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Gelman, Garzón y la justicia

El gobierno uruguayo va a indemnizar a la nieta del poeta Juan Gelman, Macarena, con 513.000 dólares por los daños causados a ambos con el secuestro y el asesinato de Maria Claudia, la nuera de Gelman y madre de Macarena. Esa indemnización, que en ningún caso servirá para reparar el dolor, se produce después de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenara hace unos meses a Uruguay, como Estado, por su responsabilidad en lo ocurrido. El fallo de la Corte establecía que se debía reparar el daño (Gelman renunció expresamente a cualquier reparación económica) e “investigar los hechos”.

Los hechos, que todavía no han sido verdaderamente investigados en Uruguay, son de sobra conocidos. En 1977 los secuaces de la dictadura argentina secuestraron en Buenos Aires al hijo de Gelman, Marcelo, y a su esposa, Maria Claudia, entonces embarazada. Marcelo fue asesinado poco después en Automóviles Orletti, uno de los centros de detención clandestina de la dictadura argentina. Marica Claudia fue trasladada clandestina e ilegalmente a Montevideo, se esperó a que diera a luz y después fue asesinada y la hija que acaba de parir fue entregada en adopción a un policía uruguayo.

Durante años Juan Gelman buscó a su nieta y finalmente la localizó. Lo que nunca ha conseguido es que ninguno de los sucesivos gobiernos uruguayos, ya en democracia, investigaran qué había sido de los restos de María Claudia.

Juan Gelman, premio Cervantes de Literatura, es uno de los testigos que han declarado en la Audiencia Nacional con relación a una causa abierta por crímenes de la dictadura argentina. Una causa que, como la del general Pinochet, o la de los militares-genocidas guatemaltecos o de los militares salvadoreños que asesinaron a los jesuitas, se basa en el principio de la jurisdicción universal para crímenes de lesa humanidad. Un principio que fue impulsado por el juez Baltasar Garzón, por el fiscal Carlos Castresana, y por otros magistrados y funcionarios que han intentado, y algunos siguen intentando, que la justicia sea algo más que una palabra vacía de contenido.

No deja de ser una irónica casualidad que el mismo día en el que el gobierno uruguayo anuncia la indemnización para Macarena Gelman, el juez Garzón se haya sentado en el banquillo de los acusados en el Tribunal Supremo por declararse competente para investigar los crímenes del franquismo. En Argentina, en Chile, en Uruguay, nunca se habían investigado los crímenes de sus respectivas dictaduras hasta que el impulso dado desde España, por el juez Garzón entre otros, permitió perder el miedo y poner fin a la impunidad. Es por eso que, en América Latina, son muchos los que se preguntan, estupefactos, cómo puede ser que Garzón esté hoy en el banquillo de los acusados por tratar de que se haga justicia. También se lo pregunta Juan Gelman.

fran.sevilla@rtve.es

Guatemala: militares (a seguir) en el poder.

La primera medida que ha adoptado el nuevo presidente de Guatemala, general Otto Pérez Molina, a las 24 horas de asumir la presidencia ha sido convocar al Ejército para que se implique en la lucha contra el crimen organizado. El general Pérez recupera así su visión castrense de la forma de afrontar los problemas.

No cabe duda de que el narcotráfico y el crimen organizado son, a día de hoy, el mayor azote que padece, como Estado, Guatemala. Porque lo que más padece la población, y ahí está una de las claves para entender el vacío, es la miseria y la exclusión de la mayoría de los guatemaltecos.

El azote del crimen organizado se hace más efectivo por la debilidad, por la vulnerabilidad, por la casi inexistencia de las instituciones guatemaltecas, socavadas por la corrupción y por la impunidad.

Pero estaría bien que de vez en cuando se hiciera un ejercicio de memoria para entender qué ha ocurrido a lo largo de la historia reciente, digamos del último medio siglo. Estaría bien recordar que en 1954 se produjo un golpe de Estado en Guatemala que derrocó al gobierno reformista, democráticamente elegido, de Jacobo Arbenz y que impidió así un cambio socieconómico que, aunque limitado, beneficiaría a los más pobres.

El golpe fue  planificado por la CIA, impulsado por el secretario de Estado norteamericano, John Foster Dulles, cuyo hermano era consejero delegado de la United Fruit Company, la compañía bananera que ponía y quitaba gobiernos en Centroamérica en función de sus espurios intereses y que era propietaria de la mayor extensión de tierra, y las más ricas, de Guatemala.

