12 posts de junio 2009

Justicia universal en cuarto menguante

Se había anunciado hace ya unos meses y el Congreso español ha aprobado finalmente la limitación, la jibarización del principio de Justicia Universal para encasillarla sólo a los casos que afecten a españoles. Es decir que los crímenes de Lesa Humanidad que sigan produciéndose en el mundo ya no serán perseguibles por las autoridades judiciales españolas, salvo en el caso de que afecten a ciudadanos de mi país. Es decir, España, el parlamento español, deja de considerar que los seres humanos somos iguales, titulares de los mismos derechos, con la misma necesidad de que se nos haga justicia, hayamos nacidos donde hayamos nacido.

O sea, que si a mí me ocurre algo, si me asesinan, si me torturan, si me violan, en medio de un golpe de estado, de una guerra, en algún país del mundo en el que son igualmente asesinados miles de ciudadanos, violadas miles de mujeres, torturados miles de seres humanos, la justicia española podrá actuar porque me han asesinado, torturado o violado a mí, no por lo ocurrido con los otros miles de personas. O sea que yo soy ciudadano de primera y valgo más que miles de seres humanos. Pues no, gracias, rechazo ese honor, me rebelo contra ese privilegio. Yo no valgo más, por haber nacido donde he nacido, por tener el pasaporte que tengo, que tantos miles de mis congéneres que viven, padecen y mueren en condiciones mucho más ignominiosas. No, gracias, señorías, no me otorguen esa condición de ser superior.

El principio de Justicia Universal, de Jurisdicción Universal para los delitos de Lesa Humanidad fue una de las mayores conquistas que se habían logrado en el difícil y tortuoso camino hacia un mundo más justo. Era un ejemplo para el resto. España era conocida en el escenario internacional por varias razones, no todas ellas para sentirse orgullosos. Pero la aplicación del principio de Justicia Universal sí era motivo de orgullo.

Ahora es un motivo de tristeza. Pero no veo tristes a sus señorías. Sólo veo cortedad de miras, estrechez de objetivos, nacionalismo pacato. Lo siento, no me siento representado por quienes cercenan los sueños de un mundo mejor.

Honduras en convulsión

Mientras el mundo mira hacia Los Ángeles y llora la muerte de Michael Jackson, el impacto mediático de esta noticia hace que Honduras sea sólo una anécdota en la agenda informativa. Pero para los hondureños hay muchas cosas en juego.

No resulta fácil analizar lo que ocurre en estas jornadas en Honduras. El país se despeña por una grave crisis institucional de consecuencias impredecibles. El presidente Manuel Zelaya, al que apenas le quedan unos meses en la presidencia, es un dirigente de perfil populista y, sin duda, polémico. Desde su populismo de derechas al frente del que llegó a la Jefatura del Estado ha ido virando hasta alinearse con países nominalmente adscritos a la izquierda, como Venezuela o Cuba.

Manuel Zelaya tiene detractores y defensores, tiene amigos y enemigos, ha tomado decisiones censurables y otras ensalzables. Cada cuál podrá verlo, cada cuál lo verá según su propia óptica y según el color del cristal con que lo mire. Pero hay un dato, dentro de la gravedad de la crisis, que no debe pasarse por alto y que es inadmisible, que debería serlo, desde cualquier punto de vista.

Los militares están a las órdenes del poder civil. Cualquier militar, cualquier general, puede no compartir las decisiones de un presidente constitucional y sin considera que las órdenes que recibe son contrarias a derecho puede negarse a cumplirlas y presentar su dimisión. Pero lo que viene a ser una especie de golpe de Estado encubierto es la demostración de fuerza realizada por los mandos militares hondureños, sacando las tropas a las calles por decisión propia, desplegándose en lugares estratégicos de Tegucigalpa.

En caso de crisis política, como la que vive Honduras, las distintas instituciones deben actuar según los dictados del Estado de Derecho. El poder judicial y el poder legislativo deben contar con los mecanismos para contrapesar las decisiones del poder ejecutivo si estas no se ajustan a derecho, si son contrarias a los principios democráticos. Pero nunca pueden hacerlo los militares porque entonces la democracia deja de existir.

En el caso de Honduras, al igual que ha ocurrido demasiadas veces en otros muchos países de América Latina, los militares tienen una larga tradición de quererse convertir en salvadores de la patria, pasando por encima de las instituciones democráticas. Y lo hacen con la fuerza de las armas. Durante mucho tiempo los militares hondureños han sido ejecutores de violaciones de los derechos humanos y de imposición de dictaduras o de democracias vigiladas. Cualquiera que no se oponga a esta actuación del Ejército se hace cómplice de una lamentable actitud que ha causado miles de muertos en el pasado, y que puede causarlas en el futuro. Se compartan o no las decisiones de un presidente.

