Rumbo a Guatemala y El Salvador

    miércoles 31.ene.2018    por Santiago Riesco    1 Comentarios


Guatemala El Salvador 045De nuestro último viaje a Guatemala (2012). FOTO: Ricardo Olmedo


Me voy a Guatemala, al corazón de la ancestral cultura maya. En realidad me llevan. Nos llevan. La ong de los hermanos maristas quiere que un equipo de TVE cuente en imágenes las pequeñas historias que hacen grande a un pueblo. Para ello los de SED, que es como se llama la organización no gubernamental, han preparado cuatro proyectos de solidaridad, educación y desarrollo en otros tantos lugares.

Primero iremos a Santa Apolonia, muy cerca de la capital, a 2.383 metros de altitud. Allí tenemos previsto un primer reportaje en un hogar para menores en riesgo y con problemas familiares. Son niños y niñas de entre 8 y 14 años pertenecientes a la etnia Kaqchikel. Tendremos la oportunidad de conocer cómo viven, de acompañarles a la escuela, de disfrutar de la clase de música en la que tocan marimba, chelo y violín. Tenemos previsto ir con ellos a misa y entrevistar a varios de los pequeños, a los hermanos Xon, a Aura Marina y a Carmen Chub. Muchas ganas de compartir con ellos unos días para contarle al mundo sus sueños y todo lo que van a hacer cuando sean grandes.

De ahí iremos al departamento de El Quiché. Grabaremos muy cerca de Chichicastenango, concretamente en Panimaché, en la falda del Volcán de Fuego, uno de los más activos de América (su última erupción fue a finales de septiembre de 2017). Estaremos atentos a la lluvia de ceniza, los movimientos de tierra y las fumarolas. Pero sobre todo intentaremos contar el bien que está haciendo el Instituto Tecnológico Kiché (ITECK) en las comunidades indígenas. Son más de 400 alumnos que viven en régimen de internado y se preparan en Administración de Empresas, Electrónica, Perito Industrial y Computación. Un emporio educativo de formación profesional al servicio de su propio pueblo. Y creo que han puesto wifi.

Cerca de Cobán, en el departamento de Alta Verapaz, mostraremos la realidad de la pobreza extrema en Samac y alrededores. Cambiamos también de cultura, en esta ocasión será la Kekchí y tendremos la dificultad añadida de que la gente apenas habla español. Se trata de una zona olvidada y marginada en extremo donde la presencia de SED es fundamental para el desarrollo humano a través de escuelas, centros de salud, centro de mujeres y una cooperativa de café… un poco de luz y alegría entre las sombras y la tristeza que en estos ambientes vienen casi de serie.

Y por último pasaremos a El Salvador para intentar empaparnos del proyecto “Tejiendo sueños”. Para ello visitaremos los departamentos de San Salvador, La Laguna, Cuscatlán y Santa Tecla. Un palizón para contar que la ong SED está formando a profesores, administrativos, padres y alumnos de las escuelas públicas ubicadas en los ambientes más difíciles. El último año nada menos que 62 Centros Escolares (insisto: de titularidad pública) se beneficiaron de este proyecto que apuesta en este pequeño país por la educación que les ayude a construir un gran futuro. 

El equipo es experto. Antonio Urrea se encargará de la imagen, Sergio Rodríguez "Rospi" hará lo propio con el sonido. La realización correrá a cargo de Julio Luquero y el que esto escribe, Santiago Riesco, del guión y de preguntar para contar todas estas historias en nuestro programa, Pueblo de Dios, "los domingos a las 11:30 en La2". 

