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Retorno a Jerez

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Una vez más, el retorno a Jerez. A comprobar, sin que haya duda, la magia de sus vinos, a extasiarse con el olor de sus bodegas, a seguir la actualidad de una sacudida que se extiende por los cinco continentes  y que tiene allí su epicentro.

La llamada sherry revolution, la pasión recuperada por el jerez, se mantiene y se multiplica. No pocas capitales de todo el mundo pueden presumir de tener más bares, tabernas y restaurantes convertidos en templos del jerez que cualquier ciudad española. Una tendencia que también aquí se ha seguido,  SISSECK-DEL RÍO tímidamente al principio, y más profundamente en estos momentos.

Como también ha cambiado Jerez donde los proyectos bodegueros nacidos en las últimas décadas podían contarse con los dedos de la mano y sobraba  alguno. La llegada de Peter Sisseck, enólogo danés creador en la Ribera del Duero de Pingus, uno de los mejores y más cotizados tintos de este país, de la mano de Carlos del Río González-Gordon (Hacienda Monasterio y Montecastro) ha despertado la avidez de los periodistas. Saber cómo serán algún día esos vinos, para los que ya tienen viña y bodega, justificaba sobradamente el viaje. La respuesta: “Solamente fino. Finos de pago. Lo más importante, la viña “.

Y tras tantas emociones, y el imprescindible brindis por el éxito del proyecto, la paz que siempre impone recorrer las viejas soleras de González Byass. La emoción de constatar la magnífica evolución del último Tío Pepe en Rama, ahora que están muy cerca de regalarnos con la siguiente edición, y el privilegio de tentar alguna de las botas que contienen ese mismo vino. Todo ello, con las explicaciones técnicas de Silvia Flores, heredera de una sabiduría ancestral, y la proximidad de otras botas marcadas con los emblemas de un amontillado muy especial: Viña AB. No se puede pedir más. 

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Ignacio Pérez Lorenz   24.feb.2018 13:03    

Otros tintos

Calar

 

Mucho es lo que queda por descubrir entre los vinos de este país. Y muchos son los prometedores proyectos que aspiran a encontrar un lugar destacado desde zonas no tan exploradas como las que dominan el mercado. Viñedos sorprendentes, enólogos inquietos y maderas nobles son algunas de las bazas de estas apuestas.

En las estribaciones de Sierra Morena, sobre terrenos volcánicos, y a partir de cepas plantadas en una ladera a 700 metros de altura, nace Calar del Río Mundo 2013. Un tempranillo de buena factura y un adecuado equilibrio entre madurez y frescor del que sobresalen algunas briznas de alcohol. Un HARAGAN año de crianza (en barricas francesas) no ha conseguido apagar la alegría de su expresión aromática: frutas rojas y negras que surgen una y otra vez envueltas en notas a chocolate, cacao y regaliz. Un tinto serio, denso y profundo pero con suficiente finura que se mueve en una dimensión muy distinta a la que cabría esperar -está claro que erróneamente- de un vino de
Ciudad Real.  

Lejos de allí, en la provincia de Badajoz, Pago los Balancines ofrece su particular búsqueda de un tinto especialmente expresivo. Haragán 2014 tiene en común con el anterior capa, profundidad, madurez, notas licorosas, frescor balsámico, maderas francesas y hasta precio (18 euros). También el uso (al 50%) de la variedad tinta roriz, adaptación lusa del tempranillo. El otro 50% del coupage es un cruce, conocido habitualmente como garnacha tintorera, poco frecuente en Extremadura. Les separan a estos dos vinos unos taninos más marcados en este último que piden un poco más de reposo en botella. Algo que no impide iniciar o continuar con bien ese camino que puede llevarles al sitio que desean ocupar.

