3 posts de abril 2010

Al sur de Arizona

Arizona, el Estado de Arizona, no quiere inmigrantes ilegales. Su gobernadora ha firmado una ley supuestamente destinada a controlar la inmigración ilegal. Una ley por la que se autoriza a la policía del Estado a detener, interrogar, perseguir, acosar a las personas no por una conducta delictiva sino simplemente por la sospecha de que se trate de inmigrantes ilegales.
La medida ha causado indignación en México, en los países centroamericanos, sobre todo los del triángulo norte de Centroamérica, Guatemala, Honduras y El Salvador, de donde sale el mayor número de emigrantes sin papeles hacia Estados Unidos, y por extensión y solidaridad en toda América Latina. La nueva ley de Arizona criminaliza a los inmigrantes, los considera delincuentes, los sataniza.
Las autoridades estatales rechazan las críticas a la nueva legislación, desmienten que vaya a tener un componente racista, antihispano. Por el contrario los propios hispanos consideran que ese va a ser el efecto de la nueva ley. ¿Se imaginan que la policía de Arizona va a detener en la calle, a esposar, a exigir que se identifiquen a ciudadanos de piel muy blanca, pelo rubio y ojos azules? No parece probable. Las detenciones se harán a personas de piel más oscura, de pelo moreno, de ojos negros.
No deja de ser una ironía de la historia y la política, lo es desde hace décadas, que los territorios usurpados a México por Estados Unidos a punta de bayoneta, en el siglo XIX, de lo que aún dan fe los nombres en Español de ciudades y ríos y montañas y valles, sean territorio vedado para los descendientes de los usurpados. Nadie les pidió visado a los peregrinos del Mayflower cuando llegaron a las costas atlánticas, ni un par de siglos después a quienes se fueron apoderando de la tercera parte de México. Tampoco tuvieron que exhibir sus visados los conquistadores españoles. Todos ellos serían considerados hoy inmigrantes ilegales, o sea, delincuentes para el Estado de Arizona.
Arizona comparte una larga frontera, más de 500 kilómetros, con México, con el estado de Sonora. La mayor parte de esa frontera es puro desierto por el que miles de latinoamericanos intentan llegar cada año a Estados Unidos, jugándose la vida. Se arriesgan a perderse, a que el coyote que les pasa la frontera les abandone en medio de la nada, a que las mafias de tráfico de seres humanos les roben hasta la dignidad.
Desde hace mucho tiempo Estados Unidos intenta controlar la entrada de inmigrantes a su territorio desde la frontera que mira al sur. Lo hace levantando muros, reforzando las patrullas fronterizas, deportando gente, separando familias. Y aún así no ha conseguido detener el flujo. Ni lo conseguirá mientras la injusticia y la desigualdad sigan marcando el mundo. El hambre es un combustible mucho más poderoso que el miedo.

fran.sevilla@rtve.es

América Latina y el procesamiento de Garzón

América Latina asiste estupefacta a los procesos contra Baltasar Garzón. Las víctimas de las dictaduras en Chile o en Argentina o en Guatemala o en El Salvador, que habían sentido un mínimo consuelo con las causas abiertas en la Audiencia Nacional, estuvieran o no vinculadas directamente con Garzón, las víctimas de otras dictaduras como la de Uruguay, de Brasil, o de Paraguay, por la reivindicación del principio de Justicia Universal, no pueden comprender que un magistrado que, con otro puñado de juristas, intentó que la justicia lo fuera por una vez, esté ahora procesado; que esté procesado por una denuncia de Falange Española por intentar que la verdad prevalezca sobre el olvido. Como leí que alguien recordaba hace unos días, citando a Juan Gelman, “lo contrario del olvido no es la memoria sino la verdad”.

América Latina no lo entiende. Bueno, no toda América Latina. Y que no sea una reacción unánime refuerza la sensación de mundo al revés. El hecho de que haya sectores latinoamericanos que estén celebrando que Garzón se siente en el banquillo demuestra hasta qué punto el procesamiento del magistrado de la Audiencia Nacional por la causa de los crímenes, de los desaparecidos del franquismo, es una de esas revanchas de quienes habían visto alterada su tradicional impunidad como consecuencia de las actuaciones del juez, de algún que otro magistrado valiente y de un puñado de fiscales empeñados todos ellos en que la palabra justicia vuelva a tener sentido.

Los herederos del general Augusto Pinochet, los herederos directos, de todo lo que robó, y los herederos ideológicos, celebran como una gran victoria póstuma del propio Pinochet que Falange Española haya logrado que se procese a Garzón. Para ellos es un gran triunfo que el Tribunal Supremo de España pueda enterrar ahora la verdad que Garzón había esgrimido en la Audiencia Nacional, esa verdad de Pinochet como director de una orquesta dedicada a cometer delitos de lesa humanidad.

