Naturalmente, madera

    lunes 23.may.2016    por Julia Varela    0 Comentarios

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"Soy muy antisistema, pero no muy guerrero". Lo suficiente antisistema para sustituir una rutina laboral al servicio de proyectos de otros por la construcción de sus propias obras. Y dejar su asfalto de siempre, Madrid, por el verde de El Bierzo. Lo suficiente para no tener televisión, aunque sí el iPhone en el bolsillo.

Víctor es un técnico de sonido que quiso ser músico y que un día talló en madera dos didgeridoo, la trompeta de los indígenas australianos. Lo de crear algo tan material y suyo en lugar de ejecutar planes que no le pertenecían, le supo tan bien que decidió cambiar de profesión. Para eso, abandonó la capital y se echó al monte.

Tres años de aprendizaje en Cacabelos, León, donde entre sus 5.000 habitantes encontró carpinteros que le enseñaron a cortar, lijar y tornear un material que muchos paisanos desechaban. Pedazos de madera autóctona que habían sido destinados a otros usos y que ahora él recicla para crear lámparas como estas: Messages Image(701480043)Víctor piensa mucho cada trozo que llega a sus manos. Mira y remira para descubrir vetas, irregularidades y tenerlas en cuenta a la hora de moldear. La madera es imperfecta y él respeta su forma natural, para que no pierda su esencia, como buen seguidor de la estética japonesa wabi sabi. Cada lámpara es única.

Se convirtió en artesano entre castaños, chopos y pinos leoneses y luego volvió a Madrid, pero se quedó en las afueras para no perder de vista los árboles. En un espacio pequeño, dentro de su propia casa, ha montado el taller donde trabaja sin parar mientras escucha la radio. Radio3, por supuesto. Cuando hace falta más madera, sube al campo:

"Me la traigo de León en mi Ford Fiesta! Voy cada mes a Cacabelos porque tengo un almacén donde acumulé la madera que la gente me regalaba. Madera que, por ejemplo, formaba parte de estructuras de casas ya derribadas", explica. "Si la tuviese que comprar aquí sería importada del extranjero. De los 500 euros al mes no baja!". 16022015-_MG_2455

Vale, tiene un iPhone. Pero ser artesano en el siglo XXI no da para excesos: "Apenas compro ropa ni zapatos, antes tenía una colección amplia. También era de los que me gastaba mis euros en revistas de tendencias y conciertos, pero ahora es un tipo de ocio que he limitado. Pero no me quejo, hago lo que me gusta y me siento bien". Ascetismo que en el terreno de trabajo funciona como el cine Dogma"Se trata de poner límites, quitarse facilidades, para que todo salga". 

Víctor firma como BRZwoodesign, las iniciales son homenaje a El Bierzo y forma parte de una oleada de jóvenes que en los últimos años han decidido volver a mancharse las manos. Tallan, tornean, cosen, funden, sierran, cortan y calcetan. Rescatan, en la ciudad, oficios tradicionales olvidados. Más que moda vintage es, según Víctor, cuestión de supervivencia:

"Con la crisis, muchos tuvimos que reiventarnos, buscarnos la vida. De ahí este auge de nuevos artesanos. Es un cambio que en muchas ocasiones supone ir en contra de todo el mundo, o al menos del ritmo de consumismo urbano generalizado". Se trata de hacer las cosas poco a poco, despacio, y de verdad tocando la materia. Un reto físico y slow en la época distante y compulsiva de los 140 caracteres. Ciertamente, antisistema.

