3 posts de mayo 2010

¿Amnistía?, Internacional

No deja de ser curioso. La organización Amnistía Internacional surgió en 1961 para defender la libertad, la amnistía a presos de conciencia, como en el caso que motivó a su principal impulsor, el abogado británico Peter Benenson: el encarcelamiento de dos universitarios portugueses que habían brindado por la libertad. En su último informe Amnistía Internacional tiene que aclarar, aclara que amnistía no debe ser sinónimo de impunidad.

Ha llovido mucho en este casi medio siglo desde la fundación de AI. Y sobre todo ha llovido mucha muerte. Y AI ha tenido que enfrentarse a la más difícil de las aclaraciones, la de explicar lo obvio. Los tiempos han cambiado, pero no necesariamente han cambiado para mejor. Una vez más nos han trastocado el lenguaje, nos han invertido la intención, nos han robado el sentido de las palabras y de los significados.

Desde aquel 1961 la mayoría de las amnistías no han estado destinadas a liberar a presos que habían brindado o luchado por la libertad, sino a garantizar la impunidad de quienes habían cercenado esa libertad, la impunidad de quienes habían encarcelado a los estudiantes, de quienes habían dejado un rastro de tortura y muerte. Eran amnistías espurias, no nacidas del derecho, de la justicia, sino de la imposición de los verdugos.

A día de hoy Amnistía Internacional nos cuenta que en los últimos tiempos el mundo ha vivido una regresión en cuanto a la persecución de quienes han violado sistemáticamente los derechos humanos. AI denuncia que a día de hoy se ha dado marcha atrás en la defensa efectiva, por parte de los estados, del principio de jurisdicción universal para los delitos de lesa humanidad. Ha habido algunos avances, pero sobre todo retrocesos; ahora se da un paso adelante y dos atrás.

Ese es el triste y vergonzante ejemplo del parlamento español al limitar la aplicación del principio de jurisdicción universal a aquellos casos en que las víctimas sean ciudadanos españoles. Ese fue el caso de las dictaduras argentina o chilena, ese es el caso de la impunidad del presidente sudanés, Omar al Bachir por los crímenes de guerra en Darfur, del Estado de Israel por los crímenes de guerra en Gafa y las violaciones continuas de los derechos humanos en Palestina, de las ejecuciones en China o en Irán, de los responsables de la invasión de Irak. Esa es la incomprensible lógica de que en España se procese a Baltasar Garzón por intentar que los familiares de las víctimas del franquismo sepan dónde fueron ignominiosamente sepultadas, con nocturnidad y alevosía.

Los ladrones de vidas y de palabras nos han robado el significado. Amnistía no es impunidad. Y vergüenza es lo que deberíamos sentir. Vergüenza, e indignación, es lo que siento.

fran.sevilla@rtve.es

Cumbre de Madrid: ¿Oportunidad o retórica?

América Latina ha hablado con voz propia en Madrid. Algunas voces han sonado más altas, otras más bajas, y otras no se han escuchado pero ha sido, en cualquier caso, un silencio elegido, no impuesto. América Latina le ha dicho a Europa que es mayor de edad y puede tomar sus propias decisiones, incluso para equivocarse.

La economía ha marcado la agenda de la VI cumbre entre la Unión Europea y América Latina. O más que la economía habría que decir la crisis económica. Una crisis originada por el modelo especulativo del sistema financiero internacional, es decir, por el modelo financiero impuesto desde el mundo rico y que, en esta ocasión, no se ha vuelto exclusivamente contra el mundo pobre que casi siempre padece las decisiones del llamado primer mundo sino contra los propios países que lo han generado. Por primera vez América Latina está capeando el temporal mejor que Europa.

La mayoría de los países latinoamericanos han dejado claro que no están dispuestos a pagar el pato de una crisis que no han generado ellos. Y han pedido que no se utilice como cabeza de turco a los inmigrantes latinoamericanos en Europa. La tentación es evidente y recurrente: en periodos de crisis es penosamente habitual cargar contra los más débiles. En los propios países europeos se está viendo: algunas de las recetas para enfrentar la crisis penalizan a quienes menos responsabilidad tienen en ella.

Para la Unión Europea, como ha quedado de manifiesto en la cumbre de Madrid, América Latina es un potencial aliado económico cuyo tirón puede ayudar a salir de la crisis. Para América Latina, la Unión Europea es también un espacio económico de importancia en la medida en la que se convierta en mercado para sus productos. Esta crisis abre la oportunidad de que así sea y que ambos continentes inicien una nueva realación, un nuevo intercambio más equitativo.

No ha sido así a lo largo de la historia. América Latina sufrió el colonialismo de los países europeos durante siglos y ha impuesto siempre unas reglas de inercambio desigual. De ese modelo colonialista y neocolonialista no sólo se han beneficiado los europeos, también las élites económicas, las oligarquías latinoamericanas.

