La “catástrofe” de Palestina continúa

Un año más se cumple el ritual, con los mismos protagonistas colectivos desde hace 65 años, los israelíes celebrando la creación de su Estado (dependiendo, en su caso, del calendario hebreo), los palestinos tratando de no olvidar la expulsión de su tierra y de no perder sus raíces. Son dos conmemoraciones completamente enfrentadas.

La mayoría de los israelíes que hace 65 años celebraban la proclamación del Estado de Israel no habían nacido en ese tierra que se les asignó en una de las decisiones más injustas por parte de Naciones Unidas en su historia. La inmensa mayoría de los palestinos, y de sus descendientes, que hace 65 años se vieron violentamente expulsados de su tierra, sus aldeas y sus casas, y convertidos en apátridas y refugiados, nunca han podido regresar.

Si en algo la creación del Estado de Israel demostró que era una injusticia y una inmoralidad histórica fue precisamente en que se otorgaba el derecho a existir como país a gentes que no habían nacido en un determinado territorio, mientras que a quienes habían nacido en ese territorio se los condenaba al exilio permanente.

Como cada año desde hace 65, los palestinos conmemoran el 15 de mayo como el día de la “naqba”, de la “catástrofe”. En aquella fecha de 1948, tras la proclamación del Estado de Israel, más de 700.000 palestinos, más de la mitad de la población de la Palestina histórica, fue expulsada en una campaña de limpieza étnica perfectamente diseñada por los dirigentes del nuevo Estado. Todavía hoy se pueden contemplar las ruinas de las decenas de aldeas arrasadas entonces, las que no fueron ocupadas por los nuevos dueños de la tierra.

Y después de la creación del Estado de Isarel vendría la ocupación de toda Palestina, incluida Jerusalén Este, tras la guerra de 1967. Y después una colonización salvaje e ilegal que, a día de hoy, avanza como un cáncer miserable y mortal, por los Territorios Ocupados.

Hoy, 65 años después de aquella catástrofe, Israel muestra sus credenciales de violencia y ocupación, de violación sistemática de los derechos humanos y de la legalidad internacional. Este es el primer aniversario de la “naqba” en el que Palestina tiene el reconocimiento como “Estado Observador” aprobado por la Asamblea General de la ONU. Israel lo rechaza y ha adoptado represalias. Curiosamente fue la Asamblea General de la ONU la que aprobó el Plan de Partición de Palestina que llevó a la autoproclamación del Estado de Israel. Es una más en la larga lista de contradicciones e inmoralidades en esta historia de “catástrofes”.

fran.sevilla@rtve.es

La “catástrofe” de Palestina continúa

Un año más se cumple el ritual, con los mismos protagonistas colectivos desde hace 65 años, los israelíes celebrando la creación de su Estado (dependiendo, en su caso, del calendario hebreo), los palestinos tratando de no olvidar la expulsión de su tierra y de no perder sus raíces. Son dos conmemoraciones completamente enfrentadas.

La mayoría de los israelíes que hace 65 años celebraban la proclamación del Estado de Israel no habían nacido en ese tierra que se les asignó en una de las decisiones más injustas por parte de Naciones Unidas en su historia. La inmensa mayoría de los palestinos, y de sus descendientes, que hace 65 años se vieron violentamente expulsados de su tierra, sus aldeas y sus casas, y convertidos en apátridas y refugiados, nunca han podido regresar.

Si en algo la creación del Estado de Israel demostró que era una injusticia y una inmoralidad histórica fue precisamente en que se otorgaba el derecho a existir como país a gentes que no habían nacido en un determinado territorio, mientras que a quienes habían nacido en ese territorio se los condenaba al exilio permanente.

Como cada año desde hace 65, los palestinos conmemoran el 15 de mayo como el día de la “naqba”, de la “catástrofe”. En aquella fecha de 1948, tras la proclamación del Estado de Israel, más de 700.000 palestinos, más de la mitad de la población de la Palestina histórica, fue expulsada en una campaña de limpieza étnica perfectamente diseñada por los dirigentes del nuevo Estado. Todavía hoy se pueden contemplar las ruinas de las decenas de aldeas arrasadas entonces, las que no fueron ocupadas por los nuevos dueños de la tierra.

