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El Monasterio de Piedra y la influencia del Císter en Europa

    sábado 12.may.2018    por Ángela Gonzalo del Moral    0 Comentarios

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Hacia finales de siglo XI, hace 800 años, 12 monjes cistercientes, liderados por Gaufredo de Rocaberti, se dirigen desde Poblet hasta el centro de Aragón con dos objetivos: fundar un nuevo convento de la orden monástica y ayudar a repoblar la zona. Escogen un antiguo castillo árabe abandonado situado a la orilla derecha del río Piedra y aprovechando su agua comienzan a transformar el lugar convirtiéndolo en un monasterio y trabajando las tierras aledañas. El emplazamiento escogido es ídilico. Tranquilo, aislado y con un entorno que ayuda a la meditación y a la paz, escuchando a todas horas el murmullo de los saltos de agua que el río Piedra forma al precipitarse por la montaña.
 
La fundación del Monasterio de Piedra, en 1218, está vinculada a las repoblaciones de la segunda mitad del siglo XII y a la expansión de los cistercienses de Poblet por la denominada Corona de Aragón. Ocupaban territorios deshabitados y sin cultivos, estableciendo comunidades filiales, a los que poco a poco se incorporaban civiles, muchas veces familiares de los monjes. Más tarde se incorporaron otros hombres a la vida religiosa, pero unos eran monjes de coro y otros conversos. Los primeros se dedicaban al ámbito estrictamente religioso y el resto a las labores de campo u otros labores necesarias para su mantenimiento. De ahí surgió el famoso "corredor de conversos", que todavía puede visitarse en el viejo monasterio. 
 
En 2010, el Consejo de Europa reconoció el legado histórico, arquitectónico y cultural del císter en la Edad Media, a lo largo de Europa. Se calcula que la riqueza de este movimiento monacal dejó un total de casi 800 abadías masculinas y un millar de monasterios femeninos. La orden cisterciense fue fundada hacia finales del siglo XI por Roberto de Molesnes, y como explica Herbert González Zymla, profesor de historia del arte medieval de la Universidad Complutense, se extendió rápidamente por Europa "los cistercienses intentaron ser una reforma integral que afectó a todos los países del continente en mayor o menor medida".
 
Sala Capitular Monasterio de Piedra
 
Estas abadías construidas en lugares alejados y poco habitados, fueron un lugar de paz, aunque en los últimos años los investigadores han comenzado a desmontar algunas de las ideas que había sobre el monacato, que demuestran que no fue tan homogéneo y que tuvo otros intereses más allá de los estrictamente religiosos. Ghislain Baury, profesor de historia medieval de la universidad de Le Mans, habla del císter como un auténtico lobby de la Europa de los siglos XII y XIII. "Tenían un peso importante en la política eclesiástica, en la curia de Roma e imperiales y en la política local con sus relaciones con la nobleza. Y además eran muy buenos comunicadores para la época e inventaban nombres atractivos para sus monasterios, como Valbuena, Valsanta. Yo creo que eran tan buenos, que cambiaron la topografía local". "Esa gran capacidad de vender la imagen, se nota en que cambiaron el hábito. En todo occidente los monjes llevaban un hábito negro para demostrar que se habían apartado del mundo, pero los cistercienses, dan un cambio de imagen y visten de blanco".
 
Para conmemorar el octavo aniversario de la fundación del Monasterio de Piedra, los responsables del actual hotel monumental, han organizado un congreso sobre la historia de la antigua abadía y las últimas revisiones historiográficas del Cister.  
 
Las dos primeras abadías fueron las de Claraval y Fontenay. Tuvieron tanto eco, que los monasterios tanto masculios como femeninos crecían a un ritmo de 10 abadías anuales, por lo que era necesario unificar las normas.Siempre los iniciaban 12 monjes, uno de ellos encargado de la arquitectura. Octavi Vilà, abad de Santa María de Poblet, destaca que el Císter expandió la religiosidad y la cultura por Europa. Explica a "Canal Europa" que "aquellos monjes demostraron que la cultura supera las fronteras físicas. El mundo del císter se expandió por Europa, más hacia el sur, pero a partir de Císter al norte. El hecho de que las fundaciones en la península ibérica fueran de origen francés, con realidades diferentes a las nuestras, dice mucho sobre este legado compartido". Vilà añade que "no podemos olvidar que tienen una gran influencia en su entorno, porque incluso el abad impartía justicia, lo que muchas veces complicó la relación de los monasterios con los vecinos de los pueblos de alrededor".
 
Los centros espirituales eran escogidos por las abadías que fundaban una especie de sucursales, pero siempre con el consentimiento de monarcas o nobles. En otras ocasiones eran ellos los que pedían a un convento ya existente, que fundara otro en un lugar concreto para poder repoblar la zona, y aumentar su control territorial.  Fontfreda en el sur de Francia, fundó Poblet, y este a su vez el Monasterio de Piedra, Benifasar en Castellón, la Real de Mallorca, Vallbona de les Monges y Santes Creus, estos dos últimos eran órdenes femeninas. Es decir mantenían una relación materno-filial.
 
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Mediante el trabajo armonizaban la naturaleza. Basados en la norma de San Benito "ora et labora" los monjes domesticaron el espacio natural, construyendo piscifactorías, molinos y canalizando el agua. Las abadías aceptaron numerosas donaciones y la vocación inicial de pobreza, se convirtió en poder económico, tal como nos explica el profesor Herbert González, autor del libro "Piedra ante los 800 años de su consagración: balance y perpectivas". Herbert González, añade que "el ideal de la pobreza es muy difícil de cumplir cuando se tiene hábito de trabajo. Los monjes cistercienses cumplían la regla "ora et labora" y el trabajo, tarde o temprano te conduce a acumular bienes materiales y eso no siempre les llevó al cumplimiento correcto del voto de pobreza"
  
Instalados en zonas rurales y remotas, perdieron su influencia intelectual con el desarrollo de las ciudades y de las universidades a partir del siglo XIII, aunque su declive comenzó un siglo más tarde, cuando el extraordinario éxito económico, se volvió contra ella. Los denominados "hijos del agua" permanecieron en tierras zaragozanas más de 600 años, aunque no de forma permanente, ya que se vieron obligados a abandonar el monasterio hasta en tres ocasiones. En España, la desamortización de Mendizábal, acabó asestando el golpe definitivo a la orden cisterciense, exclaustrando a muchos monjes y fomentando el abandono de tierras y edificios. 
 
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Un ejemplo es el Monasterio de Piedra, en la provincia de Zaragoza, que acabó en manos privadas, tras la compra de los terrenos por la familia Muntadas. Actualmente el espacio es un parque natural, de gran interés ecológico y turístico, la antigua abadía mantiene el claustro y algunas salas, mientras que el convento es hotel. Es uno de los 40 monasterios españoles de la orden del Císter que se mantienen en pie, y pertenece a la Ruta Europea de las Abadías Cistercienses. 
 
El Monasterio de Piedra cumple 800 años (reportaje turístico del blog "Viaje a Itaca")
 
Categorías: Religión , Viajes

Ángela Gonzalo del Moral   12.may.2018 13:25    

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