Pop, pop, pop!

    miércoles 21.sep.2016    por Julia Varela    0 Comentarios

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Hay corrientes en Instagram. Tendencias. Entre mis predilectas, están las creaciones de instagramers pop. Llenan de colores planos y llamativos sus imágenes, pintan de azul eléctrico y fucsia un donut y convierten el polo de fresa en tótem de modernidad fluorescente.

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En esta red social, las imágenes pop se reproducen tan rápido como las latas de sopa Campbell. Son efectistas, divierten y alegran de un vistazo, el tiempo justo que recalas en cada una de ellas. 

Por eso triunfan y se multiplican, aunque para Jaime Sánchez, "la mayoría se copian entre sí, se mueven según la moda del momento y porque les interesa ganar seguidores fácilmente".

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La realidad es que la copia en sí, no es dañina para el pop. No contradice los fundamentos warholianos, que encumbraron la emisión en serie de objetos comunes. Populares. Pop. Ahí están las montañas de cajas idénticas de detergente que emulaban la producción masiva. O las serigrafías de Marilyn, una impresión tras otra. 

Lo que puntualiza este fotógrafo y diseñador malagueño es que él no entiende el pop como herramienta para pescar followers. Es su estilo, nada de aventuras pasajeras. Y dentro de esta subcultura pop, recurre a un elemento ya casi icónico: las piezas de Lego

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A sus 28 años, se autorretrata con tez púber repleta de espinillas de caramelo. Recuerda cómo empezó todo: durante su segundo viaje a Nueva York, visitó la exposición The Art of the Brick y se quedó impresionado con la perfección y obsesión de Nathan Sawaya por estos ladrillos de juguete. Al salir del museo, se encaminó de inmediato a la tienda Lego para comprar unos cuantos.

Fue el inicio de un proyecto que consiste en fusionar los clásicos bricks de nuestra infancia, que miden entre 3 y 4 centímetros, con cosas prácticas que no tienen demasiado glamour, como una maquinilla de afeitar: "He elegido estos objetos porque los usamos a diario y me parece curioso poder cambiar esa propia monotonía de lo cotidiano ¿A quién no le gustaría lavarse los dientes con un dentífrico de Lego?".

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El mundo de lo pequeño le apasiona en todas sus facetas.

Por un lado, el minimalismo estético: "La miniatura en la fotografía me fascina, ya que con dimensiones diminutas logro maximizar el encanto de las cosas".

Por otro, lo que supone de regreso a la niñez: "Me encanta crear imágenes que puedan rememorar la infancia, al mismo tiempo que altero la realidad del objeto y lo convierto en algo dirigido a un público más maduro". La esencia del naíf. 

Composiciones que parecen sencillas pero que tienen mucho boceto y buceo por detrás, además del tiempo de estudio hasta llegar a la mezcla idónea. Sin olvidar la edición posterior en Photoshop. De esta manera, surge por ejemplo un huevo frito pop y legolizado

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Pop art is for everyone, ese es el eslogan de Andy Warhol que también Jaime Sánchez sostiene como bandera en su trabajo. Aunque él va un poco más lejos:

No solo el arte pop es para todos (o para cualquiera), también "el pop puede ser cualquier cosa, incluso una lata de sopa de tomate, como ya demostró Warhol en su época. Así que todo lo que se nos ocurra podría serlo: solo hay que mezclar un poco de color con algo muy simple y nos saldrá un objeto pop".

Ahí está la fórmula. Imítenla sin remordimientos. 

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@VarelaJulia

Fotografías de Jaime Sánchez

Julia Varela   21.sep.2016 09:22    

Universo papel

    lunes 12.sep.2016    por Julia Varela    0 Comentarios

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Apenas se siente humana si no bebe café. Muucho café. Es la segunda de sus pseudo adicciones, después del papel. El que rasga con uñas postizas en una especie de ataque de nervios colorista. Adriana Napolitano tiene 32 años, es italiana y posee la habilidad de convertir en papel todo lo que toca

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Incluso llora lágrimas de celulosa, como vemos en uno de sus autorretratos que no buscan reflejar sonrisas de Facebook y postureo feliz, sino sus "pequeñas y grandes luchas diarias, donde también hay enfados" y momentos infelices. 

Está segura de haber heredado las manos virtuosas del resto de su familia: la más creativa su madre, de profesión teleoperadora; también su hermana, buena dibujante y grabadora y, por supuesto, está el MacGyver de su padre, ex trabajador de fábrica.

Aquí lo retrata acompañado de su habitual universo de herramientas traducidas al papel, aunque ahora, ya retirado, lo cierto es que pasa más horas con la mascota: "Se dedica a tiempo completo a ser el canguro nuestro pequeño loro!", confiesa Adriana entre risas. 

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La geometría a menudo le genera dolores de cabeza y en su casa se acumulan montañas de descartes de papel, "toneladas de trozos que acaban siendo irritantes!".

