Perú ante el futuro
Perú se asoma a su futuro, inicia la que puede ser una nueva página de la historia. Aunque también puede ser más de lo mismo, la repetición cansina de la misma vieja página. Va a depender de muchos factores, y sobre todo va a depender de muchas voluntades. Para comenzar la del presidente electo Ollanta Humala. Y a partir de él de muchos otros.
Perú ha elegido por primera vez lo que podría llamarse un presidente de izquierdas, con un mensaje, con un propósito declarado de justicia social. Pero ha sido una elección compleja, disputada y que ha generado una gran polarización. El presidente electo de Perú debe sacar algunas conclusiones.
Humala debe entender que casi la mitad de la población no ha votado por él, y que muchos de los que sí le han votado lo han hecho por rechazo a la posible vuelta al tenebroso tiempo del fujimorismo que representaba Keiko Fujimori. Por lo tanto, el nuevo presidente de Perú tendrá que gobernar buscando consensos, tratando de ampliar la base de sus apoyos, abriéndose a otras opiniones.
Ahora bien, buscar consensos, ampliar la base, abrirse a otras opiniones no significa renunciar a la esencia. La esencia, el compromiso, la motivación de quienes sí han votado verdaderamente por Ollanta Humala, no como rechazo a Fujimori, es la búsqueda de otro Perú, un Perú donde las desigualdades sociales dejen de ser tan obscenas, una permanente afrenta, una ofensa a la dignidad humana. Un Perú en el que el espectacular crecimiento económico de la última década no sirva tan solo para beneficiar a los mismos de siempre.
Hay más de un Perú, hay tres o cuatro, y no es el mismo Perú el de Miraflores y San Isidro, en Lima, que el de las villas miserias que rodean la capital, que el de los cerros, que el de la sierra. No sólo son distintos en lo económico, y en lo social, también en lo psicológico. La alta sociedad limeña desprecia a los que no son de su misma condición, a los que tienen la piel más oscura, a quienes son de origen indígena, a quienes son pobres. Buena parte del rechazo a Humala tiene que ver con ese desprecio heredado de los tiempos de la colonia y que aún perdura. Todavía uno tiene que escuchar frases como “indio de mierda”.
Son los estigmas de un país duro e injusto, pero también mágico, bello, mineral, vital, cargado de futuro. Un futuro que pertenece, que tiene que pertenecer a todos los peruanos sin exclusión. Si no es así, será más de lo mismo.
fran.sevilla@rtve.es



