La Estela del Titanic

Informe Semanal emite el sábado 11 de junio un reportaje sobre la historia del Titanic. Se han cumplido ahora 100 años de la botadura del buque en la ciudad de Belfast y hemos seguido la estela que el Titanic ha dejado en sus barrios y sus gentes.

Foto del National Museums Northern Ireland. Collection Harland & Wolff, ULster Folk & Transport Museum

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El Nomadic es lo más parecido al Titanic que sigue estando en la superficie. Se trata de un barco de vapor de la compañía  White Star Line, que salió a la mar el  25 de abril de 1911 y que servía como transbordador de pasajeros de clase 1ª y turista para los transatlánticos RMS Olympic y RMS Titanic. Después de 100 años el transbordador ha regresado a Belfast y está siendo restaurado. El Nomadic fue construido con los mismos materiales que el Titanic, de hecho se le conoce como "la hermana pequeña del transatlántico que naufragó en 1912. Estos son sus asientos originales.

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Hemos visitado el edificio del Titanic en Belfast. Un proyecto de 90 millones de euros que estará terminado el año que viene. Un emblemático centro, con 9 galerías repartidas en 4 pisos que transportará a los visitantes a tiempos pasados con historias y anécdotas de quienes construyeron el buque. IMG_0091

En las afueras de Belfast, el Transport museum explora el mundo del Titanic, los barcos que se construyeron allí, la industria de la época y la vida a bordo del Titanic, objetos e historias personales que quedan del trágico suceso de 1912. La exposición transporta a los visitantes al pasado, a Ballycutra donde vivían los constructores, trabajadores o carpinteros del Titanic, la oficina de correos, la imprenta donde imprimían los tickets del Titánic, periódicos de la época o las carboneras Kellys. IMG_0128 IMG_0123

Un recorrido en barco da otra perspectiva de la ciudad de Belfast,  los astilleros, el dique seco donde el Titanic fue equipado y el muelle desde donde salió a la mar.  Puedes ver interesantes imágenes de archivo del Titanic en http://www.nmni.com/titanic/Home/Photo-Galleries.aspx 

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Una lágrima por Liz

Elizabeth Taylor nunca tuvo tiempo de estudiar interpretación. Pero jamás desentonó enfrentada a las grandes figuras formadas en el riguroso método del Actor’s Studio, porque supo recurrir a su memoria afectiva para construir sus personajes. Aprendió el oficio de estrella en los platós de la Metro, tras haber firmado su primer contrato en Hollywood con solo diez años.

Pero la pequeña Liz se convirtió enseguida en una mujer bellísima y ansiosa de vivir. Recién salida de la adolescencia, en menos de un año se enamoró del hotelero Nick Hilton, se casó, se desilusionó y se divorció. Y en seguida llegó su segundo matrimonio, con el actor ingles Michael Wilding, con quien tuvo dos hijos. Pero ya nunca dejaría de alimentar a la prensa del bajo vientre, con una turbulenta vida sentimental, jalonada por ocho bodas.

Un lugar en el sol fue la película donde la Taylor se sintió actriz por primera vez. Con veinte años Liz tocó la gloria, al más puro estilo hollywoodiense. Disfrutó de una serie de éxitos comerciales con melodramas exóticos, aventuras de época y romanticismo en technicolor. Y alcanzó el estrellato en ‘Gigante’, una producción épica típicamente americana. Por entonces, con solo 23 años, Liz se casó con el productor Michael Todd, de 47. Eran felices y acababan de tener una hija cuando él falleció en un accidente de avión. Ella buscó consuelo entre los brazos de Eddie Fischer, marido de su amiga y colega Debbie Reynols. Así, su cuarta boda fue otro escándalo. Y aunque la Taylor ganó su primer Oscar (por ‘Una mujer marcada’) la Metro no le renovó el contrato.

La estrella pasó tres años sin brillar hasta que llegó ‘Cleopatra’, el mayor hito de su carrera. Cobró un millón de dólares. Deslumbró al público. Y además vivió su amor más intenso con Richard Burton, con quien formaría una pareja atormentada durante trece años, se casaría y se divorciaría dos veces, adoptaría a una niña enferma de polio y rodaría once películas. Burton la amó como solo se ama en el cine. Pero tuvieron el romance más escandaloso y autodestructivo de la historia de Hollywood. Hasta el Vaticano condenó el pecado de su amor porque los dos estaban casados. En '¿Quien teme a Virginia Woolf?' --donde Liz ganó su segundo Oscar-- los dos monstruos se autoretrataron como bebedores insaciables, volcánicos hasta la agresión mutua y siempre insatisfechos. Pero con un amor interminable.

