futuro, de la fundación para mujeres jordanas. Hasta hace poco, María trabajaba en Canarias como administrativa y hoy vive entre camellos y cabras, come con las manos y vende artesanía en la Ciudad Rosada. Y el dinero que ganan, se lo dan a las familias más pobres. Y todo lo cuenta con la naturalidad de quien te dice cómo le ha ido el día.

Es una mujer muy valiente. Como ella decía, ha aprendido a ser feliz sin nada. “Y seré feliz cuando vea reír a mi hija, corriendo descalza por el desierto y comiendo con las manos”. Y siempre sonríe. Da gusto verla.

Y llegamos a Petra. Ocho de la mañana. Sabíamos que la tienda de María estaba en el Monasterio, en lo más alto de Petra pero no nos imaginábamos lo que eso suponía. Estuvimos 12 horas caminando, parando, grabando, a pleno sol. Un ascenso de casi mil escalones. Pobre Jesús (mi compi) subir… bueno, pero subir y grabar… Nosotros estábamos destrozados así que imagínense a una mujer embarazada de 5 meses. Si llego a saberlo, no lo hubiera permitido. Se nos hizo de noche en la cima. Ya no quedaba nadie en Petra. Y había que bajar esos mismos escalones. Sin luz y con riesgo de resbalón. Mi compañero Jesús nos alumbraba con el pequeño foco de la antorcha de la cámara. Con cuidado, llegamos abajo. Y ella siempre con una sonrisa. Esta mujer es increíble. Y su marido, Atela, el hombre más paciente del universo.




María ya es beduina y es la beduina más feliz del planeta. Sé que mantendremos el contacto por mucho tiempo... Su niña vivirá y crecerá igual de valiente y radiante que su madre. Y que su suegra. No lo he comentado pero la madre de Atela, a mí, me tocó el alma. Su serenidad, el cariño hacia sus nietos, su respeto, su elegancia... aprendí mucho de ella y espero volver a verla algún día... Su piel estaba curtida por el sol y, a pesar de ello, me pareció una mujer bellísima, sus manos eran duras como la roca y las más suaves cuando acariciaban las mejillas de su nieta. Sus enormes ojos negros desprendían calor. Nos abrió las puertas de su casa, compartió su comida, nos dio el cariño que se le da a la familia. La última noche, cuando nos estábamos despidiendo, se levantó y se quitó la cadena que llevaba colgada del cuello. Me la estaba regalando… No podía aceptarla pero no quería ofenderla. María me aconsejó. La llevaré siempre conmigo…

El pueblo jordano es hospitalario, acogedor, bromista y muy amable. Yo me he sentido en casa. Porque somos muy parecidos. Como decía Shibly, el marido de Ana, fueron ochocientos años de convivencia en Al-Andalus, somos más hermanos de lo que creemos. O Guzmán que nos descubrió un plato igualito a la paella. Y el quejío flamenco, que como nos decía Xabi, dónde tiene su raíz.

Esta era mi segunda vez en Jordania. La primera vez me impactó su belleza natural y su historia... Esta vez, me llevo a su gente. Un amigo dice que, en este trabajo, sólo te da tiempo a rozar con los dedos cada destino al que vamos, que cuando parece que tomas conciencia de dónde estás, ya tenemos que regresar, pero esta vez, creo que yo he metido la mano entera y me he llevado un pedazo de Jordania.

Lo digo con el corazón, merece la pena conocer esta tierra. Si estáis pensando en ir a Jordania, no podéis perderos la experiencia de pasar la noche en el desierto de Wadi Rum. Dicen que es el más bello del planeta y estoy de acuerdo. Pero lo que más me gustó fue conocerlo de la mano de Xabier y Teresa. Ellos son geniales. Él no paraba de hacer bromas, ella tan tímida como una niña pero al final, también se soltó. Nos presentaron a Aburaed y Amjad, dos beduinos divertidísimos. No sabéis el partido que le sacaban a las diez frases que conocen del español. Usaban las dunas como toboganes. Montados en 4x4. Jed era el mejor conductor... Y era el nuestro. No paramos de reír. Esa noche fue muy especial. Tuvimos problemas con el ordenador, no se descargaban las imágenes. Jesús, el pobre, ni cenó. Era la una de la madrugada, teníamos que levantarnos a las 5 para grabar el amanecer, todo el mundo estaba cansado pero nos esperaron como campeones. Si vais, pedidle que os hagan el juego de las cuerdas. Es genial. Ahí va su mail porque su campamento es el más auténtico: amjadsab1@hotmail.com.


Ah, y quiero agradecer la ayuda de www.descubrejordania.com. Hablamos con ellos cuando estábamos organizando el programa y se volcaron para que los españoles residentes en Jordania se enteraran de que íbamos. Gracias a los que mantenéis al día esta web porque es interesantísima y muy completa. Pero sobre todo quiero dar las gracias por habernos ayudado a conocer a gente tan maravillosa como nuestros españoles en Jordania... No os podéis imaginar cuánto nos impactaron sus experiencias, sus sentimientos y su calor... Yo me llevo clavada a fuego en mi memoria la luz de los ojos de María, su felicidad y el brillo suave de su mirada. Lo mismo me pasó con Pilar, qué energía y qué amor de mujer, igual que Ana u Omar, Inma, Xabi y Teresa y sus amigos AbuRaed y Amjad...