Europa debe entender ahora que si quiere tener a los países latinoamericanos como socios y aliados económicos dcebe renunciar a imponer sus reglas. Es decir, ir más allá del mercantilismo prepotente que ha sido la norma en el pasado. Y los países latinaomericanos deben lograr que prevalezca el interés colectivo sobre los intereses particulares, tanto dentro de sus fronteras nacionales como en el conjunto del continente. Muchos se han felicitado por los resultados de la cumbre de Madrid, pero los resultados están aún por verse. Puede ser una oportunidad y puede quedarse todo, una vez más, en retórica.

fran.sevilla@rtve.es

Premio Salvador de Madariaga

Permítanme que empiece estas palabras citando una frase de Salvador de Madariaga: Un Experto es alguien que sabe cada vez más sobre cada vez menos, hasta llegar a conocerlo absolutamente todo sobre nada.

Así se siente uno, así me siento yo, después de muchos años de recorrer el mundo o quizás debiera decir de recorrer la periferia del mundo, la periferia vista desde Europa, es decir, los confines del mundo.

Yo vengo de los confines, regresé, una vez más, anteayer. Los he ido recorriendo, esos confines, a lo largo de este largo tiempo en el que las muchas certezas y pocas dudas que me alumbraban al principio del camino se han ido transformando en las pocas certezas y muchas dudas que me asaltan ahora.

Hoy me siento, en el espíritu de la frase de Madariaga, un experto que sabe cada vez más sobre cada vez menos, hoy siento que lo conozco casi todo sobre casi nada.

En ese deambular por un mundo periférico, distinto, diferente, hay una ecuación difícil de resolver: la ecuación de Europa frente al resto del mundo. Es una ecuación llena de contradicciones, cargada de sentimientos enfrentados.

Desde los confines por los que he transitado y por los que sigo transitando, Europa es al mismo tiempo un faro y una barrera.

Europa es un faro que alumbra, que indica el puerto al que a muchos les gustaría arribar. Europa es hoy un espacio de libertad, de convivencia, de democracia, de tolerancia que no tiene comparación con ningún otro espacio geográfico y político en nuestro planeta.

Esa es una de las pocas certezas. Las dudas tienen que ver con si sabremos mantenerlo y entender que es más importante conservar ese espacio común que volver al provincianismo tribal que tanta sangre derramó a lo largo de la historia.

Pero les decía que Europa también es una barrera, vista desde los confines. Y lo es en la medida en que nuestro espacio europeo se bunkeriza, se cierra sobre sí mismo, se insensibiliza ante la otra realidad de la periferia. Una realidad a menudo dramática.

Estar relativamente orgullosos de nuestro presente como europeos no nos debe llevar necesariamente a estar siempre orgullosos de nuestro pasado, con luces pero también con muchas sombras. Ni a estar convencidos, a dar por bueno un futuro que quizás no sea tan promisorio como nos gustaría creer.

La historia nos enseña muchas lecciones. Entre ellas está la de ser conscientes de que el desarrollo político, y sobre todo económico, de Europa no sería el mismo sin un pasado en el que los países europeos no tuvieron el menor atisbo de rubor a la hora de explotar a quienes habitaban la periferia, los confines de nuestro mundo. Y en esa lección tendríamos que entender también que nada hay garantizado en el futuro si no sabemos conjurar los fantasmas del pasado.

Hoy, que nos debatimos en tiempos de crisis, en los que la tentación a encerrarnos sobre nosotros mismos es especialmente acusada, sería más necesario que nunca resolver la ecuación de la que les hablaba; hoy más que nunca sería necesario que Europa reconociera que no puede existir por si sola, sin atender, sin mezclarse, sin comprender lo que ocurre más allá de sus límites, sin responder a las llamadas que llegan desde la periferia.

Hoy más que nunca se debe enarbolar, para nosotros y para ellos, esa frase de que necesitamos más Europa, pero, sobre todo, mejor Europa. Eso es lo que nos pide la gente que habita en los confines

Se lo dice un experto que sabe cada vez más sobre cada vez menos, que conoce absolutamente todo, o casi todo, sobre nada. Una nada que, dependiendo de nosotros, lo puede ser todo.

Fran Sevilla


(Corresponsal de Radio Nacional en América Latina) Puede ser sólo una casualidad, pero son a menudo las casualidades las que confieren valor a determinados momentos. El caso es que este blog se inicia en Perú, tierra de grandes escritores. Para mí es una casualidad porque peruano es uno de mis escritores de culto y aquí escribió una novela que en su día me marcó el rumbo, más incluso que por su contenido, tan bello como duro, por su nombre: hablo de Ciro Alegría y su obra “El mundo es ancho y ajeno”.
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