5 posts de diciembre 2010

México: la violencia desigual

Hay que congratularse por la liberación de Diego Fernández de Cevallos. Después de más de siete meses de cautiverio, este dirigente político mexicano ha recuperado la libertad. Una de las torturas más terribles (no digo inhumana porque cualquier tipo de tortura lo es) es la de ser secuestrado. Esa sensación de que la vida de uno pende de un hilo, del frágil hilo de la enferma voluntad de los secuestradores; esa sensación de que uno ha llegado el final y no hay nada que hacer resulta de una angustia indescifrable. Les aseguro que sé de lo que hablo.

Hoy Diego Fernández de Cevallos disfruta de su recuperada libertad. Puede decirse que ha vuelto a la vida. Y así lo ha expresado él. Se siente con ganas de vivir. Nada se sabe, al menos de momento, del que imaginamos elevado rescate que su familia habrá tenido que pagar para que sus secuestradores lo hayan liberado. Poco importa: la vida humana, cualquier vida humana no tiene precio. O no debería tenerlo.

Pero uno tiene la sensación de que no es así, de que hay vidas que tienen precio y otras que parecen no valer nada. El Jefe Diego, como se denomina en algunos círculos a Fernández de Cevallos, ha salvado la vida por ser quien es, por poder pagar el rescate, por pertenecer a un élite que, aunque no siempre se salve de la violencia, tiene más recursos, políticos y económicos, para sortearla.

Dos días antes de la liberación de Diego Fernández de Cevallos era enterrada en Ciudad Juárez Marisela Escobedo, la activista que llevaba dos años reclamando justicia por el asesinato de su hija Rubí y que fue, ella también, vilmente asesinada frente al palacio de Gobierno de Chihuahua, en un eslabón más de la cadena de impunidad que rodea el feminicidio en México. Coincidiendo con su entierro fue asaltada la carpintería del esposo de Marisela y su cuñado apareció estrangulado.

La liberación de Diego Fernández de Cevallos ha tenido un enorme impacto mediático; el asesinato de Marisela Escobedo apenas ha merecido atención fuera de México.

Inevitablemente uno tiene que pensar que la violencia no es igual para todos. Diego Fernández de Cevallos ha sido víctima de la violencia que padece México. Pero al menos él está vivo. Marisela Escobedo yace en una tumba, igual que su hija. El Jefe Diego pertenece a un partido, el PAN (Partido de Acción Nacional) que gobierna México desde hace una década y que gobierna desde antes varios estados mexicanos. Un partido y unos dirigentes (igual que el otrora partido oficial, el PRI) que nunca han hecho nada por evitar la violencia contra las mujeres como Marisela Escobedo, como las miles de mujeres de Ciudad Juárez y de otros lugares en México que sufren de manera cotidiana la violencia, las violaciones, las torturas, los asesinatos, el feminicidio.

Inevitablemente uno tiene que pensar que la violencia en México es desigual, que es mucho más brutal y mucho más impune cuando afecta a quienes no tienen el poder que tiene el Jefe Diego. No estaría mal que en los próximos días Diego Fernández de Cevallos se comprometiera a honrar el nombre de Marisela Escobedo y de las mujeres que, como ella, llevan años reclamando y luchando por un México habitable para todos y todas, sea cual sea su condición. Sinceramente, no tengo la sensación de que eso, de que ese compromiso, vaya a producirse.

