4 posts de noviembre 2011

Las FARC y la revolución en Colombia

Hace años la palabra Revolución apelaba a una transformación, a la consecución de un mundo mejor, más justo; un mundo más humano, o quizás habría que decir más humanista. Y se suponía que quienes enarbolaban el término revolucionario hacían suyo ese ideario.

En los tiempos en los que la revolución era aún una quimera en Cuba,  y mucho antes de que se convirtiera en una excusa para el inmovilismo y las consignas vacías de contenido, los revolucionarios cubanos que combatían en Sierra Maestra a la dictadura de Batista trataban con dignidad a sus prisioneros de guerra. Les quitaban las armas pero no los ejecutaban. Ese fue uno de los elementos que contribuyeron a la victoria porque el trato humano recibido sirvió para desmovilizar a un ejército, a unos soldados que se enfrentaban a la contradicción de defender a dictadura cruel frente a quienes proclamaban, respaldados por los hechos, una humanidad nueva.

Viene esta reflexión al hilo de la última tropelía cometida por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, las FARC. El asesinato a sangre fría de cuatro rehenes ha supuesto un nuevo paso más en la deriva de violencia ciega y de crueldad de una organización que hace tiempo dejó de ser revolucionaria por mucho que mantengan un nombre que es a día de hoy un insulto a quienes de verdad trabajan y pelean por un mundo mejor.

Si la revolución supuestamente propugnada por las FARC debe construirse sobre la base de crímenes tan cobardes y horrendos, sobre el inhumano secuestro durante años de sus prisioneros, tratados como animales salvajes, no hay esperanza de un futuro mejor.

Durante décadas Colombia ha padecido una violencia atroz. Una violencia de la que ha sido cómplice el Estado y las instituciones. Los grupos paramilitares nacidos, crecidos y alimentados por los grandes hacendados, los narcotraficantes y los políticos corruptos colombianos, han sido y siguen siendo protagonistas de crímenes de lesa humanidad. Pero eso no puede servir de justificación para una violencia igualmente ignominiosa. Nada hay que diferencie ni justifique, a día de hoy, los crímenes aberrantes de las FARC.

Hace tiempo que los colombianos abominan de la violencia y aspiran a vivir en paz. Con sus acciones, con sus secuestros, con sus crímenes, lejos de propiciar un mundo más justo y humano, las FARC contribuyen a que la auténtica revolución esté cada día más lejana en el horizonte para Colombia.

fran.sevilla@rtve.es

Sarkozy, Obama y Netanyahu

Reconozco que lo que más me sorprende, y al mismo tiempo lo que más me indigna, no son los comentarios de Sarkozy y de Obama sobre Netanyahu, sino su capacidad para actuar como si sus palabras no hubieran sido nunca pronunciadas. Recuerdo que de niño alguien me explicó que hipocresía era actuar de manera contraria a la que se piensa.

Nicolás Sarkozy reconocía ante Barack Obama, cuando pensaba que los micrófonos no lo registraban, que no soportaba a Bejamin Netanyahu, que era un mentiroso y un impresentable. Y Obama le daba a entender que lo suyo era todavía más insufrible, que él tenía que lidiar cotidianamente con ese intragable primer ministro israelí.

Sarkozy es el presidente de Francia, un país que pasó del antisemitismo visceral de finales del siglo XIX y primeros del XX, a un firme defensor europeo del Estado de Israel. Obama es el presidente de Estados Unidos, el principal aliado y sostenedor del Estado de Israel, gobierne quien gobierno, haga lo que haga. Ambos, Sarkozy y Obama, saben que el gobierno de Netanhayu viola sistemáticamente los derechos humanos de la población palestina. Ironías de la historia, Francia y Estados Unidos fueron los dos primeros países que enarbolaron como bandera la defensa de los derechos humanos. Y Netanyahu es un mentiroso compulsivo que se llena la boca hablando de paz cuando solo trabaja para la guerra, para la ocupación.

