Impunidad para los asesinos de Couso
Se veía venir. Flotaba en el ambiente. Parecía cantado. Desde que se inició la resaca, el movimiento de retirada, la renuncia al principio de Jurisdicción Universal, estaba claro que nada de lo avanzado hasta ahora iba a quedar igual. Y la Audiencia Nacional ha sido rápida en dar carpetazo al caso de los asesinos de José Couso.
No existe una relación directa entre lo legislado hace unas semanas por el parlamento español, dando marcha atrás al principio de Jurisdicción Universal para los delitos de Lesa Humanidad, y el asesinato de Couso. De hecho, según la nueva legislación aprobada por el Congreso de los Diputados al tratarse de un ciudadano español la causa podría seguir. Pero en el fondo subyace la misma concepción, el mismo espíritu pacato, reaccionario y retrógrado.
El argumento de los magistrados de la Audiencia Nacional para que el expediente de Couso pase a dormir el “sueño de los injustos” resulta demoledor. Sus Señorías consideran que tiene mayor peso, mayor credibilidad, mayor fundamento jurídico la vaga argumentación de los militares estadounidenses que dispararon contra el hotel Palestina que el testimonio de los periodistas que vivieron, que vivimos directamente lo ocurrido y la tragedia que supuso.
Nadie, en el hotel Palestina, vio aquel día ni un solo francotirador, ni un solo miliciano o soldado iraquí armado. Pero sí lo vieron desde el tanque situado a más de un kilómetro de distancia los responsables de aquel mortal disparo. Sus Señorías creen que la justificación de los estadounidenses, que llevaban a cabo una invasión ilegal e inmoral, es más creíble que quienes trataban de contar al mundo, jugándose el tipo (y a Jose le costó la vida), la realidad de aquella barbarie.
Aquel 8 de abril resulta imposible de olvidar para quienes estábamos en Bagdad, para todos los amigos de Jose. Fue uno de los peores días de nuestras vidas, en lo profesional y en lo personal. Lo decidido por la Audiencia Nacional no hace sino confirmar esa categoría de día aciago y esa sensación de que seguimos viviendo en un mundo en el que la injusticia es la norma cuando uno se enfrenta a los poderosos, que la impunidad sigue siendo la regla, la impunidad de la que gozan los asesinos de José Couso. Pero su familia no se da por vencida, como tampoco lo hacemos sus amigos ni lo hacen todos los que siguen apostando por un mundo más justo.