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Ignacio Pérez Lorenz    3.feb.2018 10:06    

Una mirada actual

MONTES_OBARENES

Muchos de los mejores riojas, aunque algunos lo desconozcan y otros lo nieguen, son blancos. Vinos casi eternos, criados durante mucho tiempo en barricas o en botas y con años de reposo en botella. Un recorrido que soportan con entereza para exhibir de una manera excepcional finura aromática, volumen en boca y complejidad. Lo han conseguido hasta ahora gracias al uso de una variedad magnífica, la viura, en solitario o combinada con algo de malvasía y garnacha blanca.

Recorrer ese camino de una nueva forma es el objetivo de este Montes Obarenes que va por el 2014, su segunda añada. La viura, plantada en esta ocasión sobre terrenos arcillocalcáreos con gran contenido de piedra caliza, es también la base de este vino. El complemento, tempranillo blanco. Un vidueño, que no pudieron utilizar bodegueros de otros siglos, nacido de una mutación espontánea -y reciente- del tempranillo tinto.

El 80 % del vino ha fermentado y se ha criado con sus lías en barricas nuevas de roble francés. El resto ha permanecido, también con sus lías, en huevo de hormigón, una de las enseñas de la casa. La forma de buscar microoxigenación, entre otras ventajas, sin que aumente la impronta de la madera. De esa manera Juan Antonio Leza y David González, viticultores y enólogos de Gómez Cruzado, histórica bodega del Barrio de la Estación, consiguen crear este blanco marcado por su exquisito frescor y sus intensos recuerdos frutales (piel de uva). Una elaboración que muestra además generosa amplitud, mucha profundidad y toda la nobleza de sus racimos, sus variedades y sus maderas. Solo el necesario paso del tiempo permitirá comprobar la auténtica dimensión de este vino que ya puede considerarse grande y de guarda. Una recreación de los más destacados riojas de siempre y, al mismo tiempo, el reflejo fiel del paisaje que le da nombre desde una mirada actual.

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Ignacio Pérez Lorenz   21.ene.2018 12:42    

Otro cuento de Navidad

2005




Flotando en el ambiente el recuerdo de los encuentros escalonados a lo largo de los últimos años. Aquellas catas en Vinoble o esa especie de última cena en una bodega de Sanlúcar de Barrameda horas después de la 
despedida oficial de quien fuera su máximo responsable… Y también, la visita a esas suaves colinas de Sauternes donde reina de manera incuestionable, cuando la niebla lo permite, Château d’Yquem.

Todo eso y algunas cosas más, como las aventuras de los propietarios de Atrio en pos de salvar una botella herida, una de las más bellas historias del mundo del vino en este y en aquel país, se dieron cita en torno a ese mito con la idea de demostrar su versatilidad gastronómica. El reto de dejar claro que hay un más allá de esaChâteau sobradamente conocida danza que foie gras e Yquem interpretan a la perfección lo asumió Iñigo Pérez en Urrechu Velázquez. Para la ocasión, un menú largo y ancho, que permitía despejar cualquier duda.

Pierre Lurton, de Château d’Yquem y François Passaga, de FAP Grand Cru, empresa importadora de grandes vinos del mundo y propietaria de viñedos en las más prestigiosas zonas, abrieron camino con “Y” de Yquem. El carácter y la originalidad de esas uvas recogidas con antelación para preservar su acidez permiten acompañar platos refrescantes como una ensalada de bogavante.

A partir de allí, una sucesión de sensaciones al pasar por las añadas 2014, 2007, 2005 y 1990. La evolución de un blanco licoroso que va creando reflejos dorados y tonos a membrillo en el 2007, una envidiable complejidad en el 2005 o recuerdos a naranja escarchada en el 1990. En todos los casos, un vino mágico y sobrado de futuro que inevitablemente se situó por delante de pescados y aves a las que acompañó con corrección y Botellassoltura. Y que se fue arriba cuando lo sometieron a la siempre difícil prueba de entenderse con quesos de varios estilos. En ese momento se mostró capaz de multiplicar la admiración suscitada y reclamar, con firmeza, su puesto en toda mesa que se considere de lujo. Un mágico sueño que parecía vestido de regalo de Reyes o de otro cuento - muy distinto al original- de Navidad

