Etiquetas de usar y tirar: yuccies

    martes 28.jun.2016    por Julia Varela    0 Comentarios

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Cuando todavía no se habían ido los muppies, surgen los yuccies. El objetivo es desterrar de una vez por todas a la tribu hipster, que ya está muy vista, está muy mainstream (y algo loser, perdedora, si tomamos a Sergio Ramos como ejemplo). Obsoleta en su originalidad. Cuando todo el mundo es un hipster, ya nadie lo es, ya nadie quiere serlo.

Los muppies (contracción de millennials y yuppies) eran, desde finales de 2015, la evolución natural del manido hipster, aunque más tecnológico, deportista y preocupado por la alimentación saludable.

Los yuccies, sin embargo, van un paso más allá. Son urbanitas, amantes del diseño e Instagram, pero lo que les define de verdad es su capacidad para mantener el equilibrio entre creatividad y ansia de riqueza. Lo importante es ser founder o co-founder de algo.

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El que los ha descubierto y profundizado en su naturaleza es un bloguero, por supuesto. Yuccie sería la contracción de Young Urban Creative (Joven Urbano Creativo) y la diferencia estética principal con el hispter es el afeitado. Muerte a la barba. En todo caso, un discreto bigote.

También se olvidan de las camisas de leñador y los tatuajes. Aunque los lleven marcados, los ocultan bajo ropa más noventera. Pantalones estrechos y gafas de lente redonda.

La bicicleta no les identifica, les gusta el coche y echan mano de aplicaciones colaborativas como Uber y Airbnb cuando viajan. Nada de pipa o tabaco de liar, la mayoría no fuman, como mucho vapean. Y a la hora de comer, son clientes habituales de los food truck, los camiones de comida ambulante que están de moda en la ciudad.

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 Al parecer, los yuccies trabajan en la industria tecnológica y los negocios. Son inquietos, quieren potenciar y mantener su autonomía creativa y buscan, a través de ella, el camino hacia el lujo: un coche brillante, un restaurante caro y ropa de diseño.

Tan guay como un hispter y tan exitoso como un yuppie.  Sería el resumen de esta supuesta nueva hornada de jóvenes. Una etiqueta más para los nacidos entre 1980 y el año 2000, los miembros de la denominada Generación Y, los millennials.

Un nuevo estereotipo que se suma a las docenas de clasificaciones que el marketing realiza sobre ellos desde hace años. 

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El Boston Consulting Group, publicistas como Exponential y empresas como Mint.com han querido segmentarles. 

En su intento, han reconocido entre 6 y 12 tipos de millenials, entre los que figuran, por ejemplo, los Nostálgicos, los Exploradores Culinarios, los hippies (Hip-ennials), los Boomerang Babies (que viven todavía en casa con sus padres), los High-Tech Multitasker e incluso los Anti-Millennials.

Pocas cosas existen de verdad si no se les pone nombre. También puede ocurrir lo contrario: que sólo haga falta ponerle nombre a algo para que exista. Y para el mercado es fundamental este bautismo. Una vez que el público diana está identificado, es más fácil saber qué venderle y cómo.

Por eso, para acabar, una reflexión en formato de pregunta: ¿Qué fue primero: el yuccie o la etiqueta?

Continuará.  

@VarelaJulia

Julia Varela   28.jun.2016 11:44    

Manos de plastilina

    jueves 23.jun.2016    por Julia Varela    1 Comentarios

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Manos que huelen a plastilina. Es uno de esos viajes que, a través de la nariz, transportan de repente a la infancia. Jugábamos a darle forma al mundo desde el pupitre.

Amasa que te amasa y mezcla tras mezcla, aprendíamos combinaciones posibles e imposibles. Hacíamos churros, bolas. El aroma a plastilina era la colonia de la escuela y nos acompañaba entre los dedos de vuelta a casa.

Irma Gruenholz inventaba cuentos pero sus protagonistas no eran muñecas al uso. Creaba personajes de plastilina. “Modelar es algo que he hecho desde que tengo uso de razón, para mí era más habitual que dibujar”. 

Estudió diseño gráfico, trabajó en una agencia de publicidad y lo dejó para dedicarse a la ilustración. Siguió dando forma a criaturas de plastilina por placer y por encargo. De eso vive. 

