5 posts de agosto 2010

Lapidación en Irán

No sé cómo acabará el caso de la iraní Sakineh Mohammadi Ashtianí condenada a morir lapidada tras la acusación de haber sido, supuestamente, cómplice en el asesinato de su marido y de haber cometido adulterio. Pero no debemos quedarnos cruzados de brazos ante un caso como éste.

Las críticas internacionales y las peticiones de clemencia, han hecho escasa mella en un régimen como el iraní. Irán es un país complejo, difícil de clasificar, con enormes contradicciones y a menudo observado con prejuicios desde el mundo Occidental. Pero es evidente que el régimen, controlado por el sector integrista, ha secuestrado la voluntad de los iraníes, la manipula y la chantajea.

Hay varios elementos que a uno le hacen rebelarse contra un sistema judicial que tiene poco que ver con la justicia, que más bien se ha convertido en una maquinaria de imposición de la barbarie. No hay una auténtica aplicación del derecho. Los juicios que tienen que ver con las conductas sociales están desvirtuados por esa visión integrista impuesta desde la cúpula del régimen.

La auténtica justicia, sea en Irán o en cualquier otro país o rincón del mundo, debe ceñirse a juzgar los actos supuestamente delictivos que hayan causado un daño a terceros. Lo que en Irán y en otras partes del mundo, sobre todo en el mundo islámico, sigue tipificándose como delito de adulterio no deja de ser la libre decisión de seres humanos, hombres y mujeres, de mantener relaciones sexuales con quienes les plazca. Desde la perspectiva moral de cada persona puede resultar aceptable o no (a mí me parece que cada cual puede hacer con su cuerpo lo que su cuerpo le pida), pero desde luego ni debe ni puede ser un delito. Algo que no encaja en la estrechez mental de quienes siguen considerando que se trata de un comportamiento punible, de quienes imponen a los demás su concepto de moral o de religión.

En el caso de Sakineh Mohammadi Ashtianí, además, la perversión ha sido mayúscula. Su condena a morir lapidada está relacionada con la acusación de adulterio más que con la del supuesto asesinato. La aberración es absoluta.

El gobierno francés acaba de iniciar una ofensiva diplomática contra el régimen iraní por este caso (un gobierno presidido por Nicolás Sarkozy que, por cierto, se rasga las vestiduras ante Irán mientras ha iniciado una campaña xenófoba y racista contra los gitanos). En medio de la hipocresía que preside desde hace tiempo las relaciones internacionales, son muchos los que critican a Irán, mientras miran para otro lado cuando las aberraciones las cometen sus aliados. Más integrista que Irán es, por ejemplo, Arabia Saudí, y nunca se escuchan críticas desde Occidente hacia el integrismo de los saudíes.

Pero esa realidad no es óbice para no denunciar la injusticia en Irán.

Sea como fuere, hipocresías de todo pelaje y condición, lo importante es intentar, por todo los medios, que el régimen iraní no consume la abyecta sentencia a la que ha condenado a Sakineh Mohammadi Ashtianí. Es sólo un caso, uno más en las innumerables injusticias de nuestro mundo. Pero no alzar la voz contra ello sería hacernos cómplices de la barbarie.

fran.sevilla@rtve.es

Brutalidad en el Sahara

No es la primera vez que ocurre. La brutalidad de la policía marroquí es conocida de sobra por la población de El Aaiún y de otras localidades saharauis que padecen, igualmente, la ocupación. Tampoco es la primera vez que les ocurre a ciudadanos españoles. Pero no por conocido y reiterado deja de ser menos indignante.


Imagínense cuál es el trato que recibe a diario la población saharauí si un nutrido grupo de españoles es molido a palos con total desprecio y sin ningún tipo de cortapisas. En el caso de los saharauis, que no tienen un Estado potente detrás que pueda realizar protestas diplomáticas, la impunidad de la policía marroquí es absoluta. Claro que no parece, ni en esta ocasión ni en muchas otras, que el Estados español proteste demasiado por lo que les ocurre a sus ciudadanos en El Aaiún, aunque hayan recibido un trato brutal y vejatorio.


Del salvajismo de las fuerzas de ocupación marroquíes da cuenta el rostro de Carmen Roger, con el pómulo izquierdo convertido en un trozo de carne hinchado, tumefacto y negro, o las costillas de Pablo Monedero. Ellos pertenecen al grupo de activistas de la ONG SaharAcciones que intentaron expresar su solidaridad y apoyar las reivindicaciones de independencia de la población saharaui.