Su cuerpo espléndido fue siempre frágil. Pero vivió más de lo que sus médicos esperaban, con la piel y los huesos dañados. Pasó más de 20 veces por los quirófanos. Luchó contra la diabetes y el cáncer. Se dejó arrastrar por el alcohol y las pastillas. Pero todos esos datos amargos de su biografía ya no cuentan. Tampoco sus peores películas ni sus dos matrimonios, postreros y fugaces, con un político vacuo y con un obrero alcoholizado. Ni siquiera importan sus cualidades como mujer independiente, rebelde y solidaria, que se esforzó en la lucha contra el sida. Ya solo cuenta su eterno esplendor, la belleza que nos fascinó hasta casi impedir que la valoráremos como actriz. Y sobre todo, aquella inolvidable mirada de color violeta, cuyo recuerdo invita a la melancolía.


Con el heredero senusita libio en Roma

Hasta hace pocas semanas, hablar de la Confraternidad Senusita musulmana de Libia hubiera sido extravagante y exótico. Ahora se trata de una de las vías que las grandes potencias y organizaciones internacionales estudian a fondo. La desesperación por la encrucijada en la que parece hallarse el levantamiento de los libios contra su autócrata, Gadafi, ha llevado, por ejemplo, a la Casa Blanca, a convocar en Washington esta semana a uno de los descendientes del primer rey libio, Idris al Senusi, para que les ilustre sobre su historia.

Entre Roma y Washington vive Idris al Senusi, mismo nombre del fundador de la dinastía, casado con Ana María Quiñones de León. Y en Roma, este 11 de marzo recibió por primera vez a una televisión, al equipo de Informe Semanal.

Idris está en contacto permanente con los rebeldes que ahora, como hace casi un siglo, cuando luchaban contra la ocupación italiana, han convertido la capital de la Cirenaica, Bengasi, en su capital. Su madre pertenecía a una de las 140 tribus de Libia, y sus lazos de comunicación con esa red capilar que conforma el tejido social del país es por ello fluida.

-Yo tengo dos primos, Muhamed, que vive en Londres, y otro, Ahmad, que acaba de ser liberado de las cárceles de Gadafi, después de 30 años, en Bengasi. Yo me pongo al final. No quiero ser rey, mi verdadero título es seyed, sabio en árabe, líder espiritual, para abreviar.

Ante la misma bandera que izan los rebeldes

Idris tiene tras de sí una bandera de la época constitucional de su país –la Carta Magna fue aprobada por el parlamento que se reunía seis meses al año en Trípoli y otros seis en Bengasi, en 1951. La misma bandera que empuñan e izan los que se han levantado contra Gadafi, en el poder desde que derrocara a la monarquía en 1969. Idris explica el porqué de las tres franjas.

"La primera es roja por la sangre derramada en la guerra anticolonial contra Italia". Italia ocupó Libia entre 1911 y 1951. En la década de los 20, el líder Omar Mujtar, de Cirenaica, condujo una campaña de liberación tan sangrienta que se calcula murieron en ella 100.000 de los 800.000 habitantes de entonces. "La franja central negra, con la media luna y la estrella, es el estandarte senusita" –continúa Idris. "Y la última, la verde, alude a la riqueza de Libia; recuerda lo ricos que podrían ser los cuatro millones de Libia. Es el número real de habitantes. La cifra de siete millones incluye a los inmigrantes, y no es correcta".


Hace un día soleado en Roma y los rayos que entran por la ventan rebotan sobre un escudo antiguo de Libia que luce sobre un caballete en el despacho. Un ordenador portátil de la última generación, tres teléfonos móviles y una secretaria frenética parecen empeñarse en proporcionar a Idris al Senusi un torrente continuo de datos y seguimientos detallados de lo que está ocurriendo en su país de origen. Al que espera volver más pronto que tarde para “echar una mano en lo que pueda. Hacer lo que me pidan. Ser una referencia para que los apoyos no vayan a parar a las manos equivocadas”.