Los militares guatemaltecos iniciaron entonces un régimen militar, traducido en un régimen de terror, que se prolongó durante cuarenta años, con más de doscientos mil muertos y cuarenta mil desaparecidos. El general Pérez se formó, militarmente, durante ese régimen. Incluso fue comandante militar del Quiché, una de las regiones más brutalmente golpeadas por una represión que tomó la forma de genocidio contra las poblaciones autóctonas.

Los militares guatemaltecos cedieron la presidencia a un civil, Marco Vinicio Cerezo, en 1986, pero nunca cedieron el poder. Lo han seguido detentando entre bambalinas, agazapados a la sombra. Y si las instituciones civiles son hoy enormemente débiles en Guatemala es porque los militares y la oligarquía que los apoyaban nunca tuvieron el más mínimo interés porque la democracia y sus instituciones fueran sólidas y eficientes.

Tampoco parece haber servido de ejemplo lo ocurrido en su vecino del norte, en México, donde la irrupción del ejército en la lucha contra el crimen organizado, de la mano del presidente Felipe Calderón, se ha traducido en mayor violencia, mayor número de muertos y más violaciones de los derechos humanos, cometidos tanto, y principalmente, por los cárteles del narcotráfico como por los propios militares.

Guatemala no se asoma al abismo, lleva tiempo hundida en el abismo. Y los militares que propiciaron ese hundimiento vuelven a estar, siguen estando, en el poder.

fran.sevilla@yahoo.es

Haiti, año dos

Es el segundo aniversario, y, claro, pasa desapercibido. ¿A quién le importa a día de hoy que hace dos años la tierra temblara con mortal voracidad en ese rincón ya perdido de los titulares llamado Haití? Habrá quien piense, y con razón, que cuál es la diferencia entre el segundo aniversario, el primero, el día que se cumplió un mes y medio o el que hizo el quincuagésimo segundo.

Es cierto que da lo mismo cuál aniversario sea. El hecho de la fecha, la efemérides, sirve tan solo para constatar que el olvido ha extendido su oscuro manto sobre Haití. Metidos de lleno en la vorágine de crisis económicas, reales y también ficticias, de crisis políticas, auténticas o provocadas, de crisis mediáticas, perfectamente calculadas, el día a día de millones de haitianos apenas importa. La solidaridad es un gran impulso social que, tristemente, suele tener las patitas y la memoria muy cortas.

Pero hay que recordarlo. A día de hoy, dos años después del terremoto, medio millón de haitianos siguen sobreviviendo en los campamentos que se improvisaron después del desastre. Otro millón largo de haitianos han sido cobijados bajo precarias viviendas prefabricadas, que al menos les garantizan un techo y una letrina colectiva, pero siguen dependiendo de la ayuda exterior para alimentarse.

Decenas de miles de haitianos se enfrentan cada día al cólera, del que ya tampoco se habla, pero que sigue estando presente, dejando constancia de que aquellos males que dejan de ser mencionados, que se borran de las primeras planas, no por ello desaparecen.

Y por supuesto ya nadie recuerda la miseria que en Haití era anterior al terremoto y que sigue siendo atroz, todavía más atroz, después de aquel devastador sismo.

El opulento primer mundo se cierra hoy sobre sí mismo, se mira el ombligo, se atrinchera en su caparazón aterrado por una crisis preocupante. Pero da la sensación de que pocos habitantes de ese mundo hasta ahora privilegiado son conscientes de que tarde o temprano la crisis tenía que llegar, de que el sistema en el que unos pocos tienen casi todo y otros muchos no tienen casi nada también acabaría afectándoles. La única ventaja para Haití es que los haitianos ya llevan décadas acostumbrados a no tener nada, a que nadie se acuerde de ellos. Hoy, dos años después, vuelve a ser la misma historia.

fran.sevilla@rtve.es

 

Dictadura y memoria en Chile

Son infatigables. Los reescribidores de la historia nunca descansan, ni tienen pudor ni límite. De nuevo ha ocurrido en Chile, para vergüenza, para ignominia del presidente Sebastián Piñera cuyo gobierno se ha empeñado en intentar robar la memoria al pasado, en tratar de ocultársela a los chilenos del futuro.