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“En principio, la plastilina parece un material menor, porque lo asociamos a la niñez, pero tiene muchas posibilidades. Una de las principales ventajas es que puedes corregir la pieza en cualquier momento. Y esto es muy útil a la hora de sacar la foto final. Los personajes son como actores que se pueden mover”, explica. 

La plastilina que usa es la de siempre, la del cole. Esculpe y corrige empleando palillos, cúter, rodillo y alguna que otra herramienta de dentista. Si quiere un acabado resistente, remata con arcilla que endurece en el horno.

No teme que se chafen, porque la mayoría de sus trabajos están pensados para ser fotografiados: “Es la imagen lo que perdura, aunque también conservo algunas maquetas. Guardándolas bien protegidas pueden durar años!”.

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Le gusta que sus esculturas hablen un poco por sí solas, que sugieran preguntas al espectador. “Que no quede todo dicho”, puntualiza. Según la complejidad de la pieza, el proceso puede llevar de 3 días a un mes. Cada una no mide más de 20-30 centímetros. 

Un universo blando, delicado y liliputiense. “Recuerdo que en una ocasión me propusieron forrar una plaza de Madrid con plastilina para promocionar una película...Pero para trabajar a ese tamaño es mejor echar mano del poliespán o el cartón fallero”.

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Sus miniaturas no paran, hacen cosas todo el tiempo. Permanecen congeladas durante una acción, desde un grito hasta cortar una cebolla. Irma no comienza con bocetos, sino que trabaja directamente en volumen cuando tiene la idea clara.

Se define como una persona tranquila, paciente, cualidad necesaria para crear con tanto detalle: "Soy muy partidaria de la vida slow, lenta. Otra cosa es que la rutina real te permita vivir así...En el sector que me muevo, el de la publicidad, todo es muy acelerado!".

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Cuando le pregunto por ese aroma a plastilina que teletransporta, confiesa: “Estoy tan acostumbrada al olor a plastilina que casi no lo percibo!". Tan familiar que no lo nota. Mucho mejor. Es como habituarse a vivir en un eterno juego de niños, experimentando con pigmentos. Solo que hoy, de mayor, ayuda a pagar facturas. 

@VarelaJulia

 

Julia Varela   23.jun.2016 08:19    

Arte para acariciar

    miércoles 15.jun.2016    por Julia Varela    5 Comentarios

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En un tiempo de prisas, Nani escoge una técnica de pintura que requiere paciencia. En una época de máscaras y avatares, ella se decanta por la belleza de lo más íntimo, la piel desnuda.

Nani Serrano va contracorriente dentro de la corriente. Por eso no renunció del todo al nombre de su abuela Encarnación, pero lo acortó sin remordimientos porque el apócope sonaba mejor y ocupaba menos espacio al firmar las obras.

Dice que es pintora porque necesita materializar ideas y hacerlas suyas, aunque por esa misma regla “podría haber sido bailarina contemporánea, escritora, jardinera, profesora de yoga, nutricionista y saxofonista”.

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De momento es especialista en manejar la pistola más pacífica de todas, la que dispara color. Ha elegido el aerógrafo, una herramienta asociada al tunning y al body art, porque permite conseguir una “fluidez y apariencia velada” idónea para plasmar la epidermis y curvas humanas. Los tonos suaves y nacarados de la anatomía de la mujer:

“Me inspira la mujer, me identifico. El erotismo y la seducción femenina es la base de mi trabajo. Encuentro belleza en sus formas, gestos, contornos y texturas”.

Si sus amigas no pueden ejercer de modelos, posa ella misma. Y lo mismo se nutre de la obra moderna de autores polacos, rusos y coreanos, como de los grandes del Renacimiento, desde El Bosco a Caravaggio y Botticelli.

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Todas estas ninfas tienen un poco de su creadora, que se define como introvertida, amante de sus ratos de soledad y de los pequeños comités y no demasiado activa en redes sociales. Pero también muy segura de lo que quiere.

La constancia y artesanía se la transmitieron sus progenitores: una madre “artista de la costura y la cocina” y un padre que reparaba y fabricaba calzado en su propio taller de Alcoy.

El cuero, los patrones, las hormas de madera, los clavos y tachuelas, la máquina e hilos de coser son familiares desde niña para Nani. Recuerda a menudo la imagen de su padre metido en faena, con el mandil manchado de cola y rasgado por las cuchillas de acero.

