Gelman, Garzón y la justicia
El gobierno uruguayo va a indemnizar a la nieta del poeta Juan Gelman, Macarena, con 513.000 dólares por los daños causados a ambos con el secuestro y el asesinato de Maria Claudia, la nuera de Gelman y madre de Macarena. Esa indemnización, que en ningún caso servirá para reparar el dolor, se produce después de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenara hace unos meses a Uruguay, como Estado, por su responsabilidad en lo ocurrido. El fallo de la Corte establecía que se debía reparar el daño (Gelman renunció expresamente a cualquier reparación económica) e “investigar los hechos”.
Los hechos, que todavía no han sido verdaderamente investigados en Uruguay, son de sobra conocidos. En 1977 los secuaces de la dictadura argentina secuestraron en Buenos Aires al hijo de Gelman, Marcelo, y a su esposa, Maria Claudia, entonces embarazada. Marcelo fue asesinado poco después en Automóviles Orletti, uno de los centros de detención clandestina de la dictadura argentina. Marica Claudia fue trasladada clandestina e ilegalmente a Montevideo, se esperó a que diera a luz y después fue asesinada y la hija que acaba de parir fue entregada en adopción a un policía uruguayo.
Durante años Juan Gelman buscó a su nieta y finalmente la localizó. Lo que nunca ha conseguido es que ninguno de los sucesivos gobiernos uruguayos, ya en democracia, investigaran qué había sido de los restos de María Claudia.
Juan Gelman, premio Cervantes de Literatura, es uno de los testigos que han declarado en la Audiencia Nacional con relación a una causa abierta por crímenes de la dictadura argentina. Una causa que, como la del general Pinochet, o la de los militares-genocidas guatemaltecos o de los militares salvadoreños que asesinaron a los jesuitas, se basa en el principio de la jurisdicción universal para crímenes de lesa humanidad. Un principio que fue impulsado por el juez Baltasar Garzón, por el fiscal Carlos Castresana, y por otros magistrados y funcionarios que han intentado, y algunos siguen intentando, que la justicia sea algo más que una palabra vacía de contenido.
No deja de ser una irónica casualidad que el mismo día en el que el gobierno uruguayo anuncia la indemnización para Macarena Gelman, el juez Garzón se haya sentado en el banquillo de los acusados en el Tribunal Supremo por declararse competente para investigar los crímenes del franquismo. En Argentina, en Chile, en Uruguay, nunca se habían investigado los crímenes de sus respectivas dictaduras hasta que el impulso dado desde España, por el juez Garzón entre otros, permitió perder el miedo y poner fin a la impunidad. Es por eso que, en América Latina, son muchos los que se preguntan, estupefactos, cómo puede ser que Garzón esté hoy en el banquillo de los acusados por tratar de que se haga justicia. También se lo pregunta Juan Gelman.
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