El Sahara y el olvido

Hace unos días el Instituto Cervantes celebró el Día del Español, el 20-E. Hispanoparlantes y estudiantes de castellano de todo el mundo elegían y votaban sus palabras favoritas. Una iniciativa imaginativa y de indudable éxito. Ese mismo día recibí un mensaje de alguien que quería introducir una palabra y no podía hacerlo. Era un saharaui y había tecleado la palabra olvido comprobando cómo el sitio web del Cervantes le respondía algo así como “usted no está autorizado para visitar esta página”. Lo intenté y, efectivamente, salía ese mensaje.

Fue, probablemente, sólo fruto de la casualidad. Pero las casualidades a veces son significativas. Los saharauis querían, eligiendo ese vocablo, recordar el olvido en el que han caído por parte de las instituciones gubernamentales españolas. El Instituto Cervantes incluido.

Habrá que recordar que miles de personas siguen sobreviviendo en la dura Hamada, en medio de la nada, exiliados de su tierra y de su mar. Habrá que recordar que hasta hace poco eran ciudadanos españoles, con todos los derechos, como tales, con sus documentos de identidad. Habrá que recordar que en ese lugar del desierto en el que han sido arrinconados por la historia mantienen viva, a duras penas, la lengua que un día les impuso España antes de abandonarlos a su suerte, antes de abrir la puerta al olvido.

Resulta increíble que el Instituto Cervantes no ponga en marcha ninguna iniciativa para que los saharauis sigan aprendiendo, sigan hablando, sigan comunicándose en español. Resulta inadmisible que un Instituto que debiera tener por objeto el impulso de la lengua española como vehículo de cultura y conocimiento, no esté por encima de la política coyuntural.

Siempre sucede lo mismo. Mientras están en la oposición los políticos españoles defienden a los saharauis con capa y espada. He presenciado como dirigentes del PSOE o del PP, estando en la oposición, acudían a marchas a favor del derecho de autodeterminación del Sahara, he viajado con ellos a los campamentos de Tinduf, nos hemos desplazado al muro que Marruecos construyó para reforzar su ocupación del Sahara Occidental. Esos mismos políticos, cuando han llegado al gobierno, han mirado para otra parte, han impuesto el olvido. Igual que en la página web del Instituto Cervantes.

(San) Vicente Ferrer

Nunca conocí, personalmente, a Vicente Ferrer. Nunca lo entrevisté, nunca hablé con él. Y sin embargo él me ha hablado a lo largo de muchos años. Hay seres humanos que proyectan su lección de vida con una fuerza arrebatadora y que nos ponen ante el espejo de nuestro conformismo, de nuestra indolencia.

Trabajar, vivir, compartir la miseria diaria con los más pobres de los pobres no debe ser una tarea fácil. Pero estoy convencido de que llega un momento en el que uno es consciente, después de vivir lo vivido, de que la vida no tiene sentido si no hay una comunión con los desheredados, si no se comparte con ellos la exclusión y también la esperanza por cambiar una realidad que sólo es inmutable si nos resignamos a no intentar transformarla. Y probablemente uno de los lugares donde más evidente se hace ese giro vital es en La India.

No soy quién, no soy la persona más indicada para hablar de Vicente Ferrer, de su medio siglo de compromiso con los parias, de su rebeldía pacífica y cotidiana contra la injustita de este mundo nuestro. La gente que trabaja en su Fundación, los miles de seres humanos junto a los que trabajó, junto a los que compartió sus sueños, frustraciones, alegrías y alientos serían los adecuados para escribir hoy estas líneas.

Inevitablemente su nombre invoca a otro personaje histórico, canonizado hace siglos, patrón de Valencia, San Vicente Ferrer. Un santo de biografía ambivalente, con grandes admiradores y también con detractores. Pero hay algo en lo que se puede establecer una similitud, más allá del nombre. En la hagiografía del santo valenciano se nos dice que uno de los milagros por los que fue elevado a la dignidad celestial fue el don de la palabra, porque “predicando siempre en su lengua Valenciana, le entendían los castellanos, los franceses, los vascos, los italianos del Piamonte y Lombardía ...”