 

Santiago Riesco   31.ene.2018 18:08    

"¡BRAVO! Especial 2017" al director de "Pueblo de Dios"

    miércoles 24.ene.2018    por Julian del Olmo    0 Comentarios

PREMIOS BRAVO55

Julián del Olmo recibiendo el premio el pasado 22 de enero en la sede de la Conferencia Episcopal Española. Foto: Ricardo del Hoyo

El día 22 de enero, la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social entregó los Premios ¡Bravo! 2017 a una serie de profesionales de la comunicación que se han distinguido por el “servicio a la dignidad del hombre, los derechos humanos o los valores evangélicos”. Entre los premiados estaba yo a quien se me ha concedido el “Premiado ¡Bravo! Especial” según el jurado por “mi larga carrera en la comunicación” y porque “en toda su trayectoria ha sabido conjugar la profesionalidad periodística muy cercana a las personas olvidadas y a la labor de la Iglesia, con el trato personal y humano, como sacerdote, con los profesionales y con los protagonistas de su trabajo”.


Aprovecho la concesión del premio para daros gracias de corazón a las personas de toda clase y condición con las que he hecho camino al andar a lo largo de mi vida y a los medios de comunicación en los que he trabajado, particularmente a TVE, por haberme ayudado a realizarme como sacerdote y periodista.


Agradezco el reconocimiento a mi trabajo por parte de TVE cuyos máximos directivos, con el presidente de la Corporación RTVE y el director de TVE al frente, asistieron al acto y también el reconocimiento de la Iglesia expresado en su discurso por el presidente de Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social y obispo electo de Getafe, Ginés García. Estas fueron sus palabras “La Iglesia en España, y esta Comisión Episcopal en particular, te agradece y te reconoce hoy por este premio a tu trabajo en RTVE, en el programa “Pueblo de Dios”. Tu buen hacer nos ha acercado al mundo real, a los que no tienen voz, pero también tu trabajo sacerdotal que te acredita delante de tus compañeros, creyentes o no, como un pastor cercano y acogedor”.


El premio es un poco de todos por eso es “Especial” porque os aseguro que sin “vosotros y vosotras” mi vida personal, sacerdotal y profesional no hubiera sido igual. Muchas gracias.

Julian del Olmo   24.ene.2018 09:42    

El papa Francisco, un nuevo apaktone

    jueves 18.ene.2018    por Ricardo Olmedo    2 Comentarios

La inquebrantable voluntad de aquel hombre por llegar hasta los últimos rincones de la selva le llevó, surcando el río Colorado, a querer contactar con un grupo nativo mítico por su hostilidad: los amarakairis. Se produjo un encuentro tenso, le quitaron casi todas sus ropas y cuando, lanza en mano, preguntaron por su identidad, uno de sus acompañantes nativos le defendió: “no le hagan nada es mi apak tone” Es decir, mi papá anciano. Desde aquel día, todo el mundo comenzó a llamar así a aquel hombre, que se ganó el cariño y el respeto de los pueblos indígenas de ese rincón de la selva amazónica peruana.  

DVG2-279Hablo de José Álvarez, el Apaktone, cuya vida conté en este reportaje y del que me acuerdo ahora que el papa Francisco va a visitar esas tierras y a encontrarse con los pueblos indígenas. 

José Álvarez llegó al sur de la Amazonía peruana en 1917 y estuvo en ella durante algo más  de 50 largos años. La vida de este dominico asturiano es una epopeya por las condiciones en las que transcurrió, marcadas por los duros inicios de la misión. Álvarez recorrió incansablemente los ríos de esa región para encontrarse con las poblaciones nativas. Dejó escrito cómo lo hacía: “con una confianza ilimitada en Dios y con una paciencia aniquiladora con los hijos de la selva”.

Lo tuvo muy difícil. Hay que tener en cuenta que los misioneros llegaron en los años finales de la explotación cauchera que persiguió, esclavizó y diezmó a los pueblos indígenas. Era lógico, por tanto, la actitud huidiza o agresiva de estos ante cualquier presencia extranjera. De hecho, dos compañeros de Álvarez fueron asesinados por huarayos e iñaparis. En ese tiempo, los grupos nativos carecían de cualquier derecho y Álvarez, junto a los demás misioneros, se dejaron la vida en reivindicar la dignidad de los pueblos amazónicos.