La confraternidad Senusita

Idris al Senusi, el primer rey libio, era tío abuelo de este Idris al Senusi, nieto aquel a su vez del fundador de la Confraternidad Senusita. Descendientes directos de Mahoma, por la línea del cuarto Imán de los 12 que se conmemoran en el Islam, la de Hasan, hijo de Fátima, nieto del Profeta. Equivalente de los hachemitas en Jordania, o los alauitas de Marruecos, los senusitas libios siempre han sido líderes espirituales antes que políticos. El rey Idris se caracterizaba porque sabía mantener un perfecto equilibrio entre los intereses de los musulmanes, y los occidentales. En su época, lo mismo hablaba con los Hermanos Musulmanes, que con los oficiales británicos y norteamericanos a quienes permitía tener bases militares en su país.

Fue esto precisamente, y su declaración de neutralidad en los conflictos de Suez en 1956, y la ocupación israelí de Cisjordania y Gaza en 1967, que dio alas a oficiales como Gadafi, para derrocarle dos años después aprovechando que el rey se hallaba de visita médica en Turquía.

Gadafi accedió al poder cinco días después de que el hombre llegara a la luna, un símbolo adecuado del lunatismo que iba a caracterizar su largísima dictadura. Por cuyo final aboga ahora otro Idris al Senusi.

En Occidente, una Libia equidistante como la de la década de los 50 y 60 sería un sueño. Por el que ya se está trabajando fuera de los focos; un espejismo que se quiere convertir en realidad.

Los Goya y la tormenta perfecta

Que la vida es una continua paradoja es algo sabido. Y que a veces se producen fenómenos no deseados de consecuencias muy superiores a lo previsible, tampoco. Un buen ejemplo de lo que es vivir, desde hace semanas, a lomos de una paradoja es Alex de la Iglesia. Todo iba bien, demasiado bien para el director de cine. Casi parecía un cuento de Navidad. Su pasión y su inabarcable capacidad de trabajo, aunque asegure ser un vago, parecían no tener fin. “Balada triste de trompeta” con 15 nominaciones era, a priori, la favorita de los Goya aunque no hay que fiarse porque el voto de los académicos es, además de secreto, muchas veces sorprendente. Éxito en Venecia, Premio Nacional de Cinematografía, una película excesiva y llena de metáforas sobre el Caín que todos llevamos dentro, otra en fase de rodaje….y un cumpleaños redondo, las bodas de plata de los Goya , en un escenario casi perfecto: el Teatro Real. Pero además, en los ratos libre, Alex de la Iglesia mediaba: con el ministerio, con los internautas (quiero decir con las asociaciones de internautas porque internautas somos casi todos……) con los productores. Pero algo pasó y de tanto ir el cántaro a la fuente se rompió. Un calentón o el hartazgo le llevaron a presentar la dimisión pero eligió un mal momento y un escenario inapropiado: twitter . Lo demás es sabido, pero a Alex de la Iglesia se le ha dibujado un rictus tristón casi tanto como el del infeliz payaso de su última película.

Algún medio también se ha encargado de echar leña al fuego poniendo en solfa el cine español y recordando, malévolamente, las subvenciones que tiene y los parcos datos de taquilla de este año. Así las cosas, entre resbalones en twitter, nervios previos a la gala y recaudaciones a la baja, se produjo algo muy parecido a la tormenta perfecta, donde la combinación de aires fríos y calientes origina graves turbulencias.

¿Influirá todo este jaleo en la Gala de los Goya? Hay voluntad de que no, aunque algún cambio de guión se ha producido. Ajeno, en apariencia, al ruido de la Academia, Andreu Buenafuente, el maestro de ceremonias se esfuerza por mejorar el buen sabor de boca que nos dejó hace un año. Todo o casi todo, es secreto este año. Quieren que el factor sorpresa funcione y entrar en las tripas del Teatro Real se ha convertido en misión imposible.

El equipo de Informe Semanal con Andreu Buenafuente

Dicho esto, el equipo de Informe Semanal tuvo el privilegio de que Buenafuente nos acompañara cual guía turístico ilustrado por la Villa y Corte. Su amabilidad es extrema casi tanta como su capacidad para generar gags. Las pilla al vuelo y colabora con humildad en todo lo que le pides. Su humor disuelve los malos rollos. Seguro que sabrá descongelar el clima algo frio que reina en la Academia. Gracias Andreu y mucha suerte. Ojalá estemos ante la gala más hermosa. El cine, la Academia, pese a todos sus vaivenes y también tú, os lo merecéis.

