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Le Havre, cumple 500 años rodeada de símbolos

    domingo 8.oct.2017    por Ángela Gonzalo del Moral    0 Comentarios

Le Havre ciudad_Foto angelaGonzaloM

El 8 de octubre de 1571, el rey Francisco I fundaba la ciudad de Le Havre. Medio año antes, había fundado el puerto, convertido actualmente en el más importante en transporte de mercancías de toda Francia. En ese viejo puerto suenan las sirenas de los barcos que zarpan hacia el Océano a través de las aguas del río Sena, que desemboca en esa ciudad. Esta semana la ciudad normanda acaba de cumplir 500 años.

Tras el descubrimiento de América, el monarca francés quiso desarrollar la economía del país conectando la capital, París, con el océano, a través del Sena. Le Havre, siempre ha sido uno de los puertos más importantes de Francia, en el siglos XVII se enriqueció con los barcos que traficaban con esclavos y en el XIX se convirtió en una gran ciudad industrial dedicada al tráfico de materias primas, como algodón, té, café, cacao, especias o maderas exóticas.

Los primeros granos de café llegaron al puerto en 1728, procedentes de las costas de Brasil. "Las golondrinas de Río", construidas en sus astilleros descargaban en sus muelles el preciado producto, convirtiéndolo en el puerto importador más importante de Francia, donde se almacenaba el producto desde donde se iniciaba su distribución. Con 170.000 toneladas de café verde al año, su puerto todavía recibe hoy el 80% de las importaciones francesas de ese producto.

A mediados del siglo XIX llegó el transporte de pasajeros, con el auge de los transatlánticos, y hoy en día no solo es el primer puerto comercial del país, sino que acoge una importante terminal de cruceros procedentes de Hamburgo, que llegan a la desembocadura del Sena, tras pasar por Países Bajos y Bélgica. También llegan a él los cruceros que descienden por el Sena.

800px-Le_Havre_Vue_Plage_14_07_2005_Foto Wikipedia

La primera ciudad normanda está repleta de símbolos. El primero de ellos es la Puerta del Oceáno, nombre que le da un conjunto de edificios situados junto a la desembocadura del Sena, que sirve de entrada y salida de la ciudad hacia el Océano Atlántico. Este conjunto monumental, acondicionado en 1994 por el paisajista Alexandre Chemetoff, supone unión de lo urbano y el mar. Se trata de un inmueble de 6 pisos, flanqueado por dos torres de 13 plantas, simbolizando las antiguas puertas de la ciudad, en un cruce entre el mundo marítimo y el centro de la ciudad moderna.

El segundo símbolo es la iglesia de San José, reconstruida sobre cuatro templos anteriores, en este caso levantada por el arquitecto de la nueva Le Havre, Auguste Perret. Construida de hormigón armado, como gran parte de la ciudad, tiene un doble significado: religioso y laico. Su torre es a la vez una vela y un faro, que orienta a los marineros y a la ciudad. Visible desde todos los puntos de la localidad, su interior tiene también está marcado por una simbología espiritual.

 

Su diseñador, Perret, no pudo ver concluida esta obra, que se alza a 107 metros del suelo iniciada en 1961. En el interior el hormigón se aclara con casi 13.000 vidrieras de colores, creadas por Marguerite Huré mediante la técnica basada en soplar el vidrio. Los colores dependen de la orientación, con tonos fríos en el Este y el Norte y dorados y resplandecientes en el Oeste y el Sur, y más oscuros en la parte inferior que se van aclarando conforme ascienden por el cimborrio octogonal. En la cima se vuelven translúcidas, como símbolo de la espiritualidad del edificio. Es uno de los edificios más emblemáticos de la reconstrucción y a pesar de su sobriedad está considerada una obra maestra de la arquitectura del siglo pasado.

La tragedia de la II Guerra Mundial

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El 5 y 6 de septiembre de 1944, Le Havre fue terriblemente bombardeada por la aviación británica. "Esperaban con alegría la llegada de los aliados, hacía unas semanas se habia liberado París y hacía tres meses del desembarco en las playas cercanas, más al sur de la ciudad, pero todo se convirtió en un horror", nos explica Adeline Fouquet, guía turísitica.