fran.sevilla@rtve.es

Otro doloroso feminicidio en México

No sé que me golpea más si la rabia o si el dolor. Probablemente ambos sentimientos se conjuguen, se entremezclen, irrumpiendo al unísono con una dureza extrema, tan extrema como la tristeza. En México, en la ciudad de Chihuahua, capital del estado del mismo nombre, ha sido asesinada Marisela Escobedo, 52 años, una de esas mujeres valientes que desde hace dos años venía exigiendo, sin amedrentarse antes las amenazas, que se hiciera justicia por el asesinato de su hija Rubí Marisol, de 16 años.
Marisela ha sido asesinada frente al palacio del gobernador de Chihuahua, donde exigía la captura del asesino de su hija. Se le acercaron tres hombres. Cuando se dio cuenta de que iban a por ella, intentó huir. Pero fue inútil. Uno de esos hombres la persiguió y la mató de un disparo en la cabeza. Un asesinato a sangre fría, grabado por las cámaras de seguridad, sin que nadie de la seguridad hiciera nada por evitarlo; simbólicamente Marisela ha sido asesinada frente al lugar que debería representar la defensa a ultranza de los ciudadanos y que una vez más se ha convertido en la confirmación de la impunidad.
Hace dos años la hija de Marisela, Rubí Marisol, fue asesinada en Ciudad Juárez, la localidad convertida en trágico símbolo del feminicidio, en el mismo estado de Chihuahua. Se identificó al asesino, Sergio Rafael Barraza Bocanegra, que había sido novio de Rubí y que confesó haber acabado con su vida. Pero tres jueces corruptos lo dejaron en libertad.
Marisela inició entonces una campaña sin descanso para exigir que se detuviera nuevamente al asesino de su hija. Recibió amenazas de muerte, pero no se dejó atemorizar, no aceptó esa derrota. Localizó el lugar en el que se escondía y se le prometió que sería detenido. Pero nadie hizo nada. Ahora el gobernador de Chihuahua, César Duarte, se rasga las vestiduras y asegura estar convencido de que la muerte de Marisela ha sido una venganza criminal. Pero ni él ni su gobierno adoptaron nunca medidas para proteger a Marisela.
Hace unos meses Marisela le dijo a Lydia Cacho, otra mujer valiente, que se juega la vida día a día, que primero moriría antes que dejar de luchar por esclarecer el asesinato de su hija Rubí Marisol. “Es por ella, pero es por todas las hijas de las demás mujeres de México, porque al Estado mexicano hace rato que la vida de las mujeres no le importa, entonces seremos nosotras las que digamos, hasta la muerte, que sí valemos, que nuestras hijas merecen un país seguro”, le explicó a Lydia. Y ha llevado su determinación hasta las últimas consecuencias.
Frente a la valentía de Marisela, y de otras muchas mujeres mexicanas, las autoridades de México, federales, estatales y municipales, miran cobardemente hacia otro lado, miran cómplicemente hacia otro lado. ¡Cuánta rabia, cuánto dolor!

fran.sevilla@rtve.es

La solidaridad con Haití

RTVE celebra este miércoles una jornada de solidaridad con Haití. Desde esta Casa, desde este medio público, se ha apostado por recordar la situación en ese pequeño país, por explicar que la solidaridad no es sólo cuestión de un momento, de un instante; la solidaridad no debe ser flor de un día sino que debe mantenerse, para ser efectiva, con el paso del tiempo. La solidaridad, para serlo, no debe alimentarse de espectáculos mediáticos, que se vuelcan un día con la misma rapidez que se olvidan al día siguiente.

Esa debe ser una de las funciones de una auténtica radiotelevisión pública, concienciar al ciudadan@, informar al ciudadan@ y hacer partícipe al ciudadn@; sobre lo que ocurre en Haití o en cualquier otro rincón, lejano o próximo.

“Haití es sufrimiento…Haití es la historia de un fracaso…” me decía hace unos días en Mar del Plata la Secretaria de Estado de Cooperación Internacional y para el Desarrollo (AECID), Soraya Rodríguez. Y sus palabras son ciertas, trágicamente ciertas.

Haití es sufrimiento porque millones de seres humanos sufren cada día hambre, miseria, enfermedades, pero sobre todo sufren la frustración por entender que, a diferencia de lo que ocurre en otros lugares, su futuro no es a mejor. Cada día que pasa la brecha es mayor.

Después del terremoto, de los huracanes y tormentas tropicales, ha llegado el cólera. Pero el cólera puedo haber llegado antes porque las condiciones son las propicias para todo tipo de enfermedades y epidemias. El 80% de la población haitiana vive por debajo del umbral de la pobreza. Pero eso ya era así antes del terremoto y antes del cólera. Y esa es la historia del fracaso.

Hace más de doscientos años, a principios del siglo XIX, los esclavos tuvieron la osadía de rebelarse. No esperaron a ser manumitidos sino que decidieron darse la libertad a sí mismos. Haití fue el primer país independiente de América Latina; el segundo de América, después de Estados Unidos. Y fue el primer estado independiente del mundo, en el sentido moderno del término, de población de mayoría negra. Una insolencia en un mundo en el que entonces, tanto en Estados Unidos como en las colonias españolas, francesas o inglesas, la esclavitud seguía siendo el factor de enriquecimiento para la población de raza blanca.

