Conquistando mercados
Comenzaron por encargo el año en que medio mundo boicoteó a los productos franceses en protesta por las pruebas nucleares en el Atolón de Mururoa. El Primero de Toro, un vino de verdad nacido
para competir con otro ligero y simpático, el beaujolais nouveau, nos ha acompañado desde entonces. Y cada año nos recuerda en estas fechas, mucho antes de lo que cabría esperar, que la nueva cosecha está ya aquí.
La historia se repite ahora. La desastrosa cosecha que este año ha tenido esa denominación gala hace que muchos posen su mirada en las cálidas tierras de Toro y en la bodega de la familia Fariña. Allí se elabora este tinto joven, aromático, maduro y casi goloso de trago fácil que invita a repetir. Y que permite brindar ya por el año nuevo de los amantes del vino, ese que va desde que se abre la primera botella de una nueva cosecha hasta que se puede disfrutar de la siguiente.
A la conquista, de momento de América, se han lanzado de la mano otros dos viejos roqueros. Uno, José Andrés, que ya plantó sus reales en los fogones estadounidenses hace mucho tiempo. El otro, Alfonso Jiménez, que ha instalado una fábrica en Canadá para invadir con sus productos a todo el norte de ese continente.
Su fórmula, capones y otros bichos precocinados que llegan a la mesa en treinta minutos con todas sus salsas, ha triunfado ya en nuestro país. Ahora amenaza con colocar en las mesas de todos los hogares estadounidenses una versión a medida: el pavo del Día de Acción de Gracias.
De momento han sido mil unidades. Dice que las triplicará en un año y las volverá a triplicar el siguiente. A partir de allí, seguro que no hay quien le pare.



