5 posts de marzo 2010

La impunidad en Honduras

Ya apenas se habla en los medios de comunicación de Honduras. La asunción de la presidencia por Porfirio Lobo y la nueva salida del país del derrocado presidente Manuel Zelaya se produjeron hace apenas dos meses, pero con los focos apuntando hacia Haití, asolado por el terremoto, poco fue lo que pudo leerse y contarse de una supuesta transición que en realidad fue la consumación del golpe de estado.

Probablemente el hecho más relevante, en términos simbólicos, de lo que realmente ha ocurrido sea el nombramiento, hace unos días, del hombre que ejecutó el golpe de estado, el general Romeo Vásquez, como gerente de la estatal Empresa Hondureña de Telecomunicaciones (Hondutel). El nombramiento se ha producido inmediatamente después de que el general Vásquez pasara a retiro desde la jefatura del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas.

Es significativo que un militar que ha violado la Constitución, que se ha sublevado contra el presidente legítimo, que le ha introducido en un avión expulsándole del país, contra el que según la fiscalía hay indicios de delito, sea premiado de esta manera. Me viene a la memoria la respuesta que me dio Porfirio Lobo cuando le pregunté si no temía, en caso de ser el nuevo presidente y si se consolidaba el golpe, como finalmente ha ocurrido, que se estableciera un precedente y tuviera que gobernar con la amenaza de que lo echen de la presidencia si no gusta lo que hace. Lobo aseguró que él nunca tendría problemas con los militares, y al día siguiente de su victoria electoral, en unos comicios de legitimidad más que discutible, lo primero que hizo fue reunirse con la cúpula militar. El nombramiento de Romeo Vásquez, el retiro dorado con el que ahora se le premia, confirma que, efectivamente. Lobo nunca tendrá problemas con los militares, y éstos serán los que sigan mandando, desde la sombra, en Honduras.

Mientras los golpistas hondureños se solazan y reciben recompensas, mientras Porfirio Lobo intenta reconstruir las relaciones con otros países aunque sin asumir las consecuencias del golpe de estado, mientras Washington apoya incondicionalmente al nuevo gobierno, las violaciones de los derechos humanos continúan, como continúan las amenazas y la violencia contra los que se atreven a denunciar. Incluso la ONG Human Rigths Wacht, ha expresado su preocupación por un hecho significativo: el asesinato, en lo que va de mes, de tres periodistas hondureños mientras otros son amedrentados y amenazados. Human Rigthts Wacht dice teme que sea una campaña para silenciar a los medios de comunicación, para imponerles docilidad y sumisión. Parece evidente. Forma parte de la consolidación de la impunidad en Honduras.

Calderón, en Ciudad Juárez

Es la tercera vez que el presidente mexicano, Felipe Calderón, visita Ciudad Juárez en el último mes. En medio de un impresionante despliegue de cinco mil policías, Calderón llegó a la que está considerada ya como ciudad más violenta del mundo. Quinientos asesinatos en lo que va de año así lo certifican.

Calderón ha viajado a Ciudad Juárez, no es difícil suponerlo, para intentar contrarrestar la imagen de inoperancia de su gobierno, de las autoridades federales, al igual que las del estado de Chihuahua, al que pertenece la ciudad, y de los dirigentes locales. El presidente mexicano ha reconocido la gravedad de la situación y ha dicho entender los recelos de los ciudadanos. Es decir, se ha mostrado muy comprensivo, lo cual parece obvio ante el reguero de sangre que corre por las calles Ciudad Juárez.

En esta ocasión ha habido, además, otro hecho cuyas consecuencias negativas parece querer paliar Felipe Calderón: el asesinato, en el fin de semana, de tres personas vinculadas al consulado general de Estados Unidos en Ciudad Juárez . Asesinatos cuyo móvil aún se ignora pero que, en cualquier caso, han causado la indignación del mismísimo presidente Barak Obama.

El presidente mexicano, en esta nueva visita a Ciudad Juárez, ha vuelto a echar mano de una retórica florida para hablar de la necesidad de garantizar la seguridad en esa localidad y de enfrentarse al desafío del crimen organizado y los cárteles de la droga. Pero no sólo con palabras se combate a esa tupida red tejida con muchos materiales de deshecho: desde el tráfico de drogas y armas, a la corrupción política, policial y judicial, el lavado de dinero, y los intereses financieros de quienes verdaderamente están detrás de ese lucrativo negocio.
En México son muchos los empresarios y acumuladores de grandes fortunas que, directa o indirectamente, se benefician del voluminoso negocio del narcotráfico. Y nunca se llega hasta ellos. Tampoco se habla nunca de combatir la sangrante injusticia social en un país abandonado al neoliberalismo económico más salvaje y desregulado. Ciudad Juárez es también un buen ejemplo.

