5 posts de mayo 2012

Grecia y el FMI

Christine Lagarde es una mujer que hace un año entró a un selecto club: el de directores del Fondo Monetario Internacional. Entró de rebote, como consecuencia del parche que hubo que poner deprisa y corriento para reparar el pinchazo de su antecesor, Dominque Strauss Khan, al que le saltaban los escándalos sexuales en cada esquina. A su vez, éste había llegado a la cabeza del FMI tras la dimisión inesperada de su antecesor, Rodrigo Rato, que regresó a España para dedicarse, no con mucho éxito por cierto, a jugar a ser banquero.

Lagarde rápidamente asumió e interiorizó lo que suele ser una especie de imprescindible actitud para dirigir el Fondo Monetario Internacional: el servilismo hacia los poderosos y la arrogancia hacia los débiles. Y alumbrada por esa actitud madame Lagarde ha exhibido impúdicamente su desprecio hacia los griegos, a quienes ha exigido que paguen sus impuestos.

No deja de ser curiosa esa arrogancia en alguien que tiene un sueldo anual de 390.000 euros sobre los que no paga ni un céntimo de impuestos porque está exenta al considerarse como diplomático el cargo que ostenta. Pero, eso sí, ella se siente autorizada a exigir, con tono admonitorio y amenazante, que otros hagan lo que ella no hace.

No es, esa arrogancia, un problema personal de Lagarde (“nothing personal” dirá en Washington, en la sede del FMI, justificándose); tiene que ver con el propio Fondo Monetario Internacional y su función en el sistema económico imperante. El FMI se ha convertido en una especie de Robin Hood internacional a la inversa: roba a los pobres para dárselo a los ricos.

Durante décadas el FMI se ha dedicado a ejercer de policía financiero mundial, imponiendo políticas económicas llamadas de “ajuste” a los países que ya no podían ajustarse más, pero jamás se le ha oído una crítica ni se ha exigido un “ajuste”, por ejemplo, al país con más déficit en el mundo: Estados Unidos.

Los ejemplos de los tres últimos directores del FMI vienen a confirmar que para desempeñar el cargo no es necesario estar especialmente cualificado, basta con saber a quién hay que servir y a quién hay que despreciar.

Es de imaginar que la Lagarde viste de Dior, utiliza complementos de Hermès y se perfuma con Chanel. Mientras, en Grecia, millones de ciudadanos luchan cada día, entre el olor a podredumbre, por una supervivencia que el propio FMI les niegue. Y lo hacen con la dignidad que ningún director del FMI ha exhibido nunca.

fran.sevilla@rtve.es

Déficit de vivienda en América Latina

Una de cada tres familias en América Latina y el Caribe habita en una vivienda sin las condiciones mínimas para considerarse una vivienda adecuada o digna. Es decir, una tercera parte de la población latinoamericana habita en construcciones precarias, con materiales inapropiados o de deshecho, sin acceso a electricidad, agua potable o servicios sanitarios.

Los datos han sido facilitados por un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo. Se trata de una institución, el BID, poco sospechosa de veleidades izquierdistas, sino más bien al servicio de un modelo capitalista que lleva décadas condenando a la miseria y al hambre a millones de latinoamericanos. Y aún así constata una realidad abrumadora.

Lo que llama poderosamente la atención es que en la última década el crecimiento económico en América Latina ha sido espectacular: probablemente haya sido la década de mayor crecimiento económico en la historia de este subcontinente. Pero ese crecimiento no se ha transformado en mejores condiciones de vida para la mayoría de los latinoamericanos.

En los últimos años las cifras macroeconómicas que exhiben, orgullosos, gobiernos e instituciones indican un considerable aumento de la renta per cápita de los latinoamericanos. Pero son cifras engañosas, números manipulables. La renta per cápita se obtiene dividiendo el producto interior bruto (PIB), la riqueza que genera un país, entre el número de sus habitantes. Pero esa operación matemática, ese indicador estadístico no recoge la realidad: se ha incrementado la riqueza, pero no se ha repartido entre la población. Lo que se ha producido es un incremento exponencial de la riqueza de unos pocos, mientras la mayoria sigue siendo tan pobre como siempre. No hay reparto del crecimiento, no hay distribución de la riqueza, no hay justicia socioeconómica.

