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Lluvia mortal en el Salvador

La carretera que sube de Comalapa, junto al Pacífico, donde está el aeropuerto Internacional de El Salvador, a San Salvador, anunciaba el desastre. Y eso que se trata de una autopista relativamente moderna, de doble carril por sentido. El agua corría a raudales. Cada pocos metros los derrumbes habían invadido el asfalto, esparciendo rocas, tierra, árboles y ramas por todas partes. En la noche del sábado, subiendo desde Comalapa a San Salvador se intuía la catástrofe. En la mañana del domingo, era la confirmación.

Si la principal carretera que comunica San Salvador con la costa del Pacífico estaba en esas condiciones, otras carreteras, otras zonas aparecían desoladoras. Ha caído tanta cantidad de agua que las montañas se han venido abajo, arrastrando todo a su paso. Los ríos se han desbordado, convertidos en torrentes desbocados. Al menos un centenar de personas han muerto, decenas han desaparecido. Centenares de viviendas han quedado destruidas, arrasadas. Muchas carreteras y caminos han desaparecido, borrados por la furia de una naturaleza desatada.

La confluencia de dos fenómenos atmosféricos, de un frente de bajas presiones del Pacífico unido a las colas del huracán Ida, se ha transformado en una lluvia mortal, de diluvio sin fin. La catástrofe se ha enseñoreado, una vez más, en Centroamérica, en el más pequeño de sus países. Son países, lo es El Salvador, privilegiados por una naturaleza exuberante, de una belleza arrebatadora. Pero parece que el mismo privilegio otorgado conlleva su propia maldición. Esa misma naturaleza generosa se transforma de madre en madrastra cuando, como un capricho de los dioses, decide recordarnos que somos mortales y que nada podemos ante ella.

Bueno, tampoco es exactamente cierto que no se pueda hacer nada. Detrás de lo que llamamos catástrofes o desastres naturales se adivina también la mano del hombre, o incluso su ausencia. El Salvador, como el resto de los países centroamericanos, está marcado por una miseria ofensiva. La mayoría de la población vive en una precariedad abrumadora. Miles de seres humanos habitan precarias viviendas a orillas de los barrancos, de las torrenteras, en laderas deforestadas. Mientras el cielo se venía abajo sobre El Salvador leía un reportaje en un diario salvadoreño sobre cómo se alquilan chabolas en lugares donde se sabe que la próxima riada los arrastrará. Pero para muchos salvadoreños no hay otra opción. Porque la miseria no concede alternativas. Ninguna de las casas arrasadas en estas trágicas horas eran mansiones de centenares de miles o de millones de dólares. La naturaleza no discrimina entre ricos y pobres. Es un sistema, un modelo socioeconómico, profundamente injusto el que lo hace.

6 Comentarios

Lo que usted narra tan bien, es terrible ,parece ciencia ficción como si hablase de un mundo en una evolución primaria , un mundo en le que sus habitantes no tubieran alternativas , un mundo en el que aún no supieran ni comunicarse y estuvieran desposeidoas de inteligencia. Un mundo de ratas inmundas.

