4 posts de julio 2009

León, el profesional

Sí, yo también me quedé alucinada el jueves con las imágenes. Muchos habéis dicho que se merecían un post... Aquí está. Creo que será el último que escriba esta temporada porque el viernes me voy de vacaciones, así que aprovecho para casi despedirme (La2 sigue todo agosto, con mi compañera Sara y muchos del equipo). Ha sido un año genial... quiero daros las gracias por haber hecho este blog conmigo, por todos vuestros comentarios (ya van 10.000 ), por buscarnos y encontrarnos, por habernos seguido en FB , y por hacernos sentir que La2N es mucho más que un informativo.


Me gustaría daros un abrazo que me saliera tan bien y tan bonito como el de Jùpiter.

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No sin ti

Es por la historia del matrimonio británico que decidió morir en una clínica de Suiza. Los que no hayáis leído la noticia (es de la semana pasada, la han publicado varios medios y está muy bien cómo lo cuenta Daniel Postico en El Mundo el domingo) os la resumo de un zarpazo:

Edward y Joan llevaban 54 años casados y tenían dos hijos. Él había sido director de orquesta y ella bailarina. Se conocieron cuando Edward tenía 30 y Joan 19, se enamoraron, se pusieron uno a lado del otro y ya no se separaron nunca más o, al menos, eso es lo que dicen las crónicas. También cuentan que, cuando a él le diagnosticaron una enfermedad por la que iría perdiendo la vista paulatinamente, ella decidió convertirse en su luz. Era sus ojos, su bastón, su asistente personal y su compañera de viaje. La vida entonces parecía seguir siendo apasionante. De hecho, Edward dirigió la Filarmónica de la BBC por última vez en el año 2006, con más de 80 años y cuando ya estaba completamente ciego. Ella le acompañó al escenario, le colocó delante de la orquesta y él dirigió a los músicos con la memoria. Pero cuando Edward supo que su mujer tenía un cáncer terminal, decidieron morirse. Y lo hicieron a través de la clínica Dignitas, que les dejó un apartamento en Zurich con una sobredosis de barbitúricos encima de la mesilla, al lado de una cama en la que Edward y Joan murieron de la mano, en apenas diez minutos y en presencia de sus hijos.

Y ésta es la historia en la que llevo pensando desde que la leí. Voy en el coche, por ejemplo, escuchando música y me sorprendo pensando en Edward y Joan. Pero no en el debate ético que, obviamente, el tema suscita, no...Me asaltan mil y una preguntas imposibles de contestar: quién tomó primero la decisión, cómo se lo plantearía al otro, si hubo presión o chantaje emocional, si la decisión les hizo más felices, de qué hablarían en ese último viaje de Londres a Zurich -si pensaron la ropa que iban a ponerse, qué llevaba Joan en el bolso y Edward en los bolsillos, si lloraron o sonrieron cuando cerraron la puerta de la casa-, qué fue lo último que se dijeron antes de cerrar los ojos, y si es ésta una historia de amor al otro o de amor a uno mismo (como no puedo vivir sin ti, no vivo)...

Pero lo que de verdad de verdad me gustaría saber es cómo fue para ellos ese tiempo en casa en la que la muerte estaba no sólo pactada, sino compartida por los 4 miembros de la familia y que, según han contado los hijos, era asumida con total naturalidad... Me les imagino una mañana cualquiera en la cocina, en la que el hijo le dice a la madre mientras se pone mermelada en una tostada: "¿Sabes? Se casa la hija de los Brown...os han enviado la invitación a papá y a ti, la boda es en noviembre"..."Bueno -diría Joan sirviéndose tranquilamente una taza de té-, con nosotros que no cuenten, para esa fecha estaremos muertos. ¿Te apetece tomar un poco más de té?".

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Érase una vez el mono

Vuelvo a la carga. Esta vez con un tema-mono a tenor del último comentario que publiqué ayer en el post "¿Nos escribimos?" -de un bloguero que firma como Onthemoon- y que hacía alusión a una noticia que acabábamos de dar en La2N (15 de julio).

El asunto es que en Pittsburgh (EEUU), unos investigadores han hecho un experimento con un mono que nos ha dejado boquiabiertos. Le han plantado un chip en la cabeza y lo han conectado a un brazo artificial. El mono, a base de concentración (y tecnología), es capaz de mover el brazo sólo con desearlo. Si esto sale adelante, os podéis imaginar lo que significará para todas las personas que tiene alguna parálisis o discapacidad, ¿no? Podríamos estar ante una revolución científica de ésas que sólo nos harían alegrarnos.
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Pero resulta que a nuestro bloguero le ha dado por elucubrar... ¿y si las máquinas llegaran algún día a controlar nuestros pensamientos? ¿y si lo que deseamos -esa parte tan íntima de nuestra intimidad- se hace transparente a la tecnología?

