Lo japoñol
“A mí no me gusta la cocina fusión”. Muchos de quienes repiten con frecuencia esa frase olvidan quizá que ese estilo comenzó muchos siglos antes de que se acuñara el término. Y que tomó un gran impulso cuando tomates, pimientos y patatas, entre otros productos, llegaron de América.
La moderna cocina (quizá no guste por moderna) no ha hecho sino coger de aquí y de allá las mejores técnicas y los mejores o más originales ingredientes. No hubiera tenido sentido poner trabas a la creatividad en un mundo sin fronteras.
De todas las combinaciones posibles hay una que parece haber echado raíces: es lo japoñol. Un horrible palabro por el que se conoce a la combinación de dos exitosos idiomas culinarios: japonés y español. Ahora esa corriente vuela con impulso propio en casi todos los continentes. Gloria da ver a uno de los más grandes de la cocina mundial, el australiano de origen japonés Tetsuya Wakuda, preparar sus sofisticadas creaciones con los mejores aceites españoles.
Por aquí nombres como Alberto Chicote, Ricardo Sanz o Joaquín Felipe avanzan por ese camino de tan gratificantes resultados.
Las carnes españolas, un sello de calidad