El trato ha sido brutal y despiadado, Y también ilegal, incluida la detención de los activistas españoles. Se puede argumentar, y a ese discurso legalista se han agarrado o se agarran algunos, que los activistas estaban en El Aaiún como turistas y por lo tanto no tenían autorización para participar en una manifestación política. Este argumento no exime a la policía marroquí de tratar a cualquiera, sea español, saharaui, o australiano, respetando sus derechos, empezando por su integridad física.


Pero es que además estamos ante un caso en el que la ilegalidad viene por parte de Marruecos, porque es un país que ocupa y se ha anexionado un territorio, el Sahara Occidental, contra la voluntad de su población y sin reconocimiento internacional, ni de la ONU ni de la Organización para la Unidad Africana (OUA).

Por lo tanto se trata, según la legislación internacional, de una potencia ocupante que no puede imponer su ley. No hay ni legitimidad ni legalidad en la actuación de la policía marroquí en el territorio del Sahara y eso lo saben todos los organismos internacionales y todos los países, incluidos los que prefieren mirar para otro lado antes de asumir, como en el caso de España, responsabilidades históricas y defender con hechos un discurso sobre respeto a los Derechos Humanos que se queda, una vez más, en papel mojado.

fran.sevilla@rtve.es

Mineros

El milagro va a producirse en Chile. Después de 18 días atrapados en el fondo de la mina, sin que se supiera nada de ellos, los 33 mineros chilenos están vivos y con buen ánimo, dispuestos a resistir hasta que puedan ser rescatados. Algo que todavía se va a prolongar, quizás entre tres y cuatro meses.

Es casi un milagro porque pocos parecían confiar ya en encontrarlos con vida. Fue el presidente chileno, Sebastián Piñera, quien elevó a esa categoría de hecho milagroso el posible rescate cuando dijo, hace unos días, que la vida de los mineros estaba “en manos de Dios”. Tras esas palabras cundió el pesimismo, porque uno apela a Dios cuando ya no hay nada que se pueda hacer humanamente. Pero, por suerte, todavía está en manos humanas salvar a los mineros aunque de por medio haya que realizar una complicada obra de ingeniería.

Me resulta difícil poder imaginarme lo que se siente cuando uno se queda atrapado a centenares de metros de profundidad, engullido por la tierra. No creo que sea fácil superar la mezcla de angustia, claustrofobia y vulnerabilidad que uno debe sentir encerrado en el pozo; no debe resultar sencillo mantener la calma y la esperanza a medida que van pasando los días y no hay señales. Me imagino que las horas se deben hacer eternas y que llega un momento en el día y la noche dejan de tener sentido en medio de la oscuridad del pozo.

Siempre que me han preguntado sobre lo duro o peligroso que resulta este oficio de periodista en guerras y conflictos y catástrofes varias respondo que mucho más duro y peligroso es ser minero. Lo he creído y lo sigo creyendo. Desde que tengo uso de razón he sentido que bajar a la mina es uno de los trabajos más ingratos y con mayor riesgo que pueda haber.

Recuerdo las imágenes de los mineros hundiéndose, descendiendo hacia lo profundo, a arrancar el mineral de las entrañas de una tierra que a menudo se cobra su tributo en la vida de esos mismos mineros. Me sobrecogen las imágenes de los niños entrando en los pozos, a trabajar en las galerías más sinuosas y estrechas. Una realidad que, por desgracia, se sigue viviendo en muchos países, la de los niños-mineros, explotados por un sistema brutal.

Cada vez que en la mina sucede una tragedia, cada vez que alguien queda atrapado, siento un nudo en la garganta y una trágica sensación de enfrentarnos a lo ineluctable. Mi solidaridad está con todos los mineros del mundo, a quienes respeto y admiro, mucho más que a quienes nos limitamos a contar sus vicisitudes desde la comodidad de nuestro sillón.

fran.sevilla@rtve.es

RETIRADA DE IRAK

No puede decirse que sea una retirada honrosa, porque poca honra ha habido en la invasión y ocupación de Irak. Siete años y cinco meses después de haber invadido el país y haberlo convertido en un infierno, las tropas de combate de Estados Unidos han salido de territorio iraquí. Lo han hecho un par de semanas antes de lo previsto, casi como ocultándose, como para no ser vistas o quizás porque no querían ver lo que dejaban detrás.