Vicente Ferrer, el contemporáneo, el héroe de nuestro tiempo, con toda la plenitud que esa palabra, héroe, conlleva, también tuvo el don de la palabra. O más incluso. No necesitó de las palabras para hacerse entender. Su don fueron sus actos, su ejemplo, su compromiso, entendidos por quienes hablan otras lenguas lejanas. Ojalá lo entendamos todos.

Hortensia Bussi, memoria de Chile

Es la muerte de parte de la memoria contemporánea de Chile, de su conciencia. Pero siempre nos quedará su dignidad como ejemplo, como vocación de vida. Y en esa voluntad vital, en esa apuesta por no permitir el olvido, la muerte sale derrotada, su victoria indefectible resulta pírrica.

La pérdida de Hortensia Bussi tiene ese sabor amargo de lo ineluctable. Las calles de Santiago están hoy de luto. El invierno austral se ha adelantado unos días este año para helarnos un poco el corazón. Así estamos, así estoy, con el alma encogida. Hay gente, hay mujeres que nunca nos dejan indiferentes, que nos obligan a definirnos, que nos enseñan el camino del compromiso.

Conocí a doña Hortensia, a Tencha, en pleno proceso de su desexilio (ese término, ese espacio, ese sentimiento acuñado y delimitado por Benedetti). Su regreso a Chile, con el gran traidor Augusto Pinochet todavía detentando el poder que usurpó a Salvador Allende, no fue fácil, pero fue tan digno que a uno se le saltaban las lágrimas. Compartí con ella, en Santiago y después en Madrid, jornadas emotivas, cargadas de sentimientos, de lecciones de vida, de reflexiones abrumadoras. Si hay algo que siempre admiré en ella fue esa capacidad, difícil de encontrar en los seres humanos, de rebelarse contra el olvido pero sabiendo siempre mantenerse a salvo de la tentación de la venganza.

La muerte de Salvador Allende fue uno de los acontecimientos más trágicos de la historia de Chile y de América Latina. Hay pocas traiciones tan cobardes como la llevada a cabo por Pinochet, un general siniestro que ni siquiera fue capaz de mantener el juramento de lealtad que prestó ante el presidente constitucional de Chile. Por sus actos los conoceréis. Y a pesar del dolor, de la rabia, de la tristeza, doña Hortensia supo evitar que el odio le impidiera seguir comprometida con un futuro mejor para su país.

Por suerte, el tiempo coloca a cada cual en su lugar. Con el paso de los años la Historia empieza a hacer justicia. Pinochet ha quedado retratado como un vulgar salteador del poder, un felón, un acomplejado y sanguinario general, un ladrón, un miserable. Salvador Allende es el presidente que no aceptó rendirse ante la traición y la injusticia, enarbolando con su inmolación lo mejor de la tradición cívica de los chilenos. Y doña Hortensia es el horizonte construido recomponiendo las piezas rotas del alma. Pinochet será siempre un borrón en la historia de chilena. Salvador Allende y Hortensia Bussi son la dignidad inquebrantable de Chile. Seguro que a estas horas Salvador y Tencha se han reencontrado en las grandes alamedas de un paraíso que acoge a las mujeres y los hombres libres. Brindo por ellos.

Gaza, loqueada

Recibo, desde el Comité Español de la UNRWA, la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos, un comunicado firmado por distintas organizaciones que voy a reproducir a continuación. Habla de la situación en Gaza, del intolerable bloque impuesto por Israel a esta estrecha y densamente poblada franja de territorio que los israelíes han convertido en el mayor campo de concentración a cielo abierto del mundo y en uno de los más terribles infiernos sobre la faz de la tierra. Mis palabras hoy las ponen otros, probablemente más preparados y con más datos aún que yo.

Declaración de las Organizaciones Humanitarias, Organizaciones no Gubernamentales y Organizaciones de las Naciones Unidas trabajando en el territorio Palestino ocupado en el Segundo Aniversario del bloqueo de Gaza

Jerusalén, 17 de junio de 2009:

Nosotros, las Naciones Unidas y las Organizaciones Humanitarias no Gubernamentales que trabajan en el territorio Palestino ocupado, condenamos enérgicamente el bloqueo de la Franja de Gaza que lleva en vigor dos años. El bloqueo al cual han sido sometidos 1,5 millones de personas ha sido descrito por los altos cargos de Naciones Unidas y los líderes del mundo como un castigo colectivo, en violación del Derecho Internacional.