Y los poderosos de entonces no pudieron aceptarlo, decidieron condenar a aquel país que se sublevó contra la ignominia. Una condena que se ha ido prolongando a lo largo de estos doscientos años. Hubo que contar, claro está, con las élites emergentes del propio Haití que se aliaron con los poderosos y se olvidaron de su pueblo. Todavía hoy sigue siendo así. En medio del proceso electoral que vive estos días Haití la sensación que uno tiene es que cualquiera de los candidatos, sea el que sea, está preocupado sólo por su propio interés político, por acceder a los grandes negocios que la reconstrucción puede generar. Negocios que en ningún caso beneficiaran a la población haitiana.

Leía hace poco un informe sobre la supuesta ayuda a la reconstrucción desde Estados Unidos y apenas el 1% de los multimillonarios contratos han sido adjudicados a empresas hatianas. Prácticamente todos los fondos se adjudican a empresas estadounidenses. Es decir, el verdadero beneficio no llegará a Haití, se quedará en Estados Unidos.

Algo similar ocurre con las donaciones de simientes para el agro haitiano. Son semillas producidas por grandes corporaciones estadounidenses que, una vez implantadas, obligarán a que se sigan exportando desde allá. Y ya no serán donaciones sino cobradas a precio desorbitado. De esa manera la agricultura de Haití estará cautiva.

Son muchos los ejemplos que se podrían mencionar, una lista casi interminable. Son muchos los que han visto en Haití, en sus reiterados desastres, la oportunidad de lucrarse. Pero también son muchas las personas que están trabajando en Haití de manera desinteresada, solidaria, conviviendo día a día con el dolor y con la impotencia y aún así sin darse por vencidos. Y son muchos los que desde lejos, sobre todo gente sencilla, anónima, han sentido y practicado la solidaridad. A todos ellos quiero rendir homenaje; a todos ellos rinde homenaje, de una u otra manera, RTVE. Gracias a tod@s.

fran.sevilla@rtve.es

Wikileaks y la colonización de Palestina

Estos días, mientras andamos confirmando lo que sabíamos, o enterándonos de lo que no sabíamos o simplemente esbozando irónicas sonrisas al leer las filtraciones de Wikileaks, van sucediendo cosas que pasan desapercibidas. Y uno tiene la sensación de que la catarata de documentos y su publicación puede estar siendo utilizada por algunos como pantalla o como un momento propicio para desviar la atención.

Así ocurre, así parece haberse concebido, con la decisión del gobierno estadounidense de dejar de exigir a Israel que ponga fin a la colonización de Palestina. Recupero el compromiso que escribí en este blog, hace casi dos años, durante la llamada operación Plomo Fundido, que vertió sobre Gaza plomo y plutonio empobrecido y bombas de racimo y destrucción y muerte: el compromiso de no callarme.

Supongo que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y toda la cohorte de ultraderechistas e integristas que lo sustentan estarán celebrando la nueva bajada de pantalones de Washington. Supongo que los colonos israelíes están de fiesta mayor. Ya tienen luz verde para seguir acorralando a todo el pueblo palestino, ya tienen patente de corso para continuar expoliando el territorio de Palestina.

Leo titulares que me indignan y que se repiten sistemáticamente desde hace años: algo así como “Estados Unidos intenta reactivar el proceso de paz entre israelíes y palestinos”. Nunca se ha intentado verdaderamente, ni por Estados Unidos ni por la Unión Europea, ni por quienes tienen capacidad de hacerlo, impulsar un auténtico proceso de paz. Lo único que se ha buscado es que la población palestina claudicara, se rindiera y aceptara renunciar a sus derechos. O si no lo hacía que al menos no protestara.

Leía hace unos días en la sección de Cartas al Director del diario EL PAÍS una carta de un ciudadano argentino, judío, cuyo padre y cuyos abuelos habían sido asesinados en el Holocausto y que, precisamente por la memoria de lo que fue aquel horror impulsado por la vesania nazi defendía el derecho de los palestinos a existir. Y denunciaba la estúpida acusación de antisemitismo que se lanza contra quienes critican la política de brutalidad y ocupación de Israel en Palestina.