El saldo de lo que han sido estos largos siete años es tan negativo que resulta difícil entender que haya gente que todavía justifique la invasión. Y la hay, desde los principales impulsores, George W. Bush, Tony Blair y José María Aznar, hasta los supuestos analistas que en realidad actuaron como mamporreros del poder. Ninguno de ellos ha pedido disculpas por una invasión que, como el tiempo ha demostrado, como ya sabíamos entonces, se basó en una sarta de mentiras y falsedades, violándose la legalidad internacional y retorciéndole el brazo a la ONU. Ninguno de ellos ha pedido disculpas por las decenas de miles de iraquíes muertos, por la devastación del país, por la ruina de su futuro, por las torturas y las desapariciones, por permitir que miles de mercenarios impusieran su ley de terror con absoluta impunidad, por otorgar coartada al terrorismo de Al Qaeda. Ninguno ha pedido disculpas por las víctimas anónimas, ni por los muertos con nombre y apellidos, como José Cousso, asesinado en el hotel Palestina, el mismo que aparece de fondo en la foto que encabeza este blog, por el disparo de un tanque como el que también aparece en la foto.

A día de hoy, siete años y cinco meses después de la invasión, Irak es un país mucho más pobre, mucho más dividido confesionalmente y mucho más inseguro. Y claro, nada sabemos de los suculentos contratos para la exportación y comercialización del petróleo iraquí. Ahora se hace todavía más evidente que derrocar a Sadam Hussein, por muy tirano que fuera, era sólo una excusa para desestructurar a un país con peso específico en el Oriente Próximo y de paso apropiarse, indirectamente, de sus reservas petrolíferas.

La ocupación no ha acabado aún. Quedan miles de soldados estadounidenses en territorio iraquí, que seguirán, de alguna manera, controlando los movimientos del gobierno de Bagdad. Pero, al menos en teoría, ya no combatirán. No hace falta, ya han completado la labor de arruinar un país al que ahora abandonan a su suerte.

fran.sevilla@rtve.es

LAS BREVES VACACIONES

De vez en cuando resulta saludable poner un poco de distancia con los quehaceres habituales, con la cotidianeidad; hacer que las vacaciones lo sean realmente, desconectando dentro de lo que se puede desconectar en un mundo global y globalizado como el nuestro. Eso, claro está, siempre que uno pueda disfrutar de unas vacaciones, algo que, tal y como están el mundo, en general, y España, en particular, empieza a convertirse en un privilegio.


Durante un mes largo he estado ausente de las crónicas en RNE y también de este blog, tomando distancia para poder observar el mundo de la información desde lejos. Ahora retomo ambos quehaceres con ganas renovadas y, al mismo tiempo, con la sensación de que las vacaciones son apenas un breve paréntesis. Breve porque a uno siempre se le hacen cortas; más breve aún porque en el mundo es muy poco, prácticamente nada, lo que ha cambiado.


En México el goteo de muertos diarios hace tiempo que dejó de ser un goteo para convertirse en un sangriento caudal. Nada ha cambiado en estas breves vacaciones si no es a peor. El desafío del crimen organizado es abierto y total.


Tampoco ha cambiado la situación en Haití, donde siete meses después del devastador terremoto de enero la precariedad, la falta de recursos y la ausencia de futuro marcan el día a día de centenares de miles de haitianos.


¿Qué decir de la violencia y la injusticia social en países como El Salvador, Honduras o Guatemala? La debilidad de las instituciones, la corrupción, la exclusión son el común denominador al que nadie parece querer o poder poner fin.


También más allá del continente latinoamericano parece que nada cambia. Los terroristas suicidas se inmolan en Irak en una orgía de sangre y destrucción. En Afganistán las fuerzas de la OTAN continúan cometiendo “errores” y causando “daños colaterales” es decir muertes de civiles inocentes. Los talibanes se sienten reforzados con cada “error” de la Alianza y mantienen su ideario de odio irracional e integrista: su última “hazaña” ha sido la lapidación de una pareja en Kunduz, en el norte de Afganistán.


La lapidación es también lo que aguarda a una mujer iraní acusada de adulterio. Ni las críticas internacionales ni las peticiones de clemencia, incluidas las de aliados y amigos iraníes, como hizo el brasileño Lula, han conmovido al régimen de Irán. El presidente Ahmadineyad y todo el aparato fundamentalista del confirman su desprecio por las mujeres y por los más elementales derechos humanos.

fran.sevilla@rtve.es

Fran Sevilla


(Corresponsal de Radio Nacional en América Latina) Puede ser sólo una casualidad, pero son a menudo las casualidades las que confieren valor a determinados momentos. El caso es que este blog se inicia en Perú, tierra de grandes escritores. Para mí es una casualidad porque peruano es uno de mis escritores de culto y aquí escribió una novela que en su día me marcó el rumbo, más incluso que por su contenido, tan bello como duro, por su nombre: hablo de Ciro Alegría y su obra “El mundo es ancho y ajeno”.
Ver perfil »

Síguenos en...

Últimos comentarios