Y después de la creación del Estado de Isarel vendría la ocupación de toda Palestina, incluida Jerusalén Este, tras la guerra de 1967. Y después una colonización salvaje e ilegal que, a día de hoy, avanza como un cáncer miserable y mortal, por los Territorios Ocupados.

Hoy, 65 años después de aquella catástrofe, Israel muestra sus credenciales de violencia y ocupación, de violación sistemática de los derechos humanos y de la legalidad internacional. Este es el primer aniversario de la “naqba” en el que Palestina tiene el reconocimiento como “Estado Observador” aprobado por la Asamblea General de la ONU. Israel lo rechaza y ha adoptado represalias. Curiosamente fue la Asamblea General de la ONU la que aprobó el Plan de Partición de Palestina que llevó a la autoproclamación del Estado de Israel. Es una más en la larga lista de contradicciones e inmoralidades en esta historia de “catástrofes”.

fran.sevilla@rtve.es

Guatemala y el horror

Hace unos años, en una conferencia sobre cobertura de guerras y conflictos, una persona me preguntó dónde había pasado más miedo. La respuesta no parecía fácil. Después de haberme asomado numerosas veces al abismo de la violencia, del horror y de la muerte, los territorios del miedo y la vulnerabilidad son muchos. Pero no tuve que pensarlo y, tras unos segundos para tomar aliento, respondí sin sombra de duda: “donde más miedo he pasado ha sido en Guatemala”.

La primera vez que estuve en Guatemala, a mediados de la década de los ochenta, detentaba la presidencia el general Óscar Mejía Vítores. Era una dictadura, una más dentro en las cuatro décadas de régimen militar que habían ensangrentado al país. La represión, las desapariciones, la violencia y los asesinatos seguían siendo una constante en este país centroamericano.  Pero el general Mejía Vítores había derrocado, en un enésimo golpe, al general Ríos Montt. Y dentro de la difícil gradación de aquel régimen de terror, para muchos había supuesto un alivio.

Recorrí en aquellos días el llamado triángulo Ixil, en el norte del departamento del Quiché. Allí se acumulaban, en los rostros de los pobladores indígenas, la desconfianza y el miedo con el aterrador recuerdo, con la memoria reciente de lo que había sido el año y medio de dictadura de Efraín Ríos Montt y la política de tierra arrasada que impuso.

Entrevisté a algunos supervivientes de las masacres que cometió el ejército y sus testimonios eran desgarradores, escalofriantes. No era solo el horror de los asesinatos, de las matanzas colectivas; era sobre todo el ensañamiento: mujeres embarazadas a las que se abría el vientre, bebés a los que se ensartaba en las ballonetas, niños a los que se mutilaba antes de asesinarlos, niñas que eran violadas consecutivamente por varios soldados.

La mayoría de esos soldados eran también indígenas, pero habían sido alistados forzosamente en otras regiones del país, entre otros grupos étnicos, aunque todos pertenecieran al tronco común maya, para exacerbar la rivalidad interétnica. Y sobre todo habían pasado por un proceso de “adiestramiento” salvaje y brutal para convertirlos en monstruos criminales. Sobre todo la unidad contrainsurgente de los “kaibiles”, a los que, entre otras cosas, se les obligaba a degollar a sus mascotas y a beber sangre. No me lo han contado, yo vi un adiestramiento en el que los “kaibiles” se embadurnaban el rostro con sangre.

Un tribunal guatemalteco ha condenado a 80 años de cárcel a Ríos Montt por los delitos de genocidio y crímenes contra la humanidad. Es la primera vez que en Guatemala, el país donde la impunidad es la norma, la justicia con mayúsculas hace acto de presencia. Y lo hace sentenciando a quien ha sido el símbolo de todo el horror vivido en este atormentado país durante décadas.

Ese debería ser el titular: “La justicia se hace presente en Guatemala”. Me sorprende, sin embargo, otro titular de un medio que supuestamente defiende los valores vinculados a la democracia y los derechos humanos: “La condena por genocidio a Ríos Montt reabre la división en Guatemala”. ¿A qué se refiere, qué tipo de división? ¿Se refiere a la división entre víctimas y verdugos?

