4 posts de marzo 2012

Siria, Gaza y la categoría de los muertos.

Hace mucho tiempo que la categoría de los muertos en Oriente Próximo se mide con doble rasero, con impudicia moral. Hace mucho tiempo que el nivel de tolerancia, o de cinismo, o de mortal complicidad, varía dependiendo del origen de las bombas, aunque tengan el mismo efecto desmembrando los cuerpos y arrasando viviendas y calles. Hace mucho tiempo que la manipulación se instaló entre nosotros y lo blanco y lo negro, sin apenas matices, depende de un maniqueísmo insultante e indignante.

En el último año, el régimen sirio lleva exhibiendo su brutalidad más descarnada. Se bombardea sin miramientos y las violaciones de los derechos humanos, las represalias contra la población civil siria, la violencia atroz, generan una situación inadmisible. El gobierno de Damasco se justifica asegurando que combate a terroristas que atacan las ciudades y siembran el pánico. Esa nebulosa que se define como Comunidad Internacional, ha condenado a Siria (lo que es loable) y ha adoptado sanciones contra este país.

En los últimos días, Israel ha asesinado en Gaza a 25 palestinos, lo que lleva haciendo desde hace muchos años exhibiendo una brutalidad descarnada. Se bombardea sin miramientos y las violaciones de los derechos humanos, las represalias contra la población civil palestina, la violencia atroz, generan una situación inadmisible. El gobierno de Tel Aviv se justifica asegurando que combate a terroristas que atacan las ciudades y siembran el pánico. Esa nebulosa que se define como Comunidad Internacional no condena a Israel (lo que es deleznable) ni adopta ningún tipo de sanciones contra este país.

Los países occidentales apoyan incondicionalmente a Israel, y apoyan condicionalmente, variando al albur de sus propios intereses cambiantes, a las dictaduras árabes. Y luego los portavoces y opinadotes de nuestro muy civilizado primer mundo se preguntan, con falsa, con impostada ingenuidad, por qué las poblaciones árabes (no sus dirigentes) odian a estos países occidentales. ¿Habrá que explicárselo?

fran.sevilla@rtve.es

Siria y las otras dictaduras

 

Desde hace ya casi un año el régimen sirio responde con una violencia atroz a las ansias de libertad de buena parte de la población siria. La represión se ha ido incrementando con el paso de los meses y ha tenido su epicentro en Homs, convertida así en ciudad mártir. No es la primera vez que ocurre. Antes de Bashar al Assad fue su padre, Hafez Al Assad, quien treinta años atrás desató una mortífera represión sobre Homs y quienes se oponían a su dictadura.

Cuando Bashar al Assad asumió la presidencia de Siria, pocos días después de la muerte de su padre, hubo quienes quisieron creer que se abría una nueva etapa, un nuevo ciclo aperturista. El discurso del nuevo presidente ante el parlamento sirio, con invocaciones a una mayor modernidad, a nuevos espacios de libertad, a una sociedad más justa, reforzaron esas vanas esperanzas.

Doce años después de su llegada al “trono”, inaugurando lo que se dio en llamar “las repúblicas monárquicas”, la realidad no puede ser más desoladora. Bashar al Assad ha demostrado ser tan despiadado como lo fue su padre. Pero sin su capacidad para maniobrar, sin su instinto político y sin su habilidad para controlar el corrupto entorno familiar y del clan alauí que lo sustenta.

Bien es cierto que los tiempos son otros y que había cuentas pendientes. Siria fue el único país árabe aliado de Irán durante la guerra que lanzó Sadam Hussein, con el apoyo de Occidente y de las monarquías del Golfo, contra el régimen islamista. Y aunque las cañas se tornaron lanzas y el Irak de Sadam Hussein se convirtió luego en el enemigo a batir, las monarquías del Golfo nunca perdonaron a Siria su alianza contra el secular enemigo persa. Hoy son algunas de esas monarquías, tan dictatoriales como el régimen de Al Assad, las que impulsan y arman a los milicianos sirios. Y lo hacen desde un integrismo islamista tan pernicioso como el Irán de los ayatolahs, pero desde el antagonismo entre suníes y chiíes y la sempiterna lucha por la hegemonía en el Islam del Oriente Próximo.