Al tradicional déficit de vivienda digna en el medio rural latinoamericano, se ha sumado en los últimos años el creciente déficit de viviendas en las grandes concentraciones urbanas. Ciudades como Río de Janeiro, Sao Paulo, México D.F, Buenos Aires, Caracas, Bogotá, Lima, Managua, San Salvador, Guatemala o Tegucigalpa han visto cómo crecía desmesuradamente el número de sus pobladores en barrios marginales surgidos de la nada y que nada tienen. Y la perspectiva no es a mejor porque sigue imperando un modelo económico que lejos de avanzar hacia la igualdad y la inclusión, favorece la desigualdad y la exclusión.

fran.sevilla@rtve.es

Elecciones en República Dominicana

 

El parque Colón de Santo Domingo viene a ser algo así como la plaza mayor o central de la ciudad colonial de la capital dominicana. En su costado se yergue, con su esbelta desnudez de piedra, la catedral de Santa María la Menor, la catedral primada de América. Es un bello edificio de un estilo arquitectónico ecléctico, de transición entre un gótico tardío, del que dan cuenta entre otros elementos algunas gárgolas apiladas en el suelo junto a los muros exteriores, el renacimiento que se había implantado ya en Europa a principios del siglo XVI y los primeros signos de la futura arquitectura colonial.

La palabra transición para definir el estilo de la catedral de Santo Domingo puede ser útil también, por defecto, para analizar la realidad política dominicana a la luz de las elecciones presidenciales. Puede ser útil para constatar que no hay transición sino continuismo político y económico, en una especie de anquilosamiento del poder.

Resulta sorprendente que a día de hoy todavía haya países en los que la compra de votos sea una realidad efectiva. República Dominicana es uno de esos países y así ha ocurrido en los comicios del pasado domingo. Las denuncias de irregularidades han sido continuas. La utilización del poder, del aparato del Estado para beneficiar al candidato oficialista, Danilo Medina, quien finalmente se ha alzado de forma oficial con la victoria, ha sido escandalosa.

Para que el presidente saliente, Leonel Fernández, no tuviera dudas a la hora de apoyar incondicionalmente a su sucesor como candidato del Partido de la Liberación Dominicana, Danilo Medina concurría a las urnas acompañado, como candidata a la vicepresidencia, por la esposa de Fernández, la actual primera dama, Margarita Cedeño. La actuación de la Junta Central Electoral ha dado muestras de estar más al servicio del candidato oficialista que de una elección limpia y transparente. Así lo ha constatado la misión de observación de la Organización de Estados Americanos pese que, al final, se ha lavado las manos con una serie de recomendaciones para que en futuras elecciones el poder político y el presidente de turno no se inmiscuya tan directamente en el proceso electoral.

Pero más allá del continuismo político, de las denuncias de corrupción, del anquilosamiento, lo que resulta más insultante es que República Dominicana es un país que lleva años de fuerte crecimiento económico y sin embargo permanece anclado en un pasado de injusticia social y exclusión. La riqueza generada en estos años de economía expansiva apenas ha beneficiado a unos cuantos mientras la inmensa mayoría de la población sigue viviendo en el umbral de la pobreza. Y el gobierno del que ahora habrá “continuismo” ha mirado para otro lado, más preocupado por aferrarse al poder que por impulsar una justicia socioeconómica que brilla por su ausencia.

República Dominicana sigue anclada en un pasado que condena a su gente a la miseria, a la emigración y al desarraigo. Las piedras de la Catedral de Santa María la Menor siguen contemplando, impertérritas, el paso del tiempo que nada cambia.

fran.sevilla@rtve.es

Información y guerra en Colombia

Vamos a darle la vuelta al calcetín. Vamos a imaginar que un periodista decide realizar un reportaje (se ha hecho con relativa frecuencia) sobre las FARC desde dentro, adentrándose en la selva o en la montaña con alguna de sus unidades. Vamos a suponer que ese periodista es capturado, en medio de una refriega, por el ejército colombiano o por un grupo paramilitar. Vamos a plantear que ese periodista es considerado prisionero de guerra, encarcelado o incluso asesinado (también ha ocurrido a veces). Sería inadmisible.

Inadmisible es que las FARC consideren prisionero de guerra y retengan al periodista francés Romeo Langlois, capturado en un combate entre guerrilleros y fuerzas militares colombianas, a las que acompañaba en una operación de erradicación de cultivos de coca.

