LA CIUDAD QUE DABA MIEDO AL DIABLO
En estos últimos días la realidad, más que superar, se ha hermanado con la ficción para dejar constancia de que hay lugares en los que lo peor siempre está por suceder. Ciudad Juárez se ha convertido en la urbe más violenta de México, título difícil de obtener, dada la gran competencia de otras localidades mexicanas: hay que matar mucho para lograrlo.
El jefe de Policía de Ciudad Juárez dimitió hace unos días tras la amenaza de los narcotraficantes de matar a un policía cada 48 horas si seguía en su puesto. Amenaza que ya se estaba cumpliendo. Durante años la policía de Ciudad Juárez, como institución, no los policías que trataron de cumplir honestamente su misión, ha mirado para otro lado o se ha dejado corromper.
El gobernador del Estado de Chihuahua, al que pertenece Ciudad Juárez, José Reyes Baeza, fue objeto de un atentado hace también pocos días en el que murió uno de sus guardaespaldas al ser tiroteada su comitiva. ¿Será un aviso para navegantes? Los gobernadores de Chihuahua también han sido duchos en mirar para otro lado o escurrir el bulto.
Recuerdo las lágrimas y el temor en la mirada de una madre de Ciudad Juárez cuya hija había sido violada y asesinada, víctima del feminicidio que ningún gobernador quiso combatir. A esta madre uno de esos gobernadores, Francisco Barrio Terrazas, la amenazó, según su testimonio, con que si no se callaba, a lo peor ella “era la próxima”. Francisco Barrio Terrazas acaba de ser nombrado embajador de México en Canadá.
Combatir el narcotráfico no es sencillo. Su poder de comprar, de corromper, de infiltrarse en los poderes e instituciones públicas es muy elevado. Precisamente por eso el combate tiene que darse en todos los frentes, y no sólo en el mediático. Sacar el ejército a las calles, como ha hecho el gobierno mexicano, puede ser muy efectista, pero poco efectivo. Sobre todo si no va a acompañado de otras medidas.
¿De dónde saca su poder el narcotráfico? De lo expuesto más arriba, de la compra, de la corrupción de instituciones y personas. Pero, ¿de dónde sale el ingente capital necesario? De la venta de droga y de los negocios paralelos. Pero, ¿dónde va a parar ese dinero? A bancos y empresas en los que se blanquea su origen. Cuando el gobierno mexicano inicie una persecución en todos los frentes contra ese dinero manchado de sangre logrará acabar con el narcotráfico. Claro que eso supone enfrentarse a los grandes capitales, a las grandes fortunas, que directa o indirectamente se benefician del intocable dios del mercado: el quevediano Don Dinero.
Ciudad Juárez es un lugar en el que cada día resulta más difícil mantener la esperanza y mantener la vida. Recuerdo la expresión de un empresario que me decía, con aire de suficiencia, que si uno no se mete en líos no pasa nada. Él y su familia viven en un auténtico bunker, rodeados de medidas de seguridad y hombres armados.
Han pasado dos años desde que me dijeron aquella frase que sintetizaba perfectamente toda la cruda realidad de Ciudad Juárez. Hoy sólo una cosa parece haber cambiado: el diablo ya no tiene miedo, se ha ido a vivir a otro lugar. El miedo es para los que no han podido mudarse.



