2 posts de agosto 2009

La situación en Honduras

Han pasado ya dos meses desde que los militares hondureños, al más puro estilo matón que ha caracterizado durante décadas a los militares de Honduras y de muchos otros países latinoamericanos, sacaron a punta de pistola al presidente Manuel Zelaya de su cama para introducirlo, en pijama, en un avión militar y llevarlo al exilio. Aunque la secuencia es sabida, conviene recordarla de vez en cuando para que no se olvide. Porque en ese acto de insubordinación radica el meollo de la cuestión.

La misión de ministros de Asuntos Exteriores de la OEA que ha visitado recientemente Honduras ha salido con las manos vacías por la intransigencia de un gobierno de facto que sigue intentando negar la realidad que demuestran obstinadamente los hechos: lo ocurrido en Honduras fue un Golpe de Estado, y lo que ha surgido después, desde el nombramiento como presidente de Roberto Micheletti a todas las demás medidas legislativas y judiciales se sustentan y están por tanto contaminadas por el Golpe militar previo.

La argumentación que esbozan algunos, tanto el gobierno de facto hondureño como quienes desde el exterior muestran su comprensión, de que Zelaya era impopular y que había violado la Constitución es inadmisible. Si el presidente actuó de forma ilegal, tendría que haber sido sometido a un proceso de destitución con todas las garantías que establecen las leyes para esos casos. No ocurrió así. Incluso no quieren reconocer la contradicción que supone acusar a Zelaya de violar la Constitución y admitir que se violara esa misma Constitución que establece que ningún hondureño puede ser expatriado por la fuerza.

Poco se habla ya de cuál es la situación dentro de Honduras. Poco a poco va cayendo en el olvido. Pero el mismo día en que se han cumplido dos meses del Golpe de Estado el vicepresidente segundo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el abogado chileno Felipe González, ha asegurado que en Honduras “hay un cuadro grave de violación de derechos humanos”. González formaba parte de la misión de la CIDH que visitó recientemente este país centroamericano y cuyas conclusiones son demoledoras. A continuación se reproducen, de manera textual, los puntos destacados por la misión sobre lo que pudo apreciar en Honduras.

-Represión contra manifestaciones a través de la colocación de retenes militares, aplicación arbitraria de toques de queda, detención de miles de personas, tratos crueles, inhumanos y degradantes y malas condiciones de detención.

- Muerte de cuatro personas y varios heridos de arma de fuego. La Comisión recibió información que podría vincular estas muertes con el accionar de agentes del Estado.

- Entre 3.500 y 4.000 personas fueron detenidas arbitrariamente por la policía y el ejército durante las manifestaciones.

- Del 24 al 27 de julio entre 4.000 y 5.000 personas quedaron atrapadas entre los retenes militares en la zona fronteriza con Nicaragua (en el departamento de El Paraíso) durante el toque de queda, sin acceso a alimentación y agua, y fueron reprimidos con gases lacrimógenos.

- Los detenidos sufrieron heridas por balas de plomo, palizas con bastones policiales y otros objetos contundentes de hule, hierro y madera. Además, por el uso indiscriminado de gases lacrimógenos para disuadir la manifestación.

- La información fue controlada a través del cierre temporal de algunos medios de comunicación, su ocupación militar, y la prohibición de emitir señal a ciertos canales de televisión por cable que informaban sobre el golpe de Estado. También hubo cortes de energía eléctrica que afectaron la transmisión de medios audiovisuales que informaban sobre el golpe de Estado.

- Agresiones y amenazas a periodistas de medios de distintas posiciones editoriales.

- Afectación del derecho a la educación infantil a causa del paro de los maestros.

- Numerosas mujeres fueron objeto de tratamiento abusivo, que incluyó manoseos, y al menos una fue violada.

- Algunos jueces ejecutores del 'hábeas corpus' han sido maltratados, amenazados e intimidados para que no realicen sus funciones.

- El toque de queda (ya suspendido) no estaba justificado. La suspensión de garantías no fue escrutada judicialmente, pese a haber sido cuestionada por varios recursos de amparo.

Sobra cualquier comentario o añadido.

El "éxito" de Afganistán

“Prefiero llevar el burka, es lo único que realmente me protege”. Farida era una mujer joven (ojalà lo siga siendo) cuando la conocí hace más de siete años. Era una mujer que había logrado burlar, de alguna manera, la condena al ostracismo y la ignorancia que el régimen talibán había impuesto a las mujeres afganas. Había conseguido profundizar en unos precarios estudios; aún así era mucho más de lo que lograba la media de las mujeres afganas. Pero en aquel momento, cuando la invasión occidental se había culminado y parecía que de los talibanes sólo quedaba el mal recuerdo, Farida no se fiaba.

“Si no voy oculta por las calles me arriesgo a que cualquier hombre, sea o no talibán, me insulte, me golpeé o incluso me viole. En mi propia familia me señalarían con el dedo. No creo que la situación vaya a cambiar mucho aunque haya tropas extranjeras ocupando mi país”, añadía Farida con cierto tono de fatalidad. El tiempo parece haberle dado la razón.

Resulta difícil explicar a día de hoy, casi ocho años después de la caída del régimen talibán y su sustitución por un régimen sustentado únicamente en las tropas internacionales, que las cosas no hayan ido a mejor. Y no lo han ido. Resulta patético leer la proclama de éxito aireada por la OTAN sobre las recientes elecciones.

Resulta insultante sustentar a un régimen que aprueba leyes como las que autorizan al marido a negar la comida a su esposa si no le satisface sexualmente, a prohibirle salir a la calle, tener vida propia, ser un ser humano. La misoginia no era exclusiva de los talibanes. El régimen que preside Hamid Karzai mantiene o incluso profundiza las viejas estructuras de dominación del hombre, el patriarcado retrógrado, que apenas se distingue de los talibanes en aspectos meramente formales, sin ir sentando verdaderamente las bases de un cambio en profundidad.

Incluso las elecciones están marcadas por denuncias de fraude, de voto indefectiblemente orientado por las ancestrales querencias tribales. De la prometida reconstrucción con la que se quiso revestir hace años la presencia de las tropas de la OTAN no hay ni el más mínimo asomo. La inmensa mayoría de la población sigue sumida en la mayor de las miserias, la inmensa mayoría de las mujeres siguen teniendo que utilizar el burka. Y esas tropas se dedican básicamente a una guerra que sólo beneficia a las grandes compañías suministradoras de material bélico. Porque el único comercio que prospera en Afganistán es el de las armas. Las armas supuestamente legales que compran los países de la OTAN, las de los contrabandistas que compran los talibanes. Al final el origen de unas y de otras es el mismo y benefician a las mismas empresas.

Y mientras la guerra se ha convertido en un fin en sí mismo, imagino que Farida sigue saliendo a la calle embutida en un burka, no porque no quisiera desprenderse de él, sino porque, como ella intuía hace ya un tiempo que parece una eternidad, nada ha cambiado.

Fran Sevilla


(Corresponsal de Radio Nacional en América Latina) Puede ser sólo una casualidad, pero son a menudo las casualidades las que confieren valor a determinados momentos. El caso es que este blog se inicia en Perú, tierra de grandes escritores. Para mí es una casualidad porque peruano es uno de mis escritores de culto y aquí escribió una novela que en su día me marcó el rumbo, más incluso que por su contenido, tan bello como duro, por su nombre: hablo de Ciro Alegría y su obra “El mundo es ancho y ajeno”.
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