Nombres Propios

    viernes 29.jun.2018    por Miguel-Ángel-Berlin    6 Comentarios

Había terminado ya el Pentateuco - la Thorá, si lo prefieres, shalom- y disfrutando de las apasionantes novelas históricas de jueces, reyes y profetas, recibí un whatsapp de Valentín Carrera invitándome a la presentación de "Nombres Propios", de Pepe Álvarez de Paz, Pepín.

Hace 11 años que no tengo coche, así que alquilé uno y me lancé al monte, que monte es lo que hay entre Lisboa y Ponferrada.

De Pepín, siempre lo he sabido, me he perdido muchas cosas y no quería perderme ésta.

Guardaré para mí la emoción, compartida con muchos amigos, del encuentro, el acto, la comida...

Tal como le prometí a Pepe cuando me despedí, porque se me echaba la tarde encima para cruzar "tras os montes", ese día me dormí ya con "Nombres Propios" sobre la mesilla de noche.

Tengo por costumbre tener varios libros, de tres a seis, con lecturas abiertas sobre la mesilla de noche. Procuro que sean de género, temática, idioma y estilo distintos.

En una especie de ritual, parecido al que tiene mascotas en casa, cada noche los cojo a todos en la mano, los acaricio y casi siento que se les eriza el lomo entregados a la lealtad:

 -"Cógeme a mí, te ofrezco reflexión serena me dice el "Ensayo sobre la ceguera", de Saramago en portugués.

-"A mí, a mí, que te inyecto suspense, me dice "La noche de los generales" de  H.H. Kirst, en alemán.

 -"Tengo lo que más te gusta, y lo sabes, historias de la historia", me dice Thorn, de Gary Jennings, también en alemán.

-"Estás ansioso por comprender el conflicto palestino", me promete la monumental "Jerusalem", de Simon Sebag Montefiori, en portugués.

- "Sin poesía te embrutecerás" me recuerda, también en portugués Luis G. Montero en "As liçôes da intimidade".

Y finalmente, en español, naturalmente, la Biblia, el libro de los libros, que estoy releyendo de corrido por tercera o cuarta vez no sé muy bien por qué razón.

Cuatro días después, casi he terminado "Nombres propios" que he leído con verdadera fruición, como se leen esos libros en los que encuentras mucho de tí vivido también por otro.

Para ser exactos, me faltan una docena de páginas. Lo hago adrede, para tener durante un tiempo el libro que acabo de leer sobre la mesita de noche, mientras digiero lo que leí, resistiéndome a enviarlo a la estantería que puede ser la antesala del cementerio de libros olvidados.

Es curioso comprobar cómo esos libros que hacen pandilla sobre la mesilla de noche, y que parecen menear el rabo para llamar la atención y ser elegidos para dormirte con ellos en las manos, a veces establecen diálogos entre sí.

Todavía seguía bajo los efectos del trauma crónico que sufre quien alguna vez escuchó la voz del dios del Sinaí, obsesionado con rituales y protocolos, vestimentas y dieta carnívora estricta, sediento siempre de carne quemada en sacrifico, exclusivo y excluyente, arbitrario, vengativo e injusto hasta la maldad, cuando me topé con las palabras "dejé de ser cura para liberar a la gente del dios del Sinaí".

 Por edad, Pepe podría ser mi padre, se acerca más a la edad de mi madre que a la mía. Pero a medida que avanzo en el libro la distancia en edad va diluyéndose. Y constato que la diferencia generacional que yo siempre había visto con Pepe, en realidad no existe.

Pepe ha ido envejeciendo en edad, como todos, pero su vida ha sido tan plena que su mente no ha tenido tiempo de envejecer.

