3 posts de abril 2012

Portugal a 26 de abril

Ha pasado un día, pero sobre todo han pasado muchos años. Ha pasado un día desde el 25 de abril, han pasado muchos años, mucho tiempo, mucho agua bajo el puente desde aquel otro 25 de abril. Hay fecha marcadas en el calendario con colores: el rojo de los claveles, el verde de la esperanza; rojo y verde, los colores de la bandera portuguesa.

No hace tanto tiempo en términos históricos, 38 años, y sin embargo parece mucho, porque la dimensión del tiempo no radica solo en el número de años sino en la distancia que esos años han configurado.

El 25 de abril de 1974 Portugal se sacudía una dictadura de medio siglo. La imagen de los soldados  con claveles en las bocachas de sus fusiles se convirtió en el símbolo de una nueva era bautizada entonces como La Revolución de los Claveles. Unas horas antes, poco después de la medianoche que alumbró aquel 25 de abril, la emisión por Radio Renascença de la canción “Grándola, Vila Morena” de José “Zeca” Afonso, prohibida por la dictadura, fue la señal para una sublevación que acabó con el oprobioso régimen del Estado Novo.

Hoy, 38 años después, Portugal se enfrenta a una realidad que tiene poco que ver con aquel espíritu de “fraternidad” y de “igualdad” que evocaba la canción de José Afonso y que desbordaba las calles adornadas con claveles.  Hoy Portugal no sufre la dictadura salazarista, pero se ve sometida a otra dictadura, mucho más etérea y difícil de identificar, pero igualmente ignominiosa: la dictadura de “los mercados”.

Habrá que sembrar claveles, habrá que convocar esperanzas, habrá que reclamar, como decía la canción “Grandola, Vila Morena” que sea “el pueblo el que más ordena”.

fran.sevilla@rtve.es

Chile, Endesa y el juez interesado

Desde hace años se vive en Chile una fuerte polémica por un megaproyecto hidroeléctrico en el sur del país, conocido como HydroAysén, por el nombre de la región, Aysén, en la Patagonia chilena, donde se va a desarrollar. Se trata de la construcción de cinco grandes represas y sus correspondientes centrales hidroeléctricas, más un tendido eléctrico con torres de alta tensión de dos mil kilómetros.

El proyecto está envuelto en polémica desde su origen porque tanto los habitantes de Aysén como distintas organizaciones sociales consideran que tendría un enorme e irreversible impacto, en términos medioambientales y paisajísticos, en uno de los pocos lugares del Planeta donde aún la naturaleza nos se ha visto alterada por la acción humana. El programa de TVE “En Portada” emitió hace un tiempo un detallado documental sobre este asunto de mano de su director, el excelente periodista José Antonio Guardiola.

El proyecto de HiroAysén está impulsado por la compañía española Endesa, que posee la mayoría del capital, 51 %, mientras el otro 49% está controlado por la chilena Colbún. Hace unos días, en medio de la somnolencia de la Semana Santa, el Tribunal Supremo de Chile desestimó el último recurso de quienes se oponen al proyecto, dando una luz verde aparentemente definitiva para que siga adelante.

Pero el fallo del alto tribunal chileno no ha hecho sino incrementar la polémica. Poco después de adoptarse su decisión se ha sabido que el ministro (magistrado) de la corte que inclinó la balanza con su voto, Pedro Pierry, poseé nada menos que 109.000 acciones de Endesa, de un valor a día de hoy cercano a los cien millones de pesos chilenos, unos doscientos mil dólares o ciento sesenta mil euros.

El escándalo es tan mayúsculo que hasta el presidente del Senado chileno se ha declarado indignado y ha criticado duramente que el juez Pedro Pierry no se inhibiera en un asunto en el que, obviamente, tiene claros intereses económicos. Es más, el valor de sus acciones se ha duplicado en el último año.

Por su parte, los directivos de Endesa en Chile se han limitado a señalar que el fallo del Tribunal Supremo es inapelable y que, por tanto, el proyecto de HydroAysén seguirá adelante porque ya no hay quien lo pare. La ética es una palabra que no tiene acomodo en el lenguaje comercial.

Por cierto, y casi como nota a pie de página, el último contrato conocido para el Consejo de Administración de Endesa Chile es el de la exvicepresidenta y exminista de Economía del último gobierno socialista español, Elena Salgado. 

fran.sevilla@rtve.es

Günter Grass e Israel

 No resultaba difícil imaginarse, leyendo el poema-manifiesto de Günter Grass sobre el papel de Israel y de Irán en una posible nueva guerra por la capacidad nuclear iraní, la tormenta de acusaciones y vituperios contra el premio Nobel de literatura. Era fácil imaginarse la campaña de difamación que orquestaría la siempre bien engrasada maquinaria de propaganda israelí. Lo que resulta un poco más sobrecogedor es la casi unanimidad del gobierno y las instituciones alemanas contra un escritor alemán que no hace sino explicitar el absurdo de nuestros días: un país con armamento nuclear que escapa al control de tratados y organismos internacionales, Israel, se autoasigna el derecho a atacar a otro país, Irán, que desarrolla un programa nuclear, analizado con lupa por esos mismos organismos que miran para otro lado con relación al arsenal israelí.

No hay, en las palabras de Günter Grass, una justificación ni una aquiescencia hacia el programa nuclear iraní. Lo que hay es una crítica a que otro país, que incumple sistemáticamente la legislación internacional, se autoerija en juez y parte. Y hay una crítica a una Alemania que, responsable como Estado del genocidio de seis millones de judíos, a día de hoy no entiende que debe superar el complejo y dejar de apoyar incondicionalmente a un Estado que, entre otras cosas, viola los derechos humanos de la población palestina sometida a una ocupación denigrante y que se llena la boca hablando de paz cuando ejerce cotidianamente su vocación de guerra.

Es cierto que Irán, que su patético e integrista presidente, Mahmud Ahmadineyad, airea bravuconamente su odio a Israel. Y desde luego debe intentar evitarse que un régimen como el iraní logre desarrollar armamento nuclear. Pero Günter Grass no justifica ni respalda esa estulta bravuconería. Lo que hace el premio Nobel es cuestionar que un Estado que dispone de armamento nuclear sin ningún control marque la belicista pauta para que ningún otro país en la región disponga de ese mismo armamento. ¿Por qué Israel no dice: abrimos nuestros arsenales a la inspección internacional y proponemos un desarme generalizado en Oriente Próximo? De esta manera podría exigir que se aplicara la misma medida a Irán o a cualquier otro Estado. ¿Por qué Alemania no exige que Israel se someta a las mismas inspecciones que exige para Irán?

fran.sevilla@rtve.es

Fran Sevilla


(Corresponsal de Radio Nacional en América Latina) Puede ser sólo una casualidad, pero son a menudo las casualidades las que confieren valor a determinados momentos. El caso es que este blog se inicia en Perú, tierra de grandes escritores. Para mí es una casualidad porque peruano es uno de mis escritores de culto y aquí escribió una novela que en su día me marcó el rumbo, más incluso que por su contenido, tan bello como duro, por su nombre: hablo de Ciro Alegría y su obra “El mundo es ancho y ajeno”.
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