No se diferencian en nada las dictaduras de los países del Golfo, Arabia Saudí, Kuwait, Bahrein, Catar, Omán, Emiratos Árabes, salvo su condición de “monarquías monárquicas” y teocráticas aliadas de Occidente, que las dictaduras de Siria  o Irán, salvo su condición de “monarquía republicana” o teocracia islamista no aliadas de Occidente.

fran.sevilla@rtve.es

Centroamérica y la legalización de las drogas

 

La idea lleva tiempo flotando en el ambiente, esbozándose, tanteando el ánimo. Se lanza y luego se retrae. Pero ahí está. El último en plantearla ha sido el presidente guatemalteco, Otto Pérez Molina, quien ha propuesto a sus homólogos del SICA (Sistema de Integración Centroamericana) que debatan la posibilidad de despenalizar el consumo de drogas en la región.  El presidente Pérez lo ha hecho en la cumbre del SICA, integrado por los países de Centroamérica y varios del Caribe, que se celebra en Honduras y a la que asiste el vicepresidente estadounidense Joe Biden.

Otto Pérez en un general en la reserva, con polémico pasado, acusado por algunas organizaciones de participar en violaciones de los derechos humanos en la región guatemalteca del Quiché, en plena dictadura. Él asegura que no hay pruebas. Pero en cualquier caso parece evidente que no se ven igual los toros desde el otro lado de la barrera. Es decir, parece bastante más sencillo enfrentarse al creciente problema del narcotráfico y del crimen organizado en un país tan desestructurado como Guatemala, en una región tan desestructurada como Centroamérica, cuando uno está en la oposición y simplemente pide “mano dura”, el lema de Pérez Molina en su campaña presidencial, que cuando uno baja a la arena, es decir, ocupa la presidencia, y tiene que lidiar de verdad con ese toro grande y negro como la más oscura de las noches.

Guatemala en particular, y Centroamérica en general, viven cada día más sometidas al imperio de quienes trafican con la muerte ajena. Algo en lo que México tiene el triste honor de llevarles la delantera. La región se ha convertido en el principal portaaviones, en la más importante ruta de paso del narcotráfico en su recorrido desde los grandes productores, Colombia, Perú, Bolivia, en el sur, hacia el gran consumidor, Estados Unidos, en el norte. Es un comercio que no deja ningún beneficio en los países por los que transita, pero sí deja corrupción, violencia y muerte en ese tránsito. Las mafias se han adueñado de las calles y se están adueñando de las instituciones.

La propuesta de Otto Pérez ha sido aireada también por otros mandatarios, con mayor o menor convicción. No resulta una propuesta que contenga soluciones fáciles. La posible legalización del consumo de drogas en la región está cuajada de incertidumbres. Nada asegura que sea la panacea. Pero al menos sería intentar una vía que hasta ahora no se ha intentado. Y sobre todo podría desenmascarar el falso discurso, la hipocresía estadounidense, a la hora de afrontar el problema.

En el fondo lo que subyace es la constatación de una realidad sangrante: Estados Unidos pone el consumo, México pone los carteles del narcotráfico y buena parte de los muertos y Centroamérica solo pone muertos y más muertos. Y quizás la única forma de romper esa mortal ecuación sea que se despenalice el tráfico y consumo de drogas. De esa manera no habría un negocio tan ilegal y, por consiguiente, tan millonario. Pero claro son los millones los que inclinan las voluntades políticas. Y la decisión debe ser política. O sea, no parece que la idea vaya a cuajar.

fran.sevilla@yahoo.es

Enfermedades raras

Hace unos días reflexionaba, al hilo del Día Mundial de las Enfermedades Raras, sobre la mezcla de desazón, incredulidad, vulnerabilidad, sensación de abandono y, al mismo tiempo, de valentía y determinación que anida e impulsa la lucha de las víctimas de ese tipo de enfermedades y de sus familias. No es fácil no dejarse vencer por el abatimiento y sin embargo ahí están, dando ejemplo. Pensaba también que al menos quienes han logrado que se les diagnostique una enfermedad rara puede tener una mínima esperanza de vida. En los países de menos recursos son muchos los que padecen ese tipo de enfermedades que ni siquiera llegan a diagnosticarse nunca.