El secreto de los Neandertales

La cueva del Sidrón está situada en la comarca asturiana de Piloña. En esta cavidad de calizas no carboníferas, tres espeleólogos gijoneses encontraron en 1994 restos humanos que se sospechó pudieran corresponder a refugiados de la guerra civil, pero el análisis forense dejó claro que el material fósil era considerablemente más antiguo. De hecho, se trata de uno de los más importantes hallazgos de restos del llamado hombre de Neandertal. En 2000 comenzaron las excavaciones, que todavía continúan, pues sólo se pueden realizar durante un período limitado de tiempo al año ante las condiciones de acceso a la cueva, por la que discurre un arroyo que sólo es practicable en verano. Allí estuvimos periodista, realizador, cámara y sonidista de Informe Semanal a mediados de septiembre, acompañando a un equipo formado por geólogos, arqueólogos, paleoantropólogos y paleogenetistas. Para entrar no hace falta ser un atleta, pero se exigen unas ciertas condiciones, que pasan por un volumen físico que no sea mayor que los angostos senderos de la gruta y una cierta agilidad que permita sortear los diversos obstáculos que se presentan antes de llegar a la galería del osario, situada a unos 250 metros de la entrada y hacia la mitad de la cueva. Es ahí donde los “detectives prehistóricos” han conseguido rescatar unos 1.900 huesos pertenecientes a doce neandertales: tres mujeres, tres hombres, tres adolescentes, dos niños y un bebé, que fueron canibalizados hace unos cincuenta mil años. Del banquete han quedado abundantes restos líticos que dan fe de los utensilios con que fueron descarnados y luego engullidos estos individuos. Lo que los “detectives” no han podido aclarar es si aquellos fueron asesinados primero o sencillamente fueron comidos tras fallecer de muerte natural. Una de las grandes novedades científicas en este caso radica en que junto a los estudios arqueológicos y antropológicos se están realizando análisis paleogenéticos que permiten estudiar el ADN del hombre de Neandertal. A partir del genoma se pueden conocer características como el aspecto físico, el sistema inmunitario, el metabolismo o la fisiología.

("El secreto de los Neandertales", el sábado 5, en "Informe Semanal")

LA EXTRAORDINARIA VIDA DE MARCOS RODRIGUEZ PANTOJA

Cómo logró sobrevivir Marcos Rodríguez Pantoja doce años solo en una sierra solitaria, sin pan, sin ropa, sin armas , sin nada? Esa es la pregunta que cualquiera se haría al conocer la historia del llamado Niño Salvaje de Sierra Morena, Y esa es la pregunta que nosotros le hemos hecho al propio Marcos y a todos los que han estado junto a él y han estudiado su caso

Marcos sobrevivió por varios motivos. En primer lugar porque había huido del mundo en el que había nacido junto a una familia muy pobre, con una madrastra que le maltrataba, sin techo y en un entorno en el que nadie se ocupaba de él. Llegar a la Sierra donde le abandonaron con siete años, después de que su padre lo vendiera a un cabrero fue para Marcos toda una liberación. En esa Sierra de Cardeña se sintió libre. Es cierto que tuvo miedo al principio, que los ruidos de la naturaleza le asustaban, pero la inteligencia dio paso al instinto y Marcos fue capaz de luchar contra la adversidad del medio y hacerlo suyo.


Lo consiguió readaptándose a esa vida que le rodeaba, observando sus regla; siguiéndolas. Gracias a eso todo empezó a cobrar sentido para él. Comía cuando tenía hambre, el monte era su despensa, el rio su zona de juegos y los animales sus compañeros de caza y su verdadera familia.


Cuando conoces a Marcos entiendes que todo lo que cuenta es auténtico. La suya es una historia verdadera, Una historia de supervivencia y amor a la naturaleza. Tiene 65 años y se mueve como un chaval de 20, Conserva la inocencia de un adolescente pero tiene la generosidad de un hombre que ya ha vivido mucho y ha sufrido más.


El rodaje de este reportaje ha tenido tantos momentos extraordinarios que resultaría hasta pretencioso hablar de ellos. Todo ha sido entrañable y fascinante. Hasta contábamos con una novedad dentro del equipo. Por primera vez en los 37 años de Informe Semanal, los reporteros gráficos eran en realidad reporteras gráficas, la cámara y la ayudante de sonido.