Así lo cuenta el mítico misionero: “fue tal el asombro que les causó al verme, a mí, solo entre ellos, hablándoles en su lengua, que logré lo que nadie había soñado: calmar odios, allanar miles de dificultades”. ­

José Álvarez murió en Lima en 1970 y hace diez años se abrió el proceso de canonización. Un compañero dominico dejó por escrito la clave para entender los logros del Apaktone: “la fuerza evangelizadora del amor es incontenible y siempre llega al corazón libre del ser humano”.

El papa Francisco, con sus 81 años y un siglo más tarde, llega al mismo lugar donde el Apaktone y una larguísima lista de misioneros españoles se dejaron la vida. En estos años, Francisco ha asumido claramente, y en profundidad, la defensa de colectivos que ven pisoteados sus derechos. Entre ellos, los pueblos indígenas, cuyas aspiraciones se reflejan en la Laudato Si. Poco después de su publicación, en un encuentro continental celebrado en Chiapas, representantes de organizaciones indígenas, campesinas y ambientalistas, decían alto y claro que esa encíclica de Francisco “se suma a la reivindicación histórica, cultural y espiritual de los pueblos (…) como sujetos de nuestro destino con la Madre Tierra como espacio sagrado y para la humanidad."

Ricardo Olmedo   18.ene.2018 09:52    

El Papa Francisco, los pueblos indígenas y la casa común

    martes 16.ene.2018    por Santiago Riesco    5 Comentarios

2016-05-16 22.09.11-2

El 19 de enero el Papa aterrizará en la selva amazónica peruana. Un lugar muy cercano y familiar para el equipo de Pueblo de Dios ya que hemos estado allí grabando en varias ocasiones invitados por la ONG ¨Selvas Amazónicas¨, la organización de los dominicos encargada de atender a los misioneros que anuncian la alegría del Evangelio a orillas del Urubamba y el Madre de Dios.

En mayo de 2016 me tocó estar dos semanas en ese Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado, entre avionetas y canoas visitando comunidades indígenas de machiguengas y ashaninkas para escuchar cómo ha cambiado su vida. Casi siempre para mal debido a la ambición desmedida de empresas multinacionales dispuestas a conseguir beneficios económicos aunque para ello tengan que reventar el planeta. Y grabamos tres reportajes muy duros, reales y directos.

En aquella ocasión no sólo llevamos la cámara, el micrófono, el cuaderno y el boli. En aquella ocasión, con motivo de los 50 años de “Selvas Amazónicas”, también llevamos en la mochila la encíclica del Papa Francisco que aborda la ecología y el medio ambiente. La “Laudato Si” que advierte sobre la necesidad urgente de cuidar la casa común.

En los tres documentales aparece el joven obispo español David Martínez de Aguirre, un dominico de Vitoria que vivió en Kirigueti y que aprendió la lengua de los machiguengas. Un hombre de su tiempo comprometido con el Amazonas y con los pueblos que lo habitan. El viernes, 19 de enero, el Papa Francisco se encontrará con David y con los representantes de los pueblos indígenas. El viernes escuchará de primera mano lo que nos contaron a nosotros. El viernes, en Madre de Dios, el sucesor de Pedro podrá bendecir al Creador y pedir sobre el terreno un poco de sentido común en la explotación de los recursos de todos para que dejen de llegarnos sólo a unos pocos.

 

 

 

 

 

Santiago Riesco   16.ene.2018 17:07    

Feliz Navidad 2017

    martes 19.dic.2017    por Pueblo de Dios    4 Comentarios

Pueblo de Dios

 

Feliz Navidad

Desde el “pueblo”

os deseamos a todos

mucha felicidad

en Navidad

y en el Año Nuevo.

 

Con el “pueblo”

compartimos

lo que pasa en el mundo

y nos gusta

(amor, justicia y solidaridad)

y lo que nos disgusta

(hambre, guerras y exclusión).

 

En el “pueblo”

trabajamos

disfrutamos

y soñamos

un mundo mejor para todos

sin excepción.