Me ha interesado especialmente el proceso a partir del cual un cura a caballo entre la cruzada  preconciliar y la bandurria del Vaticano VI acaba flirteando con la Guardia Civil tras renegar del yugo y las flechas y  jugado al gato y al ratón con el tricornio. Siempre me he preguntado qué hubiera hecho yo si hubiera nacido sólo media docena de años antes. Yo empecé la universidad con Franco de cuerpo presente y cuando ya se repartía la parva entre los asistentes al entierro. Me tocó madurar la conciencia durante el tiempo sin épica de la transición. Yo lo hubiera preferido un poco más de marcha, no me hubiera importado pernoctar algún día en Carabanchel, o en los calabozos del kilómetro 0, aunque sólo fuera para poder presumir en alguna que otra charla de magosto. Corrí unas cuantas veces delante de los grises de Arias Navarro y Martín Villa, pero ya eran carreras de entrenamiento para las oposiciones, más que para la revolución.

Tiempo sin épica, sí, tiempo donde empezamos a decir eso de "todos los políticos son iguales". Yo recomendaría la lectura de "Nombres propios" a algunos saulos de la política que caídos del caballo de la casta demuestran una ignorancia supina sobre lo que fueron aquellos tiempos, la talla política y humana de los muchos que supieron limpiarnos la mugre de 40 años de dictadura y nos inyectaron la vacuna contra la guer-rabia civil.

 Después de leer "Nombres Propios" confirmé mi sensación de haberme perdido muchas cosas. Empezando por interiorizar el hecho mismo de haber nacido en el Bierzo, si no en La Calzada sí en la misma calzada de Vespasiano, cinco miliares antes.

Quizá, empujado por la necesidad de asegurar el maná, me he perdido también haber compartido con los feligreses la rebelión contra el dios del Sinaí, origen de nuestros males de tribu.

Pero sobre todo, me he perdido haber compartido tiempo y conversaciones con Pepe, ese poeta excelso que ha definido a media España mejor de lo que nunca lo ha hecho nadie hasta ahora: "...ese señor de misa de doce y aquí mi señora".

Esta noche y muchas más, acariciaré el lomo de "Nombres propios" sobre mi mesilla de noche. Es una forma de hablar, aunque sea con lengua de signos.

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"Nombres Propios"

Fundación Pablo Iglesias

Paradiso_Gutenberg

Miguel-Ángel-Berlin   29.jun.2018 19:28    

GENTRIFICAÇAO

    miércoles 31.ene.2018    por Miguel-Ángel-Berlin    2 Comentarios

El apartamento estaba francamente bien. Un edificio moderno, 4 plantas y 2 de garaje, ascensor, suelos de mármol en el pasillo, madera artificial en el suelo, una calidad aceptable en cocina, baños, armarios.

Lo mejor era la zona. Barrio Misericordia, al lado de la sede de la Asamblea de la República –el Parlamento-, Rúa Sâo Bento, -dos números más abajo una placa recuerda que allí murió, en el 2 izquierda, el poeta Fernando Pessoa un dia incierto de 1905 o 1906.

Aunque no tenía terraza y en invierno es un poco frío y húmedo, estaba contento con mi apartamento porque a 10 minutos andando tenía el centro de Lisboa o el paseo del Río Tejo en Cais de Sodré.

Lamentablemente, me he tenido que ir. Podría haberme quedado, pero la dueña puso el apartamento en venta a la vista del boom inmobiliario que vive Lisboa. El inversor espera obtener de 2.500 a 3.000€ de renta al mes para poder desempeñar los 700.000€ en que las agencias han valorado el piso.

Así que, de la noche a la mañana, me convertí en una víctima más de la burbuja inmobiliaria que ha empujado a miles y miles de lisboetas hacia el extrarradio.

Tranvia para turistas

Adiós Sâo Bento, adiós.

Los inversores, brasileños que huyen de la crisis, chinos que aspiran a comprar el mundo, rusos que buscan un lugar al sol para sus millones, venezolanos que huyen de Maduro, turcos que huyen de Erdogán, consiguen un permiso de residencia gastando medio millón de Euros en inmobiliaria y han colocado las casas medianamente decentes en precios absolutamente inflados.

