Lapidación en Irán
No sé cómo acabará el caso de la iraní Sakineh Mohammadi Ashtianí condenada a morir lapidada tras la acusación de haber sido, supuestamente, cómplice en el asesinato de su marido y de haber cometido adulterio. Pero no debemos quedarnos cruzados de brazos ante un caso como éste.
Las críticas internacionales y las peticiones de clemencia, han hecho escasa mella en un régimen como el iraní. Irán es un país complejo, difícil de clasificar, con enormes contradicciones y a menudo observado con prejuicios desde el mundo Occidental. Pero es evidente que el régimen, controlado por el sector integrista, ha secuestrado la voluntad de los iraníes, la manipula y la chantajea.
Hay varios elementos que a uno le hacen rebelarse contra un sistema judicial que tiene poco que ver con la justicia, que más bien se ha convertido en una maquinaria de imposición de la barbarie. No hay una auténtica aplicación del derecho. Los juicios que tienen que ver con las conductas sociales están desvirtuados por esa visión integrista impuesta desde la cúpula del régimen.
La auténtica justicia, sea en Irán o en cualquier otro país o rincón del mundo, debe ceñirse a juzgar los actos supuestamente delictivos que hayan causado un daño a terceros. Lo que en Irán y en otras partes del mundo, sobre todo en el mundo islámico, sigue tipificándose como delito de adulterio no deja de ser la libre decisión de seres humanos, hombres y mujeres, de mantener relaciones sexuales con quienes les plazca. Desde la perspectiva moral de cada persona puede resultar aceptable o no (a mí me parece que cada cual puede hacer con su cuerpo lo que su cuerpo le pida), pero desde luego ni debe ni puede ser un delito. Algo que no encaja en la estrechez mental de quienes siguen considerando que se trata de un comportamiento punible, de quienes imponen a los demás su concepto de moral o de religión.
En el caso de Sakineh Mohammadi Ashtianí, además, la perversión ha sido mayúscula. Su condena a morir lapidada está relacionada con la acusación de adulterio más que con la del supuesto asesinato. La aberración es absoluta.
El gobierno francés acaba de iniciar una ofensiva diplomática contra el régimen iraní por este caso (un gobierno presidido por Nicolás Sarkozy que, por cierto, se rasga las vestiduras ante Irán mientras ha iniciado una campaña xenófoba y racista contra los gitanos). En medio de la hipocresía que preside desde hace tiempo las relaciones internacionales, son muchos los que critican a Irán, mientras miran para otro lado cuando las aberraciones las cometen sus aliados. Más integrista que Irán es, por ejemplo, Arabia Saudí, y nunca se escuchan críticas desde Occidente hacia el integrismo de los saudíes.
Pero esa realidad no es óbice para no denunciar la injusticia en Irán.
Sea como fuere, hipocresías de todo pelaje y condición, lo importante es intentar, por todo los medios, que el régimen iraní no consume la abyecta sentencia a la que ha condenado a Sakineh Mohammadi Ashtianí. Es sólo un caso, uno más en las innumerables injusticias de nuestro mundo. Pero no alzar la voz contra ello sería hacernos cómplices de la barbarie.
fran.sevilla@rtve.es