Pero las ventajas de trabajar con este material superan los inconvenientes: "Es un medio que te permite realizar diseños increíbles de manera fácil". Y no necesitas un papel gourmet: "Mi favorito es el clásico y coloreado, el que puedes comprar en cualquier papelería corriente". 

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Corta, curva, solapa y pega hasta recrear en papel desde una escena vintage (con su teléfono retro y su mesa cubierta de ganchillo) hasta un bodegón de hortalizas.

Se define como una obsesiva de los materiales: "Cuando voy de compras paso gran parte del tiempo palpando cualquier tipo de papel que encuentro. Lo cierto es que, en general, invierto horas tocando todo!".

Una inclinación que comparte con muchos diseñadores de su generación que han elevado a tendencia mundial conceptos anglosajones como craft y handmade. O sea, lo artesano y manual. Lo digital, pero en lo que se refiere a los dedos y no a la electrónica. 

"No sé si este tipo de diseño continuará o se desvanecerá como el resto. Espero que no. Al fin y al cabo, se trata de manos, corazón y genio", opina Adriana.

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Todo surgió con una peluca. De papel, por supuesto. La peluca victoriana que luce aquí debajo y que creó para hacerse autorretratos divertidos. Pero, como ella misma escribe, ha resultado ser un tema serio. Nada de papel mojado. 

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@VarelaJulia

Fotografías de Adriana Napolitano

Julia Varela   12.sep.2016 08:00    

Arte urbano castizo

    jueves 1.sep.2016    por Julia Varela    1 Comentarios

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Preferiría a Batman, pero de momento Flash es el candidato que más me convence. El PDS, Partido de Superhéroes, hace campaña por las calles de Madrid sin relámpagos ni otros efectos especiales. Se limita al tradicional marketing de guerrilla, aunque su cabellera lacada color platino pronostica milagrosas súper soluciones para cambiar el mundo. Este primo guapo de Donald Trump es bueno, tiene mejor pelo y, además, él sí tiene poderes sobrenaturales para erradicar el mal.

Podría ser la parodia histriónica del presidente perfecto que el pueblo espera como el maná. O simplemente un modo de echarse unas risas frente al panorama político que enlaza investiduras y elecciones como si no existiese un mañana. Detrás de esta pegada de carteles están dos anónimos que se hacen llamar Yipi Yipi Yeah y que, desde hace unos años, empapelan de arte urbano los muros de la capital. También customizan señales de tráfico

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Quieren cambiar el entorno,  darle un significado alternativo, "hacerlo más interesante para el viandante" e intentan que cada intervención vaya acorde con el espíritu y problemática del barrio. Como esta pintada de plantillas que realizaron en una de las zonas más multicuturales de Madrid. Una larga fila de migrantes dice adiós a una ciudad que ya no le ofrece oportunidades laborales y sociales:  

                                                                                                           

No siempre actúan con nocturnidad, "depende del momento y la motivación", y nunca han tenido enfrentamientos con policía o vecinos por decorar a su manera el mobiliario público. Incluso aseguran que los paseantes les animan a seguir realizando más obras. Madrid es su sede, pero han dejado huella en otros puntos del planeta como Londres, Estocolmo, Helsinki, Varsovia, Florencia y Berlín.

Después de investigar y comparar, su diagnóstico del street art patrio es bueno: "Es fresco, diverso, creativo y con muchísima calidad, a la altura de cualquier país del mundo". Lo que sí es necesario, entre tanta heterogeneidad, es distinguirse. Crear un estilo reconocible respecto al resto de intervenciones callejeras. En lo técnico, Yipi Yipi Yeah se inclinan por las plantillas, las pegatinas que incorporan a señales viales ("no es pintado, se puede quitar!", puntualizan) y las placas que cuelgan bien altas por esquinas visibles. 

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Echan mano de la crítica expresada con humor, así endulzan la queja y "llega a mucha más gente, el impacto es mayor". Pero lo más singular, lo que les diferencia de los demás, es la reflexión en torno a la cultura española: "La ensalzamos en general y reiteramos ese mensaje en muchas de nuestras intervenciones con el fin de quitarnos el sambenito de que 'lo de fuera es siempre mejor'...Es una idea que a día de hoy sigue muy presente, a nuestro pesar".

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Hacen alarde de la tortilla de patata -casi tan cinematográfica como una luna de Méliès- de las cañas a buen precio y de Gilaspanish emblemas frecuentes en sus obras, sin olvidar el punto ácido, lo podrido del sistema, desde la corrupción hasta la precariedad laboral.

Arte urbano, arte de barrio, castizo, que sabe a patatas bravas y que ha llegado a inmortalizar, por ejemplo, al mítico Pepe Isbert con boina en la calle Buxton , en pleno corazón hipster londinense:Londres-buxton-st-768x1024
En lo bueno y en lo malo, así somos. Yipi Yipi Yeah lo reivindican sin complejos y jugando con tópicos que al final quedan dignificados.

