7 posts de marzo 2011

Uruguay condenado por el caso Gelman

En medio de la sensación del retroceso que vivimos en distintos rincones del mundo sobre todo tipo de derechos, a veces hay noticias que son como un soplo de aire fresco. Así ha ocurrido con la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con sede en San José de Costa Rica, que condena a Uruguay por la desaparición de María Claudia García y su hija, Macarena, nuera y nieta respectivamente del poeta Juan Gelman.

La sentencia establece que Uruguay, como Estado, es responsable de la desaparición de María Claudia y de la supresión de identidad de Macarena Gelman. Pero la Corte va más allá, y exige a Uruguay que se investigue lo sucedido y se derogue la llamada, con un ejercicio de eufemismo de la más refinada hipocresía legal, Ley de la Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, que ha impedido hasta ahora la investigación de las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura y el enjuiciamiento de sus responsables. Una ley conocida popularmente como Ley de Impunidad, aprobada en 1986, poco después del retorno de la democracia a Uruguay, por el gobierno de Julio María Sanguinetti, uno de esos dirigentes políticos que van por el mundo dando lecciones de democracia mientras en su propio país se hizo cómplice de los violadores de los derechos humanos. Una actitud que han mantenido hasta ahora los sucesivos presidentes uruguayos.

Como ya sabrán, pero conviene recordarlo para no olvidar, en 1977 fueron secuestrados en Buenos Aires Marcelo Gelman, de 20 años, hijo del poeta argentino, y su esposa, Maria Claudia. Estuvieron encerrados en Automotores Orletti, uno de los centros de detención, tortura y asesinato clandestinos de la dictadura argentina. Claudio fue asesinado allí mismo, pero María Claudia, embarazada, fue trasladada en secreto a Uruguay al amparo del Plan Cóndor. Se la mantuvo con vida hasta que dio a luz a una niña que fue entregada en adopción a un policía uruguayo. Después no se supo nada más de ella.

En el año 2000, tras una lenta y complicada indagación, Juan Gelman encontró a su nieta, Macarena, y juntos iniciaron una igualmente lenta batalla legal para saber qué había sido de María Claudia, dónde habían depositados sus restos. Pero se toparon siempre con el muro de la Ley de Impunidad. Ahora, como ha explicado el Premio Cervantes 2007, “es reconfortante” que se haya dado este paso hacía el esclarecimiento de lo ocurrido y hacia el fin de la impunidad amparada por el Estado.

Hoy, Juan y Macarena Gelman, no podrán recuperar a sus seres queridos ni el tiempo que les robaron como nieta y abuelo. Pero dormirán con la sensación de haber derrotado a los muchos Sanguinetti, sabiendo que el mejor aliado de la impunidad y del olvido es el darse por vencidos. Ellos nunca lo han hecho.

fran.sevilla@rtve.es

Martelly, ¿presidente? de Haití

¿Está Haití en condiciones de celebrar unas elecciones? Esa fue la pregunta que le hice a Michel Martelly, cantante conocido popularmente como Sweet Micky, y candidato presidencial. Me dijo que al principio pensó que no se debían celebrar elecciones tal y como estaba el país, pero que ahora cree que fue una decisión correcta. Inevitablemente pensé que es probable que tenga ahora esa opinión porque está a punto de ganar las elecciones.

Entrevisté a Martelly horas antes de que comenzara la jornada electoral. Me recibió en una Suite del Hotel Caribe, un oasis de paz y lujo, como escribí en la introducción a la entrevista, en medio del caos y la miseria circundante en un Puerto Príncipe que sigue mostrando sus heridas.

Martelly respondió a mis preguntas con un discurso un tanto mesiánico. “Para los haitianos soy la luz al final del tunel”, me dijo, arrogándose un papel de salvador que a mí, generalmente, me produce urticaria. Pero más allá de esa arrogancia, más dirigida al electorado que al entrevistador, percibí un discurso distinto, con algo de savia nueva.

Frente a la clase política tradicional haitiana, corrupta y ajena a los problemas reales, Martelly se presenta a sí mismo como una “sangre fresca”. Utiliza un tono populista y el gran lema de su campaña, con el que los haitianos le identifican es “Téte Calé”, en creole algo así como Cabeza Rapada, o en jerga de la calle “coco pelado”. Porque él va rapado, con su cráneo al cero, y así le identifican, sobre todo los jóvenes haitianos, que corean el “Téte Calé” por las calles.

Recorriendo esta jornada electoral los centros de votación, una vez que se cerraban las puertas y comenzaba el recuento, ha resultado evidente que, al menos en Puerto Príncipe, Martelly ha superado con creces a su oponente, Mirlande Manigat. Su discurso ha sido un discurso más fresco, innovador y que ha llegado más a la gente. Así que tiene muchas posibilidades de convertirse en el próximo presidente de Haití.