No deja de ser paradójica, igualmente, la indignación de Obama. Estados Unidos, destino final de la mayor parte de la droga con la que trafican los cárteles mexicanos, tiene tanta responsabilidad o más que México a la hora de combatir el narcotráfico y la violencia. Pero nunca se apunta hacia ese otro aspecto, esa otra cara de la moneda. Por no hablar de la facilidad con la que las bandas ligadas al narcotráfico compran armas en el mercado libre estadounidense.

Estando en una ocasión en Ciudad Juárez, crucé al otro lado, a El Paso. A la ida tuve que identificarme con mi pasaporte. Al regreso, ni a un lado ni a otro del río Grande nadie me pidió una identificación o me preguntó adónde iba. Es difícil ver una frontera más permeable para lo que interesa que sea permeable. Mientras no haya un compromiso real, firme, y hasta las últimas consecuencias, por parte de los gobiernos estadounidense y mexicano, no se pondrán fin a la violencia del narcotráfico. No parece que haya llegado aún ese momento.

Mentalidad de ocupante

El gobierno israelí ha dado la bienvenida al vicepresidente estadounidense, Joseph Biden, con una patada en su trasero que es también una patada más, y ya van muchas, a cualquier atisbo de paz con los palestinos. El mismo día en que Biden llegaba a Israel el gobierno de Benjamín Netanyahu anunciaba la construcción de otras 1.600 viviendas ilegales en territorio ocupado, en Jerusalén Este.

No es la primera vez que ocurre algo así. Los gobiernos israelíes suelen saludar las visitas de sus aliados con anuncios que reafirman su intención de seguir colonizando los territorios palestinos. Toda una declaración de intenciones, un claro mensaje de “decid lo que queráis que nosotros haremos lo que nos dé la gana”. Y los visitantes reaccionan con aparente indignación, o enfado, o condena, o miserable retórica sin que sus palabras se traduzcan luego en actos. Así va a ocurrir de nuevo.

Biden, dicen los analistas, no se ha conformado con decir que la construcción de nuevas casas israelíes en Jerusalén Este no ayuda al proceso de paz. Incluso ha utilizado la palabra “condena”. Habrá que preguntarse para qué sirve esa condena. Porque lo que parece seguro es que el proyecto israelí va a continuar y que ni Biden, ni su presidente Obama, ni Estados Unidos van a mover un dedo para que no sea así.

Lo que resulta más curioso es que el anuncio de nuevo plan colonizador ha provocado un debate en el seno del gobierno israelí, con algunos de sus miembros criticándolo. Resulta curioso y es un buen ejemplo de hasta que punto Israel y sus instituciones se han convertido en una pantomima, en una burla a cualquier concepto de Estado de derecho: el mea culpa entonado por algunos es porque les ha parecido un error, un detalle poco fino o educado anunciar el plan durante la visita del presidente de Estados Unidos, no porque se trate de un plan ilegal que viola la legislación internacional. Es decir, se impone la mentalidad de ocupante.

Biden se va de Israel reafirmando el compromiso de Estados Unidos con su “seguridad” y el gobierno israelí se queda con la seguridad, una vez más, de que nadie va a paralizar su lenta pero implacable limpieza étnica en el territorio que un día se llamó Palestina.

Mujeres en América Latina

Tres ejemplos, de la decenas de ellos que podrían referirse: Un anuncio de llantas (cubierta o neumático) de automóvil, “La prefiero con llantitas” dice el titular publicitario encima de la imagen de una llanta y una mujer joven en postura seductora; campo pagado de un banco felicitando a las mujeres en su día, ilustrado con imágenes de una mujer cuidando a un niño, una mujer planchando un vestido de bebé, una mujer componiendo un ramo de flores, una mujer mayor, aparentemente una abuela, con su nieto en brazos; Un canal de televisión por cable anuncia para hoy, como “homenaje” a las mujeres, tres películas para “romper con los tópicos sobre el sexo débil”, una película de Angelina Jolie dando golpes a diestro y siniestro, otra de una mujer que sabe engañar a los hombres y la versión cinematográfica de Los Ángeles de Charlie. El único caso o estereotipo para el que, asegura el canal, no se ha encontrado una película-desmentidora es para el uso y abuso “de las tarjetas de crédito por las mujeres”. Y varios hombres se miran y se ríen.

Esos ejemplos van, en teoría, encaminados a demostrar o a favorecer la igualdad entre hombres y mujeres y a superar los viejos roles. En realidad lo que demuestran es que el camino hacia la equidad de género apenas se ha iniciado en América Latina.