En una burda pirueta léxico-ideológica, el Consejo Nacional de Educación, dependiente del gobierno, ha decidido sustituir en los libros de texto que estudian los escolares chilenos el término “dictadura” por el de “régimen militar” para definir esos 17 años de terror y opresión que protagonizó el general-traidor Augusto Pinochet. Como todos los militares golpistas, Pinochet traicionó el juramento de lealtad que había realizado a un gobierno constitucional para erigirse en sanguinario dictador; como todos los militares golpistas, Pinochet demostró que no tenía honor. Tampoco lo tienen quienes ahora, pese a haber sido democráticamente elegidos, intentar trastocar la historia, barnizarla, suplantarla.

La estulticia de quienes han pergeñado esta maniobra educativa resulta difícil de definir. ¿Verdaderamente creen que se puede cambiar la historia cambiando las palabras? Pero aunque no consigan cambiar la historia lo que sí logran es ofender a las víctimas. Imagino cómo deben sentirse los familiares de los desaparecidos, de los asesinados, imagino la rabia que les ha de salir al encuentro; imagino el asco y la indignación que deben sentir los miles de chilenos detenidos, torturados, exiliados, humillados durante la dictadura de Pinochet.

Y me imagino también cómo el dictador saltará de gozo en su tumba, satisfecho al comprobar que sus herederos políticos se afanan por lavarle la cara, con una desfachatez igual de deshonrosa que la que el propio Pinochet esgrimió a la hora de traicionar su juramento. También Sebastián Piñera parece haberse olvidado ahora de que juró ser presidente de un Chile democrático, y como tal presidente de todos los chilenos. Ahora parece demostrar que solo es el presidente de algunos chilenos, los que apoyaron en su día el golpe y después la dictadura de Augusto Pinochet.

fran.sevilla@rtve.es

Adulterio, lapidación y horca en Irán

 

La capacidad del integrismo, de cualquier integrismo, para superarse a sí mismo parece no tener límite. Y de nuevo en un país como Irán, una teocracia islamista con un régimen integrista aberrante, se pone de manifiesto esa capacidad para adaptarse a una concepción retrógrada de la justicia, del comportamiento social, de la vida en definitiva, porque todos los integrismos lo que pretenden es controlar y reprimir la vida y las costumbres de los seres humanos.

Las autoridades judiciales iraníes acaban de anunciar que están estudiando cambiar la sentencia de muerte por lapidación de una mujer, condenada por adulterio, por su ejecución en la horca. A uno le gustaría poder ironizar sobre la “benevolencia” de los jueces islamistas iraníes, sobre su espíritu “compasivo” al modificar una pena de muerte tan brutal como la lapidación por una pena de muerte “más humana”, la horca. Pero resulta difícil ser irónico ante el horror. 

El caso en cuestión adquirió gran relevancia internacional. Sakineh Ashtíani, una mujer iraní de 43 años y con dos hijos, fue declarada culpable en 2006 de adulterio y del asesinato de su esposo. Por este último delito fue condenada a diez años de cárcel, pena rebajada posteriormente a la mitad al considerar el tribunal que su participación en el asesinato había sido solo en calidad de cómplice. Sin embargo, por el adulterio se la sentenció a recibir 99 latigazos y a morir lapidada.

Sakineh sufrió en su cuerpo la aplicación de la primera parte de la sentencia. La segunda, la lapidación, fue postergada ante el enorme clamor internacional. Pero los jueces iraníes (si verdaderamente se puede llamar jueces a esos descerebrados) no han cejado en su empeño por aplicar su particular forma de entender la justicia. Y consideran que el objetivo último, el de dar muerte a Sakineh, puede aplicarse sin tanto alboroto mediante la ejecución en la horca.

El concepto de adulterio sigue vigente en muchas partes y está considerado como uno de los pecados más graves no solo en el Islam, también en el judaísmo, en el cristianismo, y en otras religiones. Porque el sexo sigue siendo uno de los grandes tabúes para la mayoría de las religiones. Allá quienes comulguen con ellas y así lo consideren. Pero es una cuestión que tiene que ver con el código moral, con la creencia de cada cual, con su ámbito personal. Desde luego es inadmisible que pueda trasladarse a la esfera de lo público y conllevar ningún tipo de delito. Sin embargo, los integrismos, el islamista y los otros, son incapaces de aceptar que la vida es mucho más amplia y mucho más rica de lo que les permite concebir su estrecha, castrante y, a menudo, perversa visión de esa propia vida que ellos se empeñan en limitar o en silenciar.

fran.sevilla@yahoo.es

Moda y miseria

Hace tiempo que resulta evidente: los magos de la moda y el glamour no se detienen ante nada, ni siquiera esbozan un mínimo de dignidad a la hora de vender sus lujosos productos o de sacarles la mayor rentabilidad posible.