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Ignacio Pérez Lorenz   13.ene.2018 15:26    

Siempre cava

05 Essential

 

 

Ideal para despedir un año que se va y para recibir otro que llega cargado de ilusiones. E ideal, también, en otras fechas y con otras temperaturas; en primavera, en otoño y especialmente en verano. Nada como el calor para descorchar un vino blanco (espumoso) que se sirve entre fresco y frío. Y pocas cosas para acompañar las comidas al aire libre, y la cocina a la brasa, como un cubo con agua y hielo del que sobresalga el cristal, verde o tal vez blanco, de una botella de cava. Propuestas sencillas y sugerentes que abren camino a otras más sofisticadas. El cava sustenta un amplio universo en el que todo o casi todo puede tener su lugar y su momento.

Y para confirmarlo, su diversidad. Un amplio abanico en el que se suceden variaciones a cual más interesante. Alguna joven y juvenil como Essential 2015. Una limitada crianza (15 meses) le permite preservar los aromas (cítricos, pera, hinojo…) de una interesante variedad: xarel.lo. La inconfundible personalidad de este vidueño ayuda a equilibrar Jaume-1 un cava ligero, agradable, fresco, frutal, con poco alcohol y exquisita acidez que acompaña como nadie a mariscos y aperitivos. 

La baraja de posibilidades continúa por cavas más complejos y con mayor crianza hasta llegar a la categoría de gran reserva. Allí -un lugar reservado a los aficionados ya seducidos y a los incondicionales de esta bebida- se sitúa Jaume de Codorníu 2012. La nobleza de la xarel.lo se ofrece aquí combinada con dos de las variedades que intervienen en la elaboración de los champanes, chardonnay y pinot noir, para crear un conjunto elegante y estructurado. La destacada finura, el estallido en boca de su espuma, la sensación de cremosidad, los recuerdos a frutas con hueso maduras y las notas a levaduras y pastelería anuncian complejidad, intensidad, persistencia y hasta grandeza.

Elegir cualquiera de estos dos cavas, Juve y Camps o Codorníu, muy distintos y de distinto precio, es apuesta segura. Al igual que ocurre con otras muchas marcas de esta bebida, llena de virtudes, que no ha dejado de incrementar su calidad en los últimos años. Un mérito que al recibir 2018 obliga a convertirla en nuestra invitada, y a tratarla como tal, en todo momento. 

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Ignacio Pérez Lorenz   29.dic.2017 16:40    

El más encendido de sus partidarios

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Puede parecer una contradicción, pero solo desde el orgullo, y el dominio, de ser clásico se puede abanderar la modernidad. Y eso es lo que ha hecho Bodegas Bilbaínas con este vino, el primero del mundo, aseguran, envejecido en barricas tatuadas.

A la pregunta de qué aporta a un tinto el tatuaje exterior de duelas y tapas la respuesta es nada. Se trata, probablemente, de intentar acercarse a los valores y a las costumbres de nuevas generaciones que quizás encuentren un símbolo en este tinto moderno y diferente. Es allí donde parece que se libra esta batalla.

Viña Pomal Compromiso 2015 comienza por huir del defecto más frecuente en los vinos españoles: el exceso de barrica. La crianza de este vino, medida con precisión, se planta bastante antes de que la madera se imponga a la Viña-Pomal-Compromiso-Haro-2-300x200 fruta de sus aromas y sabores. El resto, la suma de las cinco variedades tintas admitidas en Rioja vinificadas por separado y el uso de barricas, nuevas y de primer año, de varias procedencias y tamaños. De esa forma combinan color, potencia, frescor, carácter y elegancia procedentes del tempranillo, el mazuelo, la graciano, la garnacha y la maturana tinta.