Algo similar ocurre en Argentina. Los siniestros orquestadores de la dictadura, de las torturas en la Escuela de Mecánica de la Armada, de los vuelos de la muerte, los ladrones de niños a cuyos padres hicieron antes desaparecer, como hicieron con el hijo y la nuera de Gelman, están regodeándose con el proceso a Garzón.

También en Guatemala se sienten vindicados los perpetradores del genocidio, quines impulsaron el exterminio de miles de seres humanos, quienes pusieron fuego a la embajada de España, asesinando a los que allí se refugiaron, incluido el padre de Rigoberto Menchú. En el caso de Guatemala no es tanto por Garzón, que no llevaba ese caso, sino por ser magistrado de la Audiencia Nacional que procesó a los máximos responsables del genocidio.

Me viene a la memoria precisamente un cuento de uno de los mayores escritores guatemaltecos, que da nombre a un libro imprescindible, La oveja negra y otras fábulas.

La Oveja Negra

“En un lejano país existió hace muchos años una oveja negra. Fue fusilada.

Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.

Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura”.

Sobran las palabras. Salvo decir que si la Audiencia Nacional había sido ayer ejemplo de Justicia, con mayúscula, en América Latina, el Tribunal Supremo empieza a ser sinónimo hoy, para muchos latinoamericanos, de vergonzosa impunidad. Que cada cuál saque sus conclusiones.

fran.sevilla@yahoo.es

Asesinatos en Bagdad (José Couso en la memoria)

8 de abril. Pocos días han quedado tan grabados en mi memoria. Hace ya siete años. Pasa el tiempo, van cayendo los días del calendario, los años desaparecen del almanaque. Pero permanece la sensación de angustia, de tristeza, de rabia. Una rabia que se acrecienta por la impunidad de los asesinos. El 8 de abril asesinaron a José Couso en Bagdad. Para quienes estábamos allí, para quienes éramos, para quienes somos sus amigos, el tiempo transcurrido no ha mitigado el dolor.

No deja de ser una descorazonadora casualidad que estos días, mientras alistábamos, un año más, la determinación contra el olvido, que una ONG haya filtrado un vídeo en el que se observa como los soldados estadounidenses, los mismos que a día de hoy siguen siendo fuerzas de ocupación en Irak, asesinaban también con impunidad a otro periodista, Namir Noor-Elden, fotógrafo de la agencia Reuters, junto a su conductor y a otra decena de personas.

El vídeo de este nuevo crimen de guerra circula estos días por la red. Merece la pena verlo con detenimiento. Desde un helicóptero se dice identificar a un grupo de hombres armados. El arma que lleva Namir es su cámara fotográfica. Desde el helicóptero se pide permiso para disparar y se dispara matando a todo aquel que se mueve.

La misma secuencia, la misma excusa con la que se dio muerte a José Couso. Entonces fue un tanque. También el tanquista dijo identificar a alguien armado en el hotel Palestina. Y disparó. El arma que llevaba Jose era su cámara. Una cámara con la que se convertía en incómodo testigo de la invasión, de la ocupación de Bagdad.

En el caso de Namir el Pentágono negó, al igual que hizo con el asesinato de Couso, que las cosas hubieran ocurrido como ocurrieron. Pero Wikileaks ha logrado sacar a la luz el vídeo, la grabación que se hizo desde el propio helicóptero, en el que no hay lugar para las dudas. Un nuevo crimen de guerra que también ha quedado impune.

Uno tiene la sensación, más bien la certeza, de que en este mundo nuestro la justicia nunca es igual para todos. Los poderosos siempre están más allá, amparados por esa insultante, indignante impunidad. Pero nuestra memoria está hecha a prueba de impunidades. El lema elegido por la familia Couso sigue ahí: “José Couso, crimen de guerra. Ni olvido ni perdón”.

fran.sevilla@rtve.es

Fran Sevilla


(Corresponsal de Radio Nacional en América Latina) Puede ser sólo una casualidad, pero son a menudo las casualidades las que confieren valor a determinados momentos. El caso es que este blog se inicia en Perú, tierra de grandes escritores. Para mí es una casualidad porque peruano es uno de mis escritores de culto y aquí escribió una novela que en su día me marcó el rumbo, más incluso que por su contenido, tan bello como duro, por su nombre: hablo de Ciro Alegría y su obra “El mundo es ancho y ajeno”.
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