3 posts de mayo 2012

Todo es toro

Cuentan que la frase  alerta sobre el riesgo de confiarse ante animal tan peligroso. “Hasta el rabo todo es toro” tiene también una  versión canalla. La aplican conspicuos aficionados a los sartenazos infames con que algunos oficiantes liquidan a sus  oponentes. Todo ello sin que se contemple Rabo_de_toro_guisado_a_la_cordobesa__1especial  desdoro por haber mechado unos costillares que quedan inservibles para el disfrute
gastronómico.

Es allí, en el plato, donde sin embargo el rabo gana en dignidad.  Fue pieza escogida que solo se podía probar en connivencia con un ganadero, un empresario o tal vez un apoderado o un poderdante. Y también enormemente falsificada. Por rabo de toro pasan con buen pie los de buey o vaca y con menor soltura los de ternera brava o mansa. 

En Madrid se sirven desde hace mucho tiempo  en locales castizos. También en bares y restaurantes situados en las proximidades de la Monumental de Las Ventas del Espíritu y Santo.  Ahora  todo establecimiento que se precie ofrece ese plato o hasta un menú taurino del que forma parte. A los clásicos como Los Clarines, que se  suministra en la carnicería de Víctor Aguirre,  propietario de varias ganaderías, o Casa Toribio, que acapara los rabos de cuanto toro se lidia en un buen número de plazas, se ha unido una larga lista. Unos, como el Asador Gerardo siguiendo la línea clásica; otros como en la Enotaberna del León de Oro sorprendiendo con un rabo de toro deshuesado con parmentiere de trufa negra.  O sea, con puré de patatas o algo parecido.

Rabo de toro deshuesado con parmetiere de trufa negra Enotaberna Posada del León de OroLa receta, parece que de origen cordobés, es aplicable a casi cualquier corte de las carnes del toro de lidia. Hay que comenzar por freír los pedazos y cubrirlos a continuación de vino. Las escuelas se dividen allí entre el tinto de zonas cálidas o el vino fino (ambos afortunadamente de baja acidez).  Para los eclécticos siempre queda  el consabido mitad y mitad. Solo falta  cocer a fuego lento durante un buen número de horas y añadir verduras al principio, al final o en medio de ese proceso. Fundamental la cebolla y la zanahoria. Los guisantes son frecuentes y setas cultivadas como los champiñones también ocasionales.  Las patatas aparecen cocidas en las recetas caseras y, por conveniencia, fritas en la hostelería. Entre las especias el clavo sería una buena elección aunque  resulte difícil alcanzar el consenso.  Sorprendente e inolvidable el guiso cargado de buen curry que hace años ofreció en un  Salón del Gourmet el cocinero japocañí  Ricardo Sanz para promocionar los bueyes del Valle del Esla.

Lo más importante, acompañarlo adecuadamente. Y dado por supuesto que estamos frente a quien merece la pena nada como un oloroso para compartir la experiencia. Tampoco es tan difícil.


 

Cebiche a cuatro manos…

GastonyDacosta006No es una referencia en clave a la que finalmente se ha montado con el descenso de  Martín Berasategui en la lista de los cincuenta mejores restaurantes del mundo. O de la que se ha vuelto a montar porque es la segunda vez que ocurre lo mismo y la segunda vez que a los organizadores les dice de todo menos bonitos.


GastonyDacosta013El cebiche a cuatro manos ha sido una convocatoria de cocinero peruano Gastón Acurio y su amigo Quique Dacosta para celebrar precisamente todo lo contrario, el ascenso de ambos en esa relación.
Y allí que se liaron, como si de un palo flamenco se tratara, a recrear el cebiche de ida y vuelta. Elaboraciones que imaginaban un viaje entre ambos mundos;  otras con técnicas peruanas e ingredientes valencianos y viceversa.  Así nace un plato que tiene como base una ostra criada en Valencia con limón GastonyDacosta003verde.  Se ofrece acompañada  de  huevas de pescado,  zumo de yuzu (un cítrico japonés que ya se cultiva a orillas del Mediterráneo) y hierbas recolectadas en esas playas.

Así hasta ocho veces según un menú con cebiche hasta para postre que tuvo el añadido de un sobrero. Los vinos, espectaculares. Como ese  Cloudy Bay 2011, un sauvignon blanc nacido en Nueva Zelanda. Entre las representaciones locales una manzanilla del Equipo Navazos embotellada en junio de 2011 que parecía estar a punto de dejar atrás su mejor momento para el consumo. 

Cuando ni estás ni se te espera

Ni estuvo en Londres, supongo, ni se le esperaba. El año pasado no se portó bien y muchos sospechaban que este año lo pagaría. Aunque la versión oficial, que no hace falta solicitar, dirá por supuesto que no ha sido así.

Del número veintinueve al sesenta y siete. Esos son los puestos que ha descendido Martín Berasategui en la lista más mediática y también más criticada de las muchas que se elaboran con Nomamayor o menos fortuna.  Es nada menos que la relación de los cincuenta mejores restaurantes del mundo, esa que encabezó durante cinco años El Bulli hasta que cerró sus puertas. ¿O cerró sus puertas, entre otros motivos, porque sabía que no la iba a encabezar?

El resto todo igual como era fácil de adivinar. René Redzepi del Noma de Copenhague sigue al frente hasta que toque cambiar. Los españoles, en conjunto, bastante bien representados como la potencia que son. Roca, Aduriz, Arzak y Dacosta salen beneficiados. Berasategui, perjudicado. Ha retrocedido treinta y ocho casillas casi como si le hubieran comido dos fichas en ese particular jugo del parchis. Hace un año aseguró entre otras lindezas que la cosa era un circo. Ahora, ¿qué dirá?

Quizá la solución para evitar estas polémicas sería hacer una selección de los doscientos mejores locales y crear un equipo que visitara, pagando, uno de ellos cada día del año. ¿Alguien se apunta?

Ignacio Pérez Lorenz


Pocas tentaciones tan gratificantes como dedicarse a observar lo que se cuece en los fogones patrios. Esa desbordante creatividad que nos ha llevado hasta el primer puesto de la renovación culinaria y que levanta admiración y pasiones más allá de nuestras fronteras.
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