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Sí es cierto que la Naturaleza, de vez en cuando, se pone flamenca y nos recuerda cuál es nuestro lugar. Pero siempre se nos olvida lo suficientemente rápido como para que nos volvamos a sorprender, a veces a los quince días del suceso anterior.
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Cuando ocurren este tipo de llamadas de atención nos estremecemos de miedo y nos arrebujamos en la manta cálida de nuestros hogares bien construidos y pensamos que tenemos suerte de vivir en un país civilizado donde las bajas por cataclismo o actos de Dios (esa expresión anglosajona me puede, en serio) serán siempre menores que en esos lugares. Luego pasa lo del Katrina en Nueva Orleans y tenemos que revisar nuestra definición de país civilizado.
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Ese mundo civilizado ha creado un espejismo que se llama bienestar al que la gente debe acudir en manada dejando todo lo que es y tiene detrás. Por ello es indispensable emigrar a una ciudad, alquilar una chabola en una torrentera, trabajar de sol a sol por una miseria de jornal que se va en ese alquiler y en el malvivir. Porque si no se hace eso no es nada.
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Ese espejismo impide que haya comunicaciones y buenas infraestructuras con zonas alejadas de los núcleos urbanos; impide que haya una educación y formación profesional de calidad fuera de las ciudades; impide el desarrollo del mundo rural, con una industria que no sea la de las macroexplotaciones de capital extranjero. Porque si existiera todo eso no habría masas hambrientas a las que manipular y alucinar con el espejismo; habría sólo personas que viviesen en el entorno en el que nacieron, que conociesen las leyes de la Naturaleza tan bien como las del hombre y que pudieran buscar cobijo cuando la madre ruge de impotencia ante las pocas luces de sus hijos.
Me ha gustado mucho tu comentario, Fran. Un saludo.
J.H.

Saludo Ispanoamericanos, perdonen mi ortografia dada a no aber tenido el pribilegio de poder estudiar mucho por haber nacido pobre y en mi pais Cuba para para los años curenta y cincuenta y viviendo en el campo no teniamos escuelas y las pocas que habian era para los que tenian con que pagar que le pasaban el dinero a los politicos de turno para combenensia de ellos y de manera que sus hijos no tubiesen problema. Y porque digo esto estoy segura que la gran mayoria que murio en S. Salvador eran personas pobres y analfabetas que no tenian recurso para estar informados ni para donde albergarse que podian hacer los pobres. Me duele tanto que pasen esas cosas no solo en nuestra America y en todo el mundo que alla algien que sufra alli esta mi corazon.Mi DIOS se apiade de los que estan vivos y les prepare una vida mejor. Cariño para uds. mis queridos Españoles son parte de mi familia, DIOS LES BENDIGA, SIEMPRE.

Un mundo injusto, sí así es la historia, la sumatoria de esto y algunos pequeños cambios.

Estoy de acuerdo con la descripcion de Fran hace de lo acontecido en mi pais, El Salvador, pero no puedo menos que ofenderme por la opinion del señor de Larrosa, pues llamar a un ser humano, independiente de su condicion rata inmunda, me parece no menos que ofensivo, y me extraña de alguien que segun estuve navegando parece ser dotado de una inteligencia privilegiada.
No señor Larrosa, las tragedias suceden en todas partes, y si tiene razòn cuando se mestra desconcertado por la falta de comunicacion, pues es natural que le parezca tan inverosimil esta situaciòn en pleno siglo XXI, pero lo es asi para usted que ha crecido en un paìs con mejores oportunidades, donde se puede desplazar a donde le venga en gana y hacer lo que quiera, pero no es asi para todo el mundo y me parece que su comentario lejos de mostrar compasion por sus congeneres humanos, muestra un espiritu inmisericorde, pues las personas que murieron, probablemente no tenian muchas opciones.
En mi pais, casi la mitad de las personas han migrado a los Estado Unidos, y conforman una de las minorias mas desprovistas, nuestro paìs es pequeño, pobre, sin recursos abundantes, y lo peor que las mentes brillantes que florecen, rapido son contratadas para migrar.
Pero al margen de eso, sepa que desde mi punto de vista, no deberia expresar semejantes improperios , sin mostrar un poco de compasion por personas que po las razones que sean no tenian la culpa de lo acontecido.

tenfsdafds

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Mi comentario

Fran Sevilla


(Corresponsal de Radio Nacional en América Latina) Puede ser sólo una casualidad, pero son a menudo las casualidades las que confieren valor a determinados momentos. El caso es que este blog se inicia en Perú, tierra de grandes escritores. Para mí es una casualidad porque peruano es uno de mis escritores de culto y aquí escribió una novela que en su día me marcó el rumbo, más incluso que por su contenido, tan bello como duro, por su nombre: hablo de Ciro Alegría y su obra “El mundo es ancho y ajeno”.
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