Yo me he acordado de un libro que leí hace la tira de tiempo (yo creo que era pequeña.. bueno, pequeña no, pero tendría doce años o por ahí, o sea, que sí, era casi pequeña), de Isaac Asimov que me dejó impresionada: "Yo, robot". Después he pensado varias veces en él, sobre todo cuando en La2 contamos cosas de humanoides (que es muy a menudo, por cierto..). Hace poco, por ejemplo, dimos una noticia de unos robots japoneses que hacían como si tuvieran sentimientos... Entonces, la pregunta es...¿Y si al final las máquinas pueden con nosotros? ¿y si ellas también sienten..? ¿y si...?

Quizá en este post podamos arrancar del mono con gorro para hablar de muchas otras cosas: de los experimentos científicos con animales, de los avances que mueven el mundo o de la posibilidad de que las máquinas un día nos hagan creer que tienen sentimientos...o mejor, que nosotros nos comportemos con ellas (con el coche, con el ordenador, con el móvil) como si sintieran..

Bss

¿Nos escribimos?

Disculpad el retraso en actualizar, pero es que cada vez que he abierto el ordenador estos días y he entrado en el blog he pensado: "¿De qué diablos escribo?". Las musas se han pirado por ahí de vacaciones y me han dejado tirada (a saber dónde andan, lo mismo se han encontrado con mi libro perdido, que le den recuerdos de mi parte - los que no sepan de qué hablo pueden echar un vistazo al post Saber perder-). Es lo que tiene currar en julio, que la otra mitad del mundo se ha ido de vacaciones (del mundo desarrollado, se entiende) y a ti sólo te queda esperar.

Pues eso, que parece que ya ha pasado todo lo que tenía que pasar y vamos tachando los días del calendario hasta que llegue la mañana ésa en la que te levantas sobresaltada porque crees que se te ha pasado la hora y de pronto dices: "Ups, que noooooo, que no tengo que irrrr, que estoy de vacaciones... ¡que susto, eh?!"

En fin, que se me ocurre que mientras llega ese día podemos poner en marcha un post que suele funcionar muy bien por estas fechas y que consiste (oh, paradoja) en seguir currando. Pero en cosas que nos gustan. Por ejemplo, escribir. Cosas, cositas, tonterías. No hace falta que seamos Ismail Kadaré que es capaz de convertir un poema en un cuento y un cuento en una novela y, lo que tiene más mérito, ¡una novela en un poema otra vez! (claro, que por eso es el nuevo Príncipe de las Letras...). No, no, no es necesario que lleguemos a tanto...

Se trata sólo de escribir relatos de verano, esa actividad que ha dado siempre tanto juego a los suplementos de los periódicos, a los programa de radio, a los concursos literarios y, ahora, a nosotros. Sin pretensiones. Escribir por escribir. Y, por supuesto, cada uno que haga lo que le dé la gana que para eso somos libres. Es decir, se puede continuar un relato que alguien haya empezado o empezar uno nuevo o, incluso, plagiar (intentad que no se note mucho).

Para animar el cotarro empiezo yo con uno que escribí hace unos meses, que se llama El monstruo y la princesa y que no hay quien lo entienda, pero dice así:

Al principio la princesa no le hizo caso. Le miró un par de veces sin ningún interés mientras él hablaba entre la gente. Pero cuando estaba a punto de marcharse y él se acercó, a ella le pareció ver que era distinto a todo lo que había conocido antes. Tenía unas alas en la espalda.

Así que cuando él le pidió que le diera la mano para que jugaran juntos, ella le dijo que sí. Le nacieron un par de alas... y el monstruo y la princesa se pusieron a volar.

A contracorriente.

Pero un un día el viento les pegó fuerte. Cuando bajó, la princesa se quitó las alas en silencio, las metió en una cajita y las escondió en un lugar secreto.

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La 2 Noticias


Mara Torres presenta La 2 Noticias, el informativo de La 2 de TVE, un espacio único por su forma de enfocar la actualidad y contar lo que sucede cada día. Mara ha sido, además, presentadora del programa de radio 'Hablar por hablar'.
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