El volumen de bienes admitidos en la franja de Gaza bajo el bloqueo supone una cuarta parte de lo que se permitía con anterioridad al mismo. A pesar de que se permite la entrada de ocho de cada diez camiones cargados de alimentos, éstos solo tienen autorización para transportar 18 productos alimenticios básicos. Las semillas para la agricultura y los aportes cárnicos como los terneros, entre otros muchos productos, están prohibidos con lo que la población no pude paliar las deficiencias nutricionales que padecen. Incluso la ropa y los zapatos, los juguetes y los libros de texto están sistemáticamente prohibidos.

La población civil, en particular las mujeres, niños y ancianos, son víctimas de estas sanciones punitivas que les priva de la mayoría de los artículos básicos para mantener siquiera un mínimo nivel de vida. Asimismo, restringe severamente nuestra capacidad de ofrecer ayuda y asistencia al tiempo que aumenta la dependencia de la ayuda en Gaza a un nivel sin precedentes. Desde hace casi 6 meses, miles de personas viven en edificios dañados por la ofensiva israelí en Gaza. Estas personas continuarán viviendo en la más profunda miseria debido a que la prohibición de materiales de construcción continúa estrictamente en vigor.

Exigimos la apertura de los cruces en Gaza, de conformidad con los acuerdos internacionales y de conformidad con el reconocido universalmente los derechos humanos internacionales y normas del derecho humanitario.

La política de bloqueo a la Franja de Gaza está creando una atmósfera de privación que sólo puede hacer arraigar más la sensación de desesperanza y desesperación entre la gente. La población de Gaza necesita que se le muestre una alternativa de esperanza y dignidad. Permitiendo el desarrollo humano y la prosperidad es un primer paso fundamental hacia el establecimiento de una paz duradera.

Netanyahu y Palestina

Resultaría hilarante y patético, si no fuera por lo indignante, leer y escuchar las interpretaciones, los análisis que los dirigentes europeos y estadounidenses han realizado sobre el discurso del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, para tratar de evadir lo obvio: que no contiene nada nuevo sino la voluntad expresa del líder israelí y de quienes le apoyan, directa o indirectamente, para que Palestina nunca pueda existir.

El discurso de Netanyahu es el mismo que esbozó cuando accedió a la jefatura del gobierno de Israel por primera vez en 1996. Si de algo no se le puede acusar es de incoherencia. Lo único que varía son las excusas. Netanyahu nunca ha estado dispuesto a aceptar la existencia de un estado palestino. El primer ministro israelí siempre ha tenido un compromiso claro, manifiesto, y que nunca ha sido precisamente con la paz. Su compromiso ha sido siempre el de impedir que los palestinos lleguen a tener algún día su propio país.

Netanhyahu sabe, o cree saber, que el tiempo corre a su favor. Los asentamientos judíos en los territorios ocupados siguen creciendo mientras el espacio vital palestino se va reduciendo, tanto en territorios como en recursos. Lo que pretenden los dirigentes israelíes, no sólo Netanyahu, es que en un determinado momento la existencia de un estado palestino resulte inviable y los palestinos tengan que resignarse, aceptar ser unos parias, sometidos a la voluntad de Israel.

Netanyahu y los demás dirigentes israelíes saben que Barack Obama no va a estar permanente en la Casa Blanca y ahora se trata de hacer que el tiempo corra mientras la ocupación va minando a la población palestina y a sus instituciones, escasas y débiles. La política de Israel ha sido siempre la misma, desde antes incluso de iniciar su andadura como Estado hasta nuestros días: una sistemática limpieza étnica, un acorralamiento de los palestinos para expulsarlos de la tierra en la que nacieron y en la que han vivido por decenas de generaciones.

Da vergüenza ajena la hipocresía de Occidente, de Estados Unidos, de la Unión Europea, que tanto se preocupan estos días por la situación en Irán mientras durante décadas se ha permitido e incluso apoyado una ocupación brutal como la ejercida por Israel en los territorios palestinos. Estados Unidos y la Unión Europea son cómplices de esa ocupación, de una alianza vergonzosa con Israel, un país que practica el terrorismo de Estado, que viola sistemáticamente la legislación internacional y las convenciones de Ginebra, que practica la tortura y el asesinato indiscriminado; un Estado que, en definitiva, lleva décadas cometiendo crímenes de lesa humanidad. Como español y como europeo siento vergüenza e indignación. Y Palestina sigue resistiendo.

Irán, en la encrucijada

Hace ahora 12 años, contra todo pronóstico y contra el núcleo duro del régimen iraní, se alzó con la victoria en las elecciones presidenciales de Irán un líder carismático, reformista y dialogante, Mohamed Jatamí, que concitó la esperanza de cambio de millones de iraníes, sobre todo mujeres y jóvenes urbanos, que exigían un cambio en el integrismo medieval impuesto por el régimen teocrático.

