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La Europa multiétnica gana el Mundial de Rusia 2018

    domingo 15.jul.2018    por Ángela Gonzalo del Moral    0 Comentarios

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Finalizado el mundial de Rusia, dos cosas quedan claras, la plurinacionalidad de los países de la Unión Europea y el potencial del fútbol europeo, que ha acabado con 4 selecciones comunitarias en los primeros puestos. Lejos quedan ya los tiempos en que todos los jugadores eran originarios del país por el que competían. En la actualidad, en la formación de la mayoría de las selecciones confluyen varias nacionalidades. 82 futbolistas del último campeonato no habían nacido en el país al que representaban, y muchos más jugadores, que aunque sí eran de esa nacionalidad, su padre, madre o ambos progenitores eran extranjeros o nacidos en otro país. El Mundial, y las selecciones son un espejo de la realidad con la que convive el mundo desde hace siglos, y que ha aumentado en las últimas décadas: la emigración.

Guerras, crisis, persecuciones, desastres naturales o la búsqueda de nuevas oportunidades empujan a muchos ciudadanos a abandonar el país de origen y adoptar otra nacionalidad. Cuando está más actual que nunca el debate sobre la acogida de refugiados y migrantes en Europa, Rusia2018, ha devuelto al primer plano la lucha de muchos de ellos por integrarse en las sociedades que les acogen. Son una excepción, pero las habituales reticencias de las sociedades europeas, se olvidan cuando ellos aportan sus goles para que su selección nacional gane partidos, y si puede ser la gloria deportiva.

Los cuatro equipos que llegaron a las semifinales: Francia, Bélgica, Inglaterra y Croacia, tenían al menos un miembro del equipo nacido en el extranjero y varios, cuyos padres tenían otras nacionalidades. Muchos han crecido en los suburbios de las grandes ciudades. En Francia, la campeona, solo siete eran 100% franceses. Convertida en una selección multiétnica, entre sus seleccionados estaba Samuel Umtiti, nacido en Camerún y Steve Manda, de la República Democrática del Congo. Otros 20 jugadores nacieron en Francia, pero tienen ascendencia familiar de otros países. Alphonse Areola tiene origen filipino, Presnel Kimpembe, congoleño y haitiano, Djibril Sibidé y Benjamin Mendy, senegalés, Paul Pogba, guineano, N'golo Kanté es de origen maliense, como Ousmane Dembélé. Adil Rami, tiene padres marroquíes, Nabil Fekir, argelinos, Balise Matuidi es hijo de un angoleño, Corentin Tolisso, togolés y Steven N'zonzi congoleño. A ellos hay que añadir a dos jugadores nacidos en territorio de ultramar: Raphael Varane, de Martinica y Thomas Lear en la Guayana.

La gran figura del equipo Antonie Griezman, es hijo de un alemán y su madre tiene raíces portuguesas, mientras que Lucas Hernández, tiene la doble nacionalidad franco-española.

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La selección croata es otro ejemplo bien distinto,de la realidad europea. Muchos de sus jugadores nacieron en la convulsa guerra de los Balcanes. Sufrieron la guerra y tuvieron que huir de su país siendo niños. Ahora triunfan no solo en sus equipos, sino con su selección, a la que han llevado por primera vez a una final. Fueron refugiados y gracias a sus habilidades con el balón acabaron jugando en grandes equipos de fútbol.

El delantero Mario Mandžukić, tiene tatuados los brazos y parte de la espalda con mensajes de guerra, quizá para no olvidar lo que vió y vivió. Salió de su país con 5 años y vivió en Alemania, hasta los 12 años, cuando regresó a Zagreb. El centrocampista del Real Madrid, Luka Modrić, vió como asesinaban a su abuelo. Mateo Kovačić e Ivan Rakitić, no nacieron en Croacia, Dejan Lovren y Vedran Ćorluka eran bosnio-croatas.

El ejemplo de Croacia, se repite en otras selecciones como la Serbia o la Eslovenia e incluso en la Suiza, donde han vivido los exilados de la antigua yugoslavia. Los hermanos albanokosovares Granit y Taulant Xhaka, nacieron en Suiza y en la última Eurocopa, se enfrentaron entre ellos con sus respectivas selecciones, el primero por Suiza y el segundo con la camiseta albanesa. Granit Xhaka, ha participado con Suiza en Rusia 2018.

Ellos son antiguos refugiados convertidos en estrellas en Rusia, unos defendiendo los colores de su país de adopción y otros volviendo a sus orígenes.

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La inmigración y el pasado colonial de Bélgica, también muestra en su selección la multiculturalidad y diversidad étnica de ese país. Adnan Januzaj, que nació en Bélgica, es hijo de albaneses y criado en Kosovo. Aunque menor que en el conjunto francés, la presencia de hijos de inmigrantes también es notoria entre los "diablos rojos". Casi la mitad de sus jugadores tienen progenitores de otros países. Muchos de ellos huyeron de la República Democrática del Congo, como los del delantero Rmelu Lukaku, Dedryck Boyata y Michi Batshuayi. Vicent Kompany y Youri Tielemans, tienen un progenitor congoleño y otro belga, mientras que los de Mousa Dembéle, son malienses, y Marouane Fellaini y Nacer Chadli marroquíes. Yannick Ferreira Carrasco es un ejemplo de la emigración portuguesa y española y Axel Witsel tiene procedencia caribeña.

Inglaterra, cuarta en el Mundial, tiene en sus filas al jamaicano Raheem Sterling, el único de los jugadores ingleses no nacido en el país. Otros nueve deportistas son hijos de la inmigración. También tienen origenes jamaicanos Kyle Walker, Danny Rose y Ashley Young, mientras que los padres de Faban Delp y Ruben Loftus-Cheek, nacieron en Guayana. Dele Alli es hijo de un niegeriano y una inglesa y Harry Kane de padres irlandeses. Los padres de Danny Welbeck nacieron en Ghana.

Gran parte de la selección suiza está formada por jugadores nacidos o refugiados de la antigua Yugoslavia. Valon Behrami (kosovar), Blerim Džemaili (macedonio de etnia albanesa), Xherdan Shaqiri (Kosovo), Haris Seferović (bosnio), Mario Gavranović (bosnio croata), Josip Drmić (croata) y el entrenador Vladimir Petković, un croata nacido en Bosnia-Herzegovina (tiene tres nacionalidades). También ha alineado a jugadores con progenitores procedentes del continente africano.  Yvon Mvogo, Breel Embolo y François Moubandje (Camerún), Manuel Akanji (Nigeria), Ricardo Rodríguez (hispano-chileno) y Johan Djourou (Costa de Marfil).

En medio de la ola de populismos contra la emigración, el fútbol ha demostrado en Moscú, que sigue siendo una herramienta de integración, -pequeña, eso sí-, y una escalera para emerger de la pobreza. Pero sobre todo, refleja la diversidad cultural del continente europeo, y, aunque suene a tópico, la importancia de que todos los ciudadanos aporten sus experiencias.

El Mundial Rusia2018 pondrá a prueba a las 14 selecciones europeas

@angelaGonzaloM
@Viaje a Itaca

Categorías: Actualidad , Deportes

Ángela Gonzalo del Moral   15.jul.2018 20:29    

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