De aperitivo, por favor
Nada peor, tras una cena copiosa, que hacer un hueco en el estómago – no sin esfuerzo – para una bebida con gas. El cava, como cualquier otro vino espumoso, es un magnífico aperitivo. Ideal, sólo. También con mariscos, otros entrantes ligeros y hasta con carnes suaves. Un blanco con más cuerpo o un tinto harán probablemente mejor papel con platos más fuertes Para brindar hay muchas más opciones que intentar lo imposible: que la dulzura del turrón se sienta bien acompañada con la refrescante acidez de esa bebida. Los chocolates aman el tinto y los postres navideños encuentran con facilidad pareja entre los pedro ximénez, los moscateles y otros grandes vinos dulces que salpican nuestro mapa desde Navarra a Jumilla y desde Málaga hasta Jerez. Conocida la fama que tenemos de irredentos, un gran parte de los cavas llevan azúcar añadido para no desentonar con el momento de desear felicidad a los contrayente, cambiar de año y otros parecidos. Ocasiones en los que el recuerdo de tartas y pasteles sigue casi siempre presente. Por ello, según la cantidad, los tipos de cava se reparten entre una difícilmente comprensible escala llena de palabras a las que muchas veces se atribuye un significado completamente distinto al que podría parecer (extra brut, brut, extra seco, semi seco…). Solo una categoría, brut nature, garantiza la ausencia de añadidos extraños al producto. La mejor forma de apreciar, y por tanto disfrutar, de una copa.