Pido disculpas por escribir este artículo en primera persona del singular, pero haberse asomado al horror deja secuelas personalmente imborrables.

fran.sevilla@rtve.es

Obama en Centromérica

Durante décadas, Estados Unidos consideró Centroamérica como su “patio trasero” y desde esa postura invadió, promovió golpes de Estado y colaboró, armó y financió a los ejércitos centroamericanos, que cometieron todo tipo de matanzas entre sus propios pueblos. La famosa e histórica frase del presidente Franklin D. Roosevelt sobre el patriarca de la dinastía Somoza en Nicaragua, “He`s a son of a bitch but is our son of bitch” (“Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”) constituye en si misma el resumen de los que fueron esas décadas.

Hoy el mundo ha cambiado y para Washington, Centroamérica ha dejado de ser un enclave estratégico. Superada la dialéctica del enfrentamiento este-oeste tras el derrumbe de la Unión Soviética, impuestos los procesos de paz, desmovilizados los grupos armados, Estados Unidos miró para otra parte. Y el presidente Barack Obama no ha hecho, en su primer mandato, sino confirmar ese giro en los intereses de la política exterior estadounidense.

Pero el cambio en los intereses de Washington no ha ido acompañado de un cambio en la realidad centroamericana. Es cierto que concluyeron las guerras civiles. Pero no supuso el fin de la impunidad ni de la violencia. Ni mucho menos de la injusticia social, de la exclusión y de la enorme desigualdad que estuvieron en el origen de las guerras civiles. Hoy esa realidad sigue siendo la misma, solo que la violencia que se genera en ese caldo de cultivo propicio no tiene ahora orientación política, sino tintes de delincuencia. Pero el origen es el mismo.

En este escenario, enmarcado en la debilidad de las instituciones y en la impunidad de todo tipo de criminales, no ha sido complicado para el crimen organizado penetrar como un cáncer mortal en todas las esferas de los países centroamericanos, cada día más desestructurados.

Hasta hace unos años, el único país que se había ido librando de los males comunes a Centroamérica había sido Costa Rica, probablemente porque tras la revolución del 48 se dieron dos pasos decisivos: apostar decididamente por un modelo de Estado que garantice a sus ciudadanos servicios básicos como la educación y la sanidad, y suprimir el ejército. Hoy, por desgracia, también Cota Rica empieza a adolecer de algunos males propios de sus vecinos (aunque sigue estando a años luz de ellos), con una mayor desigualdad cada vez, preocupantes índices de violencia y también una incipiente penetración del narcotráfico.

Precisamente es en Costa Rica donde Obama se ha reunido con sus homólogos centroamericanos. Si quiere, de verdad, en este su segundo mandato, demostrar que la aproximación de Estados Unidos hacia Centroamérica ha cambiado debe buscar la forma de afrontar los retos que plantea el desarrollo de los países centroamericanos de forma integral. Y no solo con relación a la violencia y al narcotráfico o al proceso migratorio. También con relación a un intercambio económico desigual, siempre beneficioso para el gran vecino del norte.

Los “hijos de puta” de nuestros días en Centroamérica ya no se llaman necesariamente Somoza o visten uniforme militar, también se llaman “tratados de libre comercio”, “patentes”, “propiedad intelectual” u otros nombres tras los que se ocultan mecanismos con los que perpetuar la desigualdad entre el norte y el sur sin necesidad de recurrir a la invasiones.

fran.sevilla@rtve.es

Vergüenza y muerte en Guantánamo

Son ya un centenar los presos de  la cárcel de la base estadounidense de Guantánamo que se encuentran en huelga de hambre, más de la mitad de los 166 que todavía permanecen encerrados en ese ignominioso limbo jurídico, en ese sumidero de la dignidad humana. Al menos 22 están siendo alimentados mediante sondas gástricas tras haber decidido dejarse morir.

La mayoría de los presos de Guantánamo, casi todos ellos, llevan más de una década encarcelados en condiciones absolutamente inhumanas, sin haber sido acusados de nada, sin que se les haya comunicado su situación procesal, sin que hayan comparecido ante un juez, sin que se les hayan leído sus derechos porque simplemente no se les ha otorgado ningún derecho. Allí han sido sometidos a todo tipo de torturas y de vejaciones, se les sigue sometiendo a día de hoy.