No descartan una inminente performance en el centro de Madrid. Me imagino ya a Darth Vader en traje de luces. Será algo muy de aquí, eso seguro. 

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@VarelaJulia

Julia Varela    1.sep.2016 08:36    

Infomanía

    miércoles 10.ago.2016    por Julia Varela    0 Comentarios

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Smartphones
, followers, likes, analytics, big data
son algunos de los términos que se han mudado para siempre a nuestro barrio. Los trae la vida digital, parcialmente virtual (otra de esas palabras). Se trata de un vocabulario nuevo, cambiante, casi mutante ligado a una realidad plagada de impactos por minuto: vemos unos 5000 mensajes, anuncios y etiquetas al día.

Entre todos estos conceptos, hay uno que resuena en los estudios de diseño, redacciones y departamentos de marketing: la infografía. O sea, la representación gráfica de información.  De un tiempo a esta parte, pocos estudios nacionales han conseguido brillar tanto en este ámbito como los chicos de Relaja el Coco

El núcleo duro lo fundaron Pablo y Francesco, un salmantino y un italiano. Más tarde se unió Lorenzo,  además de contar con un puñado de colaboradores externos para proyectos que requieren más manos:

                                                                        

Te das cuenta de que el negocio va bien (y de que también habrán comido mucha 💩) cuando afirman que "la calidad humana de las empresas con las que trabajamos y colaboramos ha subido muchísimo". Han dejado atrás los tiempos en que escondían penes en los trabajos de clientes puñeteros y ahora les llaman para encargos desde Japón y USA, como este detallado plano de los territorios de la serie Game of Thrones que publicó el Entertainment WeeklyGot_02

Ante la fría pregunta de qué es una infografía, responden que "cualquier proyecto visual que usa los datos para contar una historia a un usuario final con cierta orientación a un tipo de conclusiones concretas".

O sea que el tema va de datos, de informar, de sintetizar. "En internet, hay muchas cosas que se definen como infografía sin serlo. Poner unos iconos encima de una foto, no es infografía". De todas formas, no son talibanes. Entienden que "es más cómodo llamar a todo infografía, nosotros lo hacemos de vez en cuando y el mundo sigue rodando!". Infographics_miscellany_04

Lo cierto es que han conseguido un estilo muy definido, cosa que no es fácil en un campo repleto de tendencias y grafismos prefabricados que se compran por un puñado de euros. Sus infografías reflejan su modo de entender la vida: "optimista, cremoseta, alegre y bella". Pero -y esto lo digo yo- salta a la vista que no son Mr. Wonderful. Yorokobu_process_01

Uno de los secretos, ya entrando en harina, es la planificación. "Nuestra metodología no se basa en el prueba-error. Es un proceso racional y concreto donde todo tiene que estar claro desde el primer momento. De hecho, lo que más nos cuesta hacer comprender a los clientes es que una vez que aprueban una estructura, quitar o añadir es muy complicado, porque todo está equilibrado y cada elemento está atado a los que tiene alrededor." Aea_21

Como a unos padres, no les resulta fácil revelar a qué hijo quieren más...Luego se sueltan un poco y mencionan sus trabajos para la revista Jot Down (porque empezó como proyecto difícil), la memoria para la ong  Ayuda en Acción (por el tremendo ejercicio de síntesis) y los mapas de Walk with Me (por la libertad creativa). Con frecuencia, colaboran con proyectos "sin ánimo de lucro porque funcionan como terapia". Goods_of_spain_09

La inquietud viene de serie y entre el día a día habitual, están enredados en trabajos de realidad virtual. Vamos, que están esperando que les lleguen unas Oculus al estudio. Y, en el espectro opuesto, abrirán en breve una tienda de "productos chorra, con pósters y otras ideas personales para ver si alguien nos permite colar nuestras visiones en su casa". Infographics_collection_09 (1)

Después de charlar con los chicos de Relaja el Coco, me queda claro qué es una infografía y conozco mejor el oficio del diseño gráfico. También que la modernez, además de inevitable, puede ser humilde, sincera y artesanal. Seguramente eso ayude a tener followers, conseguir likes y ser viral.

@VarelaJulia

Julia Varela   10.ago.2016 09:23    

Julia Varela

Bio Yo, laggard

Tendencias. Movimientos. Cosas que pasan. En la carrera de ir a la última, me reconozco entre la tribu laggard (rezagado in English). Admiro tanto las joyas impresas en 3D como un buen pincho de tortilla. Lo cool y lo castizo, aquí se habla de eso. De modernidades viejas, de antigüedades nuevas. De lo bonito. Poliédrica, multitasking. Gallega de lacón con grelos y madrileña inevitable de Malasaña. Periodista casi siempre
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