5 posts de abril 2011

La dictadura de Guantánamo

Lo de Guantánamo ya se sabía, había suficientes testimonios y suficientes intuiciones de lo que ocurría en aquella base militar espuria. Así que los documentos de Wikileaks no aportan nada nuevo, pero al mismo tiempo lo aportan. Son la constatación fehaciente de una ilegalidad y una inmoralidad escandalosa cometida por un país, Estados Unidos, que se precia de ser la primera democracia del mundo.

En estos días tan revueltos, en los que lo que acontece en Siria, en Yemen, en Libia, lo que se cuenta de esos países, está en las primeras planas de los medios de comunicación; en estos días en los que no se cuenta lo que ocurre en Arabia Saudí o en Guinea Ecuatorial o en China; en estos días en los que Haití sigue hundiéndose en el pozo del olvido, resulta particularmente inmoral que Estados Unidos siga manteniendo el limbo jurídico de Guantánamo mientras denuncia las violaciones de los derechos humanos en otros lugares del planeta. Obama ha perdido la batalla política frente a los republicanos, pero lo más triste es que ha perdido la batalla moral frente al resto del mundo.

También resulta irónico que ese lugar de detención clandestina, de tortura y vejación de seres humanos, se encuentre en la base de Guantánamo, en una base militar en territorio cubano ilegalmente ocupado. Resulta irónico porque los portavoces estadounidenses no dejan de llenarse la boca con denuncias sobre la dictadura cubana, sobre las violaciones de los derechos humanos en Cuba, sobre los presos políticos en la Isla, mientras el gobierno estadounidense se comporta allí como la peor de las dictaduras.

De todo lo que se ha filtrado en los papeles de Wikileaks, hay algo que enardece especialmente la indignación: los médicos que han estado avalando las torturas. Cuando uno era niño pensaba que si había una profesión especialmente valiosa en el mundo era la de médico, la de alguien que había decidido dedicar su vida y su conocimiento a tratar de paliar el sufrimiento ajeno. Y una vez más se demuestra que no es así. No es la primera vez y, por desgracia, probablemente no vaya a ser la última.

Los médicos nazis se dedicaban a experimentar con los presos judíos en los campos de exterminio, en la página más ignominiosa y aberrante de la historia moderna. Los médicos afectos a la dictadura argentina o chilena o uruguaya aconsejaban sobre qué torturas aplicar sin llegar a causar la muerte, sobre el límite al que llegar para que la tortura fuera más efectiva. En la (por suerte) desaparecida Unión Soviética y sus estados satélites los médicos oficialistas formaban parte del engranaje de la represión contra cualquier disidente. Guantánamo es, desde hace años, equiparable a todos esos escenarios. Una dictadura más.

fran.sevilla@rtve.es

Siria, una década después

En el mes de junio del año 2000 Damasco se vestía de luto al mismo tiempo que se vestía de esperanza. Medio mundo se daba cita en la capital siria para asistir a los funerales por Hafez el Assad (la representación española estaba encabezada por el entonces vicepresidente del gobierno Mariano Rajoy).

La población siria asistía a aquellos funerales con la sensación de haber perdido a su gran líder, al general que treinta años antes se revolvió contra el gobierno que le había ordenado ayudar a Jordania a reprimir una revuelta palestina. Fue un símbolo de la resistencia ante un creciente expansionismo israelí y la claudicación de otros dirigentes árabes.

Recuerdo que el decano de los corresponsales españoles en Oriente Próximo, Tomás Alcoverro, afirmaba con rotundidad que El León de Damasco era el único dirigente árabe que no se había dejado doblegar ante Israel. Pero el precio fue la instauración de una dictadura férrea y despiadada contra cualquier disidencia, que no dudó en perpetrar todo tipo de matanzas, como la de Hama, para consolidarse. Así que esa misma población asistía a su funeral con la esperanza de que su sucesor, su hijo Bashir el Assad, iniciara la senda del cambio, de la modernización.

Había elementos para pensar que podía ser así. Bashir el Assad no estaba, en principio, destinado a suceder a su padre. El heredero era su hermano mayor, Basil el Assad, pero unos años antes murió en un accidente. Bashir el Assad había estado hasta entonces relativamente alejado de la política siria, había estudiado oftalmología y se había especializado en Londres. Era un joven con una visión más aperturista, más abierto al mundo y a una nueva era. Y así lo reflejó en su toma de posesión. Su discurso alentó las expectativas de millones de sirios que, en pleno cambio de siglo y de milenio, esperaban iniciar una nueva etapa histórica.