El 80% de la ciudad quedó destruido, unas 12.500 viviendas quedaron reducidas a ruinas y unas 80.000 personas perdieron sus casas. Había que reconstruir rápidamente para dar cobijo a miles de familias, y ahí aparece la figura del estudio del arquitecto Auguste Perret.

Perdidos todos sus monumentos históricos, la renacida Le Havre es una ciudad, que mantiene una gran sobriedad en los edificios. Construir tan rápidamente no permite muchas florituras, pero si una gran funcionalidad. Actualmente se puede visitar una de esas viviendas, para comprobar, que a pesar de su sencillez, todo estaba pensado para dar confort a las familias. La Unesco reconoció esa labor en 2005 otorgando a Le Havre el título de Patrimonio de la Humanidad.

Iglesia san Jose_Foto angelaGonzaloM

Además de la iglesia de San José, otros de los símbolos de la reconstrucción es el ayuntamiento, convertido en un elemento clave del "renacimiento urbano" se encuentra en el triángulo de inmuebles emblemáticos cuyos límites son las construcciones más importantes de la ciudad antes del desastre, marcado por el consistorio, el puerto y la iglesia. Frente al edificio consistorial encontramos una de las plazas más grandes de Europa, adornada con un típico jardín francés característico por sus simetrías, perspectivas, euritmias, topiarias y estanques. Las bolas de roca colocadas en el centro de las 10 fuentes están construidas con migmatita procedente de las entrañas de la tierra.

Otro símbolo es el piso muestra, donde se puede comprobar como fueron las viviendas proyectadas para los damnificados por el estudio de Perret. Se denominaban ISAI (Inmuebles sin asignación individual) porque se desconocía quien iba a vivir en esas casas. El piso tiene una doble orientación, destaca su optimización de la radiación solar, y contaba con cocina y baños integrados, sistemas colectivos de recogida de desechos y calefacción común por aire caliente continuo. El mobiliario diseñado por René Gabriel, André Beaudoin y Marcel Gascoin, destaca por su racionalidad y cuidada ejecución. La Unesco lo considera "un ejemplo excepcional de la arquitectura y del urbanismo posterior a la guerra".

La ciudad de los arquitectos

Cuadro Le Havre_Foto angelaGonzaloM

En 1982, otro arquitecto construyó un nuevo símbolo de la ciudad, la paloma de la paz "solo visible desde el aire", insiste Adèle. Las curvas del brasileño Oscar Niemeyer, rompieron la linealidad de la arquitectura de Perret. El arquitecto diseñó dos volcanes, uno de ellos convertido en un espacio de ocio emblemático de la ciudad y el otro en una sala de conciertos. La composición se crea mediante tabiques de hormigón armado, blanqueados in situ de formas curvas y libres que pretenden conseguir una poesía arquitectónica.

En el barrio de San Francisco, encontramos la planta pentagonal de la lonja, construida por los arquitectos Charles Fabre y Jean Le Doudier, que llevaron a cabo una de las obras más importantes de la reconstrucción. El edificio está acristalado en todas sus caras con ventanas térmicas que filtran la luz.

"Definitivamente Le Havre es la ciudad de los arquitectos" nos dice Adèle, y para muestra el último botón, los baños de los Docks. Diseñado por Jean Nouvel, es un mastodonte vaciado con una coraza metálica y cambiante ante la luz del Havre. Sus límpidas fachadas de hormigón gris antracita están plagadas de ventanales. Este complejo acuático de 5.500 m2 está inspiado en las antiguas termas romanas, donde el mosaico juega con la luz, los colores, las líneas y los volúmenes. Ofrece unas 10 piscinas inspiradas arquitectónicamente en las piscinas naturales excavadas en las rocas, con espacios lúdicos para niños y familias, además de una zona de balneoterapia.