De todas las pequeñas cosas que hemos visto tanto Silvia Acebes, Mar Fernández, Mariano Rodrigo y yo, Irene Vaquerizo, nos hemos quedado con la imagen de Marcos aullando con los lobos. Cuando entramos en el Centro de la Cañada Real donde vive la manada que trabajó en la película de Entre Lobos de Gerardo Olivares fuimos testigos de la simbiosis que se produjo entre ellos y Marcos. Pepe España, el biólogo del centro nos explicaba que la razón de esa empatía estaba en la posición de sumisión que adoptaba Marcos. No es que dejara que hicieran lo que quisieran con él, sino que era capaz de transmitirles que conocía sus reglas y las aceptaba .



Gerardo Olivares, que estuvo desde el primer día de rodaje con nosotros nos había avisado de que verle interactuar con los lobos era todo un espectáculo. Y lo fue.

Pero nos quedamos también con otra idea. Marcos nos dijo que hubo un tiempo en el que soñaba con volver a aquella Sierra, a vivir de lo que encontraba, lo que cazaba y lo que pescaba y añoraba su libertad. Pero ahora ya conoce su lugar en el mundo. Le gusta estar con la gente, divertirse el fin de semana, ayudar a sus vecinos de Rante, y hasta le vamos a ver en el cine interpretando su propio papel en la película Gerardo Olivares. Sólo le queda la pena de no saber leer ni escribir y de no haber tenido sus propios hijos, pero al menos ya tiene claro que tiene una familia y que ahora todos le creen

Mi impresión de la guerra

La primera vez que entré en Bosnia, en la primavera del 93, no entendí aquella guerra…nada más pasar la frontera de Croacia, un pequeño control en la carretera con una bandera, empezabas a ver pequeños pueblos, con casas desperdigadas y de pronto una estaba volada por completo y la de al lado no..Ese era el paisaje en medio de montañas muy verdes..y al lado un cafetín con la gente tomando un café en la terraza o preparando la carne y al poco otra aldea con casas voladas....Eso era, nos explicaron la limpieza étnica, en cada pueblo según qué mayoría tuviera , croata, serbia o musulmana, se habían volado las casas de los vecinos contrarios provocando su huida…En las ciudades el daño era mayor y la línea de fuego separaba igualmente a las etnias..Hoy 15 años después todavía quedan muchas huellas de disparos en Sarajevo, o en Móstar, la capital del sur...La guerra duró 3 años, pero fue tal la destrucción sobre todo humana, los lazos rotos entre la gente, que han hecho falta todos estos años muchos mediadores, como lo han sido los militares españoles, para interponerse , negociar, pacificar, o reconstruir..Porque aquello no fue una guerra civil, fue una guerra entre vecinos, entre familias, entre amigos y tanto daño cuesta mucho olvidarlo...Cuando se fueron de Móstar, su base estratégica 15 años, la gente se paró en los semáforos para despedirlos..Ahora dejan Sarajevo y el conjunto de la misión, y muchos les echarán de menos . Han sido muy queridos, quizá porque han sabido escuchar a la gente, acercarse a ella, creo que ese ha sido el secreto, y la intención clara de ayudar, porque España no tenía intereses políticos ni de ningún tipo en la zona, más allá de saber que era una guerra en la que sí se jugaba la paz en Europa..

Julia, Mikel y Maragall

Cosas de la memoria. Las crónicas de esta edición del Festival de San Sebastián siempre reflejarán que éste fue el año de Julia Roberts. En realidad fueron las 24 horas de Julia Roberts. Suficientes, eso sí, para recoger el Premio Donostia , darse dos baños de multitudes y recordar, agradecida, que “sólo es una chica de provincias que ha tenido mucha suerte”. Una chica corriente que viaja con una corte de guardaespaldas y representantes que revisan con antelación todo lo que tiene programado, sacan el pliego de condiciones y advierten, por ejemplo, que a la actriz no se la puede fotografiar con planos cenitales, es decir desde arriba…… Este tipo de cosas, probablemente contribuyen a alimentar el mito y de paso, a evitar tomas falsas que lo amenacen.

En la esquizofrenia permanente que vivimos en los Festivales, exigimos buenas películas. Pero con la boca pequeña, lo que queremos es que el Festival nos de esa imagen que sirve para la portada del día siguiente; que nos resuelva el arranque del reportaje o que nos de ideas para la crónica acanallada. Por eso son tan necesarias las celebrities y por eso nos conformamos con estar frente a ellas en los llamados junket, esos simulacros de entrevistas, con tiempo tasado que no excede de los diez minutos por periodista. Las preguntas suelen ser idénticas a las del que te ha precedido. Pero son las tuyas y ya puedes contarlo.

