2 posts de agosto 2012

Colombia y la paz

 

En febrero de 2002 la remota localidad colombiana de San Vicente del Caguán se convirtió en una ciudad desubicada, desorientada y perdida. En sus calles resonaban los pasos de las botas militares sin que aún se hubiera apagado el eco de los pasos de las botas guerrilleras. Convertida en capital del diálogo por la paz, San Vicente del Caguán pasó sin transición a convertirse en espejo del fracaso y el odio renovado.

A la luz de una vela, sin energía eléctrica ni teléfono, se escribieron en San Vicente del Caguán las crónicas de aquel brusco despertar del sueño de la paz para retomar la pesadilla de la guerra. El diálogo entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) había echo agua por todas partes.

La actitud intransigente de las FARC, liderada por varios cabecillas que mantenían una estructura mental de guerra fría y que no entendían que el mundo había cambiado desde que se enmontañaron, fue para muchos el principal motivo del fracaso. Las FARC habían ido perdiendo, además, su condición de movimiento armado contra la  injusticia social convirtiéndose, en gran medida, en un tropel de secuestradores y narcotraficantes para financiar su supervivencia. Y aprovecharon la tregua y la llamada zona de despeje en El Caguán para reforzarse.

Pero el fracaso tuvo también otros progenitores. La mayoría de la cúpula militar colombiana y una clase política corrupta, aliadas y en connivencia con los paramilitares y el narcotráfico, estaban igualmente interesados en que el camino de la paz no fructificara.

Hoy, todo Colombia, o casi todo; casi todos los colombianos que de verdad anhelan la paz contienen la respiración. El anuncio de un nuevo diálogo de paz entre el gobierno colombiano y las FARC ha hecho renacer la esperanza de poner fin a más de medio siglo de conflicto armado.

La mayoría de la ciudadanía colombiana ha expresado su respaldo al diálogo de paz anunciado por el presidente Juan Manuel Santos. Y, de momento, ese respaldo se ha verbalizado desde el optimismo, no desde el escepticismo. Claro que no faltan los agoreros y los críticos furibundos. El más conspicuo está siendo el expresidente Álvaro Uribe, para quien la derrota de las FARC se convirtió en una obsesión personal.

Uribe renegó siempre del diálogo y apostó por la vía militarista. Logró debilitar a la guerrilla, golpear a sus jefes, y limitar su capacidad de acción. Contó para ello con la multimillonaria ayuda de Estados Unidos a través del plan Colombia. Pero Uribe no logró acabar con las FARC y el precio de la militarización durante su gobierno fue tremendo: violaciones de los derechos humanos, corrupción política, impunidad, retroalimentación de la espiral de violencia.

En estos días se abre una nueva oportunidad. Es aún apenas un resquicio, una pequeña hendidura en el grueso muro de la intolerancia, el odio, la sed de venganza y la defensa a ultranza, mortalmente a ultranza, del statu quo por quienes se lucran, política y económicamente, con el inmovilismo. Pero una vez abierta la rendija hay que evitar que la taponen. Colombia se merece no solo un futuro, sino un presente mejor.

fran.sevilla@rtve.es

Violaciones “legítimas”

Hay tipejos (no puedo calificarlo de otro modo) y aseveraciones ante las que uno no sabe que reacción es más intensa, si la estupefacción o la indignación. En cualquier caso uno se queda estupefacto e indignado, con parecida intensidad, ante las declaraciones  del congresista republicano por el estado de Missouri Todd Akin

En una entrevista en televisión, defendiendo su postura contraria a la autorización del aborto en casos de violación, Todd Akin aseguró que hay “violaciones legítimas” en cuyo caso, añadió, las mujeres no se suelen quedar embarazadas. “Por lo que afirman los médicos…si se trata de una violación legítima –argumentó- el cuerpo femenino tiene mecanismos para cerrarse” y evitar así el embarazo.

El congresista republicano no aclaró cuándo puede considerarse o considera él que hay o se dan “violaciones legítimas”. Pero, tal y como plantea su retrógrada concepción del mundo, parece evidente que Todd Akin es uno de esos adalides del machismo más profundo y vergonzante que tiende a justificar las violaciones con el enfermizo razonamiento de que son las propias mujeres violadas las que provocan a sus violadores.

Tampoco aclara el conspicuo congresista estadounidense en qué pruebas científicas se basan supuestamente los médicos para aseverar que en una violación el cuerpo de la mujer se cierra por dentro, impidiendo que el semen fluya hacia el interior para fecundar un óvulo. De nuevo parece un razonamiento de científico de perogrullo.

El partido Republicano ha salido rápidamente al paso de las declaraciones de Todd Akin y se plantea exigir que renuncie a sus aspiraciones de ser elegido senador por Missouri en las elecciones del próximo noviembre. Akin, miembro del Tea Party, dice no estar dispuesto a renunciar aunque intenta arreglar el entuerto asegurando que su exabrupto fue simplemente un error.

Por desgracia todavía hay demasiados hombres en el mundo con la mentalidad de Todd Akin. Lo más grave es, además, que puedan ocupar cargos públicos de tanta responsabilidad y poder como la de un congresista estadounidense. Al igual que se hacía en las viejas escuelas, habría que obligar a Akin, además de a dimitir, a copiar cien veces “una violación es siempre una violación”. Él no parece entenderlo.

fran.sevilla@rtve.es

Fran Sevilla


(Corresponsal de Radio Nacional en América Latina) Puede ser sólo una casualidad, pero son a menudo las casualidades las que confieren valor a determinados momentos. El caso es que este blog se inicia en Perú, tierra de grandes escritores. Para mí es una casualidad porque peruano es uno de mis escritores de culto y aquí escribió una novela que en su día me marcó el rumbo, más incluso que por su contenido, tan bello como duro, por su nombre: hablo de Ciro Alegría y su obra “El mundo es ancho y ajeno”.
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