 

Este “pueblo”

-nuestro querido pueblo-

es el “Pueblo de Dios”

nada más y nada menos.

 

Equipo de “Pueblo de Dios”

Pueblo de Dios   19.dic.2017 12:46    

La Magdalena que no

    lunes 16.oct.2017    por Santiago Riesco    1 Comentarios

Trabajadora sexualHace dos años nació su primer bisnieto a la edad en que en España algunos tienen los hijos. No le importa explicar que ha sido una trabajadora sexual, pero deja bien claro a los hombres que buscan el morbo o las bromas eróticas que por ahí no. Cuando acabamos la entrevista se ríe a mandíbula batiente, como dejándose la vida en una carcajada contagiosa y ronca. De pronto cambia el rostro y el tono para darme las gracias porque no le he hecho las mismas preguntas que los periodistas argentinos de la última vez.

Me gusta más hablar de cómo ayudo a las Oblatas, de cómo voy a las cañadas a buscar a las chicas que no vienen al curso porque han tenido una mala noche. O porque llueve. Lo de contar cómo lo hacía, con quién y por cuánto creo que no le tiene que importar a la gente. Trabajaba en el negocio por necesidad. Porque tenía tres hijos, porque mis parejas me lo pedían, porque consumía drogas, porque no conocía otra vida. Era como un payaso. Aunque estuviera muy triste y con mucha pena por dentro, tenía que sonreír todo el rato. Y eso me dolía más que los golpes que me daban algunos clientes. A mi última pareja tuve que darle una puñalada en el estómago porque casi me mata a golpes. Mira la cicatriz que me dejó detrás de la oreja, mira.

Y en efecto, ahí está el cosido que es un memorial al dolor y la impotencia de las mujeres prostituidas. Y enseguida, sin transición, vuelve a soltar otra de sus contagiosas y sonoras carcajadas para explicarnos que a Magnolia la conoce desde que nació. Que su mamá quenpadescanse, también trabajaba en el puerto. Y que la muchacha siguió en el oficio hasta que las Oblatas se cruzaron en su camino.

Fue porque no quería que la primera de sus dos hijas, ya en la adolescencia, se metiese en el negocio. A que las hermanas le echaran una mano para convencerla de que estudiase o se apuntase a algún taller. Hablaron con la psicóloga y acabaron apuntándose las dos: la madre y la hija. Hoy Magnolia se ha sacado el graduado escolar y el título de peluquera y esteticién. Con la ayuda de la Fundación Centro Esperanza y un dinero de Cáritas Donosti ha abierto un local de belleza en su barrio, en el sector Villa Penca, en los Bajos de Haina. El lugar con más prostitución de la ciudad con más prostitutas de República Dominicana. Aquí está el principal puerto del país, la única refinería petrolífera de la isla y el mayor polígono industrial de República Dominicana. Muchos hombres de fuera que vienen a trabajar solos y tienen dinero. Blanco y en botella. La hija de Magnolia estudia en la universidad

Pide pollo en la parrillada. Me encanta el pollo y si sobra, me lo llevo, explica Miladys encendiendo un cigarro al tiempo que nos explica que le da vergüenza fumar en el centro o delante de las chicas. Es consciente de que para ellas es un referente, una mujer fuerte que ha salido del agujero y que está ahí para que se agarren a ella las que decidan dar el paso. Como Magnolia.

Miladys tiene 53 años y un bisnieto, pero no le deja que le llame bisa. Me dice mamá, nos cuenta mientras se le iluminan los ojos. Y cuando nos despedimos, el abrazo es tan fuerte y prolongado que me da tiempo a darle las gracias sin que note que se me ha quebrado la voz porque ha entrado a formar parte de mi pequeño altar de santas y heroínas anónimas. Miladys, la Magdalena que no.