Estos días, el escenario previo a las elecciones ha sido muy similar. De nuevo jóvenes y mujeres han impulsado a un candidato, Mir Hosein Musavi, en el que han proyectado sus anhelos de una sociedad menos encorsetada y más libre. Pero el resultado ha sido diferente. Oficialmente Musavi no ha obtenido la victoria que ha sido otorgada al actual presidente y candidato a la reelección Mahmud Ahmadineyad, representante del sector más intransigente del régimen.

La victoria de Jatamí, en 1997, cogió con el pie cambiado a la jerarquía iraní, que se vio forzada a reconocer su victoria. Un triunfo que impulsó toda una corriente reformista que desafió la estructura de poder del régimen. Éste, viéndose políticamente amenazado, puso en marcha un proceso de boicoteo sistemático de cualquier reforma que Jatamí y sus seguidores pudieran impulsar. Pese a ser reelegido en 2001, la presidencia de Jatamí pasó a la historia marcada por la frustración de los sueños no cumplidos y demostrando que un cambio desde dentro del régimen parecía inviable.

Ahora el régimen iraní no quiere correr ningún riesgo e impone la victoria de Ahmadineyad. Haya obtenido o no más votos, el sistema electoral iraní, con el Consejo de Guardianes eliminando a los candidatos que no considera “idóneos”, actúa de manera determinante sobre el resultado. Pero en esta ocasión se ha encontrado con la calle, con esos jóvenes y esas mujeres que están ya hartos de que pisoteen sus derechos, frustren sus expectativas, les impongan una teocracia en pleno siglo XXI. Ellos saben que el propio régimen no permitirá las reformas que desean y por eso han salido a las calles. No parece tanto la defensa de un determinado resultado electoral como la toma de conciencia de que los cambios tendrán que ser peleados con uñas y dientes.

No lo van a tener fácil. El régimen iraní cuenta con un engrasado aparato represivo y está dispuesto a utilizarlo. Pero Irán y los iraníes parecen haber llegado a una terrible encrucijada: o luchan por el cambio o se resignan a la frustración.

REBELIÓN INDÍGENA EN PERÚ

Escuchaba hace unos días al presidente de Perú, Alan García, afirmar que “no son ciudadanos de primera” los indígenas que se habían movilizado contra la nueva Ley Forestal. Una norma que abre las puertas a una nueva explotación de la Amazonía del nordeste peruano. Me sobrecogió no sólo por lo que decía, sino sobre todo por el tono en el que lo decía. Para el presidente peruano no eran más que “indios”, con toda la carga de de siglos de desprecio acumulados, difíciles de ocultar.

Lo ocurrido esos días en la Amazonía peruana se ha contado en los medios, aunque tengo mis dudas de que se haya explicado en profundidad. Se ha hablado de muertos, de violencia, de bloqueos de carreteras, pero siempre anteponiendo una versión oficial, más que dudosa sobre lo acontecido, al relato de quienes lo vivieron y lo sufrieron.

Esa versión oficial ha descrito algo así como un grupo de salvajes avasallando a los civilizados policías y soldados peruanos que, siguiendo órdenes de Lima, intentaron restablecer la normalidad. Y claro, hay salvajes que no se dejan civilizar y hay que civilizarlos a la fuerza. Las imágenes parecen confirmar esta versión oficial: indígenas con el rostro pintado y empuñando lanzas y flechas acosando a agentes perfectamente uniformados que sólo intentaban mantener el orden, apenas armados con fusiles automáticos y apoyados por helicópteros artillados. Perdonen la ironía pero es que el imaginario de los hechos es tan manipulador como los discursos de cualquier presidente.

No voy a hacer un canto al buen salvaje. No digo que los indígenas, por el hecho de serlo, tengan que ser considerados más inocentes o menos brutales que quienes no lo son. Pero la disparidad de medios y de fines es tan abrumadora que provoca indignación. Y sobre todo parece ocultarse el fondo de la cuestión.

La nueva Ley Forestal abre la puerta a una explotación de los recursos naturales, de los bosques tropicales, de las materias primas que no es nueva. Leía un informe de una organización naturalista en el que se trazaba una similitud de esta nueva Ley y lo ocurrido hace un siglo, cuando la fiebre del caucho abrió la Amazonía peruana, como la brasileña o la colombiana, a la extracción de ese recurso natural. Se presentó como el avance de la civilización y el desarrollo. La realidad fue que generó unas cuantas fortunas de tipos aventajados a cambio de explotación, esclavitud y miseria para los pueblos que habitaban la región. No hubo desarrollo, no hubo mejoría en las condiciones de vida de la población autóctona.