Una década después, resulta evidente que todo fue un puro espejismo. Bashir el Assad ha defraudado a quienes creyeron que abriría Siria a la modernidad y se ha aferrado al poder con la misma criminal inmoralidad que su padre. En concordancia con la más habitual y peor de las tradiciones árabes, se ha convertido en un dictador brutal, que utiliza al enemigo israelí como excusa (por más que Israel siga ocupando ilegalmente los Altos del Golán) para no democratizar su régimen, y que antepone su permanencia en ese poder usurpado a las ansias de libertad y a la misma vida de su pueblo. Damasco, y toda Siria, asisten hoy a nuevos funerales, pero ahora sin esperanza.

fran.sevilla@rtve.es

México se desangra

Primero fueron sesenta cadáveres, luego pasaron a ochenta y tantos, un día después ya eran ciento dieciséis y el último informe habla de ciento cuarenta y cuatro, en un abrumador goteo, o más bien un río de muerte. Cadáveres sin nombres encontrados en al menos vafias fosas clandestinas en la localidad de San Fernando, en el estado mexicano de Tamaulipas. Un estado fronterizo con Estados Unidos en el que el crimen organizado lleva tiempo enseñoreándose, amparándose en la impunidad.

En la misma localidad, San Fernando, fue donde hace meses fueron acribillados más de 70 inmigrantes, centro y sudamericanos. Gente pobre, que trataban de llegar al supuesto paraíso de Estados Unidos, huyendo de la miseria, y en el camino se encontraron con la más atroz de las pesadillas, su propia muerte. Un crimen que se conoció en toda su dimensión por el testimonio de un superviviente, un ecuatoriano.

Aquel crimen y los de ahora se atribuyen al grupo de Los Zetas, formado en los años 90 por desertores de las fuerzas de élite del ejército mexicano, que se pusieron al servicio del cártel del Golfo, como su brazo armado. Hace algo más de un año Los Zetas se independizaron y crearon su propio cártel, su propio grupo al servicio de la muerte, delimitando su zona de influencia.

La última cifra de cadáveres encontrados estos días en San Fernando era facilitada por la Procuradora General, por la Fiscal General de México, Marisela Morales. Un atroz hallazgo que fue posible tras la detención de un nuevo integrante de Los Zetas, Jony Torres Andrade, conocido como “La Sombra”.

Horas antes el presidente mexicano, Felipe Calderón, explicaba que entre los detenidos de Los Zetas por esas matanzas había un joven de 19 años que había reconocido haber participado en el asesinato de 200 personas. ¡Tan joven y ya con tanta muerte a sus espaldas!

Las autoridades mexicanas consideran que el hallazgo de esas fosas confirma el “perfil despiadado” del crimen organizado en México. Y es cierto. Pero no es menos cierto que las fosas de San Fernando, las matanzas en Tamaulipas, al igual que en Ciudad Juárez o en tantos otros rincones mexicanos demuestran la inoperancia, la incapacidad de México como Estado, el fracaso de su gobierno y de sus instituciones para proteger a los ciudadanos, para impedir que México siga desangrándose con absoluta impunidad.

fran.sevilla@rtve.es

Las piezas de Machu Pichu vuelven a Perú

La emoción se refleja en el rostro de Karina, una profesora de secundaria que guía a sus dos hijas a través de las salas del Palacio de Gobierno en la Plaza de Armas de Lima. Por la megafonía se recuerda una y otra vez a los visitantes que no deben detenerse, que tienen que desfilar de manera rápida porque hay miles de personas aguardando su turno. Pero, ¿cómo no detenerse ante las vitrinas que exhiben las piezas de Machu Pichu?
Durante las últimas semanas se ha exhibido, de manera temporal, la primera parte de la colección que la Universidad de Yale ha devuelto al Perú. Ha sido un auténtico acontecimiento. Decenas de miles de peruanos han acudido a contemplar ese retazo de su historia que les habían usurpado y que, ahora, observan con orgullo. Es solo un pequeño porcentaje de lo que fue descubierto y sacado de Machu Pichu hace un siglo pero lo importante no es la cantidad, ni siquiera la calidad, lo importante es esa sensación del pasado recuperado.
Hace cien años una expedición de la Universidad de Yale se llevó de Machu Pichu, en diferentes viajes, 40.000 piezas arqueológicas. La expedición estaba dirigida por Hiram Bingham, el explorador que redescubrió las ruinas de la ciudad perdida de los incas y en el que décadas después se inspiraría la saga holywoodiense de Indiana Jones. El gobierno peruano de entonces no dio gran valor a aquellas piezas, ya que no eran de oro ni de plata; la mayoría eran restos de cerámicas, algo de orfebrería, algunos utensilios y herramientas. No lo consideraban un tesoro. Aún así el permiso de exportación llevaba aparejada la condición de su devolución en 18 meses. Yale no lo cumplió. Hace unos años el gobierno peruano presentó una demanda contra la Universidad y, finalmente, se llegó a un acuerdo amistoso por el que toda la colección de Machu Pichu será devuelta a Perú en el plazo de un año. Su destino será un nuevo museo que está acondicionándose en la ciudad de Cuzco.
El caso de Machu Pichu no es único: la expoliación de los restos arqueológicos ha sido una constante. En Perú, como en casi toda América Latina, primero fue la conquista y la colonización española la que expolió sus riquezas y su arte. Después llegaron los expoliadores modernos disfrazados de investigadores, como el propio Hiram Bingham. No sólo ha ocurrido en Perú, ha sucedido siempre, en lugares tan distantes de aquí como Egipto o Irak o Afganistán. El robo de la cultura ajena ha sido una de las prácticas ligadas al colonialismo.
Al menos en el caso de las piezas de Machu Pichu se ha empezado a reparar en parte el agravio, el latrocinio. Por eso uno entiende y comparte la emoción de Karina, quien trata de explicar a sus hijas cómo nos hablan esas piezas del pasado, de la historia; cómo nos conectan con otro tiempo sin el cual Perú no sería el que es, por más que algunos peruanos sigan despreciando la realidad indígena. Karina trata de transmitir a sus hijas, nos dice, “el amor a nuestros ancestros, a nuestra cultura”. Es el amor a la propia identidad.

