Optimismo en América Latina
Lo dice el último Latinobarómetro: el optimismo, a pesar de la injusticia social, crece en América Latina. Los latinoamericanos creen que el futuro apunta a mejor, a pesar y sin olvidar que la miseria y la exclusión siguen siendo el común denominador para la mayoría de la población.
Según la encuesta que trata de reflejar la opinión de los latinoamericanos (y poniendo siempre la salvedad que todas las encuestas deben tener, sobre todo en América Latina) la imagen de sus países y del mundo es algo más positiva este año. Y sobre todo confían en su futuro personal y el de sus familias.
Hay otros elementos destacables. Uno de ellos es que ha mejorado la imagen de Estados Unidos, algo que se atribuye al cambio presidencial y la victoria de Barack Obama.
Otro dato significativo es que los latinoamericanos vuelven a creer en el papel del Estado para garantizar un mínimo estado de bienestar. Después de la terrible ola neoliberal que arrasó las débiles estructuras de protección social existentes en América Latina, parece entenderse que la solidaridad social es importante. Claro que es una solidaridad no siempre asumida por todos, y desde luego nunca asumida por quienes más tienen.
Hace pocos días me quedaba estupefacto leyendo un artículo de de uno de los columnistas más influyentes en el mundo hispano de Estados Unidos, en el que analizaba el comportamiento de los “ricos” latinoamericanos. Y los criticaba porque son los menos “caritativos” de todos los ricos del resto de continentes. El concepto de caridad siempre me ha producido urticaria. Lo que tienen que hacer los ricos latinoamericanos no es ser “caritativos” sino pagar sus impuestos. Hace poco, de viaje en Venezuela, en Maracaibo, uno de los lugares donde más riqueza se ha generado en las últimas décadas, me contaban un chiste.
Y me lo contaba gente de oposición, no defensores del gobierno de Chávez: “¿En qué barrio viven los ricos de Maracaibo? En Miami”. A los ricos latinoamericanos nunca les ha importado el progreso de sus países, salvo honrosas excepciones, ni mucho menos el bienestar de sus conciudadanos. Con los capitales enviados a Miami por los ricos latinoamericanos, sus países serían hoy infinitamente más prósperos. Esta verdad no debe ser una justificación para un populismo barato que a la larga igualmente puede contribuir a empobrecer a los latinoamericanos.
En cualquier caso, bienvenido sea este optimismo que habrá que defender y apoyar desde todos los ámbitos, empezando por el de los gobiernos y los estados (de los ricos, sinceramente no lo espero) y de la propia gente, la maravillosa gente de América Latina; parafraseando un poema de Mario Benedetti, “Defender la alegría”, habrá que “defender el optimismo”, defenderlo de todos los males, y también, también, claro está, del propio optimismo.
fran.sevilla@yahoo.es



