5 posts de octubre 2008

Una estampa de Moscú

Ocurrió hace unos días en el centro de la ciudad. Exactamente en el primer McDonald´s que hubo en Moscú. Aquél que aparecía en las fotos rodeado de inmensas colas de moscovitas. Durante los primeros meses de su funcionamiento no había cosa más chic en la ciudad que tomarse una hamburguesa en el lugar.

Ha llovido mucho desde entonces.

Pero ese día, cuando pasé por delante del local, me sorprendió ver al pope de la foto tomándose un batido, o lo que fuera. Él, con sus hábitos, me hizo compararlo a la impresión que podía causar en la España de los 60 ver a un cura con su sotana y su teja tomarse una Coca-Cola en cualquier terraza de ciudad de provincias.

Me recordó un tanto a las películas de Berlanga.

Flamenco en Moscú

Supongo que muchos de ustedes tuvieron fiesta el pasado lunes. Como el 12 caía en domingo, ya me contaron que en muchos lugares lo habían compensado trasladando la fiesta al día 13.

Por aquí, también se ha celebrado el Día de España. Yo estuve en un restaurante cercano a mi casa. Ofrecían una degustación de platos y vinos españoles. Y me pudo la tentación. Debo reconocer que en algunos la elaboración fue bastante aproximada a lo que entendemos por gastronomía española, destacando un arroz negro casi en su punto. El jamón, bueno la paletilla, tampoco faltó con la particularidad de que cada cuál podía demostrar su destreza cortándolo... Lo que más me sorprendio es tuvieran cañaíllas. No las había visto nunca en Moscú.

También recurrieron a los tópicos. Ya saben, los toros, las playas, el flamenco...

Durante la fiesta, un trío tocó algunos de los temas más conocidos del folclóre andaluz. Y, entre col y col, lechuga, algunas canciones latinoamericanas. Aquí todo vale.

El respetable, casi todo ruso, lo estaba pasando en grande cuando llegó el punto álgido.

Una bailaora, acompañada por el trío musical invitó a varias chicas a salir al escenario con ella. Era su iniciación en el flamenco. Por el entusiasmo que demostraron, seguro que no será la última. Y con la repetición les llegará el acierto...

No me pregunten como terminó la fiesta porque, como sucede tan habitualmente en este trabajo de corresponsal, sonó el teléfono y tuve que volver al trabajo.

Y de regalo... una tigresa

No se cumplen 56 años todos los días. Ni 56, ni ninguna otra edad. Pero cuando el cumpleaños es el del hombre más popular del país, pasan cosas. Ése es el caso del primer ministro ruso Vladimir Putin.

El lunes, 7 de octubre, fue el día. Curiosamente el día en que se cumplían dos años del asesinato de Anna Politkóvskaya . Pero, de ésto ya hemos hablado y no viene al caso.

Por la mañana, bien pronto, un nutrido grupo de jóvenes fue a su casa para felicitarle. Algo así como unas mañanitas a la rusa. Estos jóvenes lo que le decían era que él era su líder. Más aún, el líder del país, aunque ahora nominalmente no sea el presidente.

Me estoy saltando el primer homenaje. El domingo en Chechenia, su amigo el presidente regional, Ramzán Kadírov, le tenía preparada una sorpresa. Una calle de la capital chechena cambiaba de nombre. La Avenida de la Victoria de Grosni pasaba a llamarse Avenida de Vladimir Putin. Decía Kadírov que así la república caucásica le agradecía todo lo que él había hecho por ella. añadía que el 99 por 100 de los chechenos estaban de acuerdo con este cambio. Y las palabras de Kadírov no conviene ponerlas en duda.

Por si no fuera poco, el mismo día de su cumpleaños, Valdimir Putin apareció en todos los medios de comunicación con un cachorro de tigre de diez kilos de peso. Una hembra que alguien, no dijo quien, le había regalado.

El primer ministro anunció que lo donaba a un zoológico.

El tigre en Rusia es una especie en peligro de extinción. Pero Vladimir Putin es un experto en tigres. Una vez salvó a un equipo de televisión del ataque de uno de ellos. Y este verano se le pudo ver observándolos y disparando un dardo anestesiante a otro.

El primer ministro, está claro, sabe mucho de fieras.

Y hoy ha sido un lunes lluvioso...

Dos años ya del asesinato de Anna Polivkótskaya... El juicio por su asesinato a punto de comenzar... En el banquillo tres cómpices o encubridores, o no sé exactamente qué cargos les imputan... El acusado de asesinarla en paradero desconocido... Quien encargó el crimen, si es que existe, desconocido... Así están las cosas.