Entre tanta impostura y efectos especiales, se agradece lo verdadero. Y pocas cosas más auténticas que la lección de coraje que nos dieron Pascual Maragall y su familia en “Bicicleta, cuchara, manzana” , el documental en el que Carles Bosch, -el de “Balseros”-se convierte en la sombra de un enfermo de Alzheimer. El domingo, una hora antes de la proyección, la familia de Maragall deambulaba por el hall del hotel María Cristina con aire nervioso. La imagen, -todos iban elegantemente vestidos-, era más propia de una boda que de las vísperas de una proyección. Pero la procesión iba por dentro. Sus hijos no podían disimular un rictus entre nervioso y emocionado y Diana Garrigosa, su corajuda mujer, vigilaba de cerca todos sus movimientos y lo mismo le retocaba la corbata que le atusaba el pelo.

Dos horas más tarde, el Kursaal en pleno aplaudía, entre lágrimas, un documental que no pretende contarnos la vida de quien fuera exitoso Alcalde de Barcelona, sino concienciarnos sobre una plaga que antes o después, nos tocará de cerca. Al día siguiente pudimos acompañarles a la Fundación Matía , un centro ejemplar y pionero en la investigación sobre el envejecimiento y el Alzheimer. Maragall conserva tanta lucidez que cuesta pensar que estamos ante un enfermo. Recordaba con satisfacción como dejaba atrás a Odón Elorza cuando subían en bici a Igueldo y más que un enfermo consciente de su situación, parecía el médico que hace la visita. Pero no: él y los suyos saben que la memoria se escapa. Y que por las rendijas del olvido, se van los recuerdos que conforman la vida. Por eso, por él y por los que vendrán, ha hecho de la lucha contra el Alzheimer su última batalla.

Para Mikel Olaciregui esta no es, ni mucho menos, su última batalla, pero sí su último Festival como director. Seguirá vinculado al certamen pero más ligero de equipaje. José Luís Rebordinos recogerá el testigo que durante una década ha llevado este donostiarra culto, tranquilo y cinéfilo hasta el tuétano. Llevo años entrevistando a Mikel Olaciregui y nunca ha sido la misma entrevista. Con él no se trataba de un escueto junket. Olaciregui es generoso y nos reservaba el tiempo que, en mitad de la melé del Festival, no tenía. Le hemos acompañado a comprar el pan; a pasear muy temprano con su perra ya desaparecida; le hemos visto estrechar muchas manos y hemos escuchado sus quejas prudentes y razonadas cuando veía que el Festival tenía necesitaba más que un contable un ilusionista para que cuadraran las cuentas. Ha hecho y bien, todos los deberes. Pero decidió que era el momento de irse, agotado y agradecido.


En la última entrevista como director con Informe Semanal , Olaciregui lo dice alto y claro, “si no se combate la piratería con leyes internacionales, ahora que una web puede estar alojada en cualquier sitio, vamos muy mal y como no se ataje rápido la piratería, la industria del cine corre un serio peligro”. Y dice más: alerta que ningún Festival puede hacer milagros y San Sebastián, por mucho que le vigile el santo de cerca, tampoco. Que el presupuesto de Donosti es menos de la mitad del siguiente gran festival de la misma categoría, y que los recursos son ya muy limitados. Pero esa batalla que él comenzó la continuarán otros. Se va, -aunque se queda-, con el regusto de todo lo vivido junto a actores increíbles y directores de talento que un día conoció de cerca.

Labordeta, de frente


Escribo desde la distancia, hasta donde la radio me ha traído la noticia de la muerte de José Antonio Labordeta y los ecos de su despedida. Escribo todavía impactada por ese adiós espontáneo de miles de personas que, seguramente sin proponérselo, fue metiendo en su mochila. Esa que llevó siempre a la espalda, llena de afectos pero vacía de alharacas.

Entrevisté a Labordeta por primera vez con motivo de la Expo del Agua. Quería que personas de la ciudad -y él era Zaragoza y Aragón- me contaran qué suponía este acontecimiento. Y allí estaba, explicándome desde una de las nuevas pasarelas del Ebro, cómo se habían conectado las dos partes de la ciudad que antes separaba el río, y cómo se habían recuperado las riberas. "Pase lo que pase con la Expo –me dijo- Zaragoza ya tiene su legado".