Calculo que el verdadero valor de mi antiguo apartamento rondará los 300.00 €uros, menos de la mitad de los que le han ofrecido a mi ex casera, una española casada con un portugués y exquisitamente correcta, por cierto.

A esos inversores extranjeros que buscan asilo en Portugal hay que sumar las bandadas de jubilados europeos (sobre todo franceses) que establecen aquí su residencia porque el gobierno portugués les ofrece no pagar impuestos durante 10 años.

Sumados a las bandadas de turistas que en los últimos años han descubierto el encanto de Lisboa, han convertido a este país en el nuevo milagro económico europeo, con menos de un 8% de paro.

Cualquier chapuzas puede hacerse ahora mismo de oro con una “furgoneta de reformas”. Lisboa está en pleno lavado de cara –y falta le hacía- para tapar sus desconchones y conseguir apartamentos medianamente aceptables donde cobrarle 100 Euros al día al turista de 3 días.

La gente tiene trabajo, como chapuzas o como camarero, el que tenía un pisito inhabitable ve que se ha convertido en una mina de oro, el gobierno cobra impuestos. ¡Fuera saudade, viva la vida!, ¡Viva el turista, mientras venga! Lisboa desde Graça

Pero los efectos secundarios son flagrantes y puede que, a largo plazo, devastadores.

Ya se notan. El otro día hablaba con un pensionista desalojado del apartamento que ha ocupado durante años en Alfama y que no tiene donde ir. “Nos están echando a todos para que vengan turistas. Se van a tener que visitar unos a otros”, me decía.

En los restaurantes de Sâo Bento donde yo comía los fines de semana, casi nunca tenía como vecinos de mesas a portugueses. Casi todos eran turistas o asistentes a congresos que buscan la escapada por “lo auténtico”.

Lisboa, la Lisboa de Pessoa, Bairro Alto, Chiado, Misericordia, Estrela, Alfama, se está vaciando de portugueses y convirtiéndose en una parque temático donde ya sólo se ven turistas arrastrando maletas en busca del apartamento que acaban de alquilar en Airbnb.

Las “padarias” (panaderías) ya no venden pâo alentejano, se llaman “boulangeries” y venden “croissants” y “baguettes” a 1,90€, las tiendas de barrio ya son espacios “hipster” donde no se sabe muy bien qué venden, una botella de aceite por aquí, un tarro de miel “bio” por allí, té de no sé qué, una botella de vino más allá (mínimo 38€)-, las pescaderías ya son espacios “co-working”, la tienda de barrio ya es un “luggage storege”, y en la calle ya se habla cualquier idioma más que portugués.

Lisboa Sâo Bento

Así que, después de 2 meses de frenética búsqueda, durante los que pude comprobar que no quieren inquilinos fijos, sino turistas, a precios indecentes, encontré un apartamento cerca de la oficina en Cruz Quebrada Dafundo, a unos 8 kilómetros de Lisboa en dirección Cascais.

 Es difícil percibir a primera vista el encanto del café En`canto.

Docena y media de mesas, demasiado pequeñas para ser cómodas, en la esquina de un feo edificio en un barrio feo hasta decir basta.

La mitad de los clientes son jubilados a los que calculo una pensión de 500 Euros, el resto, empleados de alguna tienda del barrio, profesores del cercano Instituto Español Ginés de los Ríos, el dueño del taller de escapes.

Mientras uno se sienta mirando la pizarra del menú -tres platos a elegir, pan, bebida, postre o café, 6,50 Euros- no puede menos que imaginar al funcionario de la dictadura de Marcelo Caetano que, a finales de los 60 o los 70, cobraría su coima de escudos a cambio de permitir al especulador de turno perpetrar uno de tantos crímenes urbanísticos que por aquel entonces eran el pan de cada día en toda la península ibérica.

