Futbolismo es un Blog colectivo de fútbol editado y moderado por la redacción de deportes de rtve.es en el que también tendrán cabida las reflexiones de todos los periodistas, expertos y comentaristas de fútbol de RTVE.Futbolismo es un lugar de encuentro y un foro de debate donde todos los aficionados al deporte rey podrán compartir opiniones, conocimientos y experiencias.
Cuando muchos pensaban que la solución a la crisis de juego que atraviesa el Madrid estaba en el cambio de entrenador o en la búsqueda urgente de algún fichaje de invierno , el Presidente del Club sorprendió (e incluso indignó a muchos) anunciando a los jugadores un incentivo de 120.000 euros por barba si conseguían encadenar cinco victorias consecutivas.
Y parece que la cosa, de momento, no le ha ido mal en cuanto a resultados se refiere. Consideraciones aparte sobre la idoneidad y la justicia de la medida (añadir un dinero extra a los integrantes del segundo equipo más rico del mundo), lo cierto es que los blancos vencieron por la mínima ante el Recreativo , y que lograron llevarse los tres puntos de la gélida Bielorrusia , consiguiendo su pase para octavos en Liga de Campeones, lo que les permitirá centrarse en la Liga .
Ya van dos. Ahora sólo quedan tres encuentros para el suculento aguinaldo: el asequible Getafe, el Sevilla de Manolo Jiménez y el intrascendente Zenit. Todo sea por llegar con el ánimo alto al Barcelona - Real Madrid del 13 de diciembre. ¿También ofrecerá Calderón otra prima para el enésimo partido del Siglo?.
El año pasado ya lo hizo, primando con 30.000 euros por cabeza el triunfo de los madridistas por 0-1 en el Camp Nou con tanto de Baptista.
P.D. Al César lo que es del César. Enhorabuena a Raúl por su gol en Champions ante el BATE que lo convierte en el máximo goleador de la historia de todas las competiciones europeas. Pese a las voces que lo dan por muerto, el capitán lleva ya 6 goles (5 en Liga y 1 en Champions).
¿Es realmente Schuster el culpable de la crisis del Real Madrid? En el fútbol hay que buscar siempre un responsable. Siempre será más fácil rescindir el contrato de un entrenador, aunque haya que pagarle una indemnización, que soportar el derribo y reconstrucción de una plantilla. ¿Cuánto valdría renovar al equipo fichando a jugadores de mayor calidad? Los doscientos millones gastados por el Real Madrid en los últimos dos años palidecerían al lado de tal factura.
Aunque las comparaciones sean odiosas, no hay más que echar un vistazo al banquillo del eterno rival, aquel al que se está mirando estos días para comparar los años luz que separan en el terreno de juego a los dos 'grandes' del fútbol español.
Bien es verdad que en Can Barça venían de una situación cercana al límite en cuanto a la tensión generada en el vestuario y aun entre directivos, una vez rota la relación entre Laporta y su ex amigo Sandro Rosell. El presidente azulgrana estaba dispuesto a entregarse a las peticiones de su entrenador y decirle que sí a todo así le pidiese la luna. ¿Que vendemos a Ronaldinho, mi fichaje estrella? Con papel de regalo. ¿Desprendernos de Deco? Dime dónde hay que firmar. Y hasta su único fracaso, la salida pretendida y no lograda de Eto'o, se ha convertido en un acierto.
Pero el caso es que a Guardiola, un técnico del que también se decía que un equipo como el Barcelona le iba a quedar grande -como pasó con el propio Schuster al traerlo de Getafe el año pasado- se le dieron plenos poderes para hacer y deshacer. Eran tiempos de mudanza ineludible, y los más de ochenta millones gastados (14 por Keita, 15 por Hleb, 32 por Alves, 5 por Piqué, 16 por Martín Cáceres) en crear un equipo de presente y futuro son una inversión.
En la casa blanca de enfrente, con la liga en la vitrina, parecía que soplaba el viento a favor, empujado aún por el espíritu de unidad -y sólo eso- del 'annus horribilis' de Capello. Y los ochenta y tantos millones se anotaron en una servilleta por un fichaje que sólo se plasmó en los papeles de la prensa deportiva. Por primera vez en muchos años, el Real Madrid terminó el verano siendo un club vendedor, ingresando más por la venta de Robinho que lo que gastó en incorporaciones -Javi García y De la Red eran 'prestados', sólo se desembolsó por un Van der Vaart intermitente y un Garay que se quedó en boxes.