Santiago Riesco   16.oct.2017 17:18    

La otra vida de Anastasia

    viernes 13.oct.2017    por Ricardo Olmedo    1 Comentarios

IMG_1755Anastasia tiene 19 años y podría llevar varios metida en la prostitución de medio pelo y amargura, merodeando por el solar donde salen los autobuses en Maungu, a medio camino entre Nairobi y Mombasa.

Anastasia podría llevar una vida destrozada a cachos, viendo pasar las horas bajo la chapa de su casa de adobe en un barrio polvoriento de Maungu, a medio  camino entre Nairobi y Mombasa.

Anastasia, que se quedó sin madre cuando tenía dos años, tiene un padre al que pillaron como chivo expiatorio del crimen de un comerciante, perpetrado una noche por un grupo de matones en este rincón de arena y adobe de Maungu, a medio camino entre Nairobi y Mombasa.

Anastasia, que es la segunda de tres hermanos, se podía haber quedado sin padre porque, a resultas del crimen del barrio, lo encarcelaron unos cuantos años en una prisión keniana, que no es precisamente un cinco estrellas, y a punto estuvo de no volver con vida a Maungu, a medio camino entre Nairobi y Mombasa.

Anastasia, que tiene muchas ganas de aprender, de estudiar, de ser algo en la vida, se podía haber quedado sin nada si el padre, que salió alcohólico de la cárcel, no hubiese tenido el coraje de ir al colegio de las Hermanas de San José y haber implorado que le dieran una plaza a su hija en el internado de Maungu, a medio camino entre Nairobi y Mombasa.

Pero las vidas cambian. De pronto, un golpe de viento hincha la vela en la buena dirección y solo hay que saber manejar el timón para aprovecharlo. Eso fue lo que hizo Anastasia, a la que me he encontrado esta tarde mientras rodábamos en la escuela secundaria de las Hermanas de San José, una obra financiada desde España por Manos Unidas. Aquí hay 170 chicas en un centro con internado, el único en la zona para que las jóvenes estudien secundaria. En tantos lugares de África y América latina son los internados los que están propiciando que las chicas puedan estudiar en un ambiente seguro y estable.

Y las cosas están cambiando. Ya hay tres gobernadoras en Kenia. Poco a poco, las mujeres formadas están llegando a puestos de responsabilidad, terminan estudios superiores, se casan cuando ellas quieren –o no- y saben que el futuro de este país y de este continente pasa por sus manos. Pole pole, como dicen aquí, o sea, despacio. Pero avanzan.

De esto me hablan con orgullo Abygael, Tumaini, Xina, Carolina…compañeras de Anastasia que sueñan con ser profesoras, abogadas, cocineras de muchos tenedores. Saben que la única salida son los estudios y que no lo tienen fácil porque todavía muchas jóvenes de su edad ya han sido entregadas en matrimonio por sus familias. Y otras han comenzado a terminar sus días merodeando por la estación de autobuses, para ganarse la vida malamente en una cama sucia y triste de un barrio de Maungu, a medio camino entre Nairobi y Mombasa.

Ricardo Olmedo   13.oct.2017 23:44    

Lo del agua es serio

    lunes 9.oct.2017    por Ricardo Olmedo    0 Comentarios

IMG_1742Los niños pequeños de Katangini no conocen la lluvia. No saben de la experiencia de los cielos reventones con nubes cargadas, de ese capote gris que cubre vidas y haciendas, de esa bendición del llanto continuado y espeso que riega los sembrados de los que comen todo el mundo. No, los pequeños de Katangini no conocen qué es eso de saltar en los charcos, de juguetear con los goterones, de ejercer de niño en medio de la tormenta, entre el susto y el gamberreo.

Ese no saber de los niños muda en tragedia y angustia para los padres. Que llevan mucho tiempo esperando a la lluvia en este rincón de la Kenia rural y olvidada. Donde solo los baobabs parecen que no se inmutan ante la sequía prolongada. Parecen, digo, porque había que preguntarles a los baobabs cómo se sienten salpicando de troncos gordos y ramas finas este paisaje tristón donde las cabras enloquecen buscando algo verde que llevarse a la boca.