Si el asombro no fuera tan absoluto que no deja espacio para nada más, a uno todavía le cabría un poco de indignación después de ver la campaña publicitaria de Donna Karan, de Nueva York, más conocida por sus siglas, DKNY. Sin el más mínimo sonrojo, sin el más leve asomo de pudor, una modelo brasileña, Adriana Lima, vistiendo un provocativo modelo de esa firma es fotografiada junto a un par de haitianos que, aparentemente, habitan en una de las innumerables tiendas de campaña o carpas que son el único refugio para centenares de miles de haitianos desde el devastador terremoto de hace casi dos años.

Ante las críticas recibidas, DKNY ha intentado justificarse afirmando que la campaña “infunde el vibrante espíritu de Haití con la sexy inspiración de Nueva York”. Una frase que si no fuera tan estúpida y vacía de contenido incluso podría rebatirse. Lo cierto es que “la inspiración de Nueva York”, o sea el modelito que se exhibe, cuesta mil quinientos euros, mientras “el vibrante espíritu de Haití” es la miseria en la que sobreviven millones de hatianos” para quienes mil quinientos euros supondría la supervivencia durante más de un año de toda una familial.

Otra polémica en estos días tiene que ver con la explotación de la mano de obra infantil, en este caso en Burkina Faso. Hace unos días se descubrió que la firma de lencería Victoria`s Secret utilizaba para su prendas algodón recolectado por niños que trabajan en un régimen de semiesclavitud en ese país africano. En otra especie de irónica contradicción, el programa por el que Victoría`s Secret explota ese algodón de Burkina Faso se enmarca dentro del epígrafe de Comercio Justo y cuenta con el asesoramiento y el apoyo de USAID, la Agencia Estadounidense para el Desarrollo.

Resultaría loable que personas de gran proyección o firmas como DKNY o Victoria’s Secret utilizaran su capacidad de influencia, su gran impacto social y mediático, para despertar o mantener viva la solidaridad con países tan necesitados como Haití o Burkina Faso. Pero al final uno tiene la sensación de que simplemente se apuntan al carro de la supuesta solidaridad porque saben que en ese carro hay rentabilidad, hay beneficio. Y nada parece importarles si lo demás es miseria o esclavitud.

fran.sevilla@rtve.es

Egipto a la deriva

Hay dos imágenes verdaderamente impactantes de lo que está siendo la realidad en Egipto en los últimos días, en las últimas horas. Dos imágenes que de alguna manera simbolizan el pozo en el que se está hundiendo un país que, como Egipto, por historia, cultura y tradición, debería situarse a la vanguardia de nuestro mundo. Y sin embargo, a día de hoy, parece ser arrastrado hacia un abismo insondable.

Una de esas imágenes es la de una joven egipcia siendo brutalmente golpeada por la policía. No solo es golpeada. En un acto de villanía inadmisible, los policías rodean a la joven y a tirones la arrastran por la calle y la dejan semidesnuda, en un intento por humillarla porque la joven iba cubierta con vestimenta tradicional islámica, con el cabello tocado por un hijab. Una vestimenta que no era óbice para que la joven sintiera la rebeldía que sienten miles de jóvenes egipcios ante un pasado negro como boca de lobo y un futuro que empieza a desvelarse (nunca mejor dicho en este caso) aún más oscuro.

La otra imagen es la del Instituto de Egipto arrasado por las llamas que, con la voracidad que solo el fuego y el odio son capaces de desplegar, devoran miles de libros. Entre ellos el original de la “Description de L’Egipte”, los 24 volúmenes de la obra encargada por Napoleón en su campaña en el Valle del Nilo a finales del siglo XVIII. Un incendio que, de alguna manera, me recuerda al que arrasó en 2003 la Biblioteca Nacional de Bagdad, pocos días después de la invasión estadounidense y la ocupación de la capital iraquí, destruyendo obras y manuscritos de valor incalculable.