No hay glamour en En`canto, desde luego. Pero tampoco hay turistas, ni hipsters, aunque ya he detectado algunos inversores inmobiliarios a los que los barrios céntricos de Lisboa se les quedan pequeños y extienden sus tentáculos a lo largo del estuario del Tajo.

Francamente, no tendría nada en contra de los jubilados, pero prefiero tener a mi lado a un jubilado portugués, porque no puedo dejar de pensar que vienen aquí sólo para no pagar impuestos en sus países y encima aspiran a que todo el barrio huela a mantequilla.

Miguel-Ángel-Berlin   31.ene.2018 16:44    

LLegada a puerto

    viernes 27.oct.2017    por Miguel-Ángel-Berlin    2 Comentarios

Para empezar, con algún tiempo de retraso, algunas impresiones que, inevitablemente, son imágenes.

Portugal es un azulejo azul. Lisboa especialmente. 

LISBOA ES UN AZULEJO AZUL

Supongo que para entender la alma portuguesa hay que tener en la retina permanentemente el color azul del Atlántico. 

PORTO ESTACION (1)

La Capilla Sixtina de las estaciones de tren. Porto (Oporto).

 Pero el azulejo también hay otros colores. Y sólo son capaces de cubrir una casa con azulejos de cuarto de baño y que parezca un palacio.

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Y lo más interesante, es que hasta los palacios-cuarto de baño parecen humanos y habitables.

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También sólo es posible aquí que, cuando se te han caído unos azulejos históricos, tapes el hueco con otros distintos …y casi no da el cante. CUANDO FALTAN AZULEJOS

¿Hay algo más romántico que lo que se adivina a través de la maraña de estas ramas de higuera y flores?

LAS FLORE SY AZULEJOS

Eso sí, a un alemán jamás se le hubiera ocurrido tapar con una carretera y una vía de tren el acceso al río y al mar de kilómetros de casas históricas que están esperando una redención.

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No voy a despreciar el “Street art”, pero donde esté un azulejo…

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En esto de la decoración, la verdad, es mejor no ponerse límites.

LA PARED DE LAS SARDINAS

No se me ocurre una manera mejor de vender sardinas. Pero el mundo de la "sardinha" está en peligro, la sobrepesca ha reducido las capturas. La UE va a imponer una limitación de capturas. Al principio se habló incoluos de prohibir la pesca de sardina durante 15 años, lo que hubiera supuesto un verdadero susto para este país.

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Turistas de todo el mundo están descubriendo en Lisboa una ciudad hecha a la medida de las personas...

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...que manosean la delicada mano de Fernando Pessoa, una estatua de bronce de alquien del que nunca han leído, ni leerán, una sola linea.

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Los turistas traen dinero, sí, pero también pobreza.  Las calles del centro de Lisboa se quedan vacías de lisboetas, ocupadas sólo por turistas en los aparamentos confiscados por las empresas para convertirlas en albergues, hostales, apartamentos. IMG_20170916_123705

Los lisboetas de toda la vida se tienen que ir lejos, a barrios pobres donde incluso allí la vivienda sale cara por la presión de los turistas en el centro.

TURISTAS COMO SARDINAS

Incluso les cuesta encontrar una plaza en los tranvías abarrotados de turistas.

Seguramente fue un turista “concienciado” el que pintó “Turism, human pollution”

Polución son los demás, naturalmente.

HUMAN POLUTION

En fin, esto está cambiando y va a cambiar mucho en muy poco tiempo. Y espero estar aquí para contarlo.

 

DE FLORES AOS VIVOS

Dar flores a los vivos.

Miguel-Ángel-Berlin   27.oct.2017 14:43    

Miguel Ángel García

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Miguel Ángel García es el corresponsal de TVE en Lisboa. Este blog es la continuación de la aventura que comenzó en tierras prusianas: “Ich bin ein Berliner”
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