1 posts de agosto 2011

Memorias de un pequeño pony en Informe Semanal

María Álvarez (Becaria en Informe Semanal en 2011)

Llegan las nueve y media del sábado, termina el Tiempo y empieza la música más reconocible de la tele. Teresa Mora dice “dentro cabecera” y Ana Roldán, “Buenas Noches”. El programa ya ha empezado. La Montano está detrás supervisándolo y viéndolo todo otra vez, nunca es la primera. Actualidad, cultura, un poco de temas sociales, algo de economía, deporte… Un Informe de una hora puede tener de todo pero lo que la gente no sabe es todo lo que tiene detrás. Un montón de trabajo bien hecho que comienza con algo poco habitual: una reunión los lunes en la que no se cierran las puertas. Todos, incluso la becaria, pueden dar su opinión y proponer un tema. Sigue con un pequeño borrador de lo que será el próximo programa y con el clásico “no hay equipos” de los productores. Una frase negativa que poco a poco se va suavizando. Consiguen coches, obtienen permisos imposibles, reservan viajes si hace falta y en no pocas ocasiones aportan una nota de creatividad.

Empiezan las llamadas, se conciertan entrevistas y la impresora echa humo con toda la documentación a leer. Y a partir de ahí, cada y sus cadaunadas. Hay quien escribe en casa, hay quien redacta en la tele con la música a todo volumen, hay quien se levanta a regar una planta cuando no le salen las palabras, los hay de lo más digitales, los hay analógicos y hay quien todavía usa el papel. Algunos madrugan para visionar, otros se van muy tarde comprobando hasta el último plano y hay quien solamente puede trabajar dentro del más absoluto caos. Entre tanto trajín no es raro que no reparasen en la de prácticas hasta la segunda semana. Una becaria anterior me había dicho que los primeros días son una pequeña travesía por el desierto. Y lo fueron. Pero solo dura un rato, hasta que te das cuenta del privilegio que supone formar parte de este equipo, aunque sea solo por unos meses.

Entonces empiezas a disfrutar. Y sobre todo en verano, cuando nunca pasa nada. Porque en verano nunca se perturba la paz de Noruega. Nunca dimite un presidente autonómico por unos trajes. Nunca se anuncia un adelanto electoral. Nunca cae uno de los principales imperios mediáticos del Reino Unido por escuchas ilegales. Nunca las calles de Londres se convierten en una batalla campal. Y nunca, nunca, la economía española, la europea, y la mundial está a punto de venirse abajo en una, dos y hasta en tres ocasiones. No, en verano nunca pasa nada. Pero es ahí precisamente cuando te das cuenta de que en Informe se trabaja de otra manera. La información, el rigor y el análisis sigue siendo lo primero. Y eso en un momento donde la estrella es lo superfluo y en el que el imperativo del tiempo marca el ritmo informativo. Casi todas esas cosas que “nunca” pasan pasaron un viernes y me sirvieron para ver que todavía quedan periodistas de raza a los que, por más que se pasen el día quejándose, aún les apasiona su trabajo. Gente muy atareada que siempre tiene un rato para ensañarte algo. Personas que hacen guiones de reportajes con la genialidad a la que todos deberíamos aspirar. Especialmente brillantes son aquellos que se dan cuenta de la suerte que tienen por trabajar donde y con quien trabajan.

Con todo, en Informe el “plumilla” es una parte más de un equipo compacto, el co-capitán junto al realizador, esa figura que no podría haber definido antes de este verano. El realizador es una persona peculiar pero que sabe de tele todo lo que se puede saber. Capaz de cambiarlo todo de sitio y dejarlo exactamente donde estaba, ver a través del objetivo cuando la cámara aún no ha salido de su funda y convertir un tema muy serio en una pequeña obra de arte de 12 minutos apta e interesante para todos los públicos. Eso y alguna cosa más es un realizador. El equipo sigue con los cámaras y los ayudantes, el aire fresco de la tercera planta. Vienen, hacen su repor, se van abajo y vuelven a subir porque los rodajes siempre, siempre, se acaban un día más tarde de lo que se había previsto, la fuerza creativa del último momento. Es ese instante en el que, bien al realizador o bien al periodista, piensan en un último plano, una última entrevista, que acabará por ser la estrella del video.

Los reporteros de este programa son fácilmente reconocibles, cargados hasta arriba con aparatos que todavía, tres meses después, me siguen resultando extraños. Y son reconocibles por los planos perfectos, la iluminación adecuada y por el clásico bodegón de entrevista sin el que estaríamos huérfanos los sábados por la noche. Y para darle forma a esa  cantidad ingente de planos está el montador, el último toque de magia antes de la emisión. Cortes, respiros del off, música, efectos y posproducción. Todo eso en 12 horas dentro de una cabina nada confortable. Y otros a los que nunca se les ve: ambientación musical y documentación que representan la indispensable banda sonora de los reportajes y el rigor del catálogo espléndido del archivo, patrimonio y privilegio de esta televisión.

Solo han sido tres meses, nada comparable con los años que llevan muchos por aquí, pero no pienso olvidarlos. Pasar un verano en Informe Semanal suena serio y da un poco de miedo. Es el programa más veterano de las teles europeas, el “buque insignia” de TVE. Y por todo eso, y por algo más que me guardo para mí, lo es, muy serio, pero solo cuando tiene que serlo.

 

Informe Semanal.


Dicen que la noticia es una fotografía de la realidad y el reportaje, su radiografía: Un viaje a las entrañas de las cosas que pasan. En Informe semanal, cada semana intentamos acercarnos al espectador a nuestra manera: con una forma de hacer periodismo que se ha hecho reconocible a fuerza de años y experiencia y que pretende ser reposado pero ante todo, veraz.
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