@VarelaJulia

Fotografías: BRZwoodesign

Julia Varela   23.may.2016 08:26    

Quiero té

    miércoles 6.abr.2016    por Julia Varela    1 Comentarios

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Su especialidad son las risas de teína. Surgen mientras habla, escucha o se sirve una taza. Beatriz Parreño es diseñadora de té. Ni sommelier ni sumiller ni catadora. Diseñadora. Tea designer

Heredó la afición de su abuelo manchego, comerciante de especias. Viajaba a la India y China para traerse condimentos que innovasen frente al azafrán y pimentón comunes en las cocinas de entonces. También se interesó por las hojas:

"Tengo un recuerdo nítido de mi abuelo con sus vasos de cristal combinando manzanilla, poleo, anís y rabo de gato para tratar de conseguir nuevas infusiones", me cuenta. Hoy la que experimenta es ella. Ha elaborado unas 2.000 mezclas de té

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Los consumidores españoles de bebidas calientes se dividen entre cafeteros y teteros, ignoremos a los del ColaCao. Algunos combinan opciones, pero el café encabeza estadísticas: en nuestro país, se comercializan cada año unas 5.200 toneladas de té frente a las 140.000 de café, según la Asociación de Té e Infusiones. 

A excepción de Reino Unido (inventores de la amplia cultura del té con pastas), en Europa y USA el café gana al té por goleada. Aunque es cierto que se han acortado distancias: la Asociación estadounidense de Té revela que allí sus ventas han pasado de los 2 a los 10 billones de dólares, entre 1990 y 2014

Y, si sumamos a los países asiáticos, la realidad es que el té es la bebida más consumida del planeta, por encima del café y después del agua.

Así que, en este Occidente bañado en cafeína, las hojas de té de momento solo se llevan. Cualquier local cool que se precie debe tener su carta de té con al menos diez sabores, entre ellos el de canela. Hay franquicias de té a granel, se toma en polvo, caliente y frío, se divulgan sus propiedades terapéuticas e incluso el formato rectangular de las bolsas ha pasado a ser piramidal.

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Ante la moda, la experta opina: "Más que tendencia, hay mucho esnobismo. Y eso no es consistente. El té en España nunca llegará al nivel del consumo del café, por motivos de tradición e historia. En realidad, en nuestro país, el té está donde tiene que estar". Se refiere a un lugar más recogido y sibarita, en contraste con la popularidad del café:

"Son bebidas con universos muy diferentes. El ritmo del café es rápido, ajetreado y con frecuencia vinculado al tabaco. El té, sin embargo, se asocia a un estilo de vida pausado. Hasta su ritual de elaboración requiere reposo y más paciencia que las prisas del café!", explica Beatriz Parreño. En casa tiene más de 40 tés, sin contar los centenares que vende en su tienda física y on line

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Los hoteles de lujo la contratan para que instruya a los empleados y asista a los clientes que buscan un buen té. Organiza catas y tea parties, pero también ha recorrido pueblos para dar charlas que acerquen el té a los negocios locales.  Sus blends o mezclas propias -siempre naturales, sin aromas acoloniados- se pueden saborear en sitios tan singulares como la única peluquería de Madrid con salón de té

"No es un negocio que te haga rica. No paro. He viajado mucho, he investigado mucho e invertido muuucho dinero. He tenido momentos duros. Comprar una cosecha de un té indio, que te dura un año, puede costar 70 mil euros, con eso te digo todo!".

Destapa el bote de su té de piña colada y el olor me transporta al verano tropical por el precio de 100 euros el kilo. "Es más caro que uno convencional, sí. Pero tengamos en cuenta que, cuando el té es de calidad, no necesitas añadir más que una cucharadita". 

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Beatriz asegura que jamás se ha tomado un café y que hasta su hijo de 5 años degusta el té con una calma que muchos adultos quisieran. Ella, sobre todo, sonríe sin parar: "El té no cura nada, eso que quede claro. Lo que a mí me aporta es energía positiva. Lo entiendo casi como una filosofía de optimismo". La cafeína despierta a Occidente cada mañana, cierto. Pero el té hace caminar al mundo. 

@VarelaJulia

Julia Varela    6.abr.2016 08:45    

Súper modas

    lunes 28.mar.2016    por Julia Varela    1 Comentarios

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Un año antes de que los neo-herbolarios que parecen galerías de arte comenzasen a divulgar los beneficios de la chía, Javier y Juan ya la vendían en su tienda. 

