3 posts de diciembre 2009

ME VESTIRÉ DE CHULAPA EN NUEVA YORK


Unos cuantos lugares he visitado ya, las cosas como son… Algunos con especial apego (Guinea Ecuatorial porque mi padre es de ahí, Portugal,dado que viví ahí algún tiempo) pero, a pesar de lo típico, me moría de ganas por ir a N.Y. Quizá no es tan exótico como Polinesia, o China, pero es el decorado de nuestro imaginario cinematográfico y, al final, una siente curiosidad por meterse en él, por ser un actor más, por subirse a un taxi amarillo o trepar por una de esas escaleras…






No fui actriz, no trepé por las escaleras pero sí, subí a varios de esos taxis. De hecho pasé muuuucho tiempo en ellos.

Cogimos la gran urbe sumergida en una vorágine de acontecimientos festivo-deportivos. Halloween y el maratón, nada más y nada menos. Todo lleno, muchas colas, taxis ocupados, la ciudad estaba a rebosar por los cuatro costados, pero dispuesta y correcta, correctísima, cumplió. Siempre cumple porque son muchos años ya siendo una de las capitales del mundo.




Y ojo, que no digo que sea capital por capricho, lo es porque todo el mundo tiene al menos un "embajador" ahí. Todas las nacionalidades caminan, respiran y aman en N.Y. , por éso, cuentan todos los entrevistados, es imposible sentirse extranjero. Por éso, N.Y., mola (y porque el dolar está tirado y sale muy barato comprar).



El marathon, espectacular. Mil banderas sobre hombros de hombres, mujeres y niños, sudados después de la larga marcha, que cruzaban la meta exhaustos y felices a partes iguales. Nunca me atrevería, dejé de hacer gimnasia un año antes de acabar el instituto. Ahora, a la tierna edad de 28 años, me costaría correr el primer Km... Pero me gustó aquello, comprobar la cantidad de gente que lo intenta, la que lo consigue, y la que lo sigue con fervor futbolero de champion, de derby o de Madrid-Barça. Muy bien.



N.Y. no tiene nada que ver con la imagen que tenemos de EEUU, dicen que va por libre. Supongo que para bien y a veces, para mal. Cuentan que en las últimas elecciones que ganó Bush, hubo un sector de población que propuso que el estado completo se independizara del resto del país. Visto está que la propuesta no tuvo éxito. Ahora, el alcalde (las elecciones concidieron con nuestra estancia ahí), también es independiente. Ni republicano, ni demócrata, ni el resto de fuerzas con menor representación... Por libre, como la ciudad. Es difícil trasladar, pues, los tópicos (que no dejan de ser éso y no verdades absolutas, por otro lado) estadounidenses a la ciudad de N.Y. Y sin embargo, es América del Norte, super América del norte, de hecho... Un lugar curioso.




Halloween... je. Llegamos tarde a nuestra cita con la guarida del terror, así que tuvimos que esperar cenando en un restaurante hindú de esos de" coma lo que quiera por 15 $". Se nota que no sabían con quién estaban hablando, porque el cámara (Jesús) y yo tenemos buen saque ...


Total que, aprovechamos una de esas pausas que rara vez tenemos para observar a la gente y sus disfraces. Dónde habrán quedado las máscaras que asustan. Vi mucho gladiador de los de la peli de "300" luciendo abdominales, a mucha enfermera con falda corta y a diablesas, vampiresas y todos los disfraces terminado en "-esa" que puedan imaginar pero... zombies o monstruos pocos.



Halloween es un fiestón que los jóvenes aprovechan para soltarse la melena. ¡Y bien que hacen!. Supongo que no tiene mucho que ver con la celebración anglosajona importada, eso sí...





El próximo Halloween volveré a N.Y. y me vestiré de chulapa. Habrá fotos, prometido


RUMBO AL FIN DEL MUNDO...

Trece horas de vuelo y llegamos a Buenos Aires. Increíble ciudad con sabor a Tango, Versos y Boca. Allí nos espera otro avión para poner rumbo al fin del mundo… lo que no sabíamos es que éramos nosotros los que tendríamos que esperar… y esperar… y esperar…


Y, al final, todos los vuelos cancelados. ¡Menuda tormenta eléctrica! Pasamos 12 horas en el aeropuerto con la incertidumbre de no saber si podríamos volar al día siguiente. Comida preparada en la cafetería del aeropuerto.



Y un benjamín para celebrar el medio año que llevo en el programa. Por lo menos los asientos están acolchados. ¿Una siestecilla? Son las dos de la madrugada y mañana va a ser un día muy largo. Carolina nos espera en Puerto Madryn, nuestra primera parada patagónica.


Por fin llegamos a la Península de Valdés. Patagonia argentina. Increíble el espectáculo natural de las ballenas francas y sus crías. Carolina, Gustavo y Lula nos enseñan su impactante tierra. Aquí todo parece tener otra dimensión, todo es inmenso. Eso sí, entre mate y mate, disfrutamos de cada segundo de carretera. Lo que se ofrece ante nuestros ojos es un increíble regalo: 360º de llanura bella y desmedida.