En estos días me viene a la memoria lo que me decía un amigo, buen conocedor a la realidad de Egipto y de Oriente Próximo: “prefiero a un dictador como Mubarak al caos o el integrismo que pueden sustituirle”.  Yo no prefiero a un dictador como Mubrak. Pero es evidente que su caída está lejos de haber solucionado los problemas de Egipto. Como en estas últimas semanas se está haciendo evidente, el problema radica en una casta militar enrocada en el poder. En su momento, hace unos meses, se permitió la caída de Mubarak, no por una auténtica voluntad de cambio, apertura y democratización, sino para poder seguir detentando ese poder. Y al aferrarse al poder propician que Egipto vaya a la deriva, acercándose cada día más al abismo.

fran.sevilla@rtve.es

El futuro robado de Irak

 

En los días previos a la invasión de Irak, sentados en Bagdad mientras bebíamos té y fumábamos narguile, un amigo y viejo periodista iraquí me contaba lo que le había sucedido pocas semanas antes en un viaje a Londres. Estaba visitando el British Museum y cuando contemplaba una serie de obras de arte de la antigua Mesopotamia, expoliadas por el colonialismo británico, se puso a llorar.

Una persona que se percató de sus lágrimas se le acercó y con la amabilidad de un auténtico gentleman inglés le preguntó si le pasaba algo, si se sentía mal. Mi amigo le miró a los ojos y le contestó que no le ocurría nada, salvo que contemplando aquel tesoro expoliado se había dado cuenta de cómo les habían robado su pasado, a los iraquíes; y lo peor, añadió, “es que me he dado cuenta de cómo nos van a robar el futuro”.

Mi amigo había sido represaliado y encarcelado por el régimen de Sadam Hussein. No era, por tanto, un adepto a aquel régimen oprobioso. Y aún así entendía que la invasión en ciernes no iba a suponer un futuro mejor para Irak.

Casi nueve años después Estados Unidos acaba de escenificar el fin de la presencia de sus tropas en Irak. Lo ha hecho con toda la parafernalia militarista y triunfalista que suele presidir sus aventuras imperialistas en el exterior. Y esa parafernalia ha contado con la estulticia del discurso de Barack Obama asegurando que Irak es hoy un país mucho mejor, más libre y más democrático. Nada de reconocer que la invasión fue un error, nada de pedir disculpas por las mentiras, nada de lamentar el dolor y la muerte infligidas. Un discurso, el de Obama, que le equipara en su contenido a su antecesor en la presidencia de Estados Unidos y ejecutor de la invasión, George W. Bush.

Estoy seguro de que Obama no ha consultado, para expresar su opinión, a los millones de iraquíes que viven hoy bajo la violencia cotidiana, en medio de las ruinas y el sectarismo. Irak es un país que, tras la invasión, ha retrocedido a niveles de vida del siglo XIX. Nada queda de aquel rico país petrolero, con un alto nivel de renta, salvo el petróleo que explotan y enriquece a empresas multinacionales.

Ninguno de mis amigos iraquíes considera, a día de hoy, que viven mejor que antes de la invasión. Y lo más grave: ninguno piensa que el futuro vaya a ser mejor, con o sin presencia de las tropas estadounidenses o de Sadam Hussein.

Y lo más importante, estoy seguro de que Obama no ha tenido en cuenta, a la hora de su discurso grandilocuente, a las decenas de miles de iraquíes muertos tras la invasión y el pandemónium que creó. Pero claro, ya se sabe, los muertos están muertos y no pueden dar su opinión.

El futuro de Irak es hoy negro como el abismo, por más que Obama, Bush o todos quienes apoyaron la invasión o la han justificado después, quieran pintar un cuadro color de rosa. Un futuro robado, como, muy a su pesar, intuía mi amigo hace nueve años.

fran.sevilla@rtve.es

Navidad y armas en Estados Unidos

Según un informe que acabo de leer los regalos de mayor éxito para esta Navidad en Estados Unidos son las armas: pistolas, rifles, fusiles. Solo en el mes de noviembre las armerías estadounidenses han solicitado un millón y medio de informes al FBI para la compra de otras tantas armas.

En Estados Unidos la venta de armas es libre, no hay ninguna restricción, salvo si existen antecedentes penales. Las armerías deben facilitar los datos de los potenciales compradores al FBI para que compruebe que esos clientes están “limpios”. Una vez pasado ese trámite, no hay ningún impedimento para la venta.

Claro está que el informe se solicita sobre el comprador, no necesariamente sobre quien vaya a recibir el regalo. Y además esa exigencia de un informe favorable del FBI no implica que quien carezca de antecedentes penales no vaya a sufrir un “ataque de locura transitorio” que le lleve a utilizar el arma contra todo el que se mueva en un momento determinado. Prácticamente todos los casos, los muchos casos que se registran en Estados Unidos de matanzas colectivas, han sido protagonizados por personas que carecían de antecedentes penales.