Pero los habitantes de Katangini resisten. El truco es que, aunque no llueve, al menos tienen agua porque hace unos años la ong Manos Unidas financió un proyecto de distribución a través de varios puestos que se desparraman por el lugar. Un pozo alimenta grandes depósitos instalados en un alto. Y, desde ahí, la gravedad lleva el agua a través de cientos de metros de tuberías hasta los grifos. Cada mañana el ajetreo de los bidones amarillos es el mismo y todos los vecinos pagan una pequeña cantidad para poder mantener la instalación.

El sistema funciona…a prueba de elefantes porque hace unos meses, con esto de la sequía, vino uno que estaba seco y con dos trompazos mandó un tanque de 24.000 litros al suelo. No me gustaría a mí, que siempre llevo mi botellita en la mochila, encontrarme con un elefante sediento por los senderos resecos del lugar

Jacinta me cuenta que antes dedicaba cuatro horas diarias a ir a por agua para su casa. Por eso me he empeñado en ir a charlar con una vecina de la zona, porque en esto de la mejora del acceso al agua son ellas, las mujeres, las que han ganado en calidad –y cantidad- de vida. Y los niños, aunque no sepan lo que es la lluvia, tienen menos enfermedades gastrointestinales. Dicho de otra forma: no se mueren a puñados por las diarreas que las criaturas pillaban antes de tener agua a diario. Y en el cole ya funcionan las letrinas y pueden regar un poco el suelo de arena de las aulas que antes eran una nube de polvo que apenas dejaba ver la pizarra.

En fin, que todo son ventajas. Cosa que ya sabemos -en teoría- quienes cada mañana abrimos un grifo sin darle mucha importancia a lo que pasa a continuación.

Ricardo Olmedo    9.oct.2017 22:07    

Jackson y sus compañeros de calle

    lunes 9.oct.2017    por Ricardo Olmedo    0 Comentarios

IMG_1733La primera vez que vine a Nairobi, los niños de la calle se contaban por miles. Los slums de la capital, Kibera, Korogocho, Kariobangi, Mathare… esos barrios infinitos de lata y barro, eran una fábrica de criaturas que acababan saliendo de las chabolas y se buscaban la vida por las avenidas y mercados de la ciudad. 

En esa época –hace 14 años- algunos de estos chavales tenían una práctica común y aterradora. Llevaban en la mano un excremento (de animal o de persona) y si pillaban a un conductor con la ventanilla bajada le amenazaban con tirárselo encima si no le daban dinero. Aquello no fallaba. En fin, una vida de mierda.

Hoy me he acordado de aquellos street children y de los callejones de los slums, por donde se veía el virus del sida sin necesidad de microscopio. He estado en una casa que tienen los misioneros de la Consolata en las afueras de la capital. Allí acogen a varias decenas de chavales, los llenan de cariño, se ocupan de sus estudios y han conseguido que varios de ellos hayan terminado la universidad. 20 años lleva funcionando el hogar. Y ciento y pico de criaturas han pasado por aquí.

Algunos, como Jackson, que llegó con seis años y ahora tiene 24. El pegamento, esa droga barata y callejera, le dejó secuelas para el resto de su vida. Y Jackson me saluda y abraza con una sonrisa tan sincera como medio ida. En el hogar lo cuidarán para siempre, sin olvidarse de las pastillas que le dan las monjas que también trabajan allí. Pero también he conocido a Brian, que sueña con ser cirujano para salvar vidas y a Michael, que ya está en la universidad estudiando Económicas. Ahí es nada.

