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El Canal de Panamá

    martes 21.ene.2014    por Fran Sevilla    1 Comentarios

La primera vez que crucé el Canal de Panamá, el Puente de las Américas, que era todavía entonces la única vía que, en 1962, recuperó la continuidad territorial en un continente que había quedado geográficamente dividido por la vía interoceánica, tuve la sensación de cruzar países distintos y descolocados. Supongo que era lo mismo que sentían, aunque en su caso como si les hurgaran en una herida, todos los panameños que cruzaban aquella franja de territorio que dividía su país en dos.

Era el año 1989, en los prolegómenos de la invasión estadounidense, y era Estados Unidos quien controlaba esa franja de territorio, desde el Pacífico al Atlántico, a uno y otro lado del Canal, haciendo efectiva la división de Panamá, como un cuerpo separado a la altura de la cintura, sin continuidad entre sus arterias, venas, tendones y músculos. El marine que controlaba aquel día el paso de vehículos, pidiendo documentación, nos miró con rostro altivo, mientras otro marine esgrimía su argumento en forma de fusil M-16. El hecho de llevar pasaportes españoles facilitó la luz verde. “Si fuéramos panameños nos habrían tenido bastante más rato”, me dijo el amigo que conducía el vehículo.

Aquel día entendí la humillación que para la mayoría de los panameños había significado durante casi un siglo, no ya que el Canal estuviera controlado por Estados Unidos, sino el verse sometidos al control de una fuerza militar extranjera, que era de facto un ejército de ocupación, dentro de su propio país. El 31de diciembre de 1999 Panamá recuperó el control sobre aquella franja de su territorio en la que se encuadra el Canal. Y el país se llenó de orgullo.

Todo este amplio preámbulo tiene que ver con el sentimiento que hoy se detecta entre los panameños por el contencioso sobre las obras de ampliación. No resulta fácil valorar, en medio del cruce de datos, acusaciones, denuncias e informes, quien tiene razón y quien no la tiene entre la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) y el Grupo Unidos Por el Canal (GUPC), el consorcio adjudicatario del tercer juego de esclusas, la principal obra de la ampliación y que encabezas las empresas española SACYR, e italiana, IMPREGILO. Probablemente, en mayor o menor medida, cada cual tenga su parte de razón. Pero lo verdaderamente importante es cómo afecta y cómo se interpreta en Panamá.

No he escuchado a un solo panameño, desde que se hizo público el contencioso, que no haya defendido la postura adoptada por la ACP. Lo que percibe el ciudadano de a pie es que la Autoridad del Canal, no el gobierno panameño, está defendiendo los verdaderos intereses de Panamá. Por mandato de la Constitución panameña, la ACP es un ente autónomo, no dependiente del gobierno. Incluso si uno pregunta cuál sería la opinión si el contencioso se traduce en un retraso significativo en la conclusión de las obras, la respuesta sigue siguiendo que es más importante defender la dignidad del Canal que la rentabilidad económica aparejada a la ampliación.

No son pocos los panameños que ponen como ejemplos otras obras públicas realizadas en Panamá en los últimos años y cómo los sobrecostes supuestamente se han disparado y el gobierno los ha pagado sin rechistar. Existe la convicción de que las empresas adjudicatarias han recurrido al sencillo método de sobornar a los responsables gubernamentales para que aprobaran las compensaciones. “En esta ocasión Martinelli (el presidente panameño) no puede meter la mano”, me dice un taxista.

Hay quienes van más allá y aseguran que el consorcio, cuando hizo su presupuesto para la licitación de las obras, lo realizó artificialmente bajo para llevarse la adjudicación pensando que más tarde ya recuperaría los beneficios vía sobrecostes, como con otras obras públicas panameñas. Pero ahí se ha topado con la ACP que, incluso con aciertos y errores como piensan algunos, se ha puesto como principal objetivo defender los intereses del Canal, y por ende, la dignidad de todos los panameños. Son otros tiempos, distintos, aunque solo sean 25 años, a los de aquel lejano día de 1989.

fran.sevilla@rtve.es

Fran Sevilla   21.ene.2014 16:10    

1 Comentarios

Menos canalizaciones en América y más barrer pa casa para que no tengamos que emigrar, ni hacer tanto el ridíCULO

miércoles 22 ene 2014, 03:03

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Fran Sevilla

Bio Vagamundo

(Corresponsal de Radio Nacional en América Latina) Puede ser sólo una casualidad, pero son a menudo las casualidades las que confieren valor a determinados momentos. El caso es que este blog se inicia en Perú, tierra de grandes escritores. Para mí es una casualidad porque peruano es uno de mis escritores de culto y aquí escribió una novela que en su día me marcó el rumbo, más incluso que por su contenido, tan bello como duro, por su nombre: hablo de Ciro Alegría y su obra “El mundo es ancho y ajeno”.
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