Schuster se tuvo que envainar la lista de cuatro o cinco jugadores que quería pedir a su presidente y sólo tuvo ocasión de implorar -a su manera- un plan B que nunca llegó. Una lista de la compra que acabó en la papelera pero que buscaba precisamente cubrir las lagunas de las que ahora se lamenta todo el mundo: un nueve de garantías para suplir a Van Nistelrooy, un lateral izquierdo para apuntalar a Marcelo, otro lateral diestro para multiplicar la potencia de la banda del 'llanero solitario' Ramos, un centrocampista creador y con llegada para alternar con Guti y Sneijder, y un central para llenar la jubilación de Cannavaro.
¿Qué tiene Schuster en su lugar? Menos equipo que el año pasado, más descompensado, más lesiones y menos apoyo, porque lo que seguro que no va a encontrar es a sus jefes fustigándose por sus errores. Ahora se le reprocha lo que se le ha dicho siempre, que no es 'Mister Simpatía 2008': se le podrán criticar las formas en su trato con los medios, sus desplantes y plantones en ruedas de prensa -algunos, amplificados por los movimientos tectónicos latentes en una directiva que tiembla ante la próxima asamblea de socios del 7 de diciembre-. Pero no olvidemos que tampoco se le paga para hacernos felices a los periodistas y que todo eso, que ya existía el año pasado, no importaba cuando las victorias ligueras llenaban las portadas.
Por eso, es normal que se pase los partidos con el bigote torcido, con los brazos cruzados, que no se encienda con los jugadores en el vestuario, que parezca resignado a la cuenta atrás y que ya ni se moleste en agarrar por las solapas -metafóricamente hablando, de momento- a Mijatovic para exigirle "uno o dos fichajes" en el frío mercado invernal.
El técnico alemán escucha un 'tic-tac' de cuenta atrás que puede explotar ante el Recreativo -otra coincidencia no menos odiosa, recibir a los equipos que va dejando un eufórico Barça-. Y aunque viniera un sustituto, probablemente se mantendrán los mismos problemas, el mismo 'tic-tac', esta vez de bomba de relojería, a no ser que se produzcan otros cambios.
Normal que Schuster esté harto, entre indiferente y desafiante y que parezca decir a Mijatovic y compañía con sus palabras o sus sonoros silencios del vestuario: "Entrena tú". Cualquier día esto acaba en una 'peineta'.
A sus 29 años, el francés Nicolás Anelka está viviendo un momento dulce. Con 10 tantos, es el máximo goleador de la Premier inglesa , y ha llevado a su equipo, el Chelsea, a liderar la clasificación, empatado a puntos con el Liverpool.
Cuando llegó al Real Madrid, allá por el año 1999, todo el mundo pensó que aquel chico era un portento. No se equivocaba, pero aún desconocía que su talento era inversamente proporcional a su sensatez. Ésa fue razón más que suficiente para que aquella inversión futbolística de Lorenzo Sanz saliera rana a las primeras de cambio. La gran promesa del fútbol francés sólo era un imberbe caprichoso que pensaba más en jugar a la videoconsola que en meter goles. Al año siguiente, ya había regresado al París Saint Germain.
Anelka tiene el triste honor de ser el jugador que más dinero ha movido entre clubes. En 11 años, ha pasado por 8 equipos diferentes. De mano en mano, siempre como la falsa moneda.
En el Bolton Wanderers, equipo en el que volvió a coincidir con Iván Campo, comenzó a dar muestras reales de su gran calidad. De allí pasó al Chelsea, donde juega desde la temporada pasada.
Aunque tarde, parece que el buen juego que guardaba en sus botas ha aflorado por encima de sus ínfulas adolescentes. Quizá el niño malcriado que se creía poco menos que Maradona por fin se ha hecho mayor y se ha dado cuenta de que para triunfar en esto del fútbol sólo hacen falta dos cosas: ser un buen futbolista y además demostrarlo.
Apenas ha pasado un tercio del campeonato, pero esta Liga española apellidada con el nombre de una gran entidad bancaria permite ir apuntando unas cuantas tendencias de presente que posiblemente se proyecten al futuro inmediato, quién sabe si hasta el cierre del ejercicio. Sin dramáticas subidas y bajadas, se ven con claridad valores al alza y valores a la baja. En el fútbol como en el IBEX.
