Ciudad Juárez llora por Navidad
Hay personas que parecen predestinadas para hacer que nos miremos al espejo, para obligar a la sociedad a mirar su imagen reflejada en el azogue. Esther Chávez era, sigue siendo una de esas personas, aunque se haya ido. Siempre me he preguntado por qué, en un léxico profundamente machista, ser persona lo es en femenino. Lo es no sólo en su expresión lingüística.
Yo sé que a mucha gente en España, que a mucha gente en América Latina, que a la mayoría de la gente en el mundo, el nombre de Esther Chávez le resultará desconocido. Es lo que se puede esperar en este mundo nuestro, en el que la gente verdaderamente importante no es precisamente la que aparece en los medios de comunicación, demasiado a menudo constructores de una realidad ficticia.
Esther Chávez nunca salió en los programas y revistas mal llamadas “del corazón”. Y sin embargo su corazón era uno de los más grandes, de los más abiertos, de los más profundos. Esther Chávez fue la mujer que en 1993 empezó a consignar, con datos concretos, el terrible feminicidio en Ciudad Juárez. Fue anotando todo lo relativo a las mujeres que aparecían asesinadas en esa ciudad de desierto, de frontera, de inhumanidad. Los nombres de “las muertas de Juárez”; dónde habían sido secuestradas, cómo habían aparecido, dónde habían aparecido, quiénes las habían encontrado. La larga e ignominiosa lista de feminicidios, que no ha dejado de crecer hasta nuestros días.
Esther Chávez fundó Casa Amiga, el primer refugio para mujeres víctimas de la violencia de género, de la violencia machista, en todo el norte de México. Se enfrentó a los asesinos y a sus muchos cómplices. A todo un aparato de impunidad y corrupción cuyo común denominador era el total desprecio por las mujeres.
Y nos ha abandonado esta Navidad. Esther Chávez se nos ha ido, dejándonos una sensación de enorme vacío, pero al mismo tiempo de convicción de que ser valientes en medio de la cobardía es una forma de vivir siempre. Ciudad Juárez llora, por Navidad, su ausencia.
Me gustaría creer que existe un Cielo al que van quienes, como Esther Chávez, ojalá nunca se hubieran ido. En ese Cielo habrá ángeles, y, sobre todo, habrá ángelas. Una vez me atreví a parafrasear a Bertolt Brecht, y a sugerir que si hubiera vivido en nuestros días habrían cambiado ligeramente uno de sus textos, de sus versos más conocidos. Recordando a Esther Chávez, y a muchas otras, lo reproduzco:
Hay mujeres que luchan un día y son buenas,
hay otras que luchan un año y son mejores,
hay quienes luchan muchos años y son muy buenas,
pero hay las que luchan toda la vida,
esas son las imprescindibles.



