Pero si a Luis no le gustaban las críticas...

Recuerdo la que se organizó en Oviedo. España había empatado con Letonia en un partido de clasificación para la Eurocopa 2008. Complicada fase en la que España perdió dos partidos seguidos, Raúl desapareció del equipo, y hasta el triunfo en Dinamarca no quedó claro que España estaría en Austria. Digo la que se armó porque harto de las críticas al papel del equipo Luís Aragonés renunció a asistir a la rueda de prensa posterior al partido. Nuestra compañera de TVE, Silvia Barba, fue a recibirle a su hotel y Luis apretó el paso, frunció el ceño y puso esa cara de aguarrás que tanto le caracteriza.
Lo que, al parecer, sacó de sus casillas al entones seleccionador, fue la portada de un diario deportivo en la que comparaba el éxito, buen rollo y trabajo de la selección de baloncesto con el paso errático de la de fútbol. Hubo un tiempo en el que parecía que acudir a una convocatoria del equipo nacional parecía un “marrón” para los jugadores. Afortunadamente, vivimos otros tiempos, pase lo que pase en el Mundial.
Luís nunca entendió bien las críticas. Con algunos periodistas amigos acabó muy enfrentado cuando la dirección de la opinión cambió. Siempre se comportó de manera muy esquiva con la prensa, sobre la que cultivó una desconfianza enfermiza y tan sólo se apoyó en un grupo reducido que le rió todas sus gracias, incluso aquellas que no tenían ninguna.
Ahora, pasado al otro lado de la barrera se ha erigido como combatiente número uno de la selección a la que hizo campeona de Europa. No entro en el fondo de sus cuestiones futbolísticas. No sólo son respetables sino incluso puede que en alguna tenga alguna razón. Pero debería pensar que está haciendo lo mismo que aquella gente, con muchos más argumentos, criticaba de su equipo. Lo que jamás toleró.
Nunca se ha dado un caso tan claro de doble personalidad. En su calidad de ex seleccionador debería ser más cariñoso con España. Salvo que esté utilizando al equipo de todos para resolver cuitas personales. En ese caso, está metiendo la pata. Por desleal, especialmente. Podría decir lo mismo pero de otra forma. No sabemos si es que no puede, o no quiere.