Las FARC exigen un debate sobre la libertad de información en Colombia para liberar a Langlois. Sería un debate interesante, incluso necesario. En Colombia, como en casi todos los países con conflictos armados, incluso en países con conflictos sociales o económicos o políticos, el debate sobre la libertad de información es siempre pertinente. Pero esa postura no puede justificar mantener a Langlois como prisionero de guerra.

La mayoría de los medios en Colombia y muchos periodistas adoptan una postura partidista, denunciando atrocidades de las FARC y ocultando o minimizando atrocidades del Ejército o los paramilitares. Se manipula la información. Una información que suele estar al servicio del poder y de los poderosos.

Los poderosos solo admiten la información que les sirve para continuar detentando el poder y que tiene más de propaganda y de adhesión inquebrantable que de información. Colombia es un buen ejemplo. Pero también en Colombia hay periodistas que se han jugado la vida, que se la siguen jugando e incluso que han pagado con su vida, por ofrecer una información distinta a la versión oficial.

No conozco personalmente a Romeo Langlois. No he visto sus reportajes ni sé cual es su orientación ni su ideología ni su grado de independencia. Sean cuales sean, no hay justificación para que las FARC no lo liberen inmediatamente. Lo que esta organización demuestra, considerándolo prisionero de guerra, es que su actitud es la misma que la de quienes detentan el poder: matar (secuestrar en este caso) al mensajero.

fran.sevilla@rtve.es

Ernesto Cardenal: poesía y revolución

Ernesto Cardenal es de esos poetas, pero sobre todo es de esos hombres, de esos sacerdotes, y de esos revolucionarios ante los que uno se siente sobrecogido. Sus palabras y sus gestos nos transportan a un mundo de sosiego en el que el amor y la paz, en todas sus dimensiones, son posibles. Pero que nadie se llame a engaño escuchando o contemplando a este hombre de hablar pausado y gesto suave, de apariencia calmada y bohemia con su melena y su barba blancas y con su boina calada; hay una rebeldía interna que, como su Nicaragua natal, es todo un volcán en permanente erupción contra la injusticia, contra la desigualdad, contra la miseria, contra el dolor.

El nuevo premio de poesía Reino Sofía, Ernesto Cardenal, nació en la ciudad nicaragüense de Granada, en 1925. Quizás de la belleza de ese entorno extrajo la pureza de su lenguaje y su poesía, quizás el misticismo de aquellos parajes le alumbraron el camino del sacerdocio y a crear luego la comunidad de Solentiname, quizás la pobreza circundante le abrieron los ojos y el alma para dedicar su vida a combatir por un mundo mejor. Y ha combatido.

Apoyó la joven y esperanzadora revolución sandinista que derrocó a la dictadura de Somoza. Fue ministro de cultura en aquel gobierno revolucionario de jóvenes idealistas (aunque él era el mayor de edad era el más joven de espíritu), que concitó la admiración y la solidaridad de medio mundo. Aquel compromiso, aquella idea de que su sacerdocio y su misticismo no podían estar al margen de la realidad le supuso una vergonzosa amonestación e intento de humillación pública por el Papa Juan Pablo II: vergonzosa y humillante fue la actitud de un Papa insensible e incapaz de entender el ansia de libertad y justicia de todo un pueblo como el nicaragüense.

Y años después fueron algunos de sus antiguos compañeros de revolución (ya no tan idealistas), con el presidente Daniel Ortega a la cabeza, quienes traicionaron a la Revolución y traicionaron a Ernesto Cardenal iniciando contra el poeta y sacerdote un auténtico acoso político y judicial por, una vez más, contar y cantar las verdades. Pero nadie calla a este nicaragüense, a este poeta, a este hombre que es, sobre todo un hombre bueno.

fran.sevilla@rtve.es

Fran Sevilla


(Corresponsal de Radio Nacional en América Latina) Puede ser sólo una casualidad, pero son a menudo las casualidades las que confieren valor a determinados momentos. El caso es que este blog se inicia en Perú, tierra de grandes escritores. Para mí es una casualidad porque peruano es uno de mis escritores de culto y aquí escribió una novela que en su día me marcó el rumbo, más incluso que por su contenido, tan bello como duro, por su nombre: hablo de Ciro Alegría y su obra “El mundo es ancho y ajeno”.
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