Paris es la sede de la UNESCO, la Organización de Naciones Unidas para la Educación y la Cultura. Allí, en París, hace un par de semanas, la UNESCO admitió a Palestina como miembro de pleno derecho. El presidente Sarkozy hizo como que miraba para otro lado. El presidente Obama decidió suspender la contribución de Washington a la UNESCO, que ha tenido que cancelar todas sus actividades ante la falta de fondos. Y Netanyahu anunció la construcción de más viviendas para colonos judíos en los territorios palestinos ocupados. Una medida que, por supuesto, no ha supuesto la más mínima reducción de la cuantiosa ayuda militar estadounidense a Israel. Una ayuda que se traduce, fundamentalmente, en una cada día mayor colonización y más sutil ocupación israelí de Palestina, es decir, en el cada día menor espacio vital para los palestinos.

Sarkozy, Obama y Netanyahu actúan como si no es hubiera dicho nunca lo que se ha dicho. Pero no actúan en el mismo plano. En el caso del primer ministro israelí es lo esperable, su objetivo es que la paz nunca sea posible y los palestinos jamás puedan tener su Estado, su espacio vital. En el caso de Sarkozy y Obama es pura hipocresía.

fran.sevilla@rtve.es

Elecciones en Nicaragua

Miles de jóvenes nicaragüenses llevan dos días de celebración por el triunfo de Daniel Ortega en las elecciones presidenciales en Nicaragua. Enarbolan y agitan, en medio de sus cánticos y consignas, la bandera blanquiazul nicaragüense y la bandera rojinegra del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Se muestran confiados, convencidos de que el futuro les pertenece. Ojalá sea cierto, pero hay dudas razonables de que así vaya a ser.

Daniel Ortega ha obtenido un respaldo mayoritario en las urnas. Al menos eso parece. Y sin embargo su triunfo no ha sido limpio. Porque en cualquier juego, especialmente en el juego democrático, es fundamental el respeto a las reglas. Si las reglas son injustas, obsoletas, inasumibles, hay que pelear por que se cambien, pero no se puede incumplirlas una vez que el juego ha comenzado.

Ortega se ha presentado a la reelección a pesar de que la Constitución nicaragüense lo prohíbe expresamente. Pero gracias al control político de las instituciones judiciales, logró burlar esa prohibición. En el proceso electoral, en su desarrollo, tampoco se han respetado los procedimientos establecidos. Las irregularidades han sido numerosas y, en algunos casos, escandalosas.

La hija de una amiga mía, que tiene 15 años recién cumplidos, pudo votar pese a que el voto sólo puede ejercerse a partir de los 18 años. Me cuenta que otra amiga suya votó tres veces. Se supone que les fue permitido porque quienes lo permitieron estaban convencidos de que iban a votar a Daniel Ortega y al Frente Sandinista. No se trata de casos aislados.

Es muy probable que Ortega hubiera recibido la mayoría de votos sin necesidad de esas irregularidades. Pero el hecho de que se hayan producido demuestra que su gobierno actúa con la vieja deriva de los caudillismos, ya sean personalistas o de partido; con esa convicción de que su impunidad es la confirmación de que tienen razón. Lo mismo ha ocurrido con la triquiñuela legal por la que el presidente nicaragüense se ha presentado a la reelección, violando la constitución de su país y reforzando un proyecto de autoritarismo que es tan viejo como la propia historia de Nicaragua.

La oposición, mientras tanto, aparece descolocada y sin capacidad de reacción. Como está ocurriendo en otros países latinoamericanos, la oposición nicaragüense parece incapaz de hacer autocrítica y entender qué ocurre para que la mayoría de la población vote por un dirigente cuya corrupción es pública y notoria, cuyo nepotismo salta a la vista; un tipo que abusó sexualmente de la hija de su compañera, Rosario Murillo, quien no sólo no lo denunció sino que sigue a su lado. Un presidente, Ortega, que se ha aliado con el personaje más reaccionario, vomitivo y corrupto de la jerarquía católica nicaragüense: el cardenal Obando y Bravo.

En los años que Ortega estuvo fuera de la presidencia, entre 1990 y 2007, los sucesivos gobiernos fueron incapaces de lograr que las condiciones vida de la mayoría de los nicaragüenses mejorara sustancialmente. Al contrario, los pocos avances que se lograron tras la revolución sandinista desaparecieron barridos por los vientos de la historia.