Otro de los lugares ineludibles de la ciudad es el MuMa (Museo de Arte Moderno André Malraux), situado junto al puerto, se trata de un edificio abierto al mar, con una arquitectura transparente, que hace de la luz uno de sus parámetros y el mayor desafío del edificio. Las colecciones permanentes abarcan cuatro siglos de historia del arte europeo, desde el siglo XVII al XX. El MuMa posee la primera colección impresionista de Francia después del Orsay de París.

Auguste Perret, considerado el poeta del hormigón, eligió la luz como protagonista, la misma luz, tan singular, que inspiró la obra de Claude Monet en el cuadro "Impresión, sol naciente", pintada en Le Havre en 1872. Un cuadro que dará inicio al movimiento impresionista, y que se ha expuesto en el MuMa durante el último mes para celebrar el quinto centenario de la ciudad. Otros artistas unidos a Le Havre son Eugène Boudin, el fauvista Raoul Dufy, William Turner o Félix Vallotton.

Una ciudad industrial que mira al futuro

Puerto Le Havre_Foto angelaGonzaloM

Tras los bombardeos de 1944 los empresarios que vivían en la ciudad, comenzaron un éxodo hacia otros lugares y en 1994, la crisis económica precipitó el declive de numerosas empresas dedicadas al comercio del café. No fueron los únicos momentos económicos difíciles para Le Havre. Ciudad industrial, la crisis económica ha dejado su huella con altos índices de desempleo, especialmente de paro juvenil, por lo que las apuestas económicas se dirigen a nuevas empresas del sector tecnológico o comercial. También al turismo, con el atractivo puerto, donde anualmente llegan unos 400.000 cruceristas procedentes del norte de Europa. Ya piensan en cruceros desde Portugal o Galicia, además de los viajes fluviales por el Sena, que desemboca en esta población normanda.

Cinco siglos más tarde de su fundación los actuales responsables políticos señalan que "tenemos la voluntad de mostrar a Francia y a Europa que somos una ciudad moderna, y a través de las celebraciones de este año, hemos enseñado lo que fuimos, pero sobre todo, lo que queremos ser. Hemos mostrado diferentes obras de arte contemporáneo sobre el futuro y la modernidad y los nuevos proyectos que permiten repensar la ciudad", nos explica Eric

Una de las zonas con más desarrollo potencial es la zona del sur de la ciudad un entorno urbano inspirado en la relación entre la ciudad y sus dársenas. A lo largo de 100 metros de muelle se levanta la Escuela Nacional Superior Marítima, diseñada para desarrollar una herramienta pedagógica en forma de barco escuela. Cerca está la ciudad "A'Docks" unos alojamientos para estudiantes en contenedores, toda una primicia en Francia, formado por un centenarde apartamentos conectados por 15 escaleras situadas en cada extremo. Cada contenedor está equipado con una pequeña cocina y una ducha que garantiza la comodidad acústica y el aislamiento.

Las dársenas Vauban construidas a finales del siglo XIX y principios del XX, estuvieron destinadas en un principio al almacenamiento de café y algodón. En la actualidad constituyen un conjunto de edificios de ladrillo y madera unidos por patios cubiertos con cristaleras. Este patrimonio marítimo excepcional se ha transformado en centro comercial y de ocio, con empresas vinculadas a la cultura, al cine, la moda, el deporte, el ocio y la gastronomía. "La actividad portuaria se ha desplazado hasta el sudeste lo que ha permitido reconquistar esa zona para construir un campus universitario y nuevas escuelas, eso nos permitirá acoger a muchos estudiantes de otros lugares del país y de Europa", explica Eric Baudet, de promoción internacional de la ciudad.

Precisamente en el puerto acabamos este recorrido por los emblemas de Le Havre. Allí encontramos una obra de arte contruida con contenedores de colores, todo un símbolo para la ciudad. Como otras ciudades Le Havre cumple sus primeros 500 años de historia, repensando su futuro, como un ave fénix que supo resurgir de sus cenizas.

@angelaGonzaloM
@Viaje a Itaca 

Categorías: Actualidad , Viajes

Ángela Gonzalo del Moral    8.oct.2017 09:14    

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