Las detenciones y los traslados de los presos a Guantánamo se hicieron violando todas las leyes nacionales, de los lugares en los que fueron apresados, e internacionales. Muchos de ellos (es difícil saber cuántos porque no ha habido procesos legales) quizás sean integristas musulmanes. Pero eso no es un delito, por mucho que a uno el integrismo le parezca abominable.

Hay integristas en todas las culturas y en todas las religiones. No hay en este siglo XXI, en cualquier democracia que verdaderamente lo sea, ningún caso de integristas católicos, judíos, hindúes o de cualquier otra religión o cultura encarcelados por su forma de pensar o entender la religión. Sí puede haber casos de un procesamiento por incitar al odio, pero con un proceso legal basado en pruebas, acusaciones y las debidas garantías. Nada de eso se ha dado con relación a Guantánamo.

Es probable que algunos de los presos de Guantánamo hayan participado en actos terroristas, pero nuevamente volvemos al principio. ¿Dónde están las acusaciones, dónde las pruebas, dónde las garantías? En un estado de derecho, y Estados Unidos se precia de serlo, cualquier ciudadano, sea el que sea su origen o el crimen que se le impute, es inocente hasta que se demuestre lo contrario. En el caso de Guantánamo la aberración jurídica es mayúscula: ni se les considera inocentes ni se les declara culpables. 

Que a día de hoy el gobierno estadounidense mantenga abierta la cárcel de Guantánamo resulta una vergüenza para sus gobernantes, para su sistema legal y para su democracia. Y no hay que olvidarlo, es una, quizás la mayor, de las promesas incumplidas por el presidente Barak Obama, que en su campaña para su primer mandato prometió cerrar aquella cárcel que, cada día más, huele a muerte.

fran.sevilla@rtve.es    

Tragedia en Bangladesh

Mientras comienzo a escribir este artículo en el blog la cifra de muertos por el derrumbe de un edificio en Bangladesh asciende a 228. Probablemente cuando termine de escribir esa cifra se haya incrementado. Todavía a esta hora, a la hora que sea en Savar, la localidad de la tragedia, siguen rescatando supervivientes entre los escombros, y todavía, a esta hora, siguen apareciendo cadáveres.

El escenario nos recuerda al de un terremoto. El edificio de ocho plantas convertido en un amasijo de bloques de hormigón y hierros retorcidos. Y con un número indeterminado de personas, muchas todavía, atrapadas entre las ruinas. Horas después se siguen escuchando las llamadas de auxilio de quienes aún respiran bajo las toneladas de escombros, aferrándose desesperadamente a la vida.

A medida que pasan las horas se van conociendo detalles. El edificio albergaba distintos comercios y negocios. Un día antes del derrumbe se dio la voz de alarma, tanto por parte de los trabajadores que laboraban allí como por parte de los servicios de emergencia municipales de Savar. Pero el propietario del inmueble, que ahora está en fuga, no le dio importancia y dijo que el edificio era seguro.

Algunas de las empresas allí instaladas decidieron no abrir al día siguiente. Pero la mayoría no hicieron caso de las advertencias. Sobre todo las empresas textiles, que trabajan todas para conocidas marcas internacionales. Algunas de esas marcas de ropa son la británica Primark, la española Mango o la italiana Benetton. Había empresas en el edificio hundido vinculadas a trabajos para 27 principales compradores, que incluyen compañías de Reino Unido, Dinamarca, Francia, Alemania, España, Irlanda, Italia, Canadá y Estados Unidos.

De nuevo estamos ante una catástrofe evitable. Quien tenía la principal responsabilidad de evitarla era el propietario del inmueble, que alquilaba las plantas y dependencias sin importarle las verdaderas condiciones en que se encontraba el edificio. En segundo lugar, hay una responsabilidad también directa de las empresas que mantenías allí a sus trabajadores y que fueron avisadas del peligro detectado tras aparecer una serie de preocupantes grietas. En tercer lugar también hay responsabilidad, aunque pueda ser indirecta,  de las empresas multinacionales o transnacionales que explotan una mano de obra barata sin reparar en los riesgos o en las condiciones de trabajo de quienes manufacturan la mercancía. Hace unas semanas hablábamos en este blog de las posibles implicaciones de Zara en el uso de mano de obra esclava en Argentina. Ahora son otras las empresas y el resultado es todavía más sobrecogedor.