Han pasado ya varias generaciones desde que a los palestinos se les robaron sus tierras y sus casas. Y se sigue intentado robarles su memoria y su futuro. Voy a continuar celebrando las filtraciones de wikileaks y voy a seguir sin callarme.

fran.sevilla@rtve.es

Sexo, mentiras y Wikileaks

Fue una película que tuvo gran impacto hace un par de décadas: “Sex, lies and video tapes” (Sexo, mentiras y cintas de video). Y parafraseo el título porque en cierta medida me parece que es apropiado para encabezar un artículo sobre Wikileaks ahora que ha sido detenido su fundador, Julian Assange.
Su detención, o más bien su entrega a Scotland Yard, no está, en teoría, relacionada con la filtración de los documentos del Departamento de Estado o del Pentágono, sino con una causa abierta en Suecia por supuesto delito sexual (ya tenemos el sexo). Si Assange es, verdaderamente, responsable de ese delito debe hacer frente a la justicia como cualquier otro ciudadano, independientemente de su estatus o condición. Dicho esto, no sé por qué detrás de ese proceso exhala un cierto tufo a podrido (¿quizás la primera de las mentiras?). No deja de ser casualidad que se iniciara en Suecia la causa contra Assange por delito sexual coincidiendo con las primeras filtraciones importantes de Wikileaks y cuando él mismo había solicitado asilo en ese país.
Más allá del supuesto delito sexual o de su no existncia, las filtraciones de Wikileaks han demostrado que hay muchas otras mentiras, o medias verdades, que suelen ser peores que las mentiras completas.
Los documentas filtrados no hacen sino confirmar el desprecio con el que los sucesivos gobiernos de Estados Unidos tratan al resto del mundo, ese menosprecio grosero, esa postura altiva y prepotente, ese mirar por encima del hombro, esa indigna y estúpida actitud de superioridad.
Pero no es la confirmación de la despreciativa mirada de Estados Unidos al resto del mundo lo verdaderamente importante y grave. Lo es comprobar cómo los representantes de otros países entran en el juego y son capaces de asumir, sin ningún tipo de dignidad, su supuesta condición de inferiores, de rendir pleitesía al poderoso.
Son muchos los casos y resulta imposible enumerarlos. Así que sólo voy a mencionar uno, el de mi amigo José Couso. Más grave y más indignante que las maniobras del gobierno estadounidense para impedir que se haga justicia es la actitud de servilismo, rayana en el sometimiento, de autoridades judiciales españolas que lo que deberían hacer es precisamente lo contrario: defender que se haga justicia por encima de todo. Deben, claro que deben, dar explicaciones.
En este caso, por completar el título, no hay cintas de vídeo, sino documentos (aunque Wikileaks ya ha filtrado algunos vídeos, como aquel en el que masacraba a ocho personas, incluidos dos periodistas, desde un helicóptero en Bagdad y luego se dijo que eran terroristas). Pero lo verdaderamente importante de la acción de Wikileaks es que la documentación filtrada demuestra que vivimos en un mundo en el que se quiere mantener al ciudadano en la absoluta ignorancia, en el que se permite todo, siempre y cuando no se sepa; un mundo en el que la mayoría de los dirigentes, estadounidenses y de otros países, no critican el contenido de los documentos y lo que subyace tras ellos sino que hayan sido filtrados. Vivimos en un mundo absurdo, un mundo al revés, en el que lo grave no es que se digan o hagan todo tipo de estupideces y tropelías, sino que se conozcan. Nos quieren ignorantes y tratar de romper el círculo de mentiras se convierte, obscenamente, en delito sexual.

fran.sevilla@rtve.es

Fran Sevilla


(Corresponsal de Radio Nacional en América Latina) Puede ser sólo una casualidad, pero son a menudo las casualidades las que confieren valor a determinados momentos. El caso es que este blog se inicia en Perú, tierra de grandes escritores. Para mí es una casualidad porque peruano es uno de mis escritores de culto y aquí escribió una novela que en su día me marcó el rumbo, más incluso que por su contenido, tan bello como duro, por su nombre: hablo de Ciro Alegría y su obra “El mundo es ancho y ajeno”.
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