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Nani es tan manitas como sus padres y se atreve con un modo de pintar que tiene un ritual laborioso. Lo primero es el dibujo. Después, lo traduce a plantillas de papel que “sirven para delimitar zonas y dar volumen”.

Con el aerógrafo limpio, Nani agarra con buen pulso esa pistola para controlar la salida de aire con pigmento. Muñeca firme y alto nivel de concentración son imprescindibles para no cometer errores cuando estás a solo 3 centímetros de distancia del lienzo.

La aerografía necesita precisión y tiene mucho de sorpresa, ya que “supone trabajar con áreas tapadas y reservadas”. Así que hasta el instante final no se desvela el misterio de un nuevo cuerpo de mujer. De otra silueta femenina que dan ganas de acariciar y que Nani crea con su varita de demiurgo. Siempre en busca de la piel perfecta. 

Flora

@VarelaJulia

Julia Varela   15.jun.2016 08:27    

El esparto "is the new black"

    lunes 6.jun.2016    por Julia Varela    2 Comentarios

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Y no me refiero solo a las alpargatas o esparteñas que ahora calzamos en la ciudad y nuestros antepasados se ponían para faenar en el campo. El esparto is the new black -la expresión anglosajona que significa que algo está de rabiosa moda- gracias al trabajo de gente como este extremeño, Javier Sánchez Medina.

Sus cabezas de toro elaboradas con esparto han llamado la atención incluso de Nate Berkus, uno de los interioristas neoyorquinos más importantes y colega de la todopoderosa Oprah Winfrey.

Esta falsa taxidermia decora locales y casas modernas. Al pequeño taller de Javier ubicado en el barrio madrileño de Malasaña, llegan a menudo turistas norteamericanos para llevarse uno de esos "trofeos ecológicos", como Javier ha bautizado. 

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Para tanto toro, ya no le bastan sus diez dedos. Pasa las horas en esta cochera que reformó él solito cuando decidió dejar Badajoz. Su padre, que fue zapatero, le ayuda en remoto con algunos de los encargos: "Mi padre es el único en el que soy capaz de delegar! El resto las hago yo. Es un trabajo lento. Una cabeza por jornada". 

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Detrás del mostrador, viste el primer delantal que le cosió su madre y guarda las herramientas que heredó de su padre. Desde niño tuvo habilidades artísticas, pero cuando creció decidió abrir un gimnasio. Hasta que lo dejó para realizar un curso de restauración en Madrid.

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Obvió los comentarios que calificaban de locura su decisión. Sustituyó el culto al cuerpo por la adoración de los materiales naturales, los de la tierra. Los asociados a la agricultura y ganadería de siempre. El esparto de las gruesas persianas que frenan el calor. La cuerda de rafia. El mimbre de los cestos. 

Las texturas que aquí asociamos al rural olvidado pero que en el epicentro mundial del asfalto nos quitan de las manos. "En Nueva York o Los Ángeles valoran mucho lo artesanal, lo manual, lo hecho con delicadeza y tiempo". Javier, en tan solo dos años de trabajo, puede vivir de sus toros y de sus espejos de bambú que vende a Estados Unidos

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El esparto lo compra Jaén: un ovillo sale por 8 euros. Sus días discurren trenzando las hebras de esta planta y cosiéndolas para dar forma al busto de un animal tan español. Aunque él, paradoja, se declara antitaurino.  

Habla con dulzura, pero su tacto es rudo, como demanda el oficio y el esparto que maneja. De esa fuerza, solo podía salir un toro. Hecho en suelo patrio, pero que triunfa fuera. Y por la puerta grande. 

@VarelaJulia

Julia Varela    6.jun.2016 08:13    

Julia Varela

Bio Yo, laggard

Tendencias. Movimientos. Cosas que pasan. En la carrera de ir a la última, me reconozco entre la tribu laggard (rezagado in English). Admiro tanto las joyas impresas en 3D como un buen pincho de tortilla. Lo cool y lo castizo, aquí se habla de eso. De modernidades viejas, de antigüedades nuevas. De lo bonito. Poliédrica, multitasking. Gallega de lacón con grelos y madrileña inevitable de Malasaña. Periodista casi siempre
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