Inmaculate, la trabajadora social, me habla con sosiego de cómo curar los traumas de estos chavales. Y me cuenta que el Gobierno en estos últimos años puso mucho empeño en sacar a los niños de la calle. Habría que decir mejor en quitarlos de en medio y no en acabar con el problema porque lo que hacen es que llaman a los misioneros y les dicen que tienen niños, que si los quieren en su hogar. Pero estas casas son gotas en el océano y las noches de Nairobi siguen pobladas de esas sombras frágiles y huidizas. Se trafica con ellos, se abusa de ellos e Inmaculate me cuenta unas cosas  que, ahora mismo, sinceramente, no tengo cuerpo para transcribir. Ya meteré la entrevista cuando montemos el reportaje. Que hable ella porque si lo digo yo, a lo mejor, no me cree nadie. No he tenido hoy un buen día.

Ricardo Olmedo    9.oct.2017 22:03    

Que se lo pregunten a Rebecca

    viernes 6.oct.2017    por Ricardo Olmedo    0 Comentarios

IMG_1713El lago Turkana es una esmeralda alargada y enigmática rodeada de la tierra reseca del norte de Kenia. Donde habitan los turkana, los samburu, los rendile, los borana, los gabra… nombres que quedan detenidos en el aire caliente del lugar. Pueblos hondos en un África por el que los turistas aún no pisotean. Cómo estarán de perdidos y de mal para que las agencias del safari y la foto de catálogo aún no hayan puesto sus garras por allí. Que se lo pregunten a Rebecca.

Hasta allí he llegado para ver y contar lo que está pasando desde hace varios años. Una sorda tragedia que no atraviesa la frontera mediática, que no suena más allá de estos áridos parajes del Turkana…porque la lluvia que no cae no hace ruido, porque el hambre siempre fue silenciosa. Y lo sigue siendo.  Que se lo pregunten a Rebecca.

En este lugar donde lo único que se puede cultivar es la paciencia, los pueblos son seminómadas que viven del pastoreo. Por los pedregales, envueltos en la neblina del calor, los jóvenes turkana llevan sus rebaños de cabras y alguna vaca, buscando briznas de hierba, espejismos verdes,  y llevándolos a beber a orillas del lago. Pero cada vez hay menos ganado. Que se lo pregunten a Rebecca.

Los animales se están muriendo porque no llueve desde hace varios años. Y ni una sola gota ha caído desde agosto del 2016. Lo que se dice ni una puñetera gota. La situación ha llegado a tal punto que los misioneros de la Consolata decidieron pedir a Manos Unidas que mandase una ayuda de emergencia. Que esta vez no pedían para hacer colegios, ni hospitales, ni proyectos de desarrollo. Que esta vez pedían para que la gente pueda comer algo. Porque el hambre ya está haciendo agujeros negros en el estómago. Que se lo pregunten a Rebecca.

La ayuda ha llegado y en diez misiones se está repartiendo alimento: maíz, judías, arroz, azúcar, sal y aceite. He visto estos repartos en la orilla sureste del lago, en Komote Village y en Loiyangalani. Y allí está también la hermana María Bernarda, una italiana que estuvo 27 años en Somalia, y que se fue de allí cuando asesinaron a su compañera sor Leonella en Mogadiscio. Bueno, pues María Bernarda ha abierto un aula en su guardería para atender más de cincuenta niños y niñas que antes comían y que ahora las familias los mandan a la escuela…porque allí al menos se alimentan. Y Meshack, el enfermero del ambulatorio de la misión, me cuenta que esto ya es demasiado, que la gente es muy resistente pero, claro, todo tiene un límite. Que se lo pregunten a Rebecca.

Y yo me he quedado con las ganas de preguntárselo a Rebecca. Porque he llegado tarde. Porque lo único que he podido hacer es acompañar a su familia mientras el padre Stephen le daba la extremaunción. Alrededor de la mujer moribunda, una pequeña nube de niños participaba del rito con la mayor naturalidad, con la misma que las hijas de Rebecca rezaban en su lengua y luego cantaban mientras Stephen le hacía la señal de la cruz en las manos y en el pecho. Rebecca tiene muchos años y lleva muchos meses sin comer. Y todo tiene un límite. Comenzando por la vida.

Ricardo Olmedo    6.oct.2017 22:50    

Pueblo de Dios

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