América Latina es una región marcada por las desigualdades y esas desigualdades se agrandan aún más cuando se ven, cuando se analizan desde un enfoque de género. La injusticia social, la miseria, la exclusión, la violencia, la padecen mucho más las mujeres que los hombres. Los estudios de las agencias de la ONU y de otras organizaciones confirman que en América Latina ser mujer es soportar un plus de marginación. Ni siquiera se puede hablar de que la brecha se ha reducida algo en los últimos años.

Las mujeres latinoamericanas padecen una cuota de analfabetismo que dobla a la de los hombres, están marginadas en la educación desde la infancia. Algo similar ocurre en el mundo laboral, donde las profesiones de mayor prestigio o mejor pagadas suelen ser coto privado de los varones. Además la desigualdad salarial por el mismo empleo es enorme, siempre a favor de los hombres. Lo mismo pasa en el terreno de la política. A pesar de que en los últimos años varias mujeres han llegado a la presidencia en algunos países latinoamerianos, se trata sólo de un espejismo ya que tanto los partidos políticos, como los parlamentos y los gobiernos están controlados por hombres y la presencia de las mujeres es, en muchos casos, meramente testimonial. No es una realidad uniforme, hay variaciones según los países, pero esa es la tendencia generalizada.

Por último, y lo más terrible, según informes recientes, la violencia de género, lejos de disminuir, se ha incrementado en los últimos años en América Latina. Casos como el de Ciudad Juárez son sólo el símbolo, la brutal punta del iceberg de una realidad de violencia, de violaciones, de maltrato, de asesinatos, tanto en el ámbito intrafamiliar como fuera de él, que es moneda común en toda la región. América Latina sigue siendo un continente dominado por un machismo atávico y visceral. Y las mujeres son las que lo padecen.

Chile, en el corazón

“Es Chile un país tan largo…” Así decía una canción que cantaban los Quilapayún. Son cinco mil kilómetros de norte a sur, o de sur a norte, depende que cómo se quiera escribir la historia, de la óptica, del lugar donde cada cual se ubique. Chile es un país largo y lejano en la geografía que se configura desde el norte, y sin embargo es un país enormemente cercano en los sentimientos, en las emociones.

De esa longitud tan extensa de Chile, al menos mil kilómetros se han visto afectados por uno de los terremotos más intensos desde que se tiene registro de los movimientos telúricos. Por desgracia, el escenario es conocido, similar al de otros lugares que han padecido el brutal impacto de una naturaleza desbocada.

Ciudades como Concepción o como Constitución han quedado arrasadas por el seísmo y sus secuelas. De nuevos los seres humanos se han quedado con esa sensación de indefensión, de vulnerabilidad ante una fuerza destructiva indomesticable. De nuevo hay gente que no sabe qué hacer más que llorar a sus muertos. Y por más que a uno el escenario le resulte conocido, similar a otros lugares, a otros momentos, no deja de causar un dolor intenso. Por más que se haya vivido, uno no se acostumbra a esa trágica sensación de pérdida irreparable, de tragedia imposible de definir con palabras.

De nuevo vuelven a crear desazón las imágenes de la gente deambulando en la noche en busca de un refugio inexistente. De nuevo vuelve a sentirse el desamparo de quienes lo han perdido todo. De nuevo vuelven a dejar un vacío en el estómago las angustias de quienes no saben qué ha ocurrido con sus seres queridos, de quienes intentan hallar una explicación frente a lo que resulta inexplicable.

Al devastador movimiento sísmico se sumó después un oleaje avasallador en algunas zonas costeras. Unos lo llaman tsunami, otros olas gigantes: qué más da la definición, el mar completó la catástrofe que la tierra había iniciado. Algunas localidades al borde del mar han quedado doblemente arrasadas por esa conjunción terrible de tierra y agua incontrolables, desatadas.

Chile es un país de gente maravillosa, acogedora, hospitalaria y vital. No voy a hablar de las excepciones, de los chilenos que en el pasado reciente demostraron que también hay en Chile seres perversos y traicioneros; hablo de la gente sencilla, o no tan sencilla pero igual de entrañable, de una mayoría de chilenos que a uno le han hecho sentirse siempre como uno más, como en su propia casa. Todo ese Chile sufre hoy, y sufre el corazón de uno porque Chile está en el corazón.

Fran Sevilla


(Corresponsal de Radio Nacional en América Latina) Puede ser sólo una casualidad, pero son a menudo las casualidades las que confieren valor a determinados momentos. El caso es que este blog se inicia en Perú, tierra de grandes escritores. Para mí es una casualidad porque peruano es uno de mis escritores de culto y aquí escribió una novela que en su día me marcó el rumbo, más incluso que por su contenido, tan bello como duro, por su nombre: hablo de Ciro Alegría y su obra “El mundo es ancho y ajeno”.
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