fran.sevilla@yahoo.es

Lima en elecciones

Hoy ha salido el sol en Lima. Esa neblina que se instala habitualmente sobre esta ciudad dándole un tono gris no ha logrado consolidarse, ha sido derrotada por los rayos de un sol de otoño que parecía de primavera. Claro que hablar de otoño o de primavera en una ciudad como Lima es hablar de conceptos distintos a los que tiene alguien acostumbrado a un acusado paso de las estaciones. Aquí es otra cosa.

Lima es una ciudad de bullicio, de ajetreo, enormemente viva; con una pujanza y un pulso vital desbordantes. Y con una ebullición cultural poco conocida al otro lado del Atlántico. Quizás porque Lima, porque Perú, se asoman al Pacífico. Y a pesar de la proximidad lingüística y cultural, a veces la geografía impone su distancia.

Esta noche ha concluido la campaña electoral en Perú. El domingo se elige nuevo presidente. O más bien, por lo que dicen las encuestas, se elegirá a los dos candidatos entre los que dentro de dos meses se elegirá presidente. Y a aquel bullicio y ajetreo habitual se une el frenesí de las elecciones. Escuchando los distintos mensajes de los candidatos uno tiene la sensación de que todos son estupendos. Todos quieren que Perú se convierta en un país de vanguardia. Todos prometen seguir manteniendo la ruta de un crecimiento económico que ha sido espectacular en los últimos años. En el último trimestre, el crecimiento de Perú ha superado el 10%. Pero uno se pregunta cómo es posible que un país que crece tanto siga albergando tanta miseria.

Como ocurre habitualmente con los magos de la economía, la magia del crecimiento engaña. Es cierto que Perú crece, pero no es menos cierto que crece de manera desigual. La riqueza generada en los últimos años no ha beneficiado a todos. Al igual que sucede en otros países latinoamericanos, Perú está marcado por una injusticia social sobrecogedora, ofensiva.

En Lima, en los municipios metropolitanos de San Isidro y Miraflores, se construyen impresionantes rascacielos asomados al océano, de un lujo desbordante, cuajados de flores y cuidados jardines. Pero en los barrios populares, en las villas miseria que se esparcen por los áridos contornos, miles de personas siguen sin tener agua corriente o saneamientos. En las sierras del Perú la miseria es todavía más aterradora.

Todos los candidatos a presidente han prometido que buscarán un mayor y mejor reparto de la riqueza. Claro que las promesas electorales casi siempre llevan impresas el sello del olvido. ¿Seguirá brillando el sol, o el gris volverá a imponerse?

fran.sevilla@rtve.es

Fran Sevilla


(Corresponsal de Radio Nacional en América Latina) Puede ser sólo una casualidad, pero son a menudo las casualidades las que confieren valor a determinados momentos. El caso es que este blog se inicia en Perú, tierra de grandes escritores. Para mí es una casualidad porque peruano es uno de mis escritores de culto y aquí escribió una novela que en su día me marcó el rumbo, más incluso que por su contenido, tan bello como duro, por su nombre: hablo de Ciro Alegría y su obra “El mundo es ancho y ajeno”.
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