Si tuviera que invertir su capital futbolístico, el valor referencia se encuentra en el FC Barcelona, que encabeza todos los índices y es el equipo más saneado. La undécima victoria consecutiva despeja las dudas que había hecho aflorar en algún momento el proyecto del inexperto Guardiola.
La ratio goleadora, con 28 goles en 9 partidos de Liga, es sencillamente abrumadora. En siete partidos ha marcado tres o más goles y promedia 3,1 tantos por encuentro. Sólo en la temporada 1996-1997, con el de Santpedor dando los pases y Ronaldo marcando los goles fue mejor el comienzo, aunque ese año el Barça no se hizo con el título.
Sin necesidad de una refundación del fútbol, está claro que el "cambio de mentalidad" es la clave del éxito, como atestiguan los tótems del vestuario. Ni más ni menos que gestión del capital humano, al fin y al cabo el
recurso más valioso de cualquier empresa. Ya se sabe, cuando triunfa uno triunfa el equipo, uno para todos y todos para uno y todas esas cosas.
Los estilos de dirección están marcando la diferencia. Para bien y para mal. En el segundo caso, se incluyen las tendencias abisales de Recreativo de Huelva, Osasuna y Athletic de Bilbao, a los que el cambio en el timón no ha mejorado en absoluto. En el caso de los pamplonicas, que no conocen la victoria este año, y del Athletic, que lleva seis partidos sin ganar, cinco derrotas consecutivas, los números rojos vienen de largo y están pidiendo a gritos un plan de rescate.
No se trata de gastar enormes cifras en fichajes -al final, los resultados deportivos no son directamente proporcionales al número de ceros del presupuesto, como ha demostrado un erudito estudio difundido esta semana-, sino en gestionar bien el capital humano del que se dispone.
Que se lo digan a los vestuarios del Barça y del Valencia, donde Pep Guardiola y Unai Emery han multiplicado el rendimiento de sus respectivos equipos.
Y aunque el equipo azulgrana se ha reforzado, y bien, el principal tesoro del equipo culé es un jugador pequeño, moreno, tan genial como discreto, al que finalmente le llega el reconocimiento merecido, diez años después de su debut: Xavi Hernández.
Con Guardiola, sólo ha cambiado que juega más adelantado. De ahí vienen los goles -seis en dos meses, tres en Liga y tres en Champions, camino de batir antes de Navidad los nueve de la temporada pasada-, y de ahí las apariciones en el Telediario. La ley de la oferta y la demanda en los medios.
Pero sigue siendo el jugador de toque, pase y brega, que aúna temple, jerarquía, calidad y dinamismo, que juega y hace jugar como ninguno, y que ahora también los mete de todos los colores, de cabeza, de remate y de falta, al estilo del cotizado jugador con llegada y gol desde la segunda línea; a lo Gerrard o Lampard, pero en versión 'typical Spanish' y aún más completo.
La prueba del nueve, no sólo su designación como mejor jugador de la Eurocopa en la que dirigía la batuta de la España que encandiló al mundo, sino su nominación en todos los rankings de mejor jugador de la temporada: Balón de Oro, equipo ideal del mundo y FIFA World Player. Le falta un punto de exotismo en el nombre o una planta más fotogénica, pero no tiene mucho que envidiar a los que alguna vez se han llevado estos galardones o a los que seguramente se lo lleven este año.
En el otro lado de la balanza de pagos, y perdida la pretemporada calculando con el ábaco la inversión fallida de Cristiano Ronaldo, los que al final salvan la cuenta de resultados del Real Madrid son dos valores tradicionales, seguros y sin riesgo como son Van Nistelrooy y, sí, el 'Bono del Tesoro', Raúl, ni muerto ni aún amortizado.
Y cuando falla o se reserva uno, la rentabilidad de la delantera suele hacer 'crack'. Para colmo, no se recupera el tono -ni en las formas ni en el juego- de uno de los recursos que deben apuntalar al equipo, Sergio Ramos, desaparecido en combate desde la Eurocopa, responsable de pifias defensivas y otros "marrones".
Bernd Schuster debería andarse con cuidado. Es cierto que anda escaso de materia prima, pero racanear sus activos cada quince días pensando en la competencia europea podría tener un alto coste para su proyecto, so pena de comprometer todos sus ahorros en un único negocio para, y no en el peor de los casos, terminar conformándose con un balance final al estilo alemán de su compatriota Heynckes: la ansiada décima copa de Europa y nada más. El club no le concede tanto crédito -y perdón por el chiste fácil-.
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