Justicia universal en cuarto menguante
Se había anunciado hace ya unos meses y el Congreso español ha aprobado finalmente la limitación, la jibarización del principio de Justicia Universal para encasillarla sólo a los casos que afecten a españoles. Es decir que los crímenes de Lesa Humanidad que sigan produciéndose en el mundo ya no serán perseguibles por las autoridades judiciales españolas, salvo en el caso de que afecten a ciudadanos de mi país. Es decir, España, el parlamento español, deja de considerar que los seres humanos somos iguales, titulares de los mismos derechos, con la misma necesidad de que se nos haga justicia, hayamos nacidos donde hayamos nacido.
O sea, que si a mí me ocurre algo, si me asesinan, si me torturan, si me violan, en medio de un golpe de estado, de una guerra, en algún país del mundo en el que son igualmente asesinados miles de ciudadanos, violadas miles de mujeres, torturados miles de seres humanos, la justicia española podrá actuar porque me han asesinado, torturado o violado a mí, no por lo ocurrido con los otros miles de personas. O sea que yo soy ciudadano de primera y valgo más que miles de seres humanos. Pues no, gracias, rechazo ese honor, me rebelo contra ese privilegio. Yo no valgo más, por haber nacido donde he nacido, por tener el pasaporte que tengo, que tantos miles de mis congéneres que viven, padecen y mueren en condiciones mucho más ignominiosas. No, gracias, señorías, no me otorguen esa condición de ser superior.
El principio de Justicia Universal, de Jurisdicción Universal para los delitos de Lesa Humanidad fue una de las mayores conquistas que se habían logrado en el difícil y tortuoso camino hacia un mundo más justo. Era un ejemplo para el resto. España era conocida en el escenario internacional por varias razones, no todas ellas para sentirse orgullosos. Pero la aplicación del principio de Justicia Universal sí era motivo de orgullo.
Ahora es un motivo de tristeza. Pero no veo tristes a sus señorías. Sólo veo cortedad de miras, estrechez de objetivos, nacionalismo pacato. Lo siento, no me siento representado por quienes cercenan los sueños de un mundo mejor.