Yo mantengo mis recelos, como recelaba de Manigat, o de Aristide, por supuesto de Duvalier, y de la mayoría de los dirigentes haitianos que durante años no han hecho sino enriquecerse a costa de la miseria de su propio pueblo. Recelo de esa especie de facilismo que destila Martelly a la hora de señalar cómo va a solucionar los problemas de este país. Pero lo que sí me parece es que ha logrado ilusionar a numerosos haitianos. Y son los haitianos los que deben decidir. Ojalá, si se confirma la impresión de que ha ganado las elecciones, no les defraude. Todo está por hacer en Haití, empezando por una nueva concepción de la política.

fran.sevilla@yahoo.es

Japón y Haití

Japón vive una crisis humana como pocas en su historia. La dimensión de la tragedia es abrumadora. Y entre los elementos que le confieren una relevancia especial está el de un siniestro nuclear sin duda preocupante. Pero a Haití apenas llegan noticias de Japón. Es un país que está al otro lado del planeta, en otro mar, en otro océano, y, verdaderamente, en otro mundo.

La mayoría de la población de Haití vive estos días ajena a la catástrofe en Japón. Es fácil entenderlo: la mayoría de los haitianos ni siquiera tiene televisor para seguir las noticias, minuto a minuto, de lo que acontece a una distancia tan sideral. Para la mayoría de los haitianos su principal preocupación, a día de hoy, sigue siendo sobrevivir.

Me comentaba hace unas horas Lars, un amigo y corresponsal de la radio pública de Suecia, su sorpresa, tras el recorrido entre el aeropuerto de Puerto Príncipe y Petion Ville, al comprobar cómo prácticamente nada ha cambiado desde hace un año. Lars vive en Chile y me explicaba cómo allí, un año después de otro devastador terremoto, apenas quedan restos de lo que fue aquel brutal seísmo y el tsunami que provocó. Hay todavía muchos chilenos viviendo en casas prefabricas, pero no en carpas o tiendas de campaña o bajo toldos y plásticos. En Haití, casi un millón de seres humanos aún viven así, en la más absoluta precariedad, más de un año después del terremoto.

Es difícil saber cómo estará dentro de un año la zona japonesa afectada por el terremoto y el tsunami, pero no parece improbable imaginarse que no será igual que ahora. En Haití, la sensación es que el año próximo tampoco habrá cambiado mucho la realidad, el día a día. Es la diferencia entre ser rico y ser pobre, entre tener futuro y no tenerlo.

La embajadora de Haití en España se condolía hace poco por lo sucedido en Japón, pero al mismo tiempo pedía que esa tragedia puntual no nos haga olvidar la tragedia cotidiana que sigue viviendo su país. Es una tragedia mucho más profunda porque en Haiti no hay centrales nucleares de las que preocuparse, apenas hay energía eléctrica.

Japón y Haití son dos países unidos momentáneamente por sus respectivas tragedias. La de Japón probablemente sea superada, la de Haití llegó para quedarse.

fran.sevilla@rtve.es

A Joaquim Ibarz

Ahora que te has ido, trato de imaginar lo que sienten Jacobo, Manolo, Toni, Josemi, Carmen, Juanje y tantos otros. Supongo que todos están, estamos, con esa extraña sensación de orfandad. Tú eras (yo siempre lo decía) algo así como una mamá Gallina, siempre rodeado de tus polluelos, de aquellos que llegaron, que llegamos después que tú e intentábamos aprender de tu oficio.

Si repaso las innumerables ocasiones en las que coincidimos, desde aquella primera vez, hace 25 años, en el desaparecido hotel Carrera de Santiago de Chile, en una habitación junto a Maruja y unos cuantos más, me resulta difícil enumerar las anécdotas, las cenas compartidas, los momentos vividos. Desde tu querido México a tu adorada Lima, desde Quito a Managua, desde la convulsa Caracas a las violentas Bogotá o San Salvador o Guatemala, desde la detenida Asunción a la devastada Puerto Príncipe, entre los escombros del hotel Villa Creole, tú siempre estabas ahí, escribiendo la historia, viviéndola, narrándola en tus crónicas imprescindibles en La Vanguardia. .

Lo que más me gustaba era discrepar de ti, llevarte la contraria, no compartir tus puntos de vista, enzarzarnos en discusiones intensas. Ya lo sabes, cuantas veces discrepábamos. Y cuantas veces, después, he tenido que darte la razón; y cuantas otras he mantenido mi opinión, sabiendo que era difícil competir con esa capacidad tuya de desplegar datos y nombres y fechas para respaldar tus argumentos.