Y hay una cuarta responsabilidad, la de nosotros, los consumidores, que muy a menudo nos fijamos solo en el precio de aquellos productos que compramos y en su mayor o menor atractivo, sin deteneros a reflexionar sobre cuál ha sido el proceso y cuáles las consecuencias para que ese objeto llegue en esas condiciones hasta nosotros. A veces debemos mirarnos en el espejo.

fran.sevilla@rtve.es

Paraguay regresa al pasado

Las elecciones celebradas en Paraguay permiten extraer varias conclusiones, no precisamente muy positivas. La victoria electoral del candidato colorado, Horacio Cartes, supone una vuelta al pasado en el peor sentido, en lo que tiene de retroceso, de marcha atrás, de renuncia.

El triunfo de Cartes implica el regreso a la presidencia del Partido Colorado. Se trata del mismo partido que hasta hace cinco años ejerció una hegemonía política implacable en el país durante seis décadas, incluida la larga dictadura del general Alfredo Stroessner, líder del partido durante decenas de años. Décadas en las que el país se convirtió en uno de los más injustos social y económicamente. Es decir, poco pedigrí democrático tienen los colorados.

El resultado electoral también ha devuelto su papel de comparsa al Partido Liberal Radical Auténtico, cuyo candidato, Efraín Alegre, ha quedado en segundo lugar. Durante la dictadura de Stroessner, el PLRA actuaba como supuesta oposición, confiriendo una imagen ficticia de juego de partidos que nada tenía que ver con la realidad. Sus dirigentes se prestaban al juego a la espera de lograr alguna prebenda del dictador.

Es decir, los comicios marcan el retorno a la primera fila de los dos partidos políticos tradicionales, que habían perdido su preeminencia cuando hace cinco años ganó las elecciones el exobispo Fernando Lugo al frente de una amplia coalición. Claro que Lugo cometió el error de llevar como vicepresidente al liberal Federico Franco, un segundón ávido de poder que en cuanto pudo le hizo la cama al presidente para arrebatarle el sillón. Franco es de esos dirigentes paraguayos que siempre estuvieron en la oposición porque ni siquiera Stroessner o los colorados le consideraron a la altura para estar en el oficialismo.

Pero el triunfo de Horacio Cartes, personaje multimillonario y polémico, tiene otras connotaciones. El propio presidente electo reconocía 24 horas después de los comicios que esta era la primera vez en su vida que votaba en unas elecciones, es decir, venía a reconocer que nunca había creído en los procesos democráticos. Llegó a la política hace poco más de dos años, y todo indica que lo hizo arropado por su ingente fortuna. Una fortuna también polémica.

En los años 80 Cartes fue procesado y estuvo encarcelado acusado de desfalcar 35 millones de dólares al Estado. Ha sido acusado reiteradamente de contrabando y lavado de dinero, y ahora mismo hay una denuncia contra él en la fiscalía paraguaya. En los papeles de Wikileaks en 2010, un documento clasificado de la DEA, la agencia antinarcóticos de Estados Unidos, lo señalaba como sospechoso de lavado de dinero del narcotráfico y vínculos con narcos brasileños.

Hay una última perla sobre este personaje que será el próximo presidente de Paraguay que no tiene desperdicio. Unos días antes de las elecciones, en un ataque de sinceridad homofóbica, comparó a los homosexuales con monos y dijo que si su hijo le decía que se iba a casar con otro hombre se pegaba un “tiro en las bolas”.

El futuro de Paraguay apunta a lo peor de su pasado.

fran.sevilla@rtve.es

Correr con Boston en la mente

Hubiera querido estar en Boston, y sobre todo quisiera poder estar ahora en Boston, expresando mi solidaridad con las miles de víctimas del salvaje atentado que golpeó el último tramo de la maratón, de la carrera popular más antigua del mundo.

Hablo de miles de víctimas, aunque haya distintas categorías. En primer lugar, por desgracia, están los muertos y después, claro, los heridos. Pero hablo de miles de víctimas porque el atroz atentado estaba dirigido contra todos aquellos que corrían en la maratón y contra todos los que observaban, aplaudían y se regocijaban en la llegada. Y de alguna manera, estoy seguro, lo ocurrido les ha marcado aunque no tengan secuelas físicas.