Andaba con esas reflexiones cuando me ha llegado una reflexión más importante, la de Pablo Ramírez Uribe, colombiano de 16 años, publicada en El Espectador de Colombia. Yo sabía ya algo de la enfermedad de Pablo, me la había contado su padre y amigo, el periodista José Luis Ramírez. Y aunque llevaba días pensando en escribir algo al respecto, creo que tiene mucho más interés reproducir el artículo de Pablo: yo nunca podría contarlo tan bien, tan claro y con tanto valor como lo hace él a pesar de su juventud.

“Es algo raro de decir, pero creo que tan solo me volví completamente consciente de mi enfermedad en este último año. Eso no quiere decir que la enfermedad se haya manifestado hace un año, pues desde que nací hace dieciséis años padezco de Síndrome Poliglandular Autoinmune Tipo 1, una enfermedad genética que le ocurre a una de cada dos millones de personas en el mundo y generalmente afecta el sistema endocrino y las funciones gastrointestinales.Lo que sucede es que he madurado hasta un punto en el que entiendo las verdaderas implicaciones.

Debo reconocer que no siempre me molestaba cuando los doctores incrementaban el número de pastillas diarias que me tenía que tomar, unas 30 hasta hace dos meses. No siempre me molestaba ser hospitalizado hasta seis veces al año por razones que variaban, ya fuera una infección estomacal o niveles bajos de calcio. No siempre me molestaba cuando los tratamientos no funcionaban o cuando los doctores no entendían por qué mi cuerpo estaba actuando de la manera en que lo hacía.

Ahora sí estoy consciente. Consciente de cuando los doctores me administran potasio de forma intravenosa, causando una sensación similar a aquella de tener mi brazo encendido en llamas. Consciente de que es básicamente imposible que yo pueda viajar con mayor frecuencia a mi querida patria, Colombia, por mis problemas de salud. Consciente de que, por el resto de mi vida, mi mala absorción y el colon alargado serán una maldición que me acompañará siempre que viaje. Consciente de la “bomba” médica pegada a mi estómago, que transmite una versión sintética de la “paratormona” que mi cuerpo necesita y mi tiroides no produce. Consciente de que mi cuerpo no produce adrenalina y no puede reaccionar a ningún tipo de estrés emocional o físico bajo el cual me encuentre. Consciente de que, no importa cuánto me haya mentido estos últimos 16 años, no he vivido —y nunca viviré— una vida normal.

Pero también estoy consciente de la suerte que tengo de haber sido diagnosticado con SPA Tipo 1 a una edad bastante temprana. También estoy consciente de que mis padres me pudieron traer a Estados Unidos. También estoy consciente de que, aunque no debería haber vivido más de tres años, estoy bien vivito ahora. Consciente de que mi suerte no la tienen miles de personas como yo en Colombia.

Ahora que estoy consciente, quiero que otros también se concienticen sobre las enfermedades raras. En el mundo, una de cada diez personas sufre de una enfermedad rara. Muchas de estas enfermedades no tienen tratamiento y muchos pacientes son diagnosticados incorrectamente o no tienen forma de tratar su condición.

Los invito a todos, dado que el pasado 29 de febrero fue el Día Mundial de las Enfermedades Raras, a que visiten la página de Fecoer: www.fecoer.org o a www.rarediseaseday.com, para aprender más y, tal vez, donar dinero para investigaciones. Acompáñennos y seamos todos conscientes de esta fecha.”

fran.sevilla@rtve.es

Fran Sevilla


(Corresponsal de Radio Nacional en América Latina) Puede ser sólo una casualidad, pero son a menudo las casualidades las que confieren valor a determinados momentos. El caso es que este blog se inicia en Perú, tierra de grandes escritores. Para mí es una casualidad porque peruano es uno de mis escritores de culto y aquí escribió una novela que en su día me marcó el rumbo, más incluso que por su contenido, tan bello como duro, por su nombre: hablo de Ciro Alegría y su obra “El mundo es ancho y ajeno”.
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