En estos tiempos en los que el periodismo, los medios de comunicación, van abandonando esa figura irremplazable del corresponsal, contigo se nos va no sólo el decano nuestro en América Latina, sino también se apaga un poco más la débil luz de quienes ejercen, ejercemos, este oficio en vías de extinción, con pasión, con ese amor por la cultura y el día a día latinoamericanos.

Te vamos a echar de menos, te echamos de menos ya; te echo de menos mientras preparo la maleta para volver en unas horas a Haití y siento el vacío de saber que este vez no vas a estar allí. Pero estarás, te lo aseguro Quim, entre nosotros, y brindaremos por ti.

fran.sevilla@rtve.es

Riqueza, crisis y obscenidad

Lo que desde hace unos años empezaba a ser una especie de clásico en la información económica, la publicación por Forbes de la lisa de las mayores fortunas personales del planeta, de las personas más ricas del mundo, se ha transformado últimamente, en medio de la crisis internacional, en algo así como un canto a la obscenidad del sistema financiero.

Es evidente que la publicación de esa lista de multimillonarios tiene morbo y despierta interés en los lectores desde distintos planteamientos: ¿Cómo se hace para acumular tanta riqueza? ¿Quién sube y quien baja en el ranking? ¿Qué haría uno si su fortuna fuera, por ejemplo, de 30.000 millones de dólares?

¿Cuántas vidas habría que vivir para gastarlo todo? O, por qué no, ¿Cuántas vidas podrían salvarse con ese dinero, cuántos seres humanos que pasan hoy hambre en el mundo podrían alimentarse, cuántos niños podrían dejar de trabajar, de ser explotados, e ingresar en una escuela?

La expectación que la publicación de la lista de Forbes genera tiene mucho que ver con el mundo en el que vivimos en el que la ostentación de la riqueza, salvo excepciones, se ha convertido en un valor en sí mismo. Y lo es especialmente desde que estalló hace tres años la crisis económica internacional. La industria que más rápidamente se ha recuperado de la crisis ha sido la de los artículos de lujo, mientras millones de trabajadores han perdido sus empleos, el banco les ha arrebatado sus casas hipotecadas, los derechos laborales y socioeconómicos se recortan y las esperanzas de que sus hijos puedan llegar a vivir algún día algo mejor que ellos se desvanecen.

Otro elemento destacable y sintomático de la lista de Forbes es la confirmación de que mientras la crisis golpeaba a casi todos los sectores, en el caso de los multimillonarios sus fortunas han crecido más aún en el último año. La conclusión es obvia: la crisis ha servido para que los pobres sean aún más pobres y los ricos más ricos. Alguien dirá que es una frase demagógica. Lo es. Pero es tan demagógica como real, inapelable: la crisis ha generado mayor desigualdad, ya sea en México, en Estados Unidos, en Brasil o en España.

Probablemente mucha gente no comparte este punto de vista, pero por ponerlo en términos comparativos creo que resulta obsceno que un solo ser humano, Carlos Slim, posea una fortuna personal valorada en 70.000 millones de dólares (55.000 millones de euros). Es mucho más que el presupuesto de la mayoría de los países del mundo. Y resulta obsceno que Carlos Slim, el hombre más rico del planeta según Forbes, amase esa fortuna en un país como Méixco, más de cincuenta millones de seres humanos, la mitad de la población, viven por debajo del umbral de la pobreza, es decir, sobreviven en la más absoluta miseria. Eso es obscenidad económica y humana.

fran.sevilla@rtve.es

Huye “La mujer más valiente de México”

No ha sido posible. O no le ha sido posible. Marisol Valles García, a la que hace cuatro meses ensalzaban, ensalzábamos, los medios de comunicación, calificándola como “La mujer más valiente de México”, ha huido a Estados Unidos y ha pedido allí asilo político. Al menos así lo han asegurado sus familiares después de que llevara una semana “desaparecida”, sin acudir por su despacho en la localidad de Práxedes G. Guerrero, en el Valle de Juárez.

Las amenazas recibidas parecen haber podido más que la determinación de esta joven de 20 años, estudiante de criminología, madre de un niño de apenas un año de edad, que hace cuatro meses aceptó el cargo de Jefa de Policía Municipal en aquel municipio enclavado en uno de los rincones más violentos del mundo.

Marisol reconoció entonces que sentía miedo, pero que eso no le impedía asumir la tarea de dirigir a un contingente de apenas 19 policías municipales, la mitad de ellos mujeres, mal armados y sin apenas recursos, en un lugar en el que el crimen organizado, el narcotráfico, se enseñorea con absoluta impunidad.

