Un frío que pela
Lo han dicho los del Tiempo, que viene un frío que pela.
Porque estamos en ese tiempo en el que hablar del tiempo es mucho más que hablar del tiempo.
Me llamó mucho la atención una escena que vi el otro día en una aldea bastante perdida en Picos de Europa. Había un único bar que estaba (era viernes por la noche) hasta arriba, o sea, unas 6 o 7 personas, la mayoría de ellas con las madreñas puestas encima de sus zapatillas de andar por casa. En una televisión enorme colgada en lo alto de la pared se oía de fondo el Telediario de las 21.00.
Hablaban cómo siempre he visto hablar en estos lugares: cada uno ocupaba su lugar en el bar (uno, apoyado en la barra con un chato; otro, sentado en una silla de una mesa en la que sólo está él; otro, con una banqueta cerca de la chimenea; una pareja en una parte esquinada que había cerca de la ventana con la cerveza apoyada en un barril; el dueño del bar, detrás del mostrador...) y mantenían una conversación tranquila y cruzada en la que uno dice algo, contesta otro desde el otro lado, se hace otra pausa, retoma el de más allá con algo que provoca risas o suspiros o comentarios al unísono, vuelve a hablar en que inició la conversación... y así. Hasta que sonó la sintonía del programa de El Tiempo. Entonces se hizo un silencio sepulcral en el pequeño bar y todas las miradas se centraron en la televisión y escucharon atentamente lo que contaban los compañeros sobre la bajada de las temperaturas, las posibilidades de lluvia y de nieve, y las heladas. Cuando terminó, volvieron a retomar la conversación de antes, como si nada.
¿Qué pensarían durante esos diez minutos?
Quizá el regreso del frío tenga un poder evocador que parece que no tienen otras estaciones y, a la vez, sea un anuncio de lo que está por llegar. De lo que nos espera.
Buen fin de semana.