El pueblo jordano es maravilloso. En fin, que mi compañero Jesús y yo nos sentimos unos privilegiados por haber compartido tanto con gente tan increíble... Sé que en tan poco tiempo no se puede mostrar ni la décima parte de lo que nos hubiera gustado pero espero que hayamos podido transmitir un pedacito del calor que ellos nos dieron a nosotros... Gracias a ellos y gracias a vosotros por ayudarnos...

Por cierto, hace unos días me escribió María… Su hija se llamará Anod, significa “mujer constante y perseverante”. No podía haber elegido mejor nombre. Es precioso, María. A estas alturas estará a puntito de llegar… Bienvenida al mundo, Anod. ¡Mucha suerte! Espero verte pronto… ¡Inshallah!

Un país tan desconocido como fascinante... Etiopía

No era primera vez que viajaba a Etiopía. Hace un año que tuve la oportunidad de trabajar dos semanas allí, y volver ver ese país fascinante, tan diferente a lo que se conoce de el en Occidente, me pareció un auténtico regalo.

Por todo lo que aprendí en ese viaje, sentí muchísima responsabilidad cuando me asignaron este reportaje de Españoles en el Mundo en Etiopía. Quería mostrar una imagen más global de este país, un reflejo de una Etiopía que va mucho más allá de los paisajes con la tierra cuarteada y las hambrunas. Etiopía es el quinto país más pobre del mundo, pero a su vez es un ejemplo de convivencia entre diferentes culturas y religiones.

Es uno de los estados más antiguos del mundo, y en sus tierras se pueden encontrar lugares increíbles, dónde el tiempo se detuvo hace miles de años

En Etiopía se puede sentir el latido del corazón de África, su luz, el color de su cielo, el olor de las especies y el incienso, la calidez de sus gentes.

La comunidad española en el país es muy pequeña. En todo el país solo viven unos 120 españoles, el 90% cooperantes o religiosos. Para encontrar a la primera de nuestras españolas tuvimos que tomar un avión en Addis Abeba que nos llevó hasta la capital de la región de Tigray, y desde allí un viaje de cinco horas en todo terreno hasta las montañas del norte. Allí nos esperaba Miriam, una guía de aventura que trabaja llevando a grupos de españoles hasta los lugares más recónditos, dispuesta a escalar una montaña para enseñarnos una de las 13 iglesias excavadas en las paredes de los precipicios de la zona.


La escalada a la montaña fue impresionante, y en uno de los tramos tuvimos que descalzarnos para poder meter mejor los pies en los salientes de la roca.

La subida mereció la pena, vaya si la mereció. A 2.700 metros, en la ladera de un precipicio encontramos la iglesia, un lugar alucinante custodiado por unos monjes de edad indefinida y en cuyo interior pudimos frescos y del S.IV en perfecto estado de conservación.


Desde la montaña, a pocas horas en coche, nos desplazamos hasta la ciudad de Wucro para encontrarnos con el padre Angel Olarán, una de las personas que me ha impactado conocer en el tiempo que llevo viajando. Un hombre sabio y vital, que después de trabajar casi 40 años con los más desfavorecidos del continente africano, mantiene una admirable actitud llena de optimismo y ganas de cambiar el mundo. Junto a el pudimos ver que Etiopía es un país de gente valiente, que lucha por abrirse camino en circunstancias difíciles, y a los que Ángel ayuda con todo lo que tiene en sus manos.

Desde Tigray tomamos un avión para volver a la capital. Addis Abeba es una de las ciudades más pobladas de todo el continente africano. Una ciudad con una distribución laberíntica en la que conviven modernos centros comerciales con tenderetes tradicionales de techos de chapa, donde pudimos conocer como es el día a día de cinco españoles que viven allí.

Mercé, una médico catalana, nos recibió en su casa con la ceremonia tradicional del café, el ritual etíope de bienvenida y hospitalidad. Ella fué quien nos enseñó cual es la comida típica de país, el injera, un pan ácido con apariencia de balleta esponjosa que acompaña a las tips (trozos de carne de cabra guisada) o el fir-fir (pasta de legumbres).

La comida etíope se come con las manos, utilizando un trozo de injera a modo de cuchara, y se acompaña siempre de una salsa muuuuy picante. La verdad es que es un plato delicioso que no me cansé de comer una y otra vez durante el tiempo que estuvimos allí (una preferencia que no compartí con la mayoría de los españoles que conocimos, algo cansados de comidas picantes).

Otra de las cosas más sorprendentes de Addis Abeba es su noche. En cuanto cae la noche, la ciudad se llena de cientos de lugares donde escuchar música y tomar una copa, o una jarra de tech, un licor tradicional que se fermentaron miel, y que es diferente en cada lugar dónde lo tomas. Y la música etíope…. ¡todo un descubrimiento! Para los que les guste el jazz, les recomiendo que escuchen algo de Mulatu Astatke, uno de los músicos etíopes más importantes, el pionero del ethio-jazz.

Etiopía es una asignatura imprescindible para todos los que deseen conocer la esencia del continente africano. Un viaje inolvidable que no deja a nadie indiferente.







Españoles en el Mundo


Laura, Luis, Belén, Tirma y Lucía son los reporteros de 'Españoles en el mundo', el programa de TVE que busca a nuestros compatriotas allá donde estén.
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