Es de suponer que en su decisión de huir, cruzando la frontera, ha pesado el comprobar cómo las amenazas suelen ir acompañadas de balas. Un par de meses después de que Marisol Valles asumiera su cargo murió acribillada la primera mujer que ocupó un cargo de jefa de policía municipal en México, Hermila García, jefa de Seguridad Pública de Meoqui, otra localidad próxima a Ciudad Juárez. En diciembre otra joven de 18 años, Érika Gándara, la única agente de policía municipal que quedaba, que no había renunciado en el municipio de Guadalupe, en la misma región mexicana, fue secuestrada en su casa por un grupo de sicarios y nunca más se ha vuelto a saber de ella.

No seré yo quien juzgue la decisión de Marisol Valles. Y desde luego no puedo pensar que sea un acto de cobardía. Para mí sigue siendo una mujer valiente, que intentó, probablemente con más voluntarismo que realismo, cambiar la aterradora realidad del lugar en el que habitaba.

Pero su renuncia sí conlleva una alta carga de desazón, de descorazonamiento y de tristeza. Porque es triste y descorazona comprobar como la valentía individual de personas como Marisol Valles se ven superadas por esa realidad de impunidad y muerte con la que el crimen organizado impone su ley del más fuerte mientras las instituciones mexicanas miran para otro lado o, en muchos casos, se convierten en cómplices de su violencia. La sensación es que al final a Marisol Valles no le ha quedado más remedio que elegir entre ser una asilada en Estados Unidos o una heroína mexicana muerta. Y su elección es absolutamente respetable, aunque entristezca.

fran.sevilla@rtve.es

Crisis, petróleo y alimentos

Hay momentos en los que uno tiene la sensación de que caminamos hacia atrás, como cangrejos; que aquellos avances, o al menos aparentes avances, que deberían servir para configurar un mejor mundo posible tienen el efecto contrario.
En las últimas semanas vuelve a imponerse esa sensación. Es más que una sensación, es una constatación. Tras la crisis de Egipto y, ahora, de Libia, pareciera lógico pensar que esos cambios deberían propiciar, además de mayores espacios de libertad, un mejor reparto de la riqueza. Lo lógico sería que si Mubarak o Gadafi dejan de enriquecerse, junto a sus familias, con los recursos de ambos países, éstos beneficiaran a mayor cantidad de gente. Pero no parece que vaya a ser así.
El efecto inmediato de la crisis en Libia es un encarecimiento del precio del petróleo que perjudica a casi todo el mundo y que sólo beneficia a las empresas petrolíferas. Es decir, la alianza entre esos dictadores y las grandes corporaciones occidentales era tan inamovible y perversa que la caída de aquellos se va a traducir, en términos económicos, en un mayor beneficio para éstas.
Recuerdo lo que ocurrió hace un par de décadas, cuando el fin de la Unión Soviética. La caída de aquel gigante, de aquel régimen opresivo e inhumano, tuvo un efecto contrario al que hubiera sido deseable. Poco a poco comenzó en la Europa Occidental, a raíz de la desaparición del enemigo ideológico, un proceso de desmantelamiento del estado de bienestar social que se había tejido precisamente para contrarrestar el peso del otro bloque. Ahora asistimos a la desaparición del estado de bienestar social como si fuera un proceso incuestionable, una verdad ineluctable, la concreción de un oráculo. Claro que es el oráculo del dios Mercado y éste es el que impone su excluyente ley.
En estas últimas semanas, además del aumento del precio del petróleo, se ha desatado un desproporcionado incremento del precio de los alimentos, de los productos básicos con los que se malalimenta más de la mitad de la humanidad. Al igual que ocurrió hace tres años, cuando comenzó la crisis financiera internacional, ese fenómeno se traduce en una multiplicación del número de seres humanos que pasan hambre; más grave aún, se multiplica el número de personas que mueren en el mundo, por hambre y por las enfermedades que se ven potenciadas por la malnutrición.
Si uno pone atención a las razones con las que los “analistas del mercado” justifican el aumento del precio de los alimentos uno se da cuenta de que todo es pura especulación. Y son los especuladores, insaciables, los que se enriquecen una vez más. Como ocurrió con la anterior crisis; como ocurrirá con la siguiente crisis si no hay un auténtico cambio de sistema. No parece que vayamos por este camino.

fran.sevilla@rtve.es

Fran Sevilla


(Corresponsal de Radio Nacional en América Latina) Puede ser sólo una casualidad, pero son a menudo las casualidades las que confieren valor a determinados momentos. El caso es que este blog se inicia en Perú, tierra de grandes escritores. Para mí es una casualidad porque peruano es uno de mis escritores de culto y aquí escribió una novela que en su día me marcó el rumbo, más incluso que por su contenido, tan bello como duro, por su nombre: hablo de Ciro Alegría y su obra “El mundo es ancho y ajeno”.
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