El resultado, una explosión de frutas rojas y flores (violetas) con un paso de boca singular, amable y sugerente, destinado a producir muchas satisfacciones. Las notas especiadas y el leve recuerdo de unos tostados en su final son, junto a su  acusada redondez,  lo único que permite adivinar la presencia de la madera. El reposo en botella, donde terminará de afinarse, hará todavía más visibles sus muchas cualidades.
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Las cinco mil botellas de este primer Viña Pomal Compromiso (29 euros) permitirán conocer su aceptación entre los nuevos consumidores. De momento, alguien que ni es nuevo, ni joven, ni tiene tatuajes lo considera un gran vino y un gran acierto. Y está dispuesto a convertirse, aunque no cumpla el perfil buscado, en el primero y más encendido de sus partidarios

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Ignacio Pérez Lorenz   12.dic.2017 19:02    

Un gran tesoro

Pazo Señorans Selección de Añada 2009 Alta

 

Hay que hacer un esfuerzo para resistir la tentación de encadenar elogios sobre este increíble albariño, Pazo de Señorans Selección de Añada 2009, que ha llevado a los vinos blancos de nuestro país a una nueva dimensión. Pero es algo que a estas fechas, unas pocas semanas después de su salida al mercado, se habrá repetido ya en este y en otros muchos países.

Su boca poderosa transmite una muy seria sensación de volumen. Es cítrico, con descaradas notas a fruta (pomelo, piña) y mucho frescor. Se recrea en la agradable presencia de sus recuerdos a lías, la seriedad de sus apuntes minerales y la impronta tenue del paisaje que lo contempla. Una imagen que combina la huella aromática de la viña en otoño con sensaciones propias de un vino mucho más joven. Entre otras, el sabor y el tacto de la uva en el momento de la vendimia.

Elegancia y quizás hasta ligereza son las siguientes pruebas de su insultante juventud cuando han pasado ya 8 años de una cosecha que tuvo que estar entre las mejores. Aunque tal vez la selección de la uva y la elección del momento de la vendimia consiguieran convertir en excelente lo que solo era muy bueno. Entender y disfrutar de este Pazo de Señorans (39 euros) resulta fácil por evidente. Lo único difícil, decidir si abrirlo ahora o guardarlo -sin temor- alguno o algunos años más; tener que elegir entre quedarse sin él o felicitarse por la posesión de un gran tesoro

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Ignacio Pérez Lorenz    8.dic.2017 21:31    

Un vino de finca

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Invita desde el primer momento a cometer locuras. Lo dice, en francés, un nombre que cita también su procedencia: una finca cargada de historia en la que reinan las dos variedades más nobles que intervienen en la elaboración del champán: la blanca chardonnay y la tinta pinot noir.

A partir de allí viticultores y enólogos aplican los métodos necesarios, como la poda en verde, para conseguir la madurez ansiada en tierras tan frís como las de Épernay. El resto, primeros mostos procedentes de ligeros prensados, vinificación en pequeños volúmenes, la aportación de vinos criados en barrica y cinco años de reposo en botella.

Tanto tiempo, y tantos cuidados, le permiten ofrecer unas finísimas burbujas y una explosión de espuma en la boca que deja recuerdos a flores, frutas, levaduras y brioche. Transmite, además, intensas sensaciones de frescor y cremosidad que dan paso a un final largo con notas amargas matizadas por un ligero dulzor. Un champán capaz de mostrarse complejo y estructurado al tiempo que delicado y elegante. Probarlo (69 euros) es una seductora experiencia que concluye como empezó: invitando a cometer locuras. Motivo más que suficiente para permitir a Taittinger presumir de este vino de finca.

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Ignacio Pérez Lorenz    5.dic.2017 20:51    

Apuestas seguras

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Tienen en común la suavidad y la elegancia no siempre conseguidas con la tinta de toro. Y también, el marcado carácter y la generosa expresión frutal de esta variedad cuando está bien elaborada. Algo que resultaría imposible lograr con vendimias demasiado maduras, concentraciones excesivas y descubados tardíos.