Nunca había visto tantos pingüinos tan de cerca. Es una colonia de 200.000, la segunda más grande. Cómo se mueven, cómo se comunican, cómo corren… Se nos hizo de noche grabando su graciosa forma de moverse… Vámonos que llegamos tarde a la cena. Vuelta accidentada. Pinchazo en carretera. Tres coches paran para ayudarnos. ¿Os he comentado lo bien que nos trataron los argentinos? Y ¡qué rico el cordero patagónico! Fue una charla estupenda entre familia y amigos de Carolina. Pero tenemos que irnos ya.



¡Tenemos una cita al amanecer con los lobos marinos! Una de las experiencias más bonitas de mi vida. Una mezcla entre temor, curiosidad, juego y felicidad cuando sientes sus bigotes pegados a tu boca. ¡Te dan besos! Increíble.


Patagonia es un millón de km2 de naturaleza virgen, y nada tiene que ver la belleza de Madryn con la de Ushuaia. Y hacia allá vamos. Volamos al Fin del Mundo con luz de atardecer. Las suaves luces sobre el agua dejan entrever una población casi de cuento.


Hace casi 500 años, un grupo de exploradores del Viejo Mundo avistó las costas de una tierra desconocida. Columnas de humo de las fogatas de los nativos parecían flotar sobre las aguas, en la neblina del amanecer. Este entorno místico dio el nombre a la Isla: Tierra del Fuego. Aventura, emoción, historia y leyenda.


Hoy es un territorio joven, habitado por exiliados de todas las guerras, buscadores de oro, petróleo o aventura. Ushuaia es, para unos, el fin del mundo pero para otros, el principio de todo.



Mercedes y Francisco llevan juntos desde los 13 años. Él le prometió llevarla al Fin del mundo y casi cincuenta años después, ha cumplido. Juntos, regentan un precioso hotel en plena Tierra de Fuego. Y nos llevan a navegar por el Beagle. ¡Dios mío, qué frío! Y qué impactante belleza.




Vuelo a Calafate. Allí vive Miguel desde hace 20 años. Es toda una institución en la zona. Muy querido. Él escribió la primera guía de montaña de la zona y ahora es manual de escuela. Con él somos testigos de varias rupturas del glaciar Perito Moreno.Lo que más me impactó, el sonido de la caída del hielo.

Algo así como un bloque de 20 pisos cayendo al vacío. De Agostini lo definió así: "Permanezco absorto ante el fascinante espectáculo... Allí está, justamente, la gran magia de la Patagonia blanca."




Otro madrugón. Tenemos que cruzar la frontera con Chile. Casi 400km para llegar a Torres del Paine. Un imprevisto en la frontera nos retrasa así que tenemos que grabar a toda prisa. La Patagonia chilena es espectacular. Ana está más que acostumbrada al viento pero es que aquí el viento se escribe con mayúsculas. Rachas de 100 km/h.

¿Alguien necesita piedras para meter en el bolsillo? Y yo me quedo sin batería en la cámara… Cena rápida y carretera. Rumbo a Punta Arenas. Otros trescientos y pico kilómetros. Dani, nuestro conductor, nos contaba sus aventuras al volante, en unas vacaciones se hizo Buenos Aires-Valdés-Ushuaia-Bariloche-Calafate y eso son ¡más de diez mil kilómetros! ¡Y lo decía como si nada! Y que luego un Madrid-Barcelona en coche nos parezca locura… Mañana volamos a Puerto Montt. Y de ahí, un ferry al archipiélago de Chiloé.


Llueve en la isla grande de Chiloé. Por algo lo llaman la Nueva Galicia. Como decía Maribel, aquí hay dos estaciones: el invierno y la estación de ferrocarril. Pero es una lluvia que acaricia. Este lugar tiene magia. La gente convive entre pincoyas, traucos y fiuras y decenas de seres mitológicos. Me encantó hablar con un jefe huilliche. El curanto fue genial.


Disfruté mucho con las historias de Maribel y Tino. Escuchando el cariño en su mirada. Sus poemas y sus melodías… Nos sentimos como en casa. Y esta casa tiene alma. Nos faltó tiempo.


Cruzamos la cordillera de los Andes para volver a la Patagonia argentina. Bariloche es nuestro broche final. Isabel nos espera con la ilusión de una niña en el que lugar que, dicen, alguna vez estuvo el paraíso.





Se podría decir que Patagonia es un estado de ánimo. ¿Alguna vez os habéis despertado sabiendo que todavía podéis estar otros diez minutos en la cama? Pues ese estado placentero, casi casi de irrealidad, es el que te da Patagonia.



El poeta portugués Fernando Pessoa, que nunca pasó por aquí, escribió “los vientos patagónicos tatuaron mi imaginación”… A mí, me pasó lo mismo.