Resulta increíble, un trágico sinsentido, un descorazonador absurdo que alguien pierda la vida o resulte herido o mutilado mientras practica o ve practicar este deporte que es a veces algo más que un deporte o un hobby, casi una forma de vida. Resulta difícil imaginarse la perversidad, la insania, la vesania de quien decide colocar bombas en un lugar como la meta de la maratón de Boston para matar al mayor número posible de víctimas. Hay mentes enfermas y mentes enfermizas: a esta segunda categoría pertenece la alimaña o las alimañas que hayan perpetrado el salvaje atentado.

Correr la maratón tiene muchas facetas, en lo personal, por el desafío que supone una prueba física tan exigente, y en lo colectivo, por hacerse uno o hacer partícipes a los otros de esa fiesta pública en la que lo que menos importa es quien llega primero y en la que los gestos de ánimo, de apoyo, de solidaridad entre los participantes son la moneda común.

Quienes hemos hecho de correr un hábito cotidiano, por las distintas razones que cada uno tenga, pertenecemos a una especie de cofradía heterodoxa y no escriturada, que a menudo solo se traduce en el leve gesto de levantar el pulgar, o mover ligeramente la cabeza de arriba abajo, cuando nos cruzamos unos con otros mientras corremos por calles y caminos imbuidos de nuestra soledad y nuestros pensamientos. Es a la hora de una carrera popular cuando esa cofradía adquiere su verdadera condición plural y sus miembros nos reconocemos los unos en los otros. Y quienes nos observan forman parte, corran o no, de esa extraña familia de “los locos que corren”.

Hoy, cuando salga a correr, no podré quitarme las terribles imágenes de Boston de la mente. Pero seguiré corriendo porque el único homenaje posible a las víctimas de Boston es seguir sintiendo la libertad que uno siente cuando corre por caminos y calles, en cualquier rincón del mundo.

fran.sevilla@rtve.es

Zara y la mano de obra esclava

Zara es una marca comercial, buque insignia del grupo Inditex, que es vista por muchos como ejemplo de dinamismo, creatividad y buen hacer comercial. Su expansión en los últimos años ha sido espectacular, hasta tal punto que su dueño, el empresario Amancio Ortega, aparece como el tercer hombre más rico del mundo en la última clasificación de la revista Forbes.

Verdaderamente Zara ha sabido irse labrando un camino en el mundo de la moda que es admirado y ensalzado por muchas gente. La marca es hoy símbolo de modernidad en buena parte del mundo  y no para de abrir tiendas.

Sin embargo, en medio de tantas luces, han ido surgiendo sombras. La última de ellas ha sido en Argentina donde se ha interpuesto una segunda demanda contra Zara  por la utilización de mano de obra esclava. La denuncia ha sido interpuesta por la ONG La Alameda. Uno de sus voluntarios se introdujo como costurero y filmó imágenes impactantes sobre las condiciones de trabajo, rayanas en la esclavitud, de un taller donde se confeccionan  prendas de Zara.

Se trata de una trama compleja. Zara contrata a una empresa, que en realidad es una pantalla y subcontrata, a su vez, a un taller donde las condiciones de higiene y seguridad no existen, donde se trabaja hasta 12 horas diarias, donde muchos trabajadores duermen allí mismo, donde esos trabajadores provienen de las zonas más deprimidas de Argentina o de países vecinos como Bolivia, donde a veces se les retiene el sueldo con la excusa de que les será entregado cuando regresen a sus lugares de orígenes.

Preocupa que ésta sea la segunda denuncia contra Zara, que ya tuvo que afrontar una similar hace un mes también en Argentina y se cerraron algunos talleres clandestinos que confeccionaban prendas de la multinacional española. Preocupa que hace dos años Brasil impusiera una multa y cerrara también otro taller en el que se utilizaba mano de obra esclava para confeccionar prendas de Zara. Preocupa porque, al no ser un caso aislado, viene a demostrar que la empresa no es demasiado escrupulosa a la hora de exigir que se respeten unas condiciones mínimas y unos mínimos derechos de quienes, aunque sea indirectamente, trabajan para el beneficio de Zara.