Un año después un amigo común me comentó que iban a publicar un libro y hacerle un homenaje, que quizás podría recoger Informe Semanal . Y mi marido, que años atrás había coincidido con Labordeta hablando en el Pirineo sobre pueblos abandonados, me dio un argumento incontestable: Labordeta no tiene uno sino varios reportajes: ha sido profesor, político, cantautor, poeta, escritor, periodista…un verdadero hombre del Renacimiento”.

Quedamos con José Antonio en una fría semana de noviembre. Me habían dicho que el homenaje era una sorpresa, así que durante el rodaje hablábamos solo del libro. Le grabamos paseando por el barrio de su infancia, comprando en el mercado (“dame un puñao de gambas, anda, que sean para la plancha”), recitando un poema frente al Ebro. Le grabamos en su casa, sólo, pero con la presencia imperceptible de Juana, su mujer, y de sus hijas y nietas, por las que se le iba el alma. Y nos dio una hora de entrevista con pasajes tan deliciosos que al terminar sólo pude decirle: “Labordeta, hay un problema”. “¿Qué pasa?”, me contestó sorprendido. “Que el reportaje no puede durar más de doce minutos, y tenemos que escuchar tus canciones y meter fragmentos de tus programas de televisión. Y no sé cómo vamos a comprimirlo todo”.

Al día siguiente acudimos al homenaje , en un Teatro Principal lleno hasta la bandera.
Antes de que comenzara habíamos pactado grabar con apenas un puñado de invitados, -amigos, cantantes y políticos-, algunas palabras que definieran a Labordeta. Y nos encontramos con una fila de gente esperando para hablar de él. No terminaba uno y ya se había sentado otro. Contaban sus recuerdos, sus anécdotas, lo que Labordeta les había enseñado, lo que representaba. Personajes del mundo de la música, del cine, de la política, de la enseñanza, compañeros, amigos….
Los del equipo nos mirábamos: “es imposible que puedan entrar todos en el reportaje”. Pero no queríamos decirle a nadie que no, que ya teníamos más que suficiente, porque era el ejemplo palpable del cariño que concitaba “el abuelo”, como la mayoría le llamaban.
Al final conseguimos arañar algún minuto más, aunque hubo muchas cosas que irremediablemente se quedaron en el tintero.

Teníamos el guión casi terminado y aún no habíamos resuelto un detalle importante: ¿qué titulo íbamos a ponerle?. Le dimos casi tantas vueltas como las que él dio su propia vida:
-“¿Destacamos alguna de sus facetas?.”
-“¿Y cómo reflejamos el resto?.”
-“¿Algo con la mochila?.”
-“No sé. Demasiado obvio.”
-“¿Y en qué plano podríamos meterlo?.”
-“Puede quedar bien en el que se ve la portada del libro con su retrato proyectado sobre el escenario”
-Pues entonces eso: “Labordeta, de frente”.

Escribo desde la distancia recordando al protagonista de ese reportaje. A un Labordeta que anteponía los sentimientos a la ideología, que amaba y reivindicaba su tierra, que se definía triste y socarrón, que ejerció la política sin horario, que le puso música a sus poemas, que recorrió los rincones de nuestro país para enseñarnos la grandeza de lo pequeño. Y a quien nada más conocer tuve la certeza de que en todo había ido por la vida, siempre, de frente.

El Shanghái de las maravillas

Uno de los secretos de Julio Camba, quizá el mejor columnista español del siglo XX y un extraordinario escritor de viajes, era que llegaba a los sitios con la mirada limpia de un niño, asombrándose a cada momento de lo que le salía al paso. Luego lo contaba con su prosa ágil y sin grasa retórica. Así relató el crack del 29 en un libro, “La ciudad automática”, que es un prodigio de finura e inteligencia. Hoy, Camba lo tendría más difícil, porque el mundo es un sitio cada vez más pequeño, que tenemos muy visto en televisión. Aun así, el viajero curioso, el periodista tienen ocasión de maravillarse de cómo discurre la vida en una ciudad como Shanghái, un laboratorio de capitalismo feroz en el corazón de una China que oficialmente se dice comunista.