Hemos recorrido un millón de km2 en algo más de una semana. Hemos casi rozado animales salvajes increíbles. Hemos conocido a gente maravillosa, paisanos, argentinos y chilenos. Y hemos vivido experiencias para recordar siempre. Ha sido una maravillosa paliza viajera. Todavía lo estoy asimilando…

POLINESIA Y PARAÍSO SON CASI SINÓNIMOS

Carmen, la directora del programa, dice que me podrían llevar a los pueblos y sacarme en procesión para que llueva, porque allá donde voy, lo consigo. Da igual que sea Chicago (que es más común que llueva) o Níger. Si voy yo, la lluvia está asegurada.
En esta ocasión no iba a ser menos. Daba igual que fuera Polinesia o el paraíso (aprovecho para decir que son casi sinónimos...). El primer día, el Sol se mostró radiante, vigoroso, fabuloso, como sólo allí sabe brillar, su luz provoca que los colores sean más colores, que el mar sea más mar, que el azul haga daño a la vista y que tengas que pellizcarte varias veces para demostrarte que no estás en un sueño que tu cerebro diseñó en un momento de inmensa placidez...


Todo perfecto. Clima perfecto lugar perfecto y entrevistados perfectos (incluso celebré ahí mi cumple. ¡GRACIAS LAURA! -y al resto por acordaros-). Las actividades que teníamos planeadas eran visitar el mercado, ver animalillos (ballenas, tiburones, mantas...), ir a Bora Bora, Huahiné (uno de los lugares más increibles que he visto jamás), o Moorea (a la par que Huahiné). Seguía todo perfecto.





A partir del segundo día, Murphy, el de la ley, debió darse cuenta de que yo andaba por ahí, así que le dió por encapotar el cielo. Así hasta que de repente se puso negro del todo y descargó con toda la intensidad de la que fue capaz. Manu (el cámara) y yo dormíamos en una (bueno, cada uno en una ) de esas cabañas que están sobre la laguna turquesa y mansa de Bora Bora. Al despedirnos por la noche comentábamos que debíamos aprender y aprehender todo cuanto pudiéramos de esta experiencia porque sería la última vez que nos hospedaríamos en un lugar así (a menos que nos tocara la lotería). A mitad de la noche, la naturaleza rugió. Truenos, relámpagos, rayos y centellas. La laguna, de mansa poco o nada... Durmió Rita, la cantaora, porque yo, rien de rien.



A la mañana siguiente debíamos coger una barquita que nos llevara hasta el aeropuerto para regresar a Papeete, la capital de Tahití. Aún no sé si mi estómago ha regresado a su lugar de origen con tanto bamboleo! Por momentos pasamos miedo, más incluso que horas antes, cuando nadamos entre tiburones...

Poco después, todo volvió a su lugar. El paraíso volvió a ser tal. Estábamos calados pero Polinesia no es "país para constipados".

La cosa mejoró, pues... Pudimos hacer todo cuanto quisimos a pesar de no pillar la mejor de las luces (si me pareció increible con el velo gris, no sé cómo será en pleno esplendor).
Pero el último día (no sé por qué me empeño en grabar los últimos días cuando sé que alguna se va a liar... Aún recuerdo Chicago, cuando se llevaron el coche con las maletas dentro a escasas horas de coger el vuelo de vuelta) la cosa se puso fea, más fea que nunca.

Llovía a cántaros, la gente desandaba los caminos que nosotros andábamos y nos miraban con cara de " ¿!a dónde váis almas cándidas!?". Ajenos a nuestro movimiento a contracorriente, seguimos grabando hasta que un policía nos dijo que teníamos que abandonar la zona porque había riesgo de tsunami.

¿QUÉ? ¿Tsunami? Un momento, ¿TSU-NA MI? Casi nos desmayamos porque... una cosa es una cosa, y otra muy diferente, otra. Laura, la entrevistada nos tranquilizaba, "no os preocupéis, ésto aquí es muy común".
Manu verde, y yo, blanca. "¿Muy común?", pensábamos, en España es común el cierzo en León, la calima en Canarias pero... ésto nos superaba.En la radio decían que había alerta roja y que lo más conveniente era que abandonáramos los vehículos para no generar atasco y nos dirigiéramos a pie a las zonas más altas. Nosotros íbamos en coche y estábamos a pie de playa. Seguíamos un manual de toooodo lo que no hay que hacer. Yo hacía una traducción libre de lo que decían en la radio para que Manu no se viniera abajo.


Pasaron las horas y confirmaron que hubo tsunami en Polinesia, pero no en la francesa sino en la estadounidense, en Samoa. Una lástima. Un recuerdo para todos los que perdieron la vida, de verdad.

Muchas veces nos preguntan qué anécdotas hemos vivido allende los mares... Pues bien, he aquí una, la más dolorosa. En el paraíso también se llora y se teme pero aún así no deja de ser uno de los lugares más maravillosos del mundo y hoy, de nuevo, sus aguas son un remanso de paz turquesa, mágico.

Españoles en el Mundo


Laura, Luis, Belén, Tirma y Lucía son los reporteros de 'Españoles en el mundo', el programa de TVE que busca a nuestros compatriotas allá donde estén.
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