Esta mañana en el centro de Moscú un mítin en su recuerdo. Apenas cien personas para recordar. Llovía a cántaros, pero sólo cien personas. Esto es Rusia y la vida sigue. Esto es Rusia y sólo queremos vivir. Que cada cual se las arregle como pueda. Esto es Rusia y la libertad de expresión importa poco.

El recinto, una céntrica plaza de la capital, rodeada por la Policía. Como siempre, como medida de seguridad. Da igual quien organice el acto, tanto da oficialistas como opositores. Todos los asistentes debemos pasar por el arco detector de metales. Nada más entrar al recinto reparten dos claveles a cada uno y un ejemplar del número especial de NOVAYA GAYETA recordando este segundo aniversario...

Cámaras de televisión, fotográfos, periodistas... y no más de cien asistentes.

Así es Rusia. Este verano se convocó una manifestción para pedir paz en Georgia y Osetia, y se congregaron diez personas.

En el estrado muchos de los de siempre. Kaspárov, Kasiánov... Los mismos discursos desgastados de tanto repetirse.

Y seguía lloviendo. Hasta el montón de policías, tal vez varios cientos, estaban deseando que se acabara aquéllo para irse a sus casas.

Uno tiene la impresión de que el olvido está empezando a borrar la memoria de Anna Polivkótskaya. Si hoy había un centenar de personas, ¿cuántas habrá dentro de un año?

En fin esto es Rusia. Aunque, quizá, no sea tan diferente de otros lugares del mundo. ¿El signo de los tiempos?

Ya decía Pablo Neruda que irse es volver cuando sólo la lluvia espera; y ya no hay nada.

Iba a ser un aburrido sábado

Era mi segundo sábado en Moscú. Llevaba en Rusia sólo diez días. No conocía a nadie y mi tiempo libre lo empleaba en ir viendo poco a poco la ciudad.

Tenía señalada una zona en mi callejero. Después de patearla, quería leer un poco y, por la noche, ver alguna película en el DVD. Iba a ser un sábado aburrido.

Miré un poco la televisión. Aunque no entendía lo que decía, inmediatamente me dí cuenta de lo que había pasado. Habían asesinado a Anna Politkóvskaya a la entrada de su casa. Llamé a la redacción central y empecé a enviar crónicas y realizar intervenciones en directo. Fue un intenso sábado de trabajo. Lamentablemente, no fue un aburrido sábado.

Yo había leído algunas cosas suyas y conocía sus denuncias por la situación en Chechenia. Pero, creo que en general, en España su labor no estaba muy difundida.

Aquel día, y el domingo siguiente, ví como cientos de personas llevaban flores al lugar del crimen. Estaban entre consternadas e indignadas. Decían cosas como "la han matado por valiente, por decir la verdad". Yo lo entendía gracias a mi traductora.

Luego pude darme cuenta que esa indignación afectaba a una parte de la sociedad rusa. Importante, pero muy lejos de ser mayoritaria.

Recuerdo muy bien el día de su entierro. Llovía a mares. De nuevo, una multitud fue hasta el cementerio para despedirla. Había políticos, gente de la cultura, etc. Todos con flores en número par, que es como en Rusia se ofrecen las flores a los muertos.

Éramos cientos de periodistas. Me sorprendió ver cámaras de televisión de lugares como Tailandia o Polonia. Era el primer acontecimiento que yo cubría en la calle en Rusia.

Yo pensaba que ante un asesinato así, la conmoción sería general, que habría una reacción, que algo cambiaría. Pero el país seguía su curso... Creo que dos años después, poco o nada ha cambiado. Es una apreciación personal que seguramente otros compañeros no compartirán.

Hubo que esperar unos días hasta oir al entonces presidente Putin presentar sus condolencias. Lamentó la muerte de la periodista por el vacío que dejaba en su familia. Luego, con su aplomo característico, dijo que el asesinato de Anna Politkóvskaya venía a ser un revés político para él. Razonaba que sus escritos apenas tenían predicamento entre la sociedad rusa y que tenían más eco en el extranjero.

El gran sospechoso en aquellos días era el líder checheno, Ramzan Kadírov. Después de lamentar el asesinato, despachó el asunto con un: "Nosotros no asesinamos a las mujeres".

Han pasado dos años, hay una decena de detenidos, el juicio debe empezar en poco tiempo, pero todavía no hay una respuesta convincente a la pregunta ¿porqué fue asesinada Anna Politkóvskaya?

Carlos Salvador


Creo que llego con retraso. Es algo que me pasa con frecuencia. Creo que debía haber explicado el título del blog al inicio. Pero, bueno, más vale tarde que...
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