Varias organizaciones de derechos humanos, de defensa del medio ambiente y del mundo indígena han pedido una investigación imparcial sobre lo ocurrido. Incluso han denunciado que las fuerzas de seguridad peruanas han estado haciendo desaparecer los cadáveres de indígenas acribillados.

Recuerdo lo sucedido en Perú justo hace 23 años, cuando hubo un motín en tres penales de máxima seguridad, El Frontón, Lurigancho y Santa Bárbara. Los presidiarios, la mayoría pertenecientes a Sendero Luminoso, una organización que había hecho del terror su modus vivendi, protestaban por las duras condiciones de vida y por el retraso en los procesos judiciales en los que estaban acusados de terrorismo. El entonces presidente, Alan García (será casualidad), permitió una matanza en la que se estima que al menos 200 reclusos fueron masacrados cuando ya se habían rendido. Esos mismos días se celebraba en Perú un congreso de la Internacional Socialista, a la que pertenece el partido de Alan García, el APRA. Había que ocultar la realidad. ¿Ocurre lo mismo ahora?

UN INSTITUTO DE CINE PARA CENTROAMÉRCIA

No existe el cine, como arte, en Centroamérica. No existe en cuanto a la producción propia. Las pocas películas centroamericanas que se ruedan lo son, en general, producto de un voluntarismo y un esfuerzo ímprobos. Apenas cuentan con apoyo, no sólo financiero, sino de distribución y de apertura de mercados. Así el cine que se hace en Centroamérica se convierte en algo artesanal y marginal, salvo escasas excepciones.

No existe tampoco el cine, en cuanto a su exhibición. O existe de manera engañosa, exclusivamente comercial. La inmensa mayoría de las películas que se exhiben en los países centroamericanos son grandes producciones de Hollywood, respaldadas por fuertes campañas publicitarias y exhibidas en salas de centros comerciales que responden al modelo consumista de “usar y tirar”.

El otro cine, el cine que tiene que ver con la cultura, no con el mero espectáculo, ya sea estadounidense o europeo, apenas llega a algunas pocas salas que mantienen las películas en cartel sólo uno o dos días (una semana es un auténtico lujo). Por no hablar del cine latinoamericano, del que casi nadie parece tener conocimiento. No hay vasos comunicantes que permitan a las distintas américas asomarse las unas a las otras.

“Si los vacíos son tan grandes, hay que conseguir llenarlos”. Con esta frase me explica el cineasta español Luis G Valdivieso su gran proyecto: la creación del Instituto Centroamericano de Cine y Televisión. Luis vive desde hace años en El Salvador, un país, en una región, Centroamérica, que enamoran porque aquí la vida sigue siendo algo intenso, apegado a los sentimientos, con pasiones y frustraciones, con cansancios y renaceres.

Desde hace tiempo Luis G. Valdivieso fue consciente de algo que es moneda común en estos países. “La cultura es como una hermana pobre”. Siempre hay otras prioridades, siempre se destinan los fondos a otros asuntos. Pero sólo aquellos países que cuentan con una cultura fuerte acaban logrando un desarrollo consolidado.

En estos días de cambio histórico en El Salvador parece que se repiten los viejos esquemas, y la cultura sigue sin ser una prioridad. Pero hay gente dispuesta a torcer ese mal curso de la historia. El Instituto Centroamericano de Cine y Televisión es ya algo más que un sueño, es un proyecto bien entretejido. Se espera que cuente con apoyo de la iniciativa privada, y también con fondos públicos, como los de la Cooperación Española, porque apostar por la cultura es apostar por el desarrollo. Luis confía en que el Instituto pueda ver la luz el año próximo. Lo celebraremos.

Fran Sevilla


(Corresponsal de Radio Nacional en América Latina) Puede ser sólo una casualidad, pero son a menudo las casualidades las que confieren valor a determinados momentos. El caso es que este blog se inicia en Perú, tierra de grandes escritores. Para mí es una casualidad porque peruano es uno de mis escritores de culto y aquí escribió una novela que en su día me marcó el rumbo, más incluso que por su contenido, tan bello como duro, por su nombre: hablo de Ciro Alegría y su obra “El mundo es ancho y ajeno”.
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