Ahora Ortega esgrime un discurso demagógico que es un cóctel de mesianismo y populismo absolutamente perverso. Pero con una artera manipulación de los medios y recursos del estado, puestos a su servicio, y gracias al vacío anterior a su retorno a la presidencia, ha logrado convencer a buena parte de la población nicaragüense de que él es el gran salvador. Y está convencido, eso es lo más peligroso, de que el futuro sólo le pertenece a él.

fran.sevilla@rtve.es

Basura y esperanza en Nicaragua

Hay lugares ante los que resulta imposible colocarse una máscara, mirar para otro lado, revestirse la piel de una segunda capa; hay lugares en el mundo que sobrecogen de una manera abrumadora, desoladora. Uno de esos lugares es el megavertedero de La Chureca, en Managua. Y hay lugares, como éste, en los que uno siente que no todo está perdido, que las cosas pueden ir cambiando de a poquito.

La Chureca es una vasta extensión de basura; 42 hectáreas de todo tipo de desperdicios y de deshechos. Durante más de tres décadas los residuos generados por la ciudad de Managua se fueron acumulando en ese terreno situado en el noroeste de la capital nicaragüense, a orillas del lago Xolotlán, contaminando sus aguas en las que también vierte el precario sistema de alcantarillado de la ciudad.

Miles de personas, incluida una interminable legión de niños, sobreviven desde hace años rebuscando entre las basuras de La Chureca cualquier cosa que pueda ser vendida o incluso consumida. Con el paso del tiempo los tugurios en los que habitan fueron levantándose sobre las toneladas de desperdicios, en medio de la putrefacción, envueltos por el aire irrespirable, el hedor de los gases despedidos por la descomposición, rodeados de ejércitos de zopilotes que disputan, con su agresiva presencia, cualquier pitanza.

“Cuando llegan los desperdicios de los mataderos es terrible, pero lo que más me ha impactado ha sido ver los deshechos hospitalarios; las jeringuillas, las gasas con los coágulos de sangre, los fetos, y la gente rebuscando entre todo eso”. Quien me habla es José Manuel Mariscal, coordinador de la Cooperación Española en Nicaragua. Recorremos La Chureca mientras me enseña los avances que se han ido consiguiendo en el proyecto que, probablemente, sea el mayor desafío que la AECID haya emprendido nunca, como proyecto específico, en cualquier rincón del planeta.

Hace un par de años la Cooperación Española puso en marcha el proyecto de sellar La Chureca, de sepultar ese gigantesco basurero y construir una planta de reciclaje de basuras que dé trabajo estable a quienes hoy rebuscan entre los desperdicios, en condiciones infrahumanas. El proyecto incluye la construcción de viviendas mínimante dignas y habitables.

Como todo proyecto de tal envergadura, afloran problemas, surgen imprevistos. El último ha sido el derrumbe de varios taludes como consecuencia de las torrenciales lluvias que durante las últimas semanas han caído sobre Nicaragua, al igual que sobre el resto de Centroamérica. Anteriormente el crecimiento del nivel del lago ha obligado a elevar dos metros el terreno sobre el que se construye la planta de reciclaje y la carretera perimetral. La magnitud de la basura sepultada es tal que ha habido que ir colocando respiradores para que emanen los gases que genera la descomposición de los desperdicios y evitar que se produzca un gigantesco estallido.

Algún día, dentro de no demasiado tiempo, La Chureca dejará de ser un inmenso vertedero. Pero entonces empezará otro reto, probablemente el más difícil e importante, darle continuidad al proyecto haciendo que el reciclado de basuras funcione y que quienes sobreviven hoy entre la miseria, alimentándose de la inmundicia, puedan obtener los recursos para sobrevivir más dignamente. De lo contrario, más temprano que tarde, La Chureca volverá a convertirse en un nauseabundo muladar en el que los niños tengan que disputarse con los zopilotes el espacio de su supervivencia.

fran.sevilla@rtve.es

Fran Sevilla


(Corresponsal de Radio Nacional en América Latina) Puede ser sólo una casualidad, pero son a menudo las casualidades las que confieren valor a determinados momentos. El caso es que este blog se inicia en Perú, tierra de grandes escritores. Para mí es una casualidad porque peruano es uno de mis escritores de culto y aquí escribió una novela que en su día me marcó el rumbo, más incluso que por su contenido, tan bello como duro, por su nombre: hablo de Ciro Alegría y su obra “El mundo es ancho y ajeno”.
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