CRÍMENES DE GUERRA EN GAZA
Lo sabíamos, era evidente. Pero ahora hay algo más. Ya no se trata de una impresión, es una certeza. Ahora es el relator de la ONU para los derechos humanos en Palestina quien ha presentado un informe demoledor. Israel ha cometido crímenes de lesa humanidad en Gaza. No lo dice un periodista, no lo dice un activista palestino, lo dice Richard Falk. A Israel y a todos los que son cómplices de su actuación criminal tampoco les vale el consabido recurso de acusar de antisemitismo a quien denuncia. Richard Falk es semita, él mismo se define como “judío americano”.
Los medios de comunicación no se han hecho demasiado eco del informe. Algunas reseñas, casi siempre breves, y poco más. Si esos crímenes hubieran sido cometidos por otro estado o por otros dirigentes, la cobertura hubiera sido mucho mayor. Como ha ocurrido hace apenas unas semanas con Sudán y su presidente, acusado de crímenes de guerra en Darfour por la Corte Penal Internacional. Es alentador el procesamiento del presidente sudanés, es desalentador el silencio, la inacción en el caso de Israel.
A pesar de saberlo, a pesar de haberlo visto con mis propios ojos en otras ocasiones, como ocurrió en Jenin en 2002, en Ramala y Nablus y otras ciudades palestinas aquel año, o en el sur de Líbano en 2006, el contenido de los informes de la ONU es sobrecogedor. Más sobrecogedor aún resulta el relato que en los últimos días han realizado algunos soldados, reconociendo la brutalidad de su comportamiento.
El asesinato indiscriminado de civiles, la utilización de niños palestinos como escudos humanos, el impedimento para que los heridos recibieran asistencia, los disparos deliberados contra ambulancias y personal médico. El robo, saqueo y destrucción de propiedades. Las ofensas como orinar o defecar en las casas ocupadas.
Nada ha sido nuevo. Los soldados israelíes llevan haciendo lo mismo, con absoluta impunidad, desde hace años. Una impunidad amparada por sus mandos, por un gobierno, sucesivos gobiernos, que han dado carta blanca al asesinato, la tortura, la destrucción, y por una Comunidad Internacional que sigue dejándose someter al chantaje inmoral e indigno que Israel ejerce sobre ella. ¿Hasta cuándo?