Según el informe de referencia, los dueños de las armerías han desplegado todo un “arsenal” de ideas publicitarias para vender su producto. Y en esta ocasión están dirigiendo sus campañas, con notable éxito, al público femenino. Se venden revólveres, pero también se venden armas de guerra como la más utilizada en todas las guerras en todo el mundo: el fusil de asalto AK-47. Imagino un eslogan: “regale a su marido/esposa, hermano/a, hijo/a un AK-47, a la hora de matar, nunca falla”.

Los pocos gobiernos estadounidenses que en algún momento se han planteado la posibilidad de limitar o restringir la venta libre de armas se han encontrado con la movilización y el chantaje de grupos de presión tan poderosos como la Asociación Nacional del Rifle, y como los fabricantes y los vendedores de armas. Se justifica ese negocio con el argumento de que toda persona tiene derecho a defenderse. Pero las consecuencias son catastróficas. No solo para Estados Unidos. En su vecino del sur, en México, los grupos del crimen organizado tienen prácticamente barra libre para comprar sus armas en territorio estadounidense y transportarlas a través de la permeable frontera. Armas que siembran muerte, porque las armas se fabrican para matar.

fran.sevilla@rtve.es

Noriega en Panamá

Manuel Antonio Noriega, el antiguo general, hombre fuerte del país entre 1983 y 1989, agente principal de la CIA, socio de los narcotraficantes del cártel de Medellín y supuesto abanderado, en sus últimos años de poder, de un nacionalismo trasnochado y violento, pasa sus primeras horas en una cárcel panameña.

Tras aterrizar en el aeropuerto de Tocumén, en la capital de Panamá, Noriega fue trasladado al centro penitenciario Renacer (menudo nombre…), en la antigua Zonal del Canal, la franja de tierra que durante casi un siglo controló Estados Unidos, dividiendo por la mitad el territorio panameño.

A sus 77 años, aquejado de varias dolencias, el hombre que en su día simbolizaba la tiranía del poder ha entrado en la cárcel en silla de ruedas. Recuerda en algo la imagen del chileno Pinochet tras regresar de Londres, intentando dar lástima. Claro que Pinochet se levantó, cual Lázaro, de la silla de ruedas para recibir el abrazo de sus compinches de asesinatos y tropelías mientras Noriega ha sido llevado a una celda, en medio de la indiferencia de la mayoría, y de algunos recelos de algunos otros. Pero igual que no parecía lógico sentir lástima por el exdicatdor chileno, tampoco da lástima el exhombre-fuerte panameño (nunca fue Jefe de Estado, controló el país como Jefe de las Fuerzas de Defensa).

Desde luego no sienten ninguna lástima los familiares de sus víctimas que quieren que Noriega cumpla las varias condenas que pesan sobre él y que se solventen otros juicios que tiene pendientes.

Manuel Antonio Noriega, conocido popularmente como “cara de piña” por su rostro marcado por la viruela, fue un aliado clave de Estados Unidos en la década de los setenta y la mitad de los ochenta del siglo pasado. Hasta que dejó de ser útil y se convirtió en un personaje incómodo para Washington. El presidente George Bush (padre) ordenó invadir Panamá. Centenares de panameños murieron en la cruenta invasión. Algo similar, aunque más dilatado en el tiempo, con lo que ocurrió en Irak , aunque en este caso fue George W. Bush (hijo) quien ordenó la invasión.

Y como ocurrió en Irak con varios periodistas y reporteros (como José Couso o Julio Anguita Parrado), en la invasión de Panamá murió por disparos de un marine el fotoperiodista Juantxu Rodríguez. Uno de tantos crímenes que todavía siguen impunes y de los que ya casi nadie habla.

Una vez más, los responsables últimos de algunas dictaduras, más allá de sus brazos ejecutores, se lavan las manos. 

fran.sevilla@rtve.es

Fran Sevilla


(Corresponsal de Radio Nacional en América Latina) Puede ser sólo una casualidad, pero son a menudo las casualidades las que confieren valor a determinados momentos. El caso es que este blog se inicia en Perú, tierra de grandes escritores. Para mí es una casualidad porque peruano es uno de mis escritores de culto y aquí escribió una novela que en su día me marcó el rumbo, más incluso que por su contenido, tan bello como duro, por su nombre: hablo de Ciro Alegría y su obra “El mundo es ancho y ajeno”.
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