La excusa de que la empresa no es responsable directa de las condiciones de los trabajadores de las compañías a las que subcontrata suena a insulto a la inteligencia. Esa falta de conocimiento de las consecuencias en la llamada “tercerización” es rechazada por La Alameda que considera que "Zara no puede sorprenderse por esta situación: encargaba miles de prendas a un proveedor oficial que sólo cuenta con 40 empleados, por lo que resultaba evidente en todo momento que el proveedor tercerizaba la producción",

Zara puede ser un ejemplo de pujanza, dinamismo y éxito comercial. Tiene méritos para ese reconocimiento. Pero sus responsables deben adoptar medidas de forma inmediata para evitar la explotación de quienes trabajan, directa o indirectamente, para la empresa. De lo contrario contribuirá a al fortalecimiento de un mundo injusto basado en la explotación y en algo muy parecido a la esclavitud.

fran.sevilla@rtve.es

El fútbol como metáfora

Es la segunda vez que hablo de fútbol en este blog. La primera lo hice hace casi tres años, en junio de 2010, en los prolegómenos del mundial de Sudáfrica. Lejos estaba entonces de imaginar que aquella competición iba a proporcionarme, como amante del fútbol, tantas satisfacciones. No porque España ganara el mundial, que también, sino sobre todo porque la selección española convirtió el fútbol en arte. Discúlpenme quienes no ven arte en este deporte.

Hoy vuelvo a hablar de fútbol. Y lo hago todavía con las imágenes en la retina de la cruel derrota del Málaga ante el Borussia Dortmund en los cuartos de final de la Champions. Una derrota injusta, doblemente injusta, y ese es el motivo de que me haya lanzado a escribir sobre este mundano asunto.

El fútbol es, muy a menudo, injusto. Y absolutamente imprevisible. Quizás eso sea uno de sus atractivos. Nunca se puede estar seguro de que, sobre el terreno, el que mejor juega acabe imponiéndose. La derrota del Málaga ha sido injusta porque ha jugado mejor que el Borussia. Pero esa injusticia es perfectamente asumible. Así es este deporte.

Hay otra injusticia, y por eso hablaba de una derrota doblemente injusta, que es la del poderoso frente al débil, la del grande que abusa del pequeño. Cualquiera que haya visto el partido de fútbol entre el Borussia y el Málaga llega a la conclusión de que hubo una influencia descarada del arbitraje a favor del equipo alemán, permitiendo una dureza, a veces incluso violencia, y dando como válido un último gol, en las postrimerías del encuentro, tras dos jugadas de claro fuera de juego. No soy de quienes siempre se escudan en el árbitro. Pero cuando el escándalo es tan obvio, hay que denunciarlo.

Titulo este artículo “El fútbol como metáfora” porque de alguna manera, tras ver el partido entre el Borussia de Dortmund y el Málaga, he reflexionado sobre cómo se impone en todo, también en el fútbol, esa especie de dictadura de lo supuestamente incuestionable; Alemania dicta las normas y el rumbo de una crisis económica y social que lejos de apuntar a una salida justa nos aboca a un abismo sin fin.

El centro, la metrópoli, impone sus normas a la periferia, a las colonias; el norte somete al sur; los ricos solo quieren ser más ricos aunque sea a costa de que los pobres sean más pobres; el partido de fútbol se gana aunque sea en el último minuto de manera injusta y con ayuda del árbitro.

Es algo que lleva ocurriendo hace muchas décadas, aunque parecíamos haberlo olvidado. No todos, obviamente. Lo del partido entre el Borrussía y el Málaga me ha dolido, pero sobre todo me ha servido de excusa para volver a recordarlo.

fran.sevilla@rtve.es

Fran Sevilla


(Corresponsal de Radio Nacional en América Latina) Puede ser sólo una casualidad, pero son a menudo las casualidades las que confieren valor a determinados momentos. El caso es que este blog se inicia en Perú, tierra de grandes escritores. Para mí es una casualidad porque peruano es uno de mis escritores de culto y aquí escribió una novela que en su día me marcó el rumbo, más incluso que por su contenido, tan bello como duro, por su nombre: hablo de Ciro Alegría y su obra “El mundo es ancho y ajeno”.
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