Foto de Fran Plasencia
Esta es una profesión de putas, dicen. Y el amigo Daniel S, en su blog, nos recuerda que hasta las putas buscan acostarse un día con alguien del que se puedan enamorar. Todos los que hemos formado parte de esta producción somos víctimas de nuestro entusiasmo. Lo dejamos todo para venirnos a hacer esto. Sabíamos a qué veníamos: a trabajar los sábados, a trabajar de madrugada, a vivir en el lugar más recóndito de una maravillosa isla a miles de kilómetros de casa... Teníamos que llegar a emitir la primera semana de abril. Para eso había que empezar a rodar el 1 de febrero. El pistoletazo de salida era diciembre. Habría que hacer la serie sin preproducción, construir los decorados en veinte días, escribir sobre la marcha, casi sin arcos de trama, Muchos venían de series de éxito, otros tenían ofertas en ellas. Pero nos iban a dejar hacer lo que queríamos, si éramos capaces de hacerlo: cámara en mano, sin plató, un mundo inventado, conflicto bélico, personajes diferentes… Lo tomas o lo dejas.
Lo tomamos.
Seducidos por el reto y por la oportunidad de salir del mundo del sainete, de las tres cámaras, del set preiluminado, de lo banal, de los dramas burgueses, todos hicimos las maletas y fuimos a por ello, actores, guionistas, productores, directores, ayudantes de dirección, ayudantes de producción, directores de fotografía, operadores de cámara, los de sonido, coaches, figurantes, directores de arte, montadores, controllers, todos, todos… Pusimos la ilusión y el entusiasmo y nos pusimos alto el listón, con la idea de hacer una serie que nosotros mismos quisiéramos ver en la tele. Los errores no hace falta que nos los recordéis, no es por ser soberbios, nosotros somos los más críticos con nosotros mismos, aquí no hay complacencia, todos los días nos machacamos un poco con lo que no hemos conseguido hacer o plasmar. Los guionistas se mosquean con el guión, el equipo de dirección con las escenas, el director de fotografía con la luz… etc, etc… Con un poco más de tiempo, un poquito más. La exigencia no decae nunca, se le roban horas al sueño para hacerlo un poco mejor, los fines de semana caen, los rodajes se prolongan entrada la noche. En cuatro meses todo tiene que estar. En ninguna otra serie he visto este nivel de implicación, esta garra y estas ganas de lucha
Luego viene lo más bello y cruel de la tele: la democracia, el público, el juicio inapelable de la audiencia, el share. Ahí se decide todo. No hay excusas. Da igual si tuviste 4 meses, 12, un millón de euros, medio o un cuarto. Da igual que lloviera ese día, da igual que no pudieras rodar esa secuencia porque se fue la luz, o que el guión no terminara de salir bien porque el cerebro no daba para más esa noche y al día siguiente había que entregarlo. Da igual que todo saliera bien, que la lágrima del actor cayera con el peso de una tristeza real, da igual que ese día la luz atravesara las nubes con toda la fuerza del trópico, da igual que la sonrisa de esa chica que descubriste en la calle y enrolaste como figurante termine de hacer perfecta una secuencia, da igual que todos remaran en una misma dirección. La audiencia dijo no. La serie no es rentable. Esto es industria del entretenimiento. Si no entretiene falla. Si no es rentable, no es industria. Se cierra.
Así es la tele. Como el fútbol. La próxima vez lo intentaremos hacer mejor, y mientras, que disfruten los capítulos que nos quedan.