La hora de Toro, y de su vidueño más representativo, parece haber llegado definitivamente. Aunque tal vez solo haya vuelto a primer 75 aniversario 2014 plano para bodegueros que llevan 75 años, y tres generaciones, apostando por esa tierra como la familia Fariña.

Para conmemorar tan señalada fecha nos obsequian con un vino exquisito y  
refinado -Fariña 75 Aniversario 2014- cargado de recuerdos a frutos rojos (frambuesa, arándano y mora) entre los que se aprecian algunos apuntes florales. Lo envuelve un ligero frescor claramente matizado por notas a tostados, cacao y Primero_2017especias.  Es el reflejo de un paisaje dibujado por viñedos prefiloxéricos y suelos arenosos expresado a base de color, aromas intensos, sabores nítidos, amables taninos, comedida potencia y sobrada elegancia. Un tinto profundo y al tiempo sutil que se queda tan solo a un paso de los más grandes de esa denominación de origen a un precio mucho más pequeño (18 euros).

Una buena parte de sus virtudes (refrescante, ligero, floral, frutal, fácil de entender y de beber) aparecen también, con otro estilo, en el vino joven de la casa. El Primero de Toro, un clásico entre los tintos de maceración carbónica, se presenta en esta añada de 2017 con ese equilibrio entre fuerza y ligereza que le invita a ser protagonista de la ya consolidada revolución que ha vivido la zona y de una modernidad, en su caso, perfectamente entendida. Su precio, 6 euros, lo convierte también en apuesta segura.

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Ignacio Pérez Lorenz   25.nov.2017 10:21    

Arte y vino

Botella BELONDRADE Y LURTON 2016

 

No debe sorprender, en un país que le ha dado la vuelta  a su forma de elaborar vino, que muchos de los mejores proyectos y los de más éxito sean aquellos que siguieron la dirección contraria a la que marcaban los tiempos. Y eso exactamente fue lo que hizo Didier Belondrade –un francés enamorado de España- cuando se plantó en Rueda para crear un blanco fermentado en barrica, de verdejo y caro (en realidad solo de precio más alto que el resto). Tres pecados que hicieron temer a muchos por su suerte y a no pocos dudar de su sensatez.

El paso del tiempo, que suele colocar cada cosa en su sitio, no fue en esta ocasión necesario. La primera copa de aquel vino, elaborado hace más de 20 años, puso a casi todos de acuerdo. Cualquier duda tardó poco en quedar despejada por la insistente calidad de sucesivas añadas. La novedad seducía a especialistas y consumidores, los compradores se lo disputaban y pronto comenzó a venderse por cupos.

Hoy sigue funcionando con resultados iguales o mejores. Crece lentamente, incorpora viñedos de edad suficiente, vendimia a mano y por separado cada parcela y mantiene una calidad notable. De todo esto nos habla el Belondrade 2016, un verdejo cargado de frescor, con notas todavía marcadas de las nobles maderas en que se ha criado e intensos recuerdos a cítricos, pomelo, melocotón y otras frutas. Un blanco de guarda -algo más delicado, sutil y elegante que otros años- que pide a gritos botella para desarrollar toda la grandeza que lleva dentro.
                                                                                                                                                                       LA COLECCIÓN
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u salida al mercado llega acompañada de una colección con fines benéficos promovida por la Fundación Belondrade. Un estuche con 6 botellas de Quinta Apolonia 2016, la segunda marca de la casa, y seis etiquetas creadas por otros tantos pintores. Una atractiva presentación y un interesante verdejo destinados a satisfacer a los amantes del arte y del vino.

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Ignacio Pérez Lorenz   19.nov.2017 13:26    

Ignacio Pérez Lorenz

Bio Gastronomías

Pocas tentaciones tan gratificantes como dedicarse a observar lo que se cuece en los fogones patrios. Esa desbordante creatividad que nos ha llevado hasta el primer puesto de la renovación culinaria y que levanta admiración y pasiones más allá de nuestras fronteras.
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