“Informe Semanal” estuvo en ese rincón asiático para retratar la exposición universal más colosal que han visto los tiempos, justo en la semana en que España celebraba su fiesta, con la presencia del presidente Rodríguez Zapatero que llevaba la copa del mundo de fútbol bajo el brazo. En el pabellón español, con todo, el gran triunfador es Miguelín, un niño de seis metros y medio, con un toque Hollywood, ideado por la cineasta Isabel Coixet.

Acostumbrados a hacerlo todo a lo grande, los chinos levantaron la Expo sobre una extensión de 500 hectáreas, en la que estaban ubicados los mayores astilleros del mundo. Lo hicieron con un ejército de trabajadores llegados del campo. Para cuando acabe la muestra la zona se dedicará a zonas verdes y a edificaciones. Nada nuevo, porque en Shanghái hace tiempo que se construye de forma desaforada y empiezan a oírse opiniones autorizadas que alertan sobre la inquietante posibilidad de que estalle la burbuja inmobiliaria. Por cierto, la galopante construcción se realiza con la inmigración interior. De los 20 millones de habitantes de Shanghái al menos un 30 por ciento han llegado de las zonas rurales y tienen la consideración de ilegales en su propio país.

Si Camba hubiera ido hoy a Shanghái contaría con su escritura falsamente ingenua la peculiaridad de un comunismo que está creando multimillonarios a notable velocidad, en tanto la Seguridad Social es en la práctica casi inexistente, la escuela pública de pago y las pensiones irrisorias. Las noches son una fiesta para una nueva clase adinerada que a menudo acude a las discotecas con sus Ferraris rojos. En el interior no es infrecuente ver a un grupo de jóvenes triunfadores que disfrutan con una botella de Dom Perignon.

Visitamos el mercado de grillos, una olla de ídem a presión, abierta todas las mañanas. Los shanghaineses tienen en alta consideración este insecto, que utilizan como mascota. Parece que da buena suerte. Ah, pero el éxito de la cosa está en que aquí se trafica con grillos de pelea. Una tradición milenaria, que tiene la misma relevancia que en otros lugares alcanzan las luchas de gallos o de perros. Se trata de competiciones clandestinas en las que se mueve bastante dinero: los chinos son muy aficionados a las apuestas. Luego nos encontramos con otro mercadillo, digamos que del amor. Allí, los domingos padres y madres acuden con el currículo de sus hijos e hijas con la intención de buscarles pareja. Bonitas escenas de mercadeo sentimental, en que los papás llevan la lista de los méritos de sus retoños, así como la de sus peticiones. Nos resultó muy curioso el caso de un joven que solicitaba chicas nacidas entre 1976 y 1980, salvo de los años 78 y 79. ¿Excentricidad? Sí, pero no del todo. La explicación está en el horóscopo chino, ligado al calendario.

Algo que ningún turista debe perderse es un masaje. En Shanghái los hay de todos los colores y para todas las necesidades. A nosotros nos dejaron el cuerpo nuevo y desestresado unos profesionales ciegos. Bueno, tampoco fue una extravagancia. Parece que en China los más acreditados masajistas son invidentes.

Para cualquiera que no sabe chino, Shanghái es un serio problema. Salvo las élites no es muy común que se hable inglés. Y es impensable descifrar el nombre de una calle o de un establecimiento cualesquiera rotulados en el alfabeto mandarín. Ni siquiera lo leen todos los taxistas. En un caso tuvimos que bajarnos del coche porque el conductor era incapaz de descifrar los signos de su propio idioma. Conclusión: sin traductor es extremadamente complicado moverse.

Al anochecer, desde el paseo del Bund, Shanghái es un espectáculo maravilloso. A un lado del río Huangpu, Pussy, la ciudad vieja con su espléndida arquitectura colonial. Al otro, Pudong, una deslumbrante Nueva York levantada en menos de 15 años, el escaparate de Asia, la metáfora de un país cuya estatura crece asombrosamente. Napoleón Bonaparte dijo una frase ya célebre: “Cuando China despierte el mundo temblará”. China ya ha despertado y el mundo mira a este gigante misterioso.

Informe Semanal.


Dicen que la noticia es una fotografía de la realidad y el reportaje, su radiografía: Un viaje a las entrañas de las cosas que pasan. En Informe semanal, cada semana intentamos acercarnos al espectador a nuestra manera: con una forma de hacer periodismo que se ha hecho reconocible a fuerza de años y experiencia y que pretende ser reposado pero ante todo, veraz.
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