Las semillas de chía -planta iberoamericana- son cada vez más populares. Como el alga espirulina, la quinoa, el açaí, la col kale y el bimi.

Forman parte de un club exclusivo, el de los superalimentos, esas hortalizas y frutas que, al parecer, concentran todas las vitaminas, minerales y ácidos esenciales para convertirnos en gente súper sana. 

El eslogan dice que un vaso de kale triturada tiene más proteínas que la carne y más calcio que la leche. Pero la que escribe, después de pagarla a 3 euros el manojo, probarla y hablar con dietistas, puede afirmar que ni en el sabor ni en sus virtudes, esta col rizada supera tantísimo a la berza común. O al brócoli de siempre.

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A ver: son muy saludables y hay estudios que prueban su alto contenido en cosas buenas.

La mayoría son hierbas, cereales y frutos centenarios, la alimentación pura y natural, sin pesticidas ni añadidos, de indígenas en Perú, México o Guatemala a lo largo de la historia.

Hoy, producto de la globalización, llegan a Europa como innovadores superalimentos, grandes hallazgos que generan súper modas

"Es cierto que tienen muchas propiedades. Pero lo que atrae de verdad al cliente es el desconocimiento de estas plantas, la novedad. Y ni te cuento cuando un cocinero mediático las usa en sus platos!", comenta Javier, el de barba. 

Javier conoce a Juan -vegetariano- desde el colegio y juntos decidieron abrir un negocio inspirado en la venta tradicional más retro, la venta a granel. Al peso.

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Algas rarunas y atractivas para foodies conviven con sacos de garbanzos que adquieren, sobre todo, las señoras del barrio. Tienen una veintena de legumbres, casi todas españolas: 

"Si compras un paquete de lentejas de Canadá en el supermercado, claro que es más barato. Pero si tu idea es llevarte justo la cantidad que necesitas y te aseguramos que son lentejas pardinas de un agricultor amigo que las cultiva bajo patrones ecológicos en León...en realidad, comprar a granel no sale caro. Siempre que te importe la calidad, por supuesto", explican. 

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Este tipo de comercio conecta con la tendencia de vuelta al pasado que está por todos lados, algo que han captado bien las abuelas nostálgicas de la zona que "acuden a por su cuarto de judías", encantadas de rememorar los tiempos del ultramarinos. 

Además, es un estilo de consumo responsable con la naturaleza: "Puedes traer tu bote de cristal para que lo rellenemos, así no hay necesidad de generar envases contaminantes. Si no, te facilitamos bolsa de papel o de plástico biodegradable, para que recicles". 

Y también encaja dentro del fenómeno slow, que propone un retorno a los modos de vida lentos. Una compra meditada, tranquila y a pequeños sorbos, asesorada por Javier y Juan, que no paran de investigar, frente a la rapidez compulsiva de las grandes superficies. De manera que elegir guisantes puede ser un oasis dentro de esta rutina de prisas

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@VarelaJulia

Julia Varela   28.mar.2016 08:36    

Viva la abuela!

    lunes 14.mar.2016    por Julia Varela    2 Comentarios

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Es la alacena que tu abuela tenía en el pueblo. También llamada fresquera. Porque solían situarla a la sombra, donde corre el aire, junto al patio interior para que le diese el fresco. De esta manera, los alimentos se conservaban mejor

La fresquera era la antigua nevera, provinciana y práctica. Hoy es un capricho entre la modernez de la ciudad. Y es, por encima de todo, un motor de negocio para estos dos artesanos jóvenes,  Ana y Alberto. Madrileños, de 26 y 28 años, que sufrieron mucho hasta que esta moda colonizó su taller.

"Comenzamos restaurando viejas fresqueras y todavía lo hacemos. Pero la demanda ha aumentado tanto que se nos ocurrió recrearlas a imitación de las añejas. Ya hemos construido unas 50!". Por supuesto, son bastante más asequibles, unos 400 euros frente a los 1.000 que pueden alcanzar las auténticas, una vez reformadas. 

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Por si algún ingenuo lo dudaba, la fresquera fue un invento americano: "Se popularizaron en España en la década de los 50. Eran una copia de las metálicas que se fabricaban en Estados Unidos. Ellos metían hielo en la parte inferior. Aquí, pasamos a emularlas en madera de pino, porque era un material más barato". 

Así que Alberto y Ana copian la copia, por lo tanto no hay pecado. Las hacen de todos los colores y tamaños, a gusto del cliente. Para que encajen en cualquier rincón de nuestras mínimas guaridas urbanas. 

Son fresqueras igual de verosímiles, parecen sacadas del pueblo, y sacian el apetito de los abonados al vintage. "Te recuerda a la casa de tu abuela y eso toca la fibra", deducen. Fresquera05

No son coolhunters, pero esta vez sí han detectado y sacado partido de una tendencia que se enmarca dentro del fenómeno del todo vuelve. Como ocurre con la clásica formica, el conglomerado de papel plastificado y resina, habitual en sillas de cocina y pupitres escolares.

También lo idearon en USA -oh, surprise- y, junto a la fresquera, prolifera cubierto de polvo en rincones olvidados de nuestro país. Para encontrar lo demás, hay que irse fuera:

"La ausencia de una verdadera revolución industrial en España y la guerra posterior, no contribuyó a generar un tejido potente de fábricas de muebles como en otros países. Tenemos que viajar al resto de Europa para encontrar buenas piezas", explica Alberto.

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Cada tres meses, se suben a la furgoneta y visitan a sus proveedores de Francia, Italia, Reino Unido, Dinamarca o Suecia. Cuanto más al norte, mejor. Porque, después de la formica y la fresquera made in spain, el mobiliario nórdico lo peta. Y no hablo de Ikea.

Se trata de aparadores y mesas escandinavas de autor fechadas en los años 60. Que, por ejemplo, suecos y daneses ya han desechado y sustituido por otras recién salidas de su imparable industria de diseño.

Vamos, que estamos comprando lo que arriba ya olvidan por antiguo. "Es un mueble que lo tiene todo para gustar siempre: líneas rectas, marrón sobrio, atemporalidad en general. El mueble nórdico ha llegado a España para quedarse", pronostican. 

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Saben del tema. Ana es licenciada en Bellas Artes y Alberto es carpintero. Ambos se especializaron en restauración y, después de dos años de negocio en el barrio más alternativo de Madrid, han investigado mucho e invertido todavía más para sobrevivir.

"Más que emprendedores, somos emperdedores", bromea Alberto. "No hemos contado con ningún tipo de ayuda económica institucional y todos conocemos lo caro que es ser autónomo en este país. El pago del IVA trimestral te parte en dos y cada poco necesitamos adquirir maquinaria. En resumen, ricos no somos". 

Viven entre tienda y trastienda, de 9 a 21h. La madre de Ana entra a saludar, le da un beso rápido y se va. Están ocupados con el esqueleto de otro encargo de alacena retro. Otro y otro. "Podríamos decir que este mueble nos da de comer cada mes", comentan.  Pues bienvenida de nuevo, fresquera. Y gracias, abuelas.

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@VarelaJulia

Julia Varela   14.mar.2016 08:45    

Julia Varela

Bio Yo, laggard

Tendencias. Movimientos. Cosas que pasan. En la carrera de ir a la última, me reconozco entre la tribu laggard (rezagado in English). Admiro tanto las joyas impresas en 3D como un buen pincho de tortilla. Lo cool y lo castizo, aquí se habla de eso. De modernidades viejas, de antigüedades nuevas. De lo bonito. Poliédrica, multitasking. Gallega de lacón con grelos y